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Temas Sociales

versión impresa ISSN 0040-2915versión On-line ISSN 2413-5720

Temas Sociales  no.41 La Paz  2017

 

SOCIOLOGÍA POLÍTICA

 

Disputa y crisis política e histórica
en los procesos de integración
en América Latina

 

Dispute and political and historical crisis
in the processes of integration in Latin America

 

 

Eduardo Paz Rada1
Fecha de recepción: julio de 2017
Fecha de aceptación: septiembre de 2017

 

 


Resumen

Los procesos de integración regional en América Latina y el Caribe sin la participación de Estados Unidos, que tuvieron un éxito indudable en los pasados doce años, han comenzado de declinar y enfrentar crisis y tensiones muy fuertes, tanto por el reacomodo geopolítico y geoeconómico mundial, como por los cambios políticos en países importantes como Argentina y Brasil, así como por la crisis que enfrenta Venezuela. En ese sentido, el estudio, investigación y análisis de las experiencias, trayectorias y perspectivas de CELAC, UNASUR y ALBA, principalmente, resultan importantes, recogiendo para ello distintos puntos de vista teóricos, políticos y de relaciones internacionales para así tener un panorama actual y, al mismo tiempo, considerar sus tendencias en los próximos años.

Palabras clave: Integración regional, crisis política, diplomacia de los pueblos, América Latina.


Abstract

The regional integration processes that took place in Latin America and the Caribbean, those that excluded the USA, achieved remarkable success the last twelve years. Nevertheless, in the present day, this processes weakened and now they are struggling with a local tensions and crisis as well with a new geopolitical scenario. The political swing in countries such as Brazil and Argentina and the upheaval in Venezuela are important issues that affect the integration policy for the whole continent. In order to understand this situation, this paper addresses the experiences, development and perspectives of CELAC, UNASUR and ALBA by contrasting a diversity of theoretical and political standpoints that allow us to figure the actual landscape and the streams that would be possible to follow.

Keywords: Regional integration, political crisis, people's diplomacy, Latin America.


 

 

Introducción

En los años que corren del siglo XXI, la dinámica de los procesos de integración de los países de América Latina y el Caribe, sobre principios distintos a los formulados por las políticas norteamericanas, incluso excluyendo de los mismos a Estados Unidos, ha llegado a una situación extrema de fuertes tensiones políticas y disputas en torno al sentido y a las orientaciones estratégicas que deberán tener proyectos como CELAC, UNASUR, ALBA, MERCOSURo Alianza del Pacífico.

En la misma perspectiva, los proyectos de desarrollo que desafían la dependencia y dominación imperialista, formulados en términos de "Socialismo del Siglo XXI", "Socialismo Comunitario", "Suma Qamaña" o "Sumak Kawsay", son puestos en duda y, al parecer, han llegado a los límites de su formulación teórica. Aunque las transformaciones sociales y económicas, con la recuperación de excedentes del control de las transnacionales, las nacionalizaciones de recursos estratégicos y, sobretodo, las políticas de redistribución social y regional de la riqueza, hayan logrado producir un nuevo mapa social, político y cultural en varios países de la región.

No sólo por la crisis en Venezuela tras la muerte de su líder, sino por el ascenso de gobiernos de clara posición conservadora y liberal en Brasil y Argentina -países que inclinan la agenda regional-, la pugna en torno a la integración y a las fórmulas de cooperación horizontal, en un contexto mundial que tiende al multilateralismo, se ha acelerado, al punto de congelar CELAC y UNA-SUR y cambiar el rumbo de MERCOSUR. Además, el curso histórico de la región se arrebata con el ascenso de Trump a la presidencia en EE.UU., con una posición proteccionista, xenófoba y de fuerte nacionalismo imperialista, provocando reacciones similares en distintas regiones del planeta.

La unidad e integración de América Latina y el Caribe, como alternativa para asumir un papel protagónico en el concierto geoeconómico y geopolítico mundial, se presentan como un desafío fundamental de estados, pueblos, organizaciones y movimientos populares en la lucha histórica y política por cambiar el orden nacional, regional e internacional.

Los ciclos históricos relacionados al impulso de los proyectos y las potencialidades de la integración de los países de América Latina y el Caribe han enfrentado y asimilado, de manera recurrente, las tendencias del reordenamiento internacional, en el cual los centros hegemónicos metropolitanos en disputa han influido en las tendencias y desenlaces de las gestiones unificadoras. Asimismo, las contradicciones y luchas políticas internas en cada uno de los países van a inclinarse con mayor o menor énfasis hacia la integración regional y emancipación o hacia la subordinación y dependencia, en tanto las potencias regionales, Brasil, México, Venezuela y Argentina principalmente, tienen una influencia y un peso mayor en las decisiones y el curso de los procesos.

La articulación de movimientos de conjunción y agregación de las estrategias y políticas gubernamentales de los Estados no siempre ha sido sincronizada y simultánea entre los países, lo cual ha impedido que se generen resultados efectivos de largo plazo y que alcancen a influir sostenidamente en las decisiones, así como en los acomodos y reacomodos de las fuerzas que disputan espacios de influencia en el sistema internacional.

Los años que transcurren del siglo XXI han sido muy intensos en la dialéctica integración autónoma-dominación en la región, con la confrontación de iniciativas: por una parte, la institucionalización de la Cumbre de las Américas desde 1994 hasta su última reunión en 2015, bajo el impulso de la Organización de Estados Americanos (OEA) y del gobierno de Estados Unidos, para implementar los Tratados de Libre Comercio (TLC) y el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), bajo los presupuestos de la unipolaridad, el libre mercado y la democracia; y, por otra parte, la formación de proyectos de integración de los países de América Latina y el Caribe sin la participación de Estados Unidos, desde los años 2004 y 2005, con la Alianza Bolivariana para los pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP), formada en 2004, la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), constituida en 2008, y la Comunidad Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), creada en 2010, con una perspectiva de acción más autónoma y conjunta en el ámbito mundial de multipolaridad y reacomodos geopolíticos y geoeconómicos.

Estos proyectos tuvieron contrastes y disputas porque obedecen a distintas perspectivas e interpretaciones históricas acerca de las relaciones de dominación/subordinación existentes, desde el siglo XIX, entre Estados Unidos y los países ex colonias de España y Portugal, principalmente, y sobre las trayectorias futuras relacionadas con las formas de conseguir espacios de influencia en las pugnas y equilibrios internacionales.

Si bien en el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial y en el contexto de la Guerra Fría y de la unipolaridad se desarrollaron esfuerzos integracio-nistas regionales y subregionales, como la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC) luego Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI), el Sistema Económico Latinoamericano (SELA), el Pacto Andino luego Comunidad Andina de Naciones (CAN), la Comunidad Caribeña (CARICOM), el Mercado Común del Sur (MERCOSUR) o el Sistema de Integración Centroamericana (SICA), éstos no alcanzaron el nivel de tensión política de los procesos surgidos en el siglo XXI.

El contexto internacional de los últimos años tiene otras características, vinculadas a la crisis económica y financiera del capitalismo central, el surgimiento de varias potencias emergentes en distintas regiones -creando un sistema de multipolaridad-, las intervenciones militares en Oriente Medio, los masivos movimientos migratorios, la renovación de la Cooperación Sur-Sur, el globalismo y las transformaciones científico-tecnológicas y comunicacionales, que han generado un nuevo orden/desorden mundial. Así, la dinámica de la política internacional y regional en los últimos tres años se ha acelerado vertiginosamente abriendo perspectivas inesperadas e incertidumbre para los distintos actores nacionales, los organismos internacionales, los proyectos de integración regional en América Latina y el Caribe, las iniciativas de comercio en el Atlántico y el Pacífico, las potencias tradicionales y emergentes, las organizaciones sociales, no gubernamentales y privadas que han desarrollado acciones intensas destinadas a influir en las agendas mundiales para el reacomodo estratégico, sobre todo en las regiones consideradas sensibles a la disputa por recursos naturales, energía, agua, petróleo, minerales, control del comercio y posicionamiento geopolítico y geoeconómico.

Se pueden, sin embargo, realizar intentos de acercamiento y análisis en relación a las tendencias predominantes a nivel general, regional y nacional, en el caso particular de Bolivia, país que, a pesar de su limitada influencia internacional, ha posicionado algunos temas, como los derechos de la Madre Tierra o de los Pueblos Indígenas, en la agenda internacional, tanto por el liderazgo de su presidente indígena Evo Morales Ayma, como por su discurso radical y por la incorporación de la "diplomacia de los pueblos" como categoría que pretende explicar el protagonismo de organizaciones sociales en la dinámica de las relaciones internacionales.

Las controvertidas posiciones del presidente Trump en torno a los más importantes aspectos de la política internacional han sacudido aún más un tablero inestable y dinámico. Sus primeras referencias al peligro chino y su definición como primer adversario mundial de Estados Unidos, para luego matizar su criterio, el acercamiento a Rusia después de que el gobierno de su predecesor Barack Obama había marcado una clara distancia con la potencia euroasiática, el maltrato a los países de la Unión Europea y las críticas por su escaso aporte al presupuesto y al poderío de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), son algunos parámetros de las proyecciones que tendrá su gestión.

En el ámbito regional, las tempranas y agresivas políticas del gobierno de Donald Trump sobre México, en relación a las relaciones comerciales, los migrantes y la construcción de un muro a lo largo de la frontera común, así como sus ataques a los gobiernos de La Habana y Caracas, e incluso su retiro del Tratado Transpacífico (TTP), que desconcertó a los gobiernos de Perú, Chile y México que apostaban al libre comercio, muestran una actitud de injerencia más directa y agresiva en la zona geográfica próxima a su territorio, luego de varios años en los que los proyectos de integración autónoma en América Latina y el Caribe avanzaron significativamente. En relación con Brasil, la potencia económica y política más importante de la región, aún se presentan muchas interrogantes sobre los planes de Washington.

En este sumario básico corresponde hacer referencia a las posiciones adoptadas por el nuevo presidente norteamericano en torno al mundo musulmán. En ese aspecto marcó posiciones con la prohibición del ingreso durante tres meses a Estados Unidos de los ciudadanos de Siria, Irán, Sudán, Yemen, Irak, Somalia y Libia, por ser de mayoría islámica, como una manifestación de frenar a las migraciones desde su punto de vista "indeseadas". Tampoco son ajenos al desarrollo de estas tendencias el nuevo protagonismo militar y político de la Federación Rusa, con una influencia cada vez mayor en Medio Oriente, con una alianza importante con Irán y Siria, un acercamiento a Turquía y, respecto de Europa del Este, con su posicionamiento de Crimea y en Donetsk y Lugansk (Ucrania), a pesar de las protestas de las potencias occidentales, por un lado, y la centralidad adquirida por China como primera potencia económica, comercial y financiera con alcance hacia todas las regiones del mundo, particularmente a América Latina y el Caribe, por otro lado.

El panorama se completa cuando se hace referencia al acuerdo BRICS, de las potencias emergentes Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, que a pesar de sus altibajos ha conseguido articularse económica y comercialmente, convirtiéndose en una fuerza estratégica internacional, por su territorio y población, por su producción de bienes, servicios y tecnología y por sus reservas de materias primas. A pesar de las grandes asimetrías existentes, se manifiesta el criterio de que el acuerdo BRICS representa una expresión de la Cooperación Sur-Sur, alternativa a la Cooperación para el Desarrollo enmarcada en las relaciones Norte-Sur.

En este marco, corresponde analizar las perspectivas de los procesos de integración regional que se han desarrollado en los últimos años y el modo cómo se están produciendo las pugnas y contradicciones internas, tomando en cuenta los cambios de orientación en algunos nuevos gobiernos que se han instalado en países con una alta importancia económica y política; y, al mismo tiempo, las características de las tendencias internas en cada uno de los países en relación a su participación en las iniciativas de coordinación internacional.

Los principios de participación plena y directa en las decisiones, cooperación, redistribución de los recursos y bienes, reciprocidad, solidaridad y ayuda mutua en el trabajo y las obras, la relación armoniosa con la naturaleza y con los semejantes, son postulados por estas propuestas alternativas, las cuales también han planteado el socialismo comunitario. Las reformas constitucionales realizadas en Ecuador, Venezuela y Bolivia han incorporado los principios del Vivir Bien y de Comunidad, intentado implementar los mismos en sus políticas económicas y públicas y tratando de proyectarlos hacia el ámbito internacional en los organismos multilaterales, como el caso de los derechos de la madre tierra, los derechos de los indígenas o los derechos humanos en relación al agua y los recursos naturales.

En los últimos años, sin embargo, en el contexto de las crisis de los precios de las materias primas, especialmente de los minerales e hidrocarburos, la implementación de los postulados de un desarrollo alternativo ha quedado en suspenso y, al mismo tiempo, han surgido críticas desde posiciones ambientalistas y defensoras de la naturaleza, subrayando las limitaciones y contradicciones entre los postulados y las acciones prácticas de los gobiernos.

 

Proceso histórico en América Latina y el Caribe

Los intentos de unidad e integración en la región tienen antecedentes históricos que, con distintas y variadas experiencias, permiten advertir que se trata de un dilema existencial de América Latina y el Caribe desde el periodo de la independencia del dominio colonial español hasta el presente. Si comparamos los procesos emancipadores de las colonias inglesas en Norteamérica con los de las iberoamericanas, de Portugal y España, encontramos diferencias centrales que van a marcar las tendencias históricas y los posicionamientos internacionales de los dos últimos siglos.

Las trece colonias del norte lograron su independencia (1883) sobre la base de la unidad de las mismas, respondiendo radicalmente a las imposiciones políticas, comerciales y jurídicas procedentes de la metrópoli, ampliando constantemente su dominio territorial y aprovechando la coyuntura de las fricciones de Inglaterra con Francia; en tanto que las colonias hispanoamericanas tuvieron un largo periodo de quince años (1809-1825) de luchas y guerras, y otro más extenso por constituir un orden político y jurídico integral que abarque varias de las jurisdicciones administrativas del orden colonial impuesto por el imperio, en un contexto en el cual la injerencia de las potencias de la época, Inglaterra, Estados Unidos y Francia, buscaban tener un control e influencia directa en los resultados del proceso independentista (Gullo, 2010).

El esfuerzo por constituir una nación latinoamericana y caribeña o una confederación articulada de las subregiones fue impulsado, desde el momento mismo del inicio de la Guerra de la Independencia, por Francisco de Miranda y los libertadores Simón Bolívar y José de San Martín en el sur del continente, por Francisco Morazán en la región central y, en el norte, por José María Morelos, en un contexto en que no existía sino la consigna de la formación de la unidad de la América Española, formada por "los americanos" de manera genérica sin la diversidad de gentilicios de nacionalidad que posterior y paulatinamente fueron creados.

En múltiples documentos, discursos y llamados de la época, recopilados por Roberto Ferrero (2015), en varias ciudades del continente se destaca que en el lenguaje de los mismos se hace referencia a los "americanos", a los "patriotas de la América española", a los "hispanoamericanos" y no en particular a determinada región o administración política.

Después de realizar una descripción socio geográfica de las variadas regiones de la América Hispana, Simón Bolívar, en La Carta de Jamaica, de 1915, establecía: "Es una idea grandiosa pretender formar de todo el nuevo mundo, una sola nación con un solo vínculo que ligue sus partes entre sí y con el todo. Ya que tiene un origen, una lengua, unas costumbres y una religión, debería por consiguiente tener un solo Gobierno, que confederase los diferentes estados que hayan de formarse" (Bolívar, 2015: 28). Y añade: "seguramente, la unión es lo que nos falta para completar la obra de nuestra regeneración.

Sin embargo, nuestra división no es extraña, porque tal es el distintivo de las guerras civiles, formadas generalmente entre dos partidos: conservadores y reformadores" (Bolívar, 2015: 30).

Incluso se produjeron acciones de cooperación independentista con militares brasileños, como es el caso del general José Ignacio Abreu e Lima, que participó en los ejércitos del libertador Bolívar.

Las ideas de los libertadores y de los visionarios de una gran nación latinoamericana, sin embargo, chocaba tanto con las fracciones internas con poder económico y político, herederas de las oligarquías coloniales, en cada una de las regiones, ciudades o puertos importantes, como con las acciones estratégicas de las potencias coloniales, Inglaterra, España, Estados Unidos y Francia, que se coludieron para evitar la formación de una potencia continental con potencialidad propia que impida sus aventuras de control geográfico, comercial y político.

Ya en 1823 se había determinado desde el gobierno de Washington la doctrina Monroe, nombre del presidente James Monroe, que establecía el predominio de Estados Unidos sobre todo el continente americano con fines de mantener su hegemonía, inclusive frente a los poderes europeos que gestionaban su posicionamiento geográfico. Aún así, las experiencias de invasión inglesa a las Islas Malvinas Argentinas, la guerra en Cuba y Puerto Rico entre Estados Unidos y España, la invasión a México por Estados Unidos y Francia, la creación de Panamá y otras acciones intervencionistas estuvieron presentes a lo largo de todo el siglo XIX. De Texas a California, Estados Unidos había logrado mutilar de manera dramática el territorio mexicano más rico de la región latinoamericana y, así, ampliar su radio de acción e influencia sobre el Mar Caribe y el Océano Pacífico.

Más aún, los intentos del retorno colonial, vía España, Inglaterra o de las otras potencias europeas, no dejó de estar presente, pues las mismas consideraban a la región como un botín susceptible de ser tomado y controlado bajo su pleno control, para lo cual provocaron intervenciones directas como en el Caribe, la formación de más Estados, como Uruguay, la agresión militar como la Guerra de la Triple Alianza contra Paraguay con el objetivo de mantener influencia y control geopolítico y geoeconómico sobre importantes recursos naturales que, paulatinamente, fueron controlados por sus corporaciones económicas.

En el caso de la formación de Uruguay, a contramano del pensamiento y lucha de José Gervasio Artigas, se inventó una República. Ferrero cita parte del informe, en 1826, del embajador estadounidense en Buenos Aires, John Murray Forbes: "lo que yo había predicho se cumple: se trata nada menos que de la erección de un gobierno independiente y neutral en la Banda Oriental bajo la garantía de Gran Bretaña (...) es decir: se trata de crear una colonia británica disfrazada" (citado por Ferrero, 2015).

La Confederación Perú-Boliviana (1836-1839), impulsada por Andrés de Santa Cruz y Calahumana, para unificar políticamente ambos países que contaban con población mayoritariamente indígena y potenciar una economía interna y complementaria, incluyendo rasgos reivindicativos de lo que fue el Imperio Incaico, fue atacada y debilitada desde Chile y Argentina para evitar su consolidación.

El proyecto integracionista de los libertadores se fue diluyendo paulatinamente y las elites oligárquicas locales consiguieron la formación de un archipiélago de países, los mismos que, con la presión y el alto interés de las metrópolis, fueron fortaleciendo el comercio con los centros industriales más poderosos, basado en el desigual intercambio comercial, al mismo tiempo que cerraban las relaciones económicas entre países vecinos, haciendo de los grandes puertos las vías de consolidación de la dependencia. Quedó, sin embargo, la identidad de pertenencia común, a través de la creación del término Latinoamérica por parte del colombiano José María Torres Caicedo en 1856.

La pugna entre los librecambistas y los proteccionistas, que implicaba la lucha entre dos proyectos de desarrollo muy dispares, también favoreció, finalmente, a los primeros, garantizando la exportación de materias primas y la importación de manufacturas y productos industriales, precisamente bajo el pacto semicolonial. La Guerra de la Triple Alianza contra Paraguay, apadrinada por Estados Unidos e Inglaterra, es el símbolo más dramático de esto.

En el mismo marco de la disyuntiva unidad latinoamericana frente a fragmentación en varios países, se presentaba la que establecía la valoración de las poblaciones originarias entre "barbarie o civilización" que, desde la perspectiva de la ideología dominante, significaba la sobrevaloración de la "civilización" y culturas europea y de la América Sajona, frente a la inferioridad "bárbara" de la cultura y sociedad de indios, mestizos y negros de Nuestra América.

Los intentos más importantes de integración en América Latina, el Caribe y Centro América en el siglo XIX fracasaron al haberse impuesto la alternativa de las oligarquías locales que, en muchos casos, en conjunción con las potencias metropolitanas de Europa y Norteamérica, consolidaron una diversidad de Estados débiles, de semicolonias sometidas a relaciones de dependencia y dominación política y económica. Quedaron, sin embargo, principios, ideas, reivindicaciones históricas y experiencias vitales que fueron profundizadas por la generación del novecientos, la que elaboró una concepción fundada en la unidad de América Latina y en la lucha contra el imperialismo.

La generación del 900 estuvo formada por periodistas, escritores, poetas, novelistas y pensadores de los países de la región con una impresionante producción intelectual coincidente en la reivindicación de la identidad propia compartida, la que consiguió desarrollar las bases de una conciencia latinoamericana, de una identidad propia, en una tarea ideológica importante, frente a la incesante influencia política y económica de Estados Unidos.

A finales del siglo XIX el patriota cubano José Martí había marcado ya la frontera histórico-cultural entre la América Sajona y la América Latina, y sus proyecciones antagónicas. Desde posiciones con influencia liberal, socialista, positivista, nacionalista o anarquista (portanto de distinta orientación reflexiva) manifestaron su posición, entre otros, personalidades como José Enrique Rodó en Uruguay, Manuel Gonzales Prada en Perú, Rubén Darío en Nicaragua, José Vasconcelos en México, Rufino Blanco Fombona en Venezuela, José MaríaVargas Vilaen Colombia, José Ingenieros en Argentina, para hacer una referencia sucinta.

Un punto común estaba en las denuncias de las prácticas anexionistas basadas en la fuerza militar, en unos casos, y las de supeditación diplomática, política y económica, en otros, que fueron implementadas por Washington sobre la región. El panamericanismo fue el proyecto estratégico de subordinación de los países del sur frente a la potencia del norte: la primera Conferencia Panamericana se realizó en Estados Unidos en 1889 buscando la complementación comercial, la unión aduanera, el mejoramiento de los puertos, en un momento en que las corporaciones norteamericanas acentuaban sus inversiones en sectores mineros, agrícolas, ferroviarios y portuarios, e impulsaban el control de la navegación del Caribe al Pacífico con la construcción del Canal interoceánico y la separación de Panamá de la integridad territorial de Colombia.

La generación del 900 impulsó campañas nacionalistas latinoamericanas sobre la base de la coincidencia en las denuncias de las intervenciones imperialistas en los países de la región, estableciendo el antiimperialismo como elemento aglutinador, junto al de la unidad de la Patria Grande, reivindicando la integración latinoamericana sobre la base del pensamiento bolivariano. En las tareas de divulgación de las mismas se destacó el argentino Manuel Ugarte, quien realizó sendas giras por las capitales de la región, desde México hasta Montevideo, difundiendo estas ideas.

Ugarte escribió La Patria Grande y El Porvenir de América Latina, en donde se encuentran las tesis relacionadas: la necesidad de la unificación de América Latina como única posibilidad de impedir la dominación externa que, precisamente, es la fuente de la situación de indefensión, actualizando las ideas de Simón Bolívar, en relación a los peligros que acechan históricamente desde los imperios; la identificación del imperialismo estadounidense como la potencia interesada en mantener la fragmentación para beneficiarse con el trabajo y las riquezas naturales; la diferenciación entre nacionalismos opresores de las metrópolis y nacionalismos defensivos de los países sometidos; y el tratamiento inicial en Latinoamérica de la cuestión nacional y social que se debatía en los congresos de la Segunda Internacional.

El término Indoamérica aparece posteriormente, los años veinte del siglo XX, con los aportes de los peruanos Víctor Haya de la Torre y José Carlos Mariá-tegui, quienes recogerán la experiencia de la generación del 900 y propondrán la organización de un movimiento político e ideológico de alcance latinoamericano y caribeño a través de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), con la formación de secciones nacionales que impulsen los principios de la unidad regional y del antiimperialismo. De manera paralela, otro efecto de las ideas de la generación del 900 va a dar sus frutos a través de la Reforma Universitaria iniciada en Córdoba, Argentina, en 1918, y posteriormente difundida en gran parte de los países con las mismas consignas latinoamericanistas.

Los procesos nacionalistas y nacional-populares tuvieron también su ingrediente de cooperación entre los países, como la influencia que tuvo la Revolución Mexicana y el gobierno nacionalista de Lázaro Cárdenas y, en el contexto de las dos guerras mundiales, la coordinación entre los gobiernos de Argentina, Brasil y Chile para contrarrestar la influencia norteamericana en esos países y en el conjunto de la región con la firma del Pacto de No Agresión, Consulta y Arbitraje de 1915 y, luego, en los inicios de la década de los cincuenta, con el acercamiento de los gobiernos de Getulio Vargas de Brasil, Juan Perón de Argentina y Carlos Ibáñez de Chile.

Con el reordenamiento mundial, al final de la Segunda Guerra, se va a constituir la Organización de los Estados Americanos (OEA), organismo político creado en el contexto de la Organización de Naciones Unidas (ONU), con la finalidad de impulsar la coordinación entre los países, la cooperación y el fomento de la paz y el desarrollo en la región, complementando el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) destinado a las tareas específicas de defensa entre los países del ámbito continental.

Desde fines de los años cincuenta se van a desarrollar varios intentos de integración regional y subregional. A nivel regional están las experiencias de ALALC, luego ALADI y SELA y a nivel subregional el Pacto Andino, luego CAN, CARICOM, MERCOSUR, SICA, entre otros, con experiencias y resultados distintos que, por la ola neoliberal, perdieron protagonismo e intensidad a finales del siglo XX. Sin embargo, en los últimos años del siglo pasado fue importante el posicionamiento de la Cumbre de las Américas, impulsada por la OEA, para reunir a los Jefes de Estado de todo el continente y coordinar sobre aspectos diplomáticos y comerciales; bajo su cobertura se desarrolló la iniciativa del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) y los Tratados de Libre Comercio (TLC).

Es en el siglo XXI que van a retomarse las iniciativas integracionistas autónomas con los proyectos del ALBA, UNASUR, CELAC y el reposicionamiento del MERCOSUR. Todos ellos van a pasar por distintos momentos vinculados a los procesos políticos de los países de la región y que en los últimos años están en disputa respecto a las formas y alcances de los mismos. También reaparecerá el discurso bolivariano de la unidad e integración de América Latina al margen de la influencia de Estados Unidos y, en algunos casos, las posiciones antiimperialistas van a destacarse en las definiciones de gobiernos y presidentes.

 

Aproximación teórica en torno al reacomodo internacional

El ordenamiento mundial bajo la perspectiva de haber conformado históricamente un sistema internacional cada vez más articulado y marcado por diferencias, influencias, pesos, desigualdades y potencialidades diferenciadas entre países, debido a la división internacional del trabajo, de la riqueza, del poder y del control ideológico, ha generado un dinámico cuadro de Estados Subordinantes y de Estados Subordinados (Gullo, 2010), en un cada vez más consolidado sistema-mundo capitalista (Wallerstein, 2006).

Es así que los estudios sobre la sociedad humana y sobre las relaciones sociales, más allá de los fronteras de los Estados, muestran que las comunidades nacionales han alcanzado altos niveles de interdependencia sistémica, condicionamientos históricos y contradicciones expresados en las relaciones internacionales, las políticas exteriores, las migraciones, la geopolítica y los proyectos de integración regional, en un contexto de globalismo de la modernidad, del conocimiento, de la sociología (Ianni, 2005) y de las ciencias sociales y políticas. Mundialización y universalismo que se desarrollan por la vía de la cultura, la información, la comunicación, el comercio y las finanzas, la tecnología y otras acciones humanas en red se cruzan y antagonizan con localismos, tradiciones y nacionalismos que destacan las particularidades, las identidades, las diferencias y las comparaciones (Castells, 2002).

En todas las regiones del planeta, los años que corren de fines del siglo XX y principios del siglo XXI han sido intensos y dinámicos: por una parte, reactivándose procesos nacionalistas, separatistas y regionales, como los casos de la guerra de los Balcanes y la división de Yugoslavia, la implosión soviética y la reaparición de naciones y estados antes parte de la potencia socialista o la creación de países del norte y del sur, como Sudan o Timor Oriental; por otra, buscando el acercamiento y la integración de países de la misma región, como ocurrió en América Latina y el Caribe con Petrocaribe, ALBA, UNA-SUR y CELAC y también, finalmente, las guerras de invasión de las potencias imperiales como las ocurridas en Afganistán, Irak, Libia o Siria.

En este contexto, la emergencia de nuevas potencias mundiales marca las nuevas tendencias generales de las relaciones económicas y políticas internacionales, son los casos de China, Rusia, Irán, Turquía, Brasil o Sudáfrica, los cuales incluso han avanzado en la creación de organismos de acercamiento mutuo, como son los BRICS, equilibrando fuerzas e influencia con Estados Unidos, la Unión Europea o Japón, y abriendo nuevas iniciativas de relacio-namiento entre grandes regiones, como las relaciones América Latina-África, Países Árabes-América Latina, Europa-América Latina, China-América Latina, si dirigimos la mirada desde nuestro continente. Ahora, con movimientos como el Brexit que determina la salida de Inglaterra de la Unión Europea o el ascenso de un nuevo gobierno en Estados Unidos con Donald Trump a la cabeza, el (des)orden mundial se presenta más complejo.

Los contactos sociales y políticos múltiples, formales e informales, en el ámbito internacional han generado el posicionamiento y la emergencia de actores estatales, paraestatales, sociales, gubernamentales, no gubernamentales, públicos y privados y de organizaciones de variado tipo, los que se han convertido en impulsores de agencia histórica.

Desde el horizonte boliviano se asumió una perspectiva crítica acerca del protagonismo internacional del país, del gobierno, de las instituciones y de las organizaciones sociales, en el marco de cambios internos y de relaciones externas del gobierno de Evo Morales, quien asumió desde 2006 hasta el presente (2017) la representación de los movimientos sociales, en particular el movimiento indígena, y dio un vuelco en el Ministerio de Relaciones Exteriores, la diplomacia, la agenda exterior y las relaciones internacionales, en un contexto regional y mundial muy dinámico en las últimas décadas.

Bajo esa perspectiva, con la multiplicación de relaciones, cada vez más complejas, se abren relaciones alternativas a las tradicionales norte-sur de apoyo al desarrollo subordinado u otras marcadas por la división internacional del trabajo, como son las de cooperación entre países o regiones del sur o los procesos de integración regional. Los aportes al respecto permiten destacar los esfuerzos de Cooperación Sur-Sur, con sus limitaciones y contradicciones, y también los intentos de reflexionar y proponer políticas vinculadas a otros proyectos de desarrollo frente al capitalismo occidental (Soares de Lima, Milani, Echart, 2016).

Avanzar en la profundización de esta perspectiva implica profundizar el estudio de las experiencias en América Latina y el Caribe, que sea comparado e integrado, sobre laimplementación de Políticas Exteriores, Cooperación Sur-Sur, Proyectos de Desarrollo, Bloques Regionales de Integración, Relaciones Internacionales y posiciones geopolíticas y estratégicas desde una perspectiva común, tomando en cuenta las particularidades de las políticas externas de cada uno de los países.

Ante la dinámica internacional en los años que van del siglo XXI se han tenido múltiples manifestaciones y contradicciones, y los países y las regiones del mundo han dado respuestas diversas. En el caso boliviano, de manera parecida a otros países, desde el campo estatal y desde la sociedad se han desarrollado iniciativas, en unos casos, y respuestas, en otros, en torno a las perspectivas de integración regional, a los modelos de desarrollo, a la cooperación entre países del sur y al orden mundial, en particular con políticas, discursos y acciones que marcan importantes decisiones y, muchas veces, posicionamientos discordantes.

Para Bolivia y los otros países de América Latina y el Caribe las relaciones internacionales, en el marco del desarrollo del capitalismo, han estado signadas por la relación colonial originaria, por la división internacional del trabajo y por la modernidad eurocéntrica (Lander, 1993), factores que han marcado los rasgos internos de las sociedades y los Estados, así como las relaciones internacionales desiguales, dependientes y marcadas por el deterioro continuo de los términos de intercambio comercial, financiero y económico (Rodríguez, 1993), así como el "deterioro continuo de los términos de intercambio político, social y cultural", dejando como resultado la re-afirmación de las relaciones de subordinación entre los centros metropolitanos, las semiperiferias y las periferias, éstas últimas que han conseguido mayores grados de libertad y acción en el contexto de la crisis del capitalismo en las potencias tradicionales de los últimos años.

La historia marca estas tendencias generales, con momentos o procesos cortos de respuestas alternativas o diferentes a los ciclos generales. Las relaciones Norte-Sur, signadas por la denominada cooperación internacional para el desarrollo, han sido las formas dominantes y hegemónicas, más aún desde el final de la Segunda Guerra Mundial bajo las instituciones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que, más allá de sus Principios, se ha convertido en el soporte de los intereses de la grandes potencias mundiales bipolares (EE. UU. y URSS), unipolares (EE.UU.) o multipolares (EEUU, Rusia, Inglaterra, Francia, China, India, Alemania, Japón).

Las relaciones Norte-Sur han sido y son parte de las formas de reproducción de la dependencia económica y financiera, la dominación política y las distintas formas de la colonialidad cultural, mental, educativa e ideológica; más allá inclusive de las manifestaciones de ayuda y responsabilidad compartidas entre los países con distinto nivel de desarrollo. La formación y permanencia de las relaciones Centro-Periferia (Rodríguez, 1993), de las relaciones estructurales e históricas de la Dependencia (Dos Santos, 2003), de la estructura del atraso de América Latina (García, 2006) y de su desintegración, fragmentación e ignorancia mutua entre países, inducidas desde las metrópolis, han sido parte de este proceso histórico altamente consolidado.

Las primeras manifestaciones de reflexiones alternativas a las dominantes y de acercamiento entre países de la región, en el periodo post Segunda Guerra Mundial, se manifestaron con la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), creada en 1948, los intentos de coordinación de la Argentina de Juan Domingo Perón, del Brasil de Getulio Vargas y de Chile de Carlos Ibáñez del Campo, a inicios de los años 50, o la formación de la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC), en 1960. Posteriormente se desarrollaron varios otros esfuerzos de integración comercial, económica o política, con resultados limitados.

La tendencia de signo distinto a las hegemónicas, relaciones y cooperación Sur-Sur, se ha manifestado sostenidamente en los últimos años con el impulso y constitución de proyectos integracionistas, por una parte, y las relaciones bilaterales entre países de la región y con países de otras regiones del Tercer Mundo.

En el caso boliviano se ha presentado un alto protagonismo en la formación de la Alianza Bolivariana de las Américas (ALBA), de la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR) y de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), por una parte, y en las relaciones bilaterales con Chile, Cuba, Venezuela, Ecuador, Argentina, Brasil, por otra, con un componente especial: además de la fuerte presencia gubernamental, la participación activa de organizaciones sociales, de organizaciones no gubernamentales y de entidades privadas.

Por otro lado, siguiendo las reflexiones de los teóricos del desarrollo de la CE-PAL y de la dependencia, se han incorporado nuevas investigaciones y aportes teóricos como los de los Círculos del Poder Mundial o de la Desconexión (Amin, 1988, 1989) o los de Centro, Semiperiferia y Periferia (Wallerstein, 2006), desarrollando críticas al orden mundial dominado por el capitalismo eurocéntrico, fundado en las desiguales relaciones políticas y económicas internacionales.

Corresponde incorporar la variable política en los procesos nacionales y regionales, tan dinámica en los tiempos actuales, para establecer hasta dónde han avanzado los esfuerzos prácticos internacionales de desarrollar una estrategia de Cooperación Sur-Sur en los años recientes, y para considerar si se han alterado y cuánto las dominantes relaciones de Cooperación Norte-Sur desde la perspectiva regional particularmente. En este marco, corresponde también considerar las conexiones entre procesos externos e internos de cada uno de los países de América Latina y el Caribe, así como los vínculos de presión e influencia de los Estados Unidos.

Tomando en cuenta lo señalado es importante establecer las estrategias elaboradas en relación a las agendas de política exterior, al posicionamiento internacional, a la geopolítica y las correlaciones de fuerza internacionales, a las tendencias del comercio exterior y la balanza de pagos y cuáles son los actores y protagonistas sociales, oficiales y políticos en estos procesos.

La finalidad está también en comprender las modificaciones, cambios y variantes en los discursos, políticas y prácticas de los gobiernos en el contexto de la llamada "diplomacia de los pueblos", del Foro de Sao Paulo de partidos políticos, del Foro Social Mundial, de las Cumbres Alternativas y de otras manifestaciones emergentes, las que, en la actual coyuntura de la política mundial, han tenido alteraciones importantes tomando en cuenta las nuevas correlaciones de fuerzas internas e internacionales y el reacomodo de las potencias y, en algunos casos, de los bloques regionales o subregionales.

Las evoluciones recientes permiten advertir de qué manera se han desarrollado y modificado los discursos, las políticas y las prácticas de las relaciones exteriores abriendo, ampliando, cambiando o alterando las perspectiva de Cooperación Sur-Sur a través de los organismos de integración (MERCOSUR, CAN, ALBA, UNASUR, CELAC, Alianza del Pacífico) o de las relaciones bilaterales entre los Estados.

 

Avances de los estudios en la región

La crisis del proyecto capitalista neoliberal de la ampliación plena del librecambio y los mercados a nivel mundial y el debilitamiento de la unipolaridad surgida en las últimas décadas han puesto en cuestión los fundamentos teóricos e históricos del llamado "fin de la historia" (Fukuyama, 1992) y han abierto nuevas perspectivas de análisis a los procesos sociales, políticos y económicos en el mundo. Especialmente el rechazo, en la Cumbre de Mar del Plata de 2005, casi unánime de los países de América Latina y el Caribe, al Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), impulsado por las políticas estadounidenses, ha marcado el surgimiento de nuevas tendencias históricas en la región.

La sociología política, los estudios de las relaciones internacionales y las investigaciones geopolíticas, sobre todo en los países de la región y en otros de los países del Tercer Mundo, han desarrollado importantes análisis e investigaciones sobre los procesos históricos y las tendencias que se han desarrollado en las últimas décadas. Los sociólogos Theotonio Dos Santos y Mónica Bruckmann, al recordar los sesenta años de la Conferencia de Bandung (1955), destacan en su investigación que "la aproximación de las potencias emergentes, BRICS, el estrechamiento de las relaciones de China y América Latina, la nueva dinámica de la Cooperación Sur-Sur abren un nuevo ciclo histórico de afirmación del sur, basado en principios de cooperación, autodeterminación y soberanía que inspiraron la Declaración de Bandung" (ALAI 2015), subrayando además la existencia de nuevas condiciones históricas en los procesos mundiales y regionales.

Los autores indican que la decadencia del atlantismo, junto al avance chino y de otras regiones del mundo, fortalecen las relaciones Sur-Sur expresadas en alianzas desde los pueblos subordinados, dando a los proyectos de integración una visión soberana, una mejor relación de los gobiernos y los pueblos, avanzando en el control de los recursos naturales estratégicos. Se trata, como en la Conferencia de Bandung (Indonesia), añaden, de un momento de afirmación de los países del Tercer Mundo y la emergencia del Movimiento de los No Alineados (MNOAL) sobre los principios de la autodeterminación y el desarrollo de los pueblos basado en la solidaridad, la cooperación económica y cultural y la paz mundial (ALAI 2015), como cuando los presidentes de más de veinticinco países firmaron el documento histórico.

En el mismo contexto, desde una perspectiva más amplia de crítica al eurocen-trismo e impulsando la "desconexión" del sistema hegemónico (Amin, 1989), el economista egipcio Samir Amin (ALAI 2015) establece que la situación actual se caracteriza por: 1. la decisión de los países de América Latina y el Caribe de formar recientemente su propia organización (CELAC) sin Estados Unidos y Canadá, y rechazando la Doctrina Monroe; 2. el surgimiento de nuevos movimientos populares que han creado conciencia respecto al carácter plurinacional de sus sociedades; y 3. los movimientos han puesto en marcha estrategias de liberación nacional del yugo del neoliberalismo con cierto éxito.

Al referirse a la importancia "De Bandung a 2015: viejos y nuevos desafíos" afirma que las naciones de Asia y África, para reconquistar su soberanía y completar su independencia, deben avanzar a través de un proceso de auténtico desarrollo coherente e independiente. Complementa la idea de la importancia histórica de los procesos de liberación nacional indicando que es imprescindible el rechazo a la globalización colonial y semicolonial de las potencias de occidente, buscando condiciones de igualdad en el sistema mundial en base a las luchas políticas y sociales de los pueblos.

Ambos trabajos realizan el paralelo y la aproximación histórica de la década de los cincuenta con los procesos de Liberación Nacional y descolonización en África y Asia, en menor medida, la formación del MNOAL, los procesos emergentes del siglo XXI y el surgimiento de nuevos bloques al margen del control y hegemonía de las potencias metropolitanas, poniendo énfasis en las tensiones del Sistema-Mundo entre Centro, Semiperiferia y Periferia (Wallerstein, 2006). En el caso regional, la formación reciente de la CELAC, la UNASUR, la Alianza del Pacífico y el ALBA.

En el contexto de la unipolaridad militar, del auge del discurso neoliberal y de la democracia liberal, de la predominancia de los discursos y posiciones relativistas sobre el conocimiento científico y la razón moderna y el fin de los grandes relatos, Eduardo Grüner identifica el atentado en las Torres Gemelas, 11 de septiembre de 2001, como el momento de inflexión en todos los órdenes de la vida internacional y en el campo del pensamiento y la reflexión intelectual (Grüner, 2002).

Las teorías de la modernización (Germani, 1965), del desarrollo de la CEPAL (Rodríguez, 1993), de la dependencia (Dos Santos, 2003), en algunas variantes conservadoras, y las neoliberales (Harvey, 2007), admiten que las posibilidades de desarrollo están vinculadas a las relaciones Norte-Sur, como cooperación internacional para el desarrollo, más aún en el caso neoliberal, que sostiene que el libre mercado y la competencia abierta entre las economías del Norte y del Sur abrirán posibilidades similares de acuerdo a las ventajas comparativas mutuas planteadas por el liberalismo clásico.

Por su parte, desde una perspectiva más política y con una posición crítica, el sociólogo Atilio Borón (2012) califica de altamente peligroso el orden internacional capitalista, porque está enjuego el destino de la especie humana, pues fuerzas depredadoras de los grandes centros de poder y sus nefastos proyectos de dominación mundial enfrentan a la humanidad al riesgo de una tragedia de incalculables proporciones, mucho peor que en la era de la guerra fría (1947-1990). Dice: "pese a todos los discursos que pretenden negar su existencia, el imperialismo continúa siendo la fase superior del capitalismo, el que por su insaciable necesidad de de acrecentar el saqueo de los bienes comunes y las riquezas adquiere cada vez mas predatorios, agresivos y violentos, colocando a la humanidad en las puertas de su propia destrucción" (Borón, 2012: 48) y agrega: "Estados Unidos quiso apoderarse de América Latina y el Caribe mediante el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Como su empeño no tuvo éxito, ahora trata de hacerlo por otras vías como los acuerdos de libre comercio bilaterales" (Borón, 2012: 49).

El GT Cooperación Sur-Sur y Políticas de Desarrollo (Echart, 2016) identifica que las críticas a las vertientes políticas que sostienen la relación Norte-Sur se plantean a través de al menos tres perspectivas: 1. la que asocia la crisis del desarrollo con la crisis del capitalismo (Dos Santos, 2003 y Amin, 1989) y la inviabilidad de un desarrollo dependiente, 2. la que considera que la base de imposibilidad de cooperación Norte-Sur está en el eurocentrismo y la co-lonialidad del saber y del poder (Lander, 1993), y 3. la que advierte que no corresponde un proyecto de desarrollo sino que existen múltiples opciones y caminos, bajo la perspectiva de la relatividad postmoderna (Latouche, 2007).

En este marco, este estudio se inscribe en la perspectiva de comprender los alcances de los proyectos de integración regional -MERCOSUR, CAN, ALBA, UNASUR, CELAC- desde la política exterior boliviana. Algunos trabajos abordan el estudio de las nuevas formas y actores de las relaciones internacionales. Karla Díaz Martínez pone atención en la diplomacia de los pueblos (término utilizado por el presidente Evo Morales Ayma) como alternativa de relaciones exteriores desde el sur y como camino de reinterpretación de la política exterior tradicionalmente manejada por las élites (Díaz, 2011).

A su vez, de manera más puntual, Amaya Querejazu aborda el tema de la indigeneidad en la política exterior boliviana (Querejazu, 2015) y Máximo Quitral pone atención a la singularidad del discurso y las gestiones de las relaciones internacionales de Morales Ayma y del Ministro de Relaciones Exteriores, David Choquehuanca (Quitral, 2014).

La Constitución Política del Estado Plurinacional (Vicepresidencia del Estado, 2009) establece, en el artículo 255, que "las relaciones internacionales y los tratados responden a fines del Estado sobre la base de la soberanía y los intereses del pueblo boliviano y reconoce la independencia e igualdad entre Estados, el rechazo y condena a toda forma de dictadura, colonialismo, neocolonialismo e imperialismo, así como la cooperación entre los estados y los pueblos". En el artículo 265 se determina que "el Estado promoverá, sobre el principio de relaciones justas, equitativas y con reconocimiento de las asimetrías, las relaciones de integración social, política, cultural y económica con los demás Estados, naciones y pueblos del mundo" y, en particular, "promoverá la integración latinoamericana" y complementa señalando que "el Estado fortalecerá la integración de sus naciones y pueblos indígena originario campesinos con los pueblos indígenas del mundo".

El GT Cooperación Sur-Sur y Políticas de Desarrollo (Soares de Lima, Echart, Milani, 2016), en la publicación final de su investigación, destaca que en el siglo XXI emergió un intenso proceso de integración de América Latina y el Caribe con los gobiernos nacionalistas y antiimperialistas de Brasil, Argentina, Uruguay, Bolivia y Venezuela, los cuales impulsaron niveles más elevados de autonomía en la región. Asimismo, la Cooperación Sur-Sur, a través de los BRICS (Brasil-Rusia-India-China-Sudafrica), IBAS (India-Brasil- África del Sur), ASA (América del Sur-África), ASPA (América del Sur-Países Árabes) y el avance de las potencias emergentes, alcanzó un importante lugar en las relaciones internacionales, afectando el orden establecido por las potencias tradicionales.

Reconocen, sin embargo, que la categoría Cooperación Sur-Sur es polisémica e incluye las alianzas y coaliciones en espacios multilaterales y de carácter específico; los acuerdos de comercio; los procesos regionales; la cooperación científico tecnológica; la cooperación técnica y la cooperación para el desarrollo como formas políticas ambivalentes y elásticas. En el caso de América Latina, identifican que se han presentado dos perspectivas de proyectos de integración: por un lado la Alianza del Pacífico y por otra la UNASUR y la CELAC.

Al tiempo de establecer que la Cooperación Sur-Sur implica la horizontalidad, el posicionamiento de los países del sur y el aprendizaje bidireccional, se presentan los principios de la Cooperación Sur-Sur: 1. no interferencia en asuntos internos, 2. igualdad entre países socios, 3. respeto a su independencia y soberanía nacional, 4. promoción de la autosuficiencia, 5. ausencia de con-dicionalidades explícitas, 6. preferencia por el empleo de recursos locales, 7. mayor flexibilidad, sencillez y rapidez de ejecución, 8. carácter desvinculado al no comprar bienes al oferente y 9. menos coste y mayor impacto.

Corresponde, finalmente, hacer referencia a las reflexiones histórico-teóricas de los internacionalistas argentinos Marcelo Gullo (2010) y Miguel Ángel Barrios (2006), quienes vinculan los procesos de integración a la tradición de lucha por la construcción de la Patria Grande por las bases culturales, sociales, ideológicas e históricas comunes de los países de la región y ante la necesidad geopolítica internacional de generar una respuesta coordinada, como bloque regional, ante la presencia de otros bloques geográficos en el contexto mundial. Han investigado, asimismo, aspectos específicos de la integración bancario-financiera, militar y de defensa, seguridad ciudadana, comercial y política en América Latina y el Caribe.

El conocimiento histórico, sociológico y político de las relaciones estatales y sociales internacionales se ha convertido en un campo cada vez más importante para entender los procesos contemporáneos de las sociedades y colectividades humanas en su constante vinculación, tomando en cuenta procesos de mundiali-zación y globalismo comunicacional, cultural, tecnológico, poblacional, comercial y financiero, entre otras manifestaciones de la evolución de la humanidad.

El sociólogo brasileño Octavio Ianni (2005) señala que la sociología es la autoconciencia científica del mundo moderno y de sus transformaciones y, al mismo tiempo, es resultado del mismo y de su pensamiento crítico. En ese sentido, los procesos recientes de las sociedades humanas han atravesado de manera franca las fronteras y se han abierto nuevas perspectivas de estudio, análisis y reflexión. El sistema-mundo (Wallerstein, 2006) y sus conexiones estructurales están mostrando la dinámica económica, social y política contemporánea de las relaciones Centro-Semiperiferias-Periferias por la vía de procesos de integración y desintegración de países, de cuestionamientos a las hegemonías, de pluralidad de actores fuertes en el escenario internacional y de esfuerzos de integración regional o subregional en los que se inscribe Bolivia.

En este caso se avanza en el conocimiento, la interpretación y explicación en torno a las formas en que desde la sociedad y el estado bolivianos se han abierto las relaciones internacionales, tomando en cuenta los procesos internacionales, geopolíticos y estratégicos de los distintos actores de la política exterior regional, hemisférica y mundial. Corresponde organizar, sistematizar y analizar, en el contexto de importantes transformaciones internas, las denominadas nueva política exterior, diplomacia de los pueblos, nuevo reclutamiento diplomático y los nuevos discursos y prácticas de actores gubernamentales, estatales, institucionales y sociales.

Por otra parte, estas políticas se ejercitan en un medio determinado históricamente, de ahí la importancia que adquieren los iniciales avances históricos de la integración desde el final de segunda guerra mundial con la formación de la Organización de los Estados Americanos (OEA) y que al presente del siglo XXI tiene, en las instituciones supranacionales en las que participa o no Bolivia, un espacio de atención especial: los procesos de interés son la Comunidad Andina de Naciones (CAN), el Mercado Común del Sur (MERCOSUR), la Alternativa Bolivariana de las Américas (ALBA), la Alianza del Pacífico (AP), la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).

Desde el campo de la sociología en Bolivia se han realizados muy escasos estudios relacionados con las relaciones internacionales y la política exterior. Se pretende abrir un horizonte de estudio tanto en las dimensiones oficiales y gubernamentales sobre el tema y, reconociendo que desde la sociología política, las relaciones internacionales y los estudios geopolíticos en Bolivia no se han realizado estudios comparativos con otros países y estudios integrales con otros contextos sobre las políticas, discursos y prácticas integracionistas, se tiene una oportunidad de avanzar en esta perspectiva.

Se trata de conocer los alcances nacionales e internacionales de las políticas, discursos, prácticas y percepciones de los actores gubernamentales, estatales, institucionales y sociales protagonistas de las actividades de las relaciones internacionales y, en particular, respecto a los procesos de integración en la región latinoamericana y caribeña.

Asimismo, establecer los lineamientos y dimensiones que guían la política exterior boliviana, sus mecanismos de implementación y las repercusiones que se consiguen tomando en cuenta los principios y parámetros de la Cooperación Sur-Sur y los modelos de desarrollo, así como las tendencias dominantes de la cooperación internacional para el desarrollo y esbozar una comparación de los resultados de las políticas internacionales entre varios países de la región, sobre la base de los resultados de las políticas y las prácticas de agenda exterior y los compromisos asumidos, así como los criterios de la Cooperación Sur-Sur y los modelos de desarrollo.

 

Tensiones en los proyectos de integración y pugna de orientaciones

Las tendencias políticas dominantes en los países de la región van a marcar las perspectivas mediatas e inmediatas de los procesos de integración en la región y, particularmente, las orientaciones que adoptan, tanto por la dinámica regional como mundial, los que tienen un mayor peso de sus economías, como son Brasil, México, Argentina, Colombia o Venezuela, países que también han tenido y tienen un mayor poder político y diplomático. Sin embargo, existen casos, como el de Cuba, Uruguay y Costa Rica que ha desarrollado influencia ideológica y política muy importante.

Los potenciales económicos y políticos de cada uno de ellos, en el sistema internacional, se multiplican de acuerdo a su gravitación en los proyectos de integración regional o subregional, en el marco de un cambio constante de las correlaciones de fuerzas en el mundo. A ello también contribuyen, positiva o negativamente, las relaciones con las potencias hegemónicas que también disputan áreas de control e influencia y, en el caso de América Latina y el Caribe, la importancia de Estados Unidos tiene una larga historia, en tanto que la influencia de China, India y Rusia se ha incrementado en los últimos años en un marco de multipolaridad acentuada.

El caso de Estados Unidos, como poderosa potencia mundial que ha marcado su hegemonía e influencia en la región, es altamente importante, puesto que su política exterior en América latina y el Caribe ha determinado los ritmos y alcances de las organizaciones multilaterales prácticamente desde el siglo XIX, con algunas excepciones en coyunturas históricas determinadas, entre ellas la de los primeros años del siglo XXI. El nuevo gobierno de Trump ha abierto muchas interrogantes en torno a las relaciones interamericanas debido a sus discursos relacionados a la migración latina, al muro fronterizo y a las políticas de libre comercio de su país.

La disputa más aguda se dio en torno al intento de crear una zona de libre comercio bajo la hegemonía de Estados Unidos con los avances realizados en las Cumbres de las Américas, sin embargo, la Cumbre realizada en Mar del Plata en 2005 generó una controversia que frenó la ejecución del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) por una acción coordinada de varios Jefes de Estado, provocando su fracaso y también la búsqueda de opciones propias de los países subordinados de la región. De todas maneras los Tratados de Libre Comercio (TLC) bilateral se mantuvieron en algunos casos, como el de México y Estados Unidos, para posteriormente, desde 2011, adquirir un lugar de mayor importancia la Alianza del Pacífico (AP) formada por Chile, Perú, Colombia y México.

Otro espacio internacional que perdió protagonismo en los pasados quince años fue la Organización de Estados Americanos (OEA), situación que ha variado de manera notable en los últimos dos años, debido al aquietamiento de otros proyectos como UNASUR y CELAC y a las iniciativas políticas que tuvo su Secretario General y los países con mayor peso e influencia.

Las viejas pugnas entre posiciones proteccionistas y librecambistas y entre posiciones nacionalistas y liberales se han renovado en estos años, tanto en las tendencias internas de los países como en las perspectivas más generales de los proyectos de integración.

Las acciones más claras relacionadas a las contradicciones que han surgido en los procesos integracionistas se han manifestado con las posiciones de los gobiernos de Argentina, Brasil y Paraguay respecto a la participación de Venezuela en el Mercado Común del Sur (MERCOSUR). Venezuela se incorporó al proyecto como miembro pleno en 2012 bajo la coordinación de los gobiernos considerados de izquierda y en 2016 le correspondía asumir la presidencia temporal, sin embargo, surgió la impugnación de los tres países y se generó una tensión extrema que culminó con su suspensión en diciembre de ese año por razones vinculadas al respeto de los derechos humanos y a la crisis interna.

El MERCOSUR se había convertido en el proceso de complementación económica, comercial, política y diplomática más maduro y profundo -y con mayores protecciones-, debido al esfuerzo puesto por Argentina y Brasil y a las potencialidades de ampliarse a la mayoría de los países de la región, incluso a pesar de la formación de la AP. El embajador brasileño Samuel Pinheiro Guimaraes, alto representante del MERCOSUR en el pasado, planteaba que "el MERCOSUR debe ser capaz de impulsar un desarrollo regional armonioso y equilibrado, eliminando las asimetrías y construyendo una legislación común de modo gradual", advirtiendo que "el mundo está ingresando a un periodo de creciente proteccionismo, de ahí la necesidad de formar bloques con fuerte comercio interior" (en Zibechi, 2012). Añadía que "en un mundo multipolar, en crisis, con grandes cambios de poder, no es de interés de ningún bloque o de ninguna gran potencia la constitución o el fortalecimiento de un nuevo bloque de estados, en especial si son periféricos. Cualquier gran potencia considera más conveniente negociar acuerdos con Estados aislados, en especial si son países subdesarrollados, más débiles económica y políticamente" (en Zibechi, 2012).

Esta perspectiva se fue debilitando y ahora se abrió una perspectiva más librecambista en sus relaciones comerciales con los países de la Unión Europea y se produjo un acercamiento de los gobiernos de Argentina y Uruguay con la Alianza del Pacífico, opción que se convierte en un polo de atracción también a otros países, aunque retraída en los últimos meses por el discurso nacionalista y proteccionista del gobierno norteamericano.

En relación a UNASUR el fenómeno es parecido, tomando en cuenta que había emprendido importantes perspectivas relacionadas no solamente a la coordinación política de todos los países del bloque geográfico, sino que había avanzado en aspectos de la formación del Consejo de Defensa Sudamericano para emprender una estrategia de seguridad y complementación militar, del Banco del Sur como institución propia para coordinar y regular las relaciones comerciales y financieras de manera autónoma, de mecanismos de integración energética y otros relacionados con la cultura, la educación y el Parlamento común.

Se advierte al respecto que el proyecto macro de UNASUR y estas iniciativas específicas han quedado en suspenso, nuevamente tomando en cuenta las orientaciones de los gobiernos de los países más importantes de Sudamérica, como son Brasil y Argentina, aunque los de Bolivia, Ecuador y Venezuela buscan reactivar su funcionamiento. La VIII Cumbre se realizó en 2014 y la IX que debía realizarse en 2016 fue suspendida, sin que se observen posibilidades de una activación pronta.

En similar estado de enfriamiento se encuentra la CELAC, que en sus primeros años de impulso generó expectativas para convertirse en la instancia de unidad y coordinación política de América latina y el Caribe sin la participación de Estados Unidos y Canadá. Las dos últimas cumbres, en Ecuador en 2016 y en República Dominicana en 2017, no tuvieron el impacto y la expectativa de las anteriores, esto porque de los treinta y tres países miembros participaron un mínimo número de Jefes de Estado.

En este cuadro, solamente la Alianza Bolivariana (ALBA) ha conseguido marcar una tendencia de mayor acercamiento político y compromiso de sus miembros con las perspectivas de sostener procesos de integración que tengan un alcance integral y una definición antiimperialista, con acercamientos diplomáticos y políticos con otras potencias distintas a las de la región, como son los casos de Rusia, China e Irán. La Alianza ha reunido en marzo de 2017 en Caracas la Cumbre XIV de Presidentes y Jefes de Estado de los once países miembros del Caribe, Centro y Sudamérica, en el contexto de una fuerte crisis política en el país anfitrión que, además, sufre una fuerte presión de Estados Unidos y del Secretario General de la OEA, al influjo de los gobiernos de Canadá, México y Argentina.

El documento "Defendamos la Unión, la Dignidad y la Soberanía de Nuestra América", aprobado en esa cita, sostiene "la necesidad de consolidar la unión entre los pueblos de América Latina y el Caribe para hacer frente a las arremetidas de los sectores de la derecha internacional en contra de la estabilidad económica de la región", añadiendo que "El ALBA-TCP, alianza política, económica y social, defiende la independencia, la autodeterminación y la identidad de nuestros pueblos. Nos une la solidaridad, la complementariedad, la justicia y la cooperación, con el propósito histórico de aunar las capacidades y fortalezas de nuestros países, a fin de alcanzar el desarrollo integral y existir como naciones soberanas" (ALBA, 2017).

Luego de rendir homenaje a Fidel Castro y Hugo Chávez, impulsores del ALBA, el documento manifiesta su respaldo y defensa de la "Revolución Bolivariana" y ratifica la decisión de la CELAC de considerar a América Latina y el Caribe como zona de paz. Un aspecto especial en torno a este proyecto de integración es la participación de los movimientos sociales de la región, que se consideran protagonistas e impulsores de la unidad política en una perspectiva de emancipación y liberación nacional.

 

Conclusiones. Sin integración, derrota histórica de América Latina

El reordenamiento geopolítico y geoeconómico mundial se acelera vertiginosamente con las crisis continuas en Europa, la pérdida de hegemonía económica y financiera de Estados Unidos, las nuevas potencias emergentes en el tablero internacional, la guerra de ocupación permanente en Oriente Medio y la tendencia a la parálisis de la unidad e integración de América Latina, situación ésta que provocaría una derrota histórica y estratégica de la integración de la región después de más de diez años de avances muy importantes bajo el impulso de gobiernos nacionalistas, antiimperialistas y socialistas, inspirados por la gesta libertaria de Bolívar, Morazán y San Martín en el siglo XIX.

La confluencia de liderazgos decididos a impulsar la unidad de América Latina y el Caribe con la formación de la Alianza Bolivariana de las Américas (ALBA), el 2004, la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR), en 2008, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), en 2010, y el fortalecimiento del Mercado Común del Sur (MERCOSUR) con la incorporación de Venezuela, en 2012, fueron señales profundas de la posibilidad de que la región se convierta en un actor fundamental en el plano internacional.

Con un territorio de más de 22 millones de kilómetros cuadrados, 650 millones de habitantes, un Producto Interno Bruto de 9 millones de millones de dólares (un nueve con doce ceros) aproximadamente, con reservas principales de bosques, minerales e hidrocarburos y las fuentes de agua más importantes del planeta, América Latina y el Caribe representan un potencial económico y estratégico de altísimo nivel frente a otras regiones o potencias.

La Nación Continente fue concebida por Bolívar y enriquecida por José Martí en el siglo XIX, por Manuel Ugarte, José Carlos Mariátegui y Víctor Raúl Haya de la Torre, como Patria Grande o Indoamérica, o por Jorge Abelardo Ramos, con su Historia de la Nación Latinoamericana, durante el siglo XX; por su parte, a principios del siglo XXI, fueron los gobernantes Lula Da Silva de Brasil, Nestor Kirchner de Argentina, José Mujica de Uruguay, Rafael Correa de Ecuador, Fidel Castro de Cuba, Daniel Ortega de Nicaragua, Evo Morales de Bolivia, entre otros, los que, liderados por Hugo Chávez de Venezuela, marcaron el camino de la unidad al margen del dominio de los Estados Unidos.

La Cumbre de Presidentes de las Américas, realizada en Mar del Plata en noviembre de 2005, rechazó, en presencia del Presidente de Estados Unidos, George Bush, el proyecto del ALCA impulsado por la potencia del norte. Este rechazo fue acompañado por los movimientos sindicales, populares, campesinos, junto a personalidades e intelectuales del continente.

Esta impronta, en los últimos dos años, tuvo fuertes traspiés, no sólo por la constante presión de Estados Unidos, sino por la dinámica política en los países más fuertes económica, diplomática y políticamente de la región. En Argentina, en 2015, ganó las elecciones el empresario conservador y neoliberal Mauricio Macri y algunos meses después fue destituida, a través de un Golpe de Estado, la Presidenta Dilma Rousseff, de Brasil, asumiendo la conducción el entonces Vicepresidente Michel Temer, representante de poderosos intereses transnacionales, financieros, agroindustriales y acusado de hechos de corrupción.

Es indudable que las dos potencias sudamericanas marcan los ritmos internacionales de la región y la dupla Macri-Temer ha adoptado posiciones radicalmente diferentes a los anteriores gobiernos en lo que se refiere al posicionamiento unitario, defensivo y articulado de la región. Por una parte, prácticamente han congelado los procesos de UNASUR y CELAC; por otra parte, han desarrollado una ofensiva contra el gobierno y el pueblo de Venezuela al observar su participación como miembro pleno de MERCOSUR y, finalmente, sobretodo el gobierno de Buenos Aires, ha manifestado su interés en vincularse a la librecambista Alianza del Pacífico.

Sin embargo, existe una paradoja al respecto. Brasil, que durante los últimos años avanzó en altos niveles de crecimiento, convirtiéndose en la octava economía mundial, propició la cooperación Sur-Sur, aún es parte del acuerdo Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica (BRICS), como potencia planetaria, e impulsó y encabezó la integración de América Latina y el Caribe, al dejar de incentivar la unidad regional pierde peso estratégico porque, teniendo peso continental, su importancia se diluye si se aísla y pierde influencia en su vecindario.

Al respecto, las Fuerzas Armadas de Brasil ya han manifestado su preocupación por este y otros hechos de la política interna y porque las políticas de Temer están poniendo a Brasil bajo el control del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el gobierno de Estados Unidos. El Jefe del Ejército, General Eduardo Dias Da Costa, manifestó su preocupación: "somos un país que está a la deriva que no sabe lo que quiere y lo que debería ser".

Por su parte, México, el otro país latinoamericano con una economía importante, se encuentra en un gran dilema: hasta ahora ha tenido una política de espaldas a sus vecinos de centro y sud América y ha privilegiado las relaciones comerciales liberales con Estados Unidos, pero con el nuevo gobierno en Washington está sufriendo humillación y maltrato, frente a lo cual ha mostrado indicios de propiciar acercamientos con los países latinoamericanos.

El ascenso de Donald Trump al poder de la Casa Blanca ha provocado un sismo económico, financiero y mediático por su agresiva posición antiinmigrantes, proteccionista y nacionalista, lo que ha generado un replanteamiento de la distribución del poder mundial, particularmente por las amenazas a China y la creación de un foco de conflicto en los mares de Japón y China, su distanciamiento de la Unión Europea y su calculado acercamiento a Rusia. En relación a los países de la región, en sus primeras declaraciones Trump se ha pronunciado agresivamente contra los gobiernos de Cuba y Venezuela, aunque luego ha mantenido silencio al respecto.

El ascenso chino se ha convertido en la mayor amenaza económica y financiera para Estados Unidos, por la ampliación constante de sus negocios en los cinco continentes (incluyendo norteamérica), por el reconocimiento de su hegemonía por parte de las demás potencias mundiales y por los acuerdos, incluidos los militares, que ha firmado con Brasil, México, Chile, Perú, Venezuela y otros en la región. La actual construcción de un segundo canal interoceánico en Nicaragua, con una multimillonaria inversión, y el proyecto ferroviario que vinculará el Atlántico y el Pacífico en Sudamérica son dos casos emblemáticos.

Todo esto se desarrolla mientras la Unión Europea sufre crisis y desintegración por la salida de Inglaterra (el Brexit) y por la amenaza de Turquía, como potencia regional importante, de dar libre paso a millones de refugiados de Medio Oriente hacia su territorio, radicalizando internamente a los grupos xenófobos anti-inmigrantes.

Las organizaciones populares, sindicatos, centrales de trabajadores y obreros, campesinos, indígenas, fuerzas sociales urbanas, trabajadores por cuenta propia y otras de la región, que han participado, durante el periodo que va del siglo, en las cumbres paralelas, en campañas de impulso a la integración tienen en el actual momento la tarea de ser la vanguardia que defienda y profundice el proceso de la unidad de la Patria Grande.

A la cabeza de las Centrales de Trabajadores, de Campesinos y de Indígenas, las organizaciones de base y todas la fuerzas populares de los países de la región se hace imprescindible fortalecer UNASUR, CELAC, ALBA, MERCO SUR, CAN, Sistema de Integración Centroamericana (SICA) o Comunidad del Caribe (CARICOM), para darles el sentido histórico original de la integración emancipadora.

Las experiencias de la Cooperación Sur-Sur, de los Foros Alternativos, de las Cumbres paralelas y de la Diplomacia de los Pueblos son muy importantes porque representan sucesos e hitos históricos, como los de los siglos pasados, que van a marcar el futuro de los pueblos, de los países y del conjunto de América Latina y el Caribe. Junto a éstos, los sectores intelectuales, políticos, académicos, profesionales, universitarios y estudiantiles deberán también asumir un rol protagónico ante los desafíos planteados.

Como manifestaron intelectuales y políticos -Juan Domingo Perón, Manuel Ugarte, Omar Torrijos, Hugo Chavez, Eduardo Galeano, Fidel Castro, Leopoldo Zea o Ricaurte Soler: "el siglo XXI nos encontrará Unidos o Dominados" y el desafío está planteado. Se han dado importante pasos en los últimos quince años y no debe retroceder el impulso y la iniciativa, más aún en un momento histórico en que América Latina y el Caribe integrados pueden adquirir un papel protagónico estratégico en la geopolítica y la geoeconomía mundial.

El momento actual de los gobiernos que impulsan la integración emancipadora no es el mejor, sin embargo, la acumulación histórica debe permitir marcar los puntos desde los cuales no se puede retroceder, aún en condiciones en la que el poderío estadounidense desarrolle acciones agresivas militares y diplomáticas en la región.

La conciencia nacional latinoamericana, la democracia deliberativa, la movilización popular y la politización desde abajo tienen una historia contemporánea desde la formación del Movimiento de Países No Alineados (MNOAL), el tercermundismo, el Grupo 77 más China (G-77), los procesos de liberación y las luchas revolucionarias. Entonces, frente a los desafíos e incertidumbres actuales, será la respuesta de los pueblos la que definirá los procesos históricos.

 

Notas

1 Boliviano, Sociólogo, con Maestría en Ciencia Política de la FLACSO-México. Docen-te-Investigador del Instituto de Investigaciones Sociológicas (IDIS) de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA). Miembro del GT de la CLACSO. Docente invitado en la Universidad de Buenos Aires (UBA), la Universidad de Valparaíso (UV) y la Escuela Nacional Florestan Fernández (ENFF). Actualmente investiga en el IDIS el tema de la participación de Bolivia en los procesos de integración regional. E-mail: eduardo.pazrada8@gmail.com

 

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