INTRODUCCIÓN
En el siglo XXI, se observa que cada vez más estudiantes buscan acceder a la educación superior, motivados por la necesidad de formarse para asegurar en el futuro una profesión, empleo u ocupación que les permita satisfacer sus necesidades económicas y desarrollar sus proyectos personales. Sin embargo, las instituciones de educación superior en la actualidad se encuentran ante serios retos, como la necesidad de actualizar los planes de estudio, elevar la calidad de la enseñanza, asegurar fondos suficientes y fomentar la inclusión y la igualdad. Asimismo, surgen obstáculos vinculados a la facilidad de acceso, la integración de nuevas tecnologías y métodos innovadores, así como la formación constante de los educadores, entre otros aspectos relevantes (García y Lizarazo, 2023).
Elegir una especialidad universitaria representa en la actualidad una de las decisiones más importantes en la trayectoria laboral de cada individuo. Esta elección no solo implica seleccionar un área de estudio; también exige un compromiso continuo con el aprendizaje y el desarrollo personal. Es necesario considerar diversos aspectos relacionados con el fortalecimiento de la pasión y la adquisición de competencias que permitan adaptarse a un entorno laboral en constante evolución. Así, la elección de una carrera se convierte en un proceso de autodescubrimiento y planificación, que influye notablemente en el futuro personal y profesional del estudiante.
Cuando un alumno entra a la universidad, empieza a adaptarse a un entorno nuevo, donde necesita integrarse con compañeros y profesores. Esta experiencia le da la chance de analizar y confirmar, o a veces repensar, lo que esperaba de la carrera que eligió. A la vez, está buscando y cambiando la idea que tiene de sí mismo, algo clave en esta etapa de su vida. Todo esto puede hacer que se sienta seguro de su elección y le vaya bien en los estudios, ayudándolo a avanzar sin problemas; o, al revés, podría querer dejar la carrera y buscar algo que le guste más y se adapte a lo que quiere para su futuro. En todo caso, este primer momento de adaptación es importante para marcar el rumbo en la universidad y en su vida.
Los jóvenes expresan que a menudo sienten que el sistema educativo, los docentes y sus familias no consideran sus intereses, expectativas académicas ni sus opiniones en el proceso educativo. Esto refleja una desvinculación entre los actores clave de la educación y las necesidades reales de los estudiantes, considerándolos como actores invisibles y generándoles un clima educativo negativo lo que puede impactar negativamente en su motivación y participación, haciendo que exista mayor riesgo a que los jóvenes abandonen los estudios (Pedditzi, 2024). Por consiguiente, es necesario realizar un análisis sobre los intereses personales y profesionales, además de promover competencias que demanda el mundo laboral actual CEPAL (2016).
Para asumir los compromisos globales que contempla el Objetivo de desarrollo sostenible 4, con respecto a la meta 4.4, la UNESCO (2017) establece que, es primordial que las Instituciones educativas superiores desarrollen capacidades específicas en los estudiantes para enfrentar las vicisitudes del campo del trabajo, habilidades cognitivas como no cognitivas, como son: la solución de conflictos, el trabajo en equipo, habilidades comunicativas, habilidades vocacionales y todas aquellas capacidades y competencias pertinentes para enfrentar y aplicar en todo ámbito laboral (UNESCO, 2015).
Con base a lo anterior, este estudio se justifica por su enfoque en analizar diversas teorías que explican la importancia de la madurez vocacional y los factores que afectan la persistencia de los estudiantes en su carrera profesional. Además, resulta relevante porque ofrece los elementos clave para entender los factores personales que pueden debilitar el proceso de maduración vocacional.
El desarrollo vocacional se entiende como un constructo complejo básico en el crecimiento de la vocación de las personas. Se refiere al momento en que un individuo ha logrado una mayor claridad, confianza y estabilidad en su elección de carrera, mostrando así una mejor capacidad para tomar decisiones informadas y aceptar las responsabilidades vinculadas a su futuro profesional. Implica un nivel de comprensión personal y de alineación de sus objetivos profesionales con sus valores y capacidades (Murillo-Moreira y Vallejo-Valdivieso, 2022).
En la actualidad, el abandono de estudios universitarios representa una preocupación, ya que supone una pérdida significativa de capital humano y afecta la competitividad profesional de los países. En este contexto, las instituciones de educación superior no solo deben enfocarse en elevar la calidad educativa, sino también en brindar un adecuado acompañamiento pedagógico que permita a los estudiantes fortalecer su claridad vocacional y su compromiso con la carrera elegida. En el ámbito universitario, muchos jóvenes inician una trayectoria profesional sin comprender plenamente la naturaleza, funciones y roles sociales de la misma. Esta falta de claridad, común en etapas tempranas de formación, puede generar inseguridad, desmotivación, frustración personal y familiar, así como una visión distorsionada de la carrera, lo que en algunos casos desemboca en el abandono de los estudios.
Ante esta problemática, surge la necesidad de analizar cómo evoluciona el desarrollo vocacional durante la formación universitaria. En este estudio se comparan dos grupos de estudiantes de ciencias de la salud: uno de primer ciclo, que representa la etapa inicial de la carrera, y otro de décimo ciclo, correspondiente a la etapa final.
La pregunta de investigación planteada es: ¿Existen diferencias significativas en el desarrollo vocacional entre estudiantes de primer y décimo ciclo? El objetivo general es analizar de forma comparativa el grado de desarrollo vocacional en ambos grupos, con el fin de aportar evidencias que orienten estrategias institucionales para fortalecer la permanencia y la preparación integral de los futuros profesionales.
Revisión literaria
El paso de la educación secundaria a la universidad representa una etapa de transformación y retos significativos para los estudiantes, quienes enfrentan una combinación de emociones, expectativas positivas y preocupaciones sobre el futuro. Uno de los miedos comunes en esta etapa es el temor de no sentirse satisfechos o interesados en la carrera elegida. Diversas teorías psicológicas y educativas explican este proceso y brindan una base teórica para entender cómo evoluciona la percepción y el compromiso de los estudiantes con su carrera profesional a lo largo del tiempo.
Teoría de la Vocación y el Desarrollo Profesional de Donald Super
La teoría de Super (1980), sostiene que la formación de la vocación ocurre en diversas etapas de la vida y que el sentido de pertenencia o conexión con una carrera no siempre surge de manera instantánea. De acuerdo con Super, los estudiantes de universidad están en la fase de "exploración", en la cual inician su experiencia en la profesión seleccionada, enfrentando nuevas vivencias y saberes. Este proceso de exploración permite que, con el tiempo, los estudiantes fortalezcan su identidad profesional y mejoren su interés y satisfacción en su carrera.
La teoría del desarrollo profesional de Donald Super resalta la relevancia del autoconcepto en la selección y el crecimiento de la carrera laboral. La teoría sostiene que el autoconcepto relacionado con la carrera se desarrolla a lo largo del crecimiento físico y mental, las observaciones de la vida laboral y las experiencias generales (Putra, 2021). El modelo del ciclo vital de Super sugiere que la selección de una carrera es un proceso en constante evolución y no se trata de un acontecimiento aislado. Esta situación se origina en que el autoconcepto, que significa cómo una persona ve su propia imagen respecto a sus capacidades, preferencias y principios, cambia con el paso del tiempo. Conforme la persona acumula experiencias y las analiza, su identidad profesional también se adapta, lo que afecta sus decisiones y objetivos laborales en el futuro (Puente-Palacios y Santos de Souza, 2018).
Acerca de la Teoría de Super, varios autores describen el desarrollo profesional. Murillo Aguilar (2022) sostiene que la formación de la identidad profesional es un proceso que se desarrolla de manera continua, el cual está influenciado por experiencias, aprendizajes y transformaciones personales a lo largo del tiempo. Esta identidad se ajusta a las nuevas situaciones, retos y objetivos que aparecen en el ámbito laboral, lo que permite al individuo redefinir su papel y propósito profesional según sus valores y deseos.
De acuerdo con Caro Navarrete et al., (2021) los alumnos de educación superior se encuentran en un periodo de indagación donde examinan y experimentan elementos fundamentales de la carrera que han seleccionado. En este período, los alumnos reciben formación en conocimientos y competencias relacionadas con su área de estudio, lo que les facilita analizar su interés y adecuación a la profesión, además de reforzar su identidad profesional y su vocación.
García y Zanatta (2022) argumentan que la identidad profesional se forma a partir de diversos factores que están conectados entre sí, tales como la selección de la carrera, el avance educativo y las vivencias en prácticas laborales. Estas experiencias ayudan al estudiante a fortalecer habilidades y valores vinculados a su área, así como a formar su visión sobre su rol profesional. De esta manera, cada elemento ayuda a fortalecer un sentido de identidad y pertenencia en su campo profesional.
El avance en la carrera, que incluye etapas como la definición, la investigación, la toma de decisiones, el desarrollo de competencias y el cambio al mundo laboral, actúa como un vínculo que une la inteligencia emocional con la construcción de la identidad profesional. Los alumnos que poseen una inteligencia emocional más elevada y una sólida orientación profesional muestran niveles superiores de identidad vocacional, lo que resalta la relevancia de estos elementos en el avance profesional (Merino-Tejedor et al., 2024).
Teoría de la Motivación Intrínseca y Extrínseca de Deci y Ryan
De acuerdo con esta teoría, el compromiso hacia una actividad puede aumentar cuando la persona siente tanto satisfacción interna (motivación intrínseca) como ventajas externas (motivación extrínseca). Inicialmente, el entusiasmo por una carrera puede ser reducido, dado que los estudiantes a menudo se encuentran con asignaturas básicas que, en muchos casos, no reflejan completamente la relevancia de la profesión. No obstante, a medida que transcurre el tiempo, el estudiante se adentra en cuestiones particulares de su área de interés, lo que aumenta la motivación interna, produciendo así una mayor satisfacción y dedicación hacia su decisión profesional (Deci y Ryan, 2020).
Investigaciones recientes han examinado la conexión entre la motivación intrínseca y extrínseca y el crecimiento académico y profesional de los estudiantes. De acuerdo con Taveras y Santelices (2022) la motivación intrínseca, el interés verdadero y la satisfacción interna al llevar a cabo una actividad, tienen una relación positiva con la perseverancia de los estudiantes en sus estudios. Las personas que disfrutan y encuentran significado en sus estudios suelen enfrentar más fácilmente los retos académicos y permanecen en su área seleccionada. Esta relación refuerza la dedicación y el trabajo continuo, promoviendo el logro exitoso de su formación académica.
De acuerdo con Olmedo-Moreno et al. (2021), al realizar una comparación entre estudiantes de educación técnica y aquellos de educación universitaria, se notó que los universitarios mostraban un nivel más alto de motivación intrínseca, lo que significa que se sentían más impulsados por su interés personal y el placer que les brindaban sus estudios. En cambio, los alumnos de formación profesional demostraron una motivación extrínseca más significativa, enfocada en recompensas externas como el trabajo o los beneficios económicos. Esta variación muestra las diferentes expectativas y objetivos que orientan a cada colectivo en su formación educativa.
Vela y Cuervo (2021) observaron que durante la pandemia de COVID-19, los estudiantes universitarios de Villavicencio, Colombia, experimentaron niveles equilibrados de motivación intrínseca y extrínseca. Esto sugiere que, aunque algunos se mantenían motivados por el interés personal y el disfrute de aprender (motivación intrínseca), otros se vieron impulsados por factores externos, como la necesidad de graduarse o acceder a oportunidades laborales (motivación extrínseca). La crisis sanitaria obligó a los estudiantes a adaptarse a nuevas formas de aprendizaje, lo que influyó en la manera en que se motivaron durante este período.
Estos hallazgos contribuyen la comprensión de la motivación académica basada en la Teoría de la Autodeterminación de Deci y Ryan (2020) destacan la importancia de tener en cuenta tanto los factores intrínsecos como extrínsecos en los entornos educativos, especialmente durante épocas difíciles como la pandemia.
Teoría del Ajuste Persona-Ambiente de Holland
La teoría de Holland propone que la satisfacción en una carrera depende del grado de congruencia entre los intereses y habilidades de la persona y las características de la ocupación. Un estudiante de primer año puede experimentar inseguridad respecto a su elección, pero conforme se involucra en actividades, prácticas y proyectos específicos de su carrera, va descubriendo nuevas áreas de interés que podrían ajustarse mejor a sus habilidades y valores personales. Este ajuste progresivo ayuda a aumentar el sentido de satisfacción y pertenencia (Tomlinson y Jackson, 2019).
La teoría de Holland sobre la elección de carrera propone que la satisfacción profesional depende de la congruencia entre los intereses, las capacidades y las características profesionales del individuo y clasifica las personalidades y los entornos laborales en seis tipos: Realista, Investigador, Artístico, Social, Emprendedor, Convencional (Asri et al., 2021). Por lo tanto, las carreras son más satisfactorias cuando hay un ajuste entre la personalidad del individuo y las características del entorno laboral. Este ajuste promueve un mayor bienestar y rendimiento profesional, ya que las personas tienden a sentirse más cómodas y motivadas en ambientes que coinciden con sus intereses y habilidades.
Nistal et al., (2024) llevaron a cabo una investigación con estudiantes mexicanos de educación media superior y se descubrió que varios rasgos de personalidad, en particular la apertura a nuevas experiencias, tenían un impacto notable en la alineación entre los intereses profesionales y las metas laborales. Los alumnos con mayor disposición a nuevas vivencias demostraron una mejor concordancia entre sus intereses y sus aspiraciones profesionales, lo que indica que las características personales juegan un papel fundamental en las decisiones profesionales.
Putri et al., (2021) enfatizan la relevancia de considerar las características de personalidad y los intereses de los estudiantes en los procesos de orientación y asesoramiento profesional, dado que estos elementos impactan de manera considerable en las decisiones relacionadas con la vocación. Los alumnos cuyas profesiones se alinean con sus intereses y su carácter tienen una mayor probabilidad de permanecer dedicados e involucrados durante su formación académica. Esta concordancia puede incrementar su motivación interna, lo que beneficia la persistencia en su trayectoria profesional, disminuyendo la posibilidad de abandono y mejorando el desempeño académico.
Teoría de la Autoeficacia (Albert Bandura)
Bandura propone que las personas tienden a sentirse más motivadas y satisfechas en actividades en las cuales creen que tienen la capacidad de lograr el éxito. Para los estudiantes de educación superior, enfrentar obstáculos en el ámbito académico y recibir comentarios favorables sobre sus logros contribuye a aumentar su autoeficacia. A medida que pasa el tiempo, la seguridad en sus habilidades se fortalece, lo cual puede convertir una actitud inicial de incertidumbre en una de interés verdadero y dedicación hacia la profesión (Spokane, 1985).
La teoría de la autoeficacia de Bandura se ha aplicado a diversos contextos educativos. Según Zumárraga-Espinoza y Cevallos-Pozo (2022) y Barrientos-Illanes et al., (2021) la autoeficacia académica influye en el rendimiento y la persistencia de los estudiantes en la educación superior. La autoeficacia se define como la confianza que tienen los estudiantes en su habilidad para enfrentar y superar los desafíos académicos. Las personas con un alto nivel de autoeficacia tienden a estar más motivadas, definen objetivos precisos y emplean métodos más eficientes para el aprendizaje y la solución de problemas. Esta confianza les permite abordar los desafíos con mayor fortaleza, lo que no solo mejora su desempeño académico, sino que también aumenta la posibilidad de que persistan en sus estudios sin abandonarlos, contribuyendo así a su éxito en el futuro. Estos hallazgos subrayan la relevancia de impulsar la autoeficacia y la satisfacción académica para facilitar el éxito y la retención de los estudiantes en la educación superior.
Teoría de la Identidad Profesional (Erikson)
Erikson presenta el concepto de que la identidad, incluyendo la identidad profesional, se forma en la juventud mediante la exploración y la combinación de diversas experiencias. En la universidad, los alumnos atraviesan un proceso de exploración, probando y analizando diversos elementos de su área de estudio. Este proceso de formación de identidad puede llevar a que, poco a poco, la profesión seleccionada se perciba como más alineada con su proyecto personal de vida, lo que incrementa la satisfacción (Tomlinson y Jackson, 2019).
El crecimiento de la identidad profesional es un proceso que se lleva a cabo a lo largo de toda la vida y que continúa más allá de la adolescencia y los primeros años de la adultez. En relación con esto, Mitchell et al., (2021) afirman que el crecimiento de la identidad profesional es un proceso constante que no se restringe a la juventud ni a los primeros años de la vida adulta. A lo largo de la vida, los individuos continúan formando su identidad profesional a través de la interacción con diferentes entornos de trabajo, experiencias educativas y modificaciones en sus valores, intereses y objetivos. Este proceso continuo implica adaptarse a nuevas exigencias laborales, adquirir conocimiento a partir de la experiencia y modificar las metas, lo que permite a las personas reforzar su sentido de identidad en su ámbito profesional a lo largo del tiempo.
Marco Conceptual del Desarrollo Vocacional
Después de considerar varias teorías sobre el desarrollo vocacional y examinar sus enfoques, se observa que cada autor sugiere caminos particulares para tratar este concepto, actualmente reconocido como un asunto educativo, social y psicológico de significativa importancia. Se subrayan los esfuerzos para examinar de forma completa y sistemática las variables involucradas, organizando e integrando conocimientos que fundamentan el estudio del desarrollo profesional.
El desarrollo de la carrera profesional es un proceso complicado en el que se combinan varias dimensiones: internas, como los sentimientos y la personalidad, y externas, como las condiciones del entorno y las influencias de la sociedad. Las teorías relacionadas con la madurez vocacional han cambiado para ajustarse a un entorno en constante transformación, incorporando enfoques que van desde lo psicológico hasta lo educativo. Esto subraya la relevancia de adoptar un enfoque interdisciplinario para entender de qué manera las relaciones entre estos elementos configuran el desarrollo profesional de cada persona. Con base en estos marcos teóricos, es posible crear intervenciones a medida que guíen a las personas hacia elecciones más conscientes y gratificantes en su carrera profesional (Savickas, 2012).
MÉTODO
En esta sección se presentó el marco metodológico de la investigación, que incluyó el estudio de las características de los participantes y el análisis operativo de la variable. El estudio siguió un enfoque cuantitativo. Según Hernández y Mendoza (2018), este enfoque se caracteriza por un patrón estructurado y dirigido por un diseño cuyo propósito es describir y explicar fenómenos, establecer relaciones causales entre variables, probar hipótesis y validar teorías.
La investigación correspondió al nivel descriptivo, en tanto aportó datos derivados de la observación de un fenómeno en un contexto determinado, mediante el uso de técnicas que permitieron obtener información para su posterior interpretación. De acuerdo con ello, la información obtenida se refirió a los atributos específicos de los estudiantes del primer y del décimo ciclo. Asimismo, se trató de una investigación sustantiva, dado que buscó describir y explicar la realidad de la madurez vocacional en estudiantes universitarios, proporcionando fundamentos teóricos para su comprensión desde una perspectiva educativa.
Se llevó a cabo un estudio descriptivo-comparativo con el propósito de analizar las características de dos grupos de participantes y, a partir de ello, identificar similitudes y diferencias en las variables de interés.
La población fue finita y estuvo conformada por 190 estudiantes universitarios pertenecientes a carreras de Ciencias de la Salud; de ellos, 90 cursaban el primer ciclo y 100 el décimo ciclo.
Se utilizó el Inventario de Desarrollo Vocacional, cuyo autor original fue Aurelio Busot. Posteriormente, Rodríguez (2015) docente universitaria, adaptó el cuestionario para su aplicación en estudiantes universitarios, demostrando su validez mediante juicio de expertos y su confiabilidad a través del coeficiente alfa de Cronbach, lo que confirmó que el instrumento era confiable. El cuestionario quedó constituido por 30 ítems organizados en una escala tipo Likert. La elección de este instrumento resultó pertinente para las características de la muestra, cuya realidad coincidía con la de otros contextos abordados en investigaciones sobre madurez vocacional, como las de Olivares (2007), Romero y Villasmil (2017), Rebatta (2014) y López (2017).
El instrumento contó con cinco opciones de respuesta y tres niveles de medición: nivel alto (141-150 puntos), nivel medio (120-140 puntos) y nivel bajo (30-119 puntos). La validez de contenido se evaluó mediante el coeficiente V de Aiken, considerando la pertinencia, relevancia y claridad de los ítems según la opinión de jueces expertos. Además, se calculó el coeficiente alfa de Cronbach para determinar la consistencia interna, cuyo valor teórico máximo es 1. En el estudio piloto se obtuvo un valor de 0,915, lo que indicó una alta confiabilidad del instrumento.
Una vez aplicada la encuesta a la muestra planificada y recolectada la información, se procedió al procesamiento de los datos mediante estadística descriptiva comparativa. Para el análisis se utilizó el software SPSS, a través del cual los datos fueron organizados en tablas y se calcularon las frecuencias por dimensiones. Los resultados se presentaron en tablas y gráficos, lo que facilitó su visualización e interpretación de manera clara y comprensible.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
Se presenta el análisis estadístico utilizando la estadística descriptiva, para la comparación de grupos se usó la prueba de U de Mann- Whitney.
En la Tabla 1, se evidencia que el coeficiente de asimetría (AS) en la variable Desarrollo vocacional y en sus dimensiones planificación, exploración, información, toma de decisiones y orientación realista es mayor a 0, por lo que los datos presentan una asimetría positiva, encontrándose mayor concentración de sus valores a la izquierda de la media.
Tabla 1 Análisis descriptivo de la variable y sus dimensiones en el grupo de estudiantes universitarios de primer ciclo de estudios.
En la Tabla 2, se visualiza que el coeficiente de asimetría (AS) en la variable es menor a 0, indicando que los datos presentan una asimetría negativa, encontrándose mayor concentración de sus valores a la derecha de la media.
Tabla 2 Análisis descriptivo de la variable y sus dimensiones en el grupo de estudiantes universitarios de décimo ciclo de estudios.
En la Tabla 3, se evidencia que, en el grupo de estudiantes de primer ciclo, en desarrollo vocacional y sus dimensiones, el mayor porcentaje se encuentra en un nivel bajo, siendo este de 98,9%, 61,1%, 83,3%, 67,8%, 80,0% y 78,9% respectivamente.
Tabla 3 Nivel de Desarrollo vocacional y sus dimensiones en estudiantes universitarios del primer ciclo de estudios.
En la Tabla 4 se muestra que, en el grupo de estudiantes del décimo ciclo, el mayor porcentaje de desarrollo vocacional se ubica en un nivel alto (69,0%). En cuanto a planificación, se distribuye entre niveles medio y alto (ambos con 49,0%). En exploración, se presenta principalmente en el nivel medio (51,0%). Para información, el nivel alto predomina (63,0%). En toma de decisiones, se encuentra en nivel medio (59,0%) y, finalmente, en orientación realista, se observa un nivel alto (56,0%).
Tabla 4 Nivel de Desarrollo vocacional y sus dimensiones en estudiantes universitarios de décimo ciclo de estudios.
Al ser p<0.05 (p=0,000), se rechaza la Hipótesis nula, por lo tanto, existe diferencias estadísticamente significativas de desarrollo vocacional y de sus dimensiones entres estudiantes universitarios de primer ciclo y décimo ciclo de estudios como se evidencia en la Tabla 5.
Discusión
Los resultados obtenidos fueron analizados a la luz de diversas teorías y enfoques del ámbito educativo y de la psicología cognitiva, los cuales permitieron comprender que el interés, la motivación y la satisfacción hacia una carrera profesional no se manifestaron de manera inmediata, sino que se desarrollaron progresivamente a lo largo del proceso formativo. La exploración de nuevas experiencias, el ajuste a los retos académicos, el fortalecimiento de habilidades y la construcción de la identidad profesional fueron factores que contribuyeron al desarrollo vocacional, permitiendo al estudiante reafirmar su elección inicial y dotar de mayor sentido a su futuro profesional.
De acuerdo con Camposeco (2012), en las etapas iniciales de la vida universitaria los estudiantes se mostraron más sensibles a las fluctuaciones emocionales y a los estados de atención. En esta fase, la autovaloración dependió fuertemente de los logros y fracasos inmediatos, lo que redujo su percepción de eficacia personal. Este patrón se tradujo en una tendencia a subestimar las propias capacidades y a experimentar inseguridad frente a los desafíos académicos. Sin embargo, conforme avanzaron en su formación, las experiencias acumuladas y la retroalimentación social y académica fortalecieron la autoconfianza y el sentido de autoeficacia (Cabras y Mondo, 2018).
Los hallazgos del presente estudio mostraron diferencias estadísticamente significativas en el desarrollo vocacional entre los estudiantes del primer y del décimo ciclo. Este resultado coincidió con lo reportado por Basler y Kriesy (2019) y Stebleton y Diamond (2018), quienes señalaron que los estudiantes en sus primeros años universitarios enfrentan mayores incertidumbres y preocupaciones relacionadas con la elección profesional. A medida que avanzan en su trayectoria académica, desarrollan mayor claridad sobre sus metas, sentido de pertenencia y consolidación de su identidad vocacional.
Del mismo modo, Rojas (2017) observó que una proporción significativa de estudiantes abandona la carrera durante los primeros ciclos, lo que se asocia con indecisión vocacional y falta de orientación profesional. Este fenómeno, que también fue descrito por Heredia et al., (2015) y Chávez (2017), sugiere que la madurez vocacional es un proceso que evoluciona en función de la experiencia universitaria y de la interacción con el entorno académico. En este sentido, los resultados de esta investigación respaldaron la premisa de que los estudiantes de ciclos avanzados alcanzaron mayores niveles de madurez vocacional, como también lo evidenció Rebatta (2014), quien encontró que los estudiantes del décimo ciclo presentaban una mayor claridad en sus decisiones profesionales.
López (2017) por su parte, identificó que, en contextos educativos con orientación vocacional temprana, como el sistema español, las diferencias en madurez vocacional entre etapas educativas son menos pronunciadas. Este hallazgo se relacionó con la existencia de programas institucionales de tutoría que acompañan al estudiante desde la educación secundaria, guiándolo en la identificación de sus intereses y metas. Esto permitió que la transición hacia la universidad fuera más planificada y menos incierta, lo cual contrasta con la realidad latinoamericana, donde la orientación vocacional suele ser limitada o tardía.
La evolución observada en el desarrollo vocacional entre los estudiantes del primer y del décimo ciclo coincidió con las etapas descritas por Super (1977), quien postuló que los jóvenes transitan por una fase “tentativa” entre los 15 y 17 años, caracterizada por la exploración de intereses iniciales, seguida de una etapa de transición entre los 18 y 21 años, donde comienzan a asumir un rol profesional más definido. Finalmente, entre los 22 y 24 años, el individuo se encuentra en una fase de exploración real en contextos laborales o de prácticas preprofesionales, lo que fortalece su identidad y compromiso vocacional. En concordancia con esta teoría, los resultados de este estudio evidenciaron que los estudiantes de ciclos superiores demostraron mayor claridad, seguridad y sentido de propósito en relación con su desarrollo vocacional (Rebatta, 2014; Chávez, 2017; López, 2017; Basler y Kriesy, 2019; Stebleton y Diamond, 2018).
Asimismo, desde la perspectiva de la teoría de integración académica de Tinto (citado por Viale, 2014), la permanencia y el compromiso universitario dependieron de la interacción de múltiples factores sociales y personales. La integración con los compañeros, las relaciones con los docentes y la participación en la comunidad universitaria contribuyeron significativamente a fortalecer el sentido de pertenencia y la motivación, elementos esenciales en la consolidación del desarrollo vocacional.
En este marco, Echeverría y Martínez (2018) destacaron la importancia de implementar intervenciones pedagógicas que orienten vocacionalmente al estudiante desde los primeros ciclos, con el propósito de potenciar sus capacidades y evitar que su proceso de formación quede limitado a un enfoque meramente cognitivo o técnico. El fortalecimiento del desarrollo vocacional constituye, por tanto, una tarea interdisciplinaria que involucra a docentes, tutores, psicólogos educativos y orientadores, quienes deben acompañar al estudiante en la construcción de un proyecto profesional coherente con sus intereses, valores y habilidades.
Por lo tanto, los resultados de esta investigación confirmaron que el desarrollo vocacional se incrementó significativamente a medida que los estudiantes avanzaron en su trayectoria universitaria, evidenciando un proceso de maduración vinculado al autoconocimiento, la experiencia académica y la integración social. Dicho desarrollo no solo permitió una mejor adaptación al contexto educativo, sino que también consolidó la identidad profesional, favoreciendo la permanencia y la satisfacción con la carrera elegida.
CONCLUSIONES
El análisis comparativo permitió evidenciar que los estudiantes del décimo ciclo presentan un nivel significativamente más alto de desarrollo vocacional en comparación con los de primer ciclo, especialmente en dimensiones como la planificación, la exploración, la toma de decisiones y la orientación hacia metas realistas. Este hallazgo refleja un proceso de maduración progresiva que se consolida a lo largo de la formación universitaria, en la medida en que los estudiantes adquieren mayores experiencias académicas, personales y profesionales.
Los resultados confirman que el tránsito por la carrera universitaria favorece la adquisición de competencias vinculadas a la autogestión y la toma de decisiones profesionales, elementos esenciales para la consolidación de la identidad vocacional y la proyección hacia el futuro laboral. En contraste, los estudiantes de los primeros ciclos suelen mostrar mayor incertidumbre y menor claridad en sus objetivos, lo que sugiere la necesidad de un acompañamiento institucional más estructurado durante esta etapa inicial.
Desde esta perspectiva, se destaca la importancia de implementar estrategias institucionales que fortalezcan la orientación y el acompañamiento vocacional desde los primeros años de formación. Espacios como tutorías personalizadas, programas de mentoría y actividades de exploración profesional pueden contribuir a que los estudiantes reconozcan sus intereses, habilidades y expectativas, favoreciendo la permanencia académica y una preparación integral acorde con las demandas del ejercicio profesional.
Es por ello que, el desarrollo vocacional se configura como un proceso dinámico que se potencia con la experiencia y el apoyo institucional. Fomentar entornos educativos que acompañen este proceso desde el inicio hasta la culminación de la carrera es esencial para formar profesionales con mayor claridad, compromiso y sentido de propósito en su trayectoria profesional.















