INTRODUCCIÓN
La identidad se comprende como una construcción cultural y social que surge de la interacción entre personas que comparten valores, creencias, costumbres y atributos culturales, así como un pasado común que es reconocido y resignificado colectivamente (Martín, 2020). En este sentido, también se define como el autoconcepto que un individuo desarrolla a partir del sentimiento de pertenencia a un grupo específico, acompañado de los valores y emociones asociados a dicha vinculación (Reyes et.al, 2019). Asimismo, se plantea que la identidad puede forjarse en contextos de conflicto y resistencia, en medio de relaciones de poder desiguales entre comunidades indígenas y estructuras estatales, donde se disputa el reconocimiento y la autodeterminación (Garcés y Alarcón, 2022).
Respecto a la identidad étnica se manifiesta que se refiere a una aprobación libre y consciente de esa identidad que involucra inevitablemente la meditación, el enfrentamiento de aquellos componentes de la identidad y el desenvolvimiento de un verdadero sentido de pertenecer a un determinado grupo (Gutiérrez et.al, 2021). En la actualidad el desarrollo de la globalización y el gran avance de la tecnología ha originado algunas dificultades que han traído como consecuencias el abandono y en muchos casos la perdida de los saberes ancestrales, conocimientos que han acompañado al hombre andino desde épocas muy remotas, durante toda su existencia y gracias a aquellos entendimientos han alcanzado un nivel de desarrollo en áreas como la medicina, técnicas de conservación, gastronomía, artesanía, técnicas agrarias, entre otros saberes.
Cada vez que se hace referencia a las tradiciones y la cultura, resulta inevitable aludir al conocimiento empírico transmitido por los ancestros, quienes, a lo largo de generaciones, han luchado por mantenerse vigentes en la memoria y el sentir de sus comunidades, resguardando su saber ancestral como un patrimonio invaluable (Rodríguez, 2022).También a pesar que estos conocimientos expresan la variedad de culturas y conforman la herencia cultural tangible e intangible, en las políticas educativas no existen en los programas de estudio de instituciones de educación básica o instituciones de educación superior. En cambio, son ignorados, reduciéndolos a prácticas particulares de cada agrupación étnica (Guzmán et.al, 2022). Las razones de la supresión de los conocimientos ancestrales se diferencian de acuerdo al espacio, a los cambios del medioambientales, sociales, económicos y culturales que en la actualidad ocurren en las diferentes sociedades como una consecuencia del fenómeno de la globalización implicando una separación de la naturaleza (Carranza et.al, 2021).
La revisión aborda problemáticas actuales de comunidades indígenas vinculadas a la identidad étnica, amenazada por procesos de aculturación derivados del progreso social, el turismo, la minería y la presencia de extranjeros en territorios ancestrales (Gutiérrez et.al, 2021). Se definen conceptos como identidad, identidad étnica y etnicidad, entendidos como el sentimiento de pertenencia a un grupo que comparte valores, creencias y un origen común (Torpoco, 2018). Asimismo, se analizan los saberes ancestrales como conocimientos transmitidos oralmente entre generaciones (Sánchez y Torres, 2020), la cosmovisión andina basada en una relación espiritual con la naturaleza (Mayanza y Mora, 2022), los rituales funerarios como prácticas culturales de continuidad intergeneracional (Van Dalen y Marcelo, 2022), las prácticas de salud tradicional como recursos terapéuticos históricos (Amaya et.al, 2019) y la etnoeducación como vía hacia la interculturalidad y el respeto a los pueblos originarios (Fuentes, 2022).
En base a lo anterior, se propone como objetivo de la presente investigación exponer la importancia del conocimiento de la identidad étnica, que permitan el desarrollo, la práctica y la valoración de los saberes ancestrales, así como también la cosmovision. Asimismo, el estudio de la presente temática se desarrolla por el interés de profundizar en el entendimiento así mismo exponer, extender y valorar los componentes de la identidad étnica, de igual forma se manifiesta un interés académico, por la importancia que se manifiesta el adquirir información y conocimiento teórico que se planteara permitiendo la elaboración de investigaciones a futuro, relacionadas con dificultades de perdida de la identidad étnica, con referencia al interés profesional se puede manifestar que como profesional en las ciencias sociales, permitirá aplicar estos nuevos conocimientos en el ámbito laboral y social.
La relevancia del presente estudio de revisión bibliográfica se expresa en la aspiración de llevar a cabo una indagación profunda de la identidad étnica, los saberes ancestrales y la cosmovisión, así como también poder mostrar la importancia de la conservación de dichos elementos de la identidad de todo pueblo. Los saberes ancestrales es la herencia de una nación y su importancia no solo se restringe a los pueblos originarios, por el contrario, ese entendimiento es un bien valioso para todo el género humano permitiendo la conservación de todos los componentes de la identidad étnica y cultural en una región determinada (Carranza et.al, 2021).
METODOLOGÍA
Para el desarrollo del presente artículo, se ha elegido como herramienta la revisión bibliográfica de investigaciones relacionadas a la identidad cultural. El artículo de revisión bibliográfica es un método de investigación sistemático, retrospectivo, observacional, orientado a la selección, análisis, interpretación y discusión de posiciones teóricas, resultados y conclusiones, presentados en artículos científicos publicados en los últimos años sobre un tema seleccionado para obtener datos destacados que puedan contribuir a la resolución de problemas (Ocaña y Fuster 2021).
La metodología empleada se basa en una sucesión de averiguación de variados artículos, mediante una investigación detallada de documentos publicados en distintas bases de datos bibliográficos de revistas científicas como Scopus, Scielo, Latindex, Dialnet, Redalyc, también se realizó la búsqueda de documentos académicos en repositorios institucionales y el buscador Google Académico, las investigaciones que se han seleccionado para el presente trabajo son artículos originales, libros, tesis doctoral y Conferencias de la UNESCO, se ha tomado en cuenta investigaciones en idiomas como portugués, español e inglés, también se ha seleccionado aquellas investigaciones que fueron publicadas entre los años 2011 y 2023, para la búsqueda se utilizaron, palabras claves, como identidad cultural, pluriculturalidad, multiculturalidad, interculturalidad, entre otras.
DESARROLLO Y DISCUSIÓN
Se realizó la revisión de 49 artículos, 1 libro, 2 Conferencias mundiales de la UNESCO, y una tesis doctoral, llegándose a determinar que, para realizar la búsqueda de información sobre la identidad étnica, saberes ancestrales y cosmovisión, se consideraron ciertos criterios como el tipo de documento, año de publicación, estrategias de búsqueda, idioma y base de datos.
Problemática
En este primer apartado, relacionado a la problemática de la identidad etnica, después de una detallada revision, interpretacion y analisis de 49 articulos, 1 libros, 2 conferencias mundiales de la UNESCO y una tesis doctoral, se determinó, que 5 articulos y una Declaracion de la UNESCO, explican de forma detallada la problemática de la identidad cultural, los datos considerados fueron, nombre de autor, año de publicación y tipo de documento bibliográfico.
Los resultados del estudio evidencian que los jóvenes indígenas enfrentan múltiples desafíos derivados de procesos históricos de colonización y asimilación cultural, los cuales continúan reproduciendo desigualdades estructurales y limitando su desarrollo integral. Estas condiciones los colocan en una constante disyuntiva entre permanecer en sus comunidades de origen o desplazarse hacia zonas urbanas en busca de oportunidades académicas y laborales. Tal situación, según la Organización de las Naciones Unidas (2021), conlleva consecuencias significativas, ya que el alejamiento de su entorno familiar y comunitario los expone a escenarios de violencia física y emocional, discriminación, precariedad económica, estigmatización y pérdida progresiva de la identidad étnica.
Asimismo, el escaso apoyo social por parte de las sociedades dominantes refleja un sistema que perpetúa la exclusión y la falta de reconocimiento hacia las culturas originarias. En el contexto latinoamericano, Chile se ha consolidado como uno de los principales países de acogida de comunidades indígenas migrantes; sin embargo, carece de una política migratoria integral que incorpore la perspectiva de los derechos indígenas. Esta ausencia normativa propicia un entorno social marcado por la discriminación y la intolerancia, afectando directamente la preservación de la identidad cultural (Garcés y Alarcón, 2022; Bravo et.al, 2021; Sordo, 2019).
En muchos casos, la respuesta de las personas indígenas frente a estas formas de exclusión se traduce en estrategias de adaptación cultural, entre las cuales destaca el abandono progresivo de sus lenguas originarias como medio de evitar la discriminación. Este fenómeno, sin embargo, acelera la pérdida de uno de los componentes esenciales de la identidad étnica y del sentido de pertenencia comunitaria, evidenciando la urgencia de políticas inclusivas que promuevan el respeto, la preservación y la revitalización de las lenguas y culturas indígenas.
En la actualidad las poblaciones indígenas enfrentan diversas problemáticas, que no solo se manifiestan al abandonar sus lugares de origen, ya sea por alcanzar mejoras en sus condiciones académicas o en búsqueda de acrecentar las alternativas laborales en las grandes urbes. Muchas comunidades atraviesan situaciones de amenazas por situaciones de aculturación incrementado por los efectos de la vida moderna, el incremento de la actividad turística nacional e internacional, el desarrollo de la minería a gran escala en sus territorios ancestrales y el establecimiento de migrantes en sus territorios; estas causas han afectado grandemente las relaciones socioeconómicas, las actividades representativas de cada población indígena y el contexto ambiental (Gutiérrez et.al, 2021).
Conceptos relacionados a la identidad étnica
En este segundo apartado, relacionado a los conceptos de la identidad étnica, después de una minuciosa revisión, se determinó, que 9 artículos, explican de forma detallada los conceptos relacionados a la identidad étnica, los datos considerados fueron, nombre de autor, año de publicación y documento bibliográfico, base de datos.
En el análisis de los conceptos vinculados con la identidad étnica, diversos autores han desarrollado aproximaciones teóricas sobre los términos etnia, etnicidad e identidad étnica, destacando sus interrelaciones y complejidades conceptuales. Tradicionalmente, el término etnia se asocia con un grupo de personas que comparten características culturales, lingüísticas o raciales que los diferencian de otros colectivos. Según Rivera (citado por Torpoco, 2018), la palabra proviene del griego ethnos, utilizada para designar a los miembros de un clan o nación, y alude a grupos humanos que se distinguen por su lengua, raza y costumbres.
De acuerdo con Green (2016), uno de los principales anhelos de los grupos étnicos es asegurar su permanencia física y cultural dentro de un territorio propio, entendiendo que su existencia como pueblo se construye en relación con la diferencia que establecen frente a los demás. Esta visión subraya que la identidad étnica no solo es una categoría de pertenencia, sino también una forma de resistencia cultural frente a los procesos de homogeneización.
Los aportes de distintos autores han evidenciado que la etnicidad mantiene una relación directa con el concepto de cultura. Sin embargo, como señalan Beltrán (2016), Navas (2018), Visaguirre (2018) y Kattmann (2020), este vínculo conceptual se articula en torno a cuatro dimensiones esenciales: identidad, alteridad, diversidad y otredad. Estas dimensiones amplían el espectro analítico y revelan la complejidad de integrar en una sola definición los múltiples factores que configuran la experiencia étnica.
El estudio de la identidad étnica ha adquirido relevancia desde la segunda mitad del siglo XX, especialmente dentro de las ciencias sociales, la antropología y la arqueología. Investigadores como Erikson, Breton, Pinard, Kottak y Tajfel se destacan entre los pioneros en abordar esta temática, analizando cómo los individuos construyen el sentido de pertenencia a un grupo determinado. En esta línea Martínez et al. (2022) sostienen que la identidad étnica se configura como una representación social y afectiva que permite a las personas reconocerse dentro de un colectivo cultural específico y, al mismo tiempo, proyectar esa pertenencia hacia su entorno social.
Asimismo, Rascón-Gómez (2017) y Torpoco (2018) amplían este concepto al definir la identidad étnica como un conjunto de rasgos culturales, emociones, cosmovisiones, creencias y comportamientos compartidos, los cuales fortalecen el autorreconocimiento y la continuidad ancestral del grupo. De este modo, la identidad étnica se comprende no solo como un marcador social, sino como una expresión viva de memoria, resistencia y cohesión cultural dentro de contextos sociales cada vez más diversos.
Cosmovisión
Se revisaron 5 artículos científicos y 1 libro para desarrollar el apartado de cosmovisión andina cuales fueron presentados por, nombre de autor, año de publicación del documento, idioma y tipo de búsqueda
En el marco de los estudios sobre pensamiento indígena, el término cosmovisión andina alude a un conjunto de creencias, valores y representaciones que orientan la forma en que los pueblos andinos interpretan el mundo y la naturaleza. Diversos autores coinciden en que la cosmovisión constituye una manera cultural de concebir la realidad y de comprender la relación del ser humano con su entorno. En este sentido, Herrero (2014) y Kottak (2011) señalan que la cosmovisión agrupa las creencias compartidas por una comunidad acerca del funcionamiento del mundo, sustentadas en presuposiciones culturales que guían la vida cotidiana y la práctica social.
Etimológicamente, el término proviene de la unión de cosmos (mundo) y visión (mirada), por lo que alude literalmente a la “forma de ver el mundo”. Desde la perspectiva indígena andina, el universo se organiza en tres planos o pachakuna: kay pacha (mundo terrenal), uku pacha (mundo interior o de los muertos) y hawa pacha (mundo superior o de los dioses), constituyendo una estructura filosófica que refleja la interconexión de todas las formas de existencia.
En esta misma línea, la cosmovisión andina puede entenderse como una concepción integral del mundo en la que se funden lo natural, lo espiritual y lo social. Según Cruz (2018) y Durán (2011), esta cosmovisión es el resultado de procesos históricos y evolutivos del pensamiento que revelan una fusión indisoluble entre el ser humano y la naturaleza. En los pueblos andinos, la vida se rige por el principio de equilibrio y reciprocidad entre todas las formas de existencia, de modo que el hombre no se percibe como dominador del entorno, sino como parte de una totalidad. Dentro de esta visión, los elementos naturales -como el agua, las montañas y las cuevas- son concebidos como entidades sagradas dotadas de energía vital y conexión espiritual con los otros mundos.
Asimismo, para las comunidades indígenas el estudio de la relación del hombre con la naturaleza trasciende el concepto de cosmovisión y se amplía hacia el de cosmovivencia, entendido como un modo de coexistir con respeto y armonía hacia la naturaleza, los demás y uno mismo (Walsh, 2013). Esta noción implica una comprensión activa y vivencial del mundo, donde la naturaleza es reconocida como un ser vivo con entendimiento, afectos y emociones. Dentro de este marco espiritual, la devoción hacia las divinidades y seres protectores -como los apus, la Pachamama o los achachilas- representa una manifestación profunda de la identidad cultural andina. Prácticas rituales como “el pago a la Pachamama” constituyen expresiones simbólicas de gratitud y equilibrio con la tierra.
Por otra parte, Rivera (2015) destaca que estos componentes de la cosmovisión indígena andina han experimentado transformaciones significativas debido al contacto y la influencia de las culturas occidentales dominantes. Aun cuando se han producido procesos de sincretismo y adaptación, los principios esenciales de reciprocidad, respeto y armonía continúan vigentes en las comunidades, consolidándose como ejes centrales de su identidad cultural y espiritual.
Saberes ancestrales
Se revisaron 6 artículos científicos y 1 Conferencia Mundial de la UNESCO para desarrollar el apartado de saberes ancestrales, los cuales fueron presentados por, nombre de autor, tipo de documento, año de publicación.
Los conocimientos tradicionales y ancestrales representan un patrimonio inmaterial de valor incalculable, cuyo significado trasciende a las comunidades de origen para convertirse en un recurso vital para la humanidad. Este acervo de saberes fortalece el diálogo intercultural, fomenta la creatividad colectiva y contribuye a la preservación de la diversidad cultural. Tal como lo establece la UNESCO (2001), la diversidad cultural constituye una fuente de innovación y su reconocimiento promueve la inclusión y la participación activa dentro de las sociedades contemporáneas.
El conocimiento tradicional forma parte esencial de la vida cotidiana de millones de personas, particularmente en comunidades indígenas y multirraciales de los países en desarrollo. Estos saberes han sido utilizados y perfeccionados a lo largo de los siglos, siguiendo leyes, costumbres y prácticas propias que se transmiten de generación en generación. Según Rengifo et al. (2017) y Gutiérrez (2018), este legado abarca una amplia gama de campos del saber humano, que incluye desde los idiomas, la cocina y la artesanía, hasta la medicina tradicional, la agricultura, la ingeniería ambiental, la construcción y la gestión del agua. Esta transmisión de conocimiento ocurre, en su mayoría, de manera oral, tanto de forma vertical -de padres a hijos- como oblicua, a través de los “sabios” o mayores de la comunidad, quienes desempeñan un rol fundamental en la preservación de la identidad cultural.
No obstante, la transmisión oral enfrenta un riesgo creciente de pérdida debido a los procesos de globalización, el desarrollo tecnológico y los cambios intergeneracionales. Como advierte Sarauz (2021), los jóvenes de muchas comunidades muestran una disminución en la apropiación de estos saberes, lo que pone en peligro la continuidad del conocimiento ancestral. Este fenómeno refleja una brecha cultural que amenaza la supervivencia de prácticas tradicionales profundamente enraizadas en las dinámicas sociales de los pueblos originarios.
En América Latina, la medicina tradicional constituye una manifestación concreta de la vigencia del conocimiento ancestral. En contextos rurales e incluso urbanos, el uso de animales y plantas como recurso terapéutico es una práctica extendida. Alves y Alves (2011) documentaron al menos 58 especies animales utilizadas con fines medicinales en la región, destacando la relevancia de estos saberes como alternativas viables frente a la medicina convencional. En el caso del Perú, la riqueza botánica del país se refleja en la existencia de alrededor de 5,000 especies vegetales empleadas para diversos fines -alimentación, medicina, construcción, forraje o tintura-, siendo las comunidades rurales las principales depositarias de este conocimiento (Bragg Egg, 1999, citado por Rengifo et al., 2017).
La importancia de reconocer a los pueblos indígenas no solo como custodios, sino como creadores y gestores activos del conocimiento, resulta crucial en el marco de una economía sustentada en la conservación de los recursos naturales. Bajak (citado por Rengifo et al., 2017) estima que cerca del 65% de la transmisión de saberes tradicionales aún se realiza de forma oral, lo que pone en evidencia la urgencia de estrategias de preservación cultural. A nivel global, Aswani et.al (2018) señalan que los cambios culturales, económicos y ambientales están debilitando la base de conocimientos locales, comprometiendo la conservación de la diversidad biológica.
Un ejemplo representativo de la persistencia y profundidad de estos saberes es la práctica del chumpi, una técnica tradicional de cuidado infantil que consiste en envolver cuidadosamente el cuerpo del bebé durante los primeros meses -y en algunos casos hasta el primer año de vida-. Esta práctica, común en comunidades quechuas de la región andina, simboliza la conexión entre el ser humano y la tierra, reflejando el vínculo espiritual y cultural que moldea tanto el carácter como el cuerpo del recién nacido (Roldán et.al, 2019).
En conjunto, estos elementos evidencian que los conocimientos ancestrales son pilares fundamentales de la identidad cultural, el equilibrio ecológico y la diversidad del pensamiento humano. Su preservación y valorización no solo fortalecen las raíces culturales de los pueblos indígenas, sino que también ofrecen alternativas sostenibles y éticamente integradas para afrontar los desafíos contemporáneos del desarrollo y la globalización.
Rituales funerarios
Se revisaron 5 artículos científicos, para definir la temática de los rituales funerarios, los cuales fueron presentados por, título del artículo, nombre de autor, año de publicación y base de datos.
Desde tiempos ancestrales, la muerte ha ocupado un lugar fundamental en la cosmovisión andina, constituyendo un elemento esencial para la comprensión del ciclo vital y de las relaciones sociales dentro de las comunidades. En este contexto, la muerte no representa una ruptura, sino una continuidad simbólica entre los vivos y los muertos. Tal como plantea Sánchez (2015), este proceso se concibe como un medio para fortalecer la unidad social, reafirmar los lazos comunitarios y preservar la memoria colectiva a través de los ancestros. En la tradición andina, la muerte se asocia con la cohesión espiritual, la permanencia cultural y la transmisión de valores entre generaciones, actuando como un puente que une el pasado con el presente.
La concepción andina de la muerte trasciende la dimensión biológica, pues se entiende que el alma no desaparece, sino que continúa su existencia en otro plano espiritual. De acuerdo con Krmpotic y Vargas (2018), el alma del difunto se traslada a un nuevo mundo en el que debe cumplir ciertas tareas espirituales, reflejo de la vida que tuvo en la tierra. En esta visión, la Pachamama -madre tierra- cumple un papel protector, acogiendo al ser humano al final de su ciclo vital. De este modo, la muerte simboliza el retorno del individuo a su origen natural, reafirmando la reciprocidad entre la vida humana y la naturaleza. Asimismo, los difuntos, especialmente aquellos con roles de liderazgo o autoridad, conservan una presencia espiritual activa dentro de sus comunidades. Su reconocimiento social no se extingue con la muerte, sino que se mantiene vigente mediante la memoria y las prácticas rituales (Murphy y Boza, 2016).
En este marco simbólico, los ritos y celebraciones dedicados a los muertos desempeñan una función de profunda significación cultural. En muchas comunidades andinas, se cree que los espíritus de los difuntos visitan el mundo de los vivos a inicios de noviembre, siendo recibidos con ofrendas, alimentos y rezos. Entre las prácticas más representativas se encuentra la elaboración del apxata o altar ceremonial, el cual se construye en los hogares para rendir homenaje a los fallecidos. Este altar, adornado con flores, velas, pan, bebidas y prendas del difunto, constituye un espacio sagrado que simboliza la convivencia espiritual entre ambos mundos (Sendón y Manríquez, 2016).
Sin embargo, la relación con los muertos no se limita a fechas conmemorativas. En muchas comunidades, los difuntos continúan siendo parte activa de la vida cotidiana, estableciendo una presencia constante en la mente, los afectos y los sueños de los vivos. Según Van Dalen y Marcelo (2022), los antepasados ejercen una influencia directa sobre sus familiares, quienes se comunican con ellos a través de pensamientos, rituales o manifestaciones espirituales. Esta interacción reafirma la concepción andina de que la vida y la muerte son dimensiones complementarias de un mismo proceso de existencia, en el que la espiritualidad y la memoria colectiva garantizan la permanencia cultural de los pueblos.
Importancia de la identidad étnica
Se revisaron 6 artículos científicos para desarrollar el apartado de importancia de trabajar la identidad étnica, los cuales fueron presentados por, nombre de autor, año de publicación, tipo de búsqueda y base de datos.
El fortalecimiento de la identidad étnica constituye un componente esencial en la formación de todo grupo social, especialmente en los entornos escolares. Es en estos espacios donde los estudiantes deben tener la oportunidad de interactuar de manera dinámica y creativa con los valores culturales de su país, región y localidad, consolidando un sentido de pertenencia y reconocimiento cultural. Este proceso no implica desvincularse del contexto nacional o global; por el contrario, contribuye a reafirmar los valores universales que sustentan la convivencia y la diversidad. La educación contemporánea tiene, por tanto, la responsabilidad de gestionar, conservar y valorar el patrimonio cultural como condición para su permanencia en el tiempo. En este sentido, promover el conocimiento de aquello que define a una comunidad es un paso indispensable para fortalecer la identidad colectiva y fomentar la cohesión social.
Desde esta perspectiva, resulta imprescindible la implementación de programas educativos que incentiven la conciencia patrimonial y la valoración cultural desde edades tempranas. Estas iniciativas deben estar orientadas a que los jóvenes comprendan la importancia de los recursos culturales y su papel en la construcción de la identidad nacional. Enseñar educación intercultural sin desarrollar la identidad propia supone el riesgo de generar procesos de aculturación, en los cuales los estudiantes asimilan elementos externos en detrimento de su herencia cultural. Por ello, incluir el estudio de la identidad nacional dentro de los planes de educación intercultural es una estrategia clave para evitar crisis identitarias y promover una comprensión profunda de la vida en sociedades multiétnicas (Infante y Hernández, 2011; Cepeda, 2018; Branch, 2021; Yan Lai et.al, 2022).
De igual manera, la formación docente debe incorporar una preparación sólida en educación intercultural, que permita a los futuros educadores abordar temas como etnicidad, raza e identidad nacional desde un enfoque reflexivo y crítico. Según diversos estudios, esta preparación permite que los docentes guíen a los estudiantes en debates apropiados para su edad, explicando conceptos complejos y orientándolos hacia expresiones saludables de su identidad étnica y cultural. La construcción de la identidad, en especial durante la adolescencia, requiere espacios de diálogo y expresión artística que favorezcan la autoexploración y la representación simbólica de la cultura, las creencias, los valores y las experiencias sociales (Ruiz et.al, 2016).
Por otro lado, el rastreo de alimentos étnicos, como señala Lugo (2022), se presenta como una vía para la revalorización del patrimonio alimentario, revelando la estrecha relación entre identidad, memoria y alimentación. Este enfoque contribuye a repensar los sistemas de consumo y seguridad alimentaria, especialmente en contextos de crisis como la pandemia de COVID-19, al resaltar la importancia de los alimentos tradicionales como expresión cultural y herramienta de sostenibilidad.
En conjunto, los hallazgos teóricos y empíricos revisados permiten afirmar que el trabajo educativo en torno a la identidad cultural debe iniciarse desde la infancia y consolidarse en la etapa escolar. De esta manera, los jóvenes estarán mejor preparados para enfrentar la diversidad cultural contemporánea sin perder el vínculo con sus raíces. Un individuo con una identidad cultural definida puede dialogar, adaptarse e integrarse en contextos globales sin renunciar a los elementos fundamentales de su propia cultura, preservando así la riqueza del patrimonio colectivo.
Etnoeducación
Se revisaron 5 artículos científicos, para desarrollar el apartado de, etnoeducacion, los cuales fueron presentados por, título del artículo, nombre de autor, año de publicación y base de datos.
La etnoeducación se configura como una herramienta educativa fundamental para la promoción de la multiculturalidad y la tolerancia étnica, al reconocer y valorar la diversidad cultural y social de los pueblos indígenas y afrodescendientes. En este sentido, su implementación busca trascender los enfoques tradicionales de la educación monocultural, incorporando una perspectiva intercultural que permita la convivencia armónica entre distintos grupos sociales. Sin embargo, diversos estudios advierten que, en la práctica, la etnoeducación ha enfrentado tensiones y contradicciones. Si bien su propósito es promover la inclusión y el reconocimiento de la diferencia, en ciertos contextos andinos y amazónicos se ha instrumentalizado como una estrategia de separación o marginación de los grupos étnicos, reproduciendo dinámicas de exclusión bajo el discurso de la diversidad (Ortega y Giraldo, 2019).
En términos conceptuales, la etnoeducación se concibe como un saber integrador, cuya esencia radica en vincular los aspectos culturales con dimensiones económicas, éticas, psicológicas y artísticas del proceso educativo. Así, se entiende la educación como una práctica intercultural dinámica, capaz de abrir espacios de diálogo entre distintos sistemas de conocimiento y de permitir la entrada y salida de los individuos del marco institucional sin perder su identidad cultural (Castellón, 2018). Esta perspectiva amplía la comprensión de la educación más allá del aula, reconociéndola como un proceso social en el que se entrelazan los saberes tradicionales y las estructuras modernas del conocimiento.
Desde el punto de vista pedagógico, varios estudios destacan la relevancia de la etnoeducación en el rescate y revitalización de los saberes ancestrales, integrándolos de manera significativa en los planes de estudio formales. Según Cantero et.al (2021), este enfoque promueve el diálogo entre culturas, permitiendo que las comunidades minoritarias fortalezcan sus raíces y participen activamente en la construcción de una educación contextualizada. De esta manera, la etnoeducación contribuye a la recuperación de la memoria colectiva y a la consolidación de una identidad cultural que se nutre de la interacción y el respeto mutuo entre culturas.
En este marco, la etnoeducación se presenta como una perspectiva social y cultural inclusiva, orientada a interpretar las expectativas de las comunidades indígenas desde sus propias formas de organización y cosmovisión. Jiménez (2012) señala que reconocer la diversidad cultural implica aceptar que las comunidades son diferentes no por su pertenencia étnica, sino por las condiciones específicas de vida y contexto que determinan sus prácticas culturales. Por tanto, la etnoeducación no solo es un proceso de enseñanza, sino también una forma de reivindicación social y epistemológica frente a los sistemas educativos tradicionales que han ignorado las particularidades culturales de los pueblos originarios.
Finalmente, autores como Pushaina y Orozco (2023) destacan que la etnoeducación debe asumirse como un modelo que busca superar el rechazo y la exclusión, promoviendo la construcción de una interculturalidad real y transformadora. En esta línea, las instituciones etnoeducativas cumplen un papel esencial como guardianas de la memoria colectiva y como espacios de resistencia frente a la homogeneización cultural. Negar su importancia significaría perpetuar procesos de dominación cultural por parte de los grupos mayoritarios. En consecuencia, la etnoeducación no solo enseña contenidos, sino que preserva identidades, legitima saberes ancestrales y fortalece la autonomía cultural de los pueblos indígenas dentro de una sociedad plural.
CONCLUSIONES
En términos generales, la conservación de la identidad étnica se ve amenazada cuando existe una dominación externa que limita su desarrollo y continuidad en las diferentes regiones. Este riesgo se incrementa cuando se priorizan nuevas manifestaciones religiosas que restringen la participación en costumbres y tradiciones propias, o cuando se anteponen culturas foráneas consideradas “superiores”, desplazando y desvalorizando aquellas a las que realmente se pertenece.
La identidad étnica está conformada por el conjunto de costumbres, valores, tradiciones y expresiones culturales -tangibles e intangibles- que caracterizan a una comunidad determinada. Estos elementos se construyen, se renuevan y perduran a lo largo del tiempo, fortaleciendo la cohesión entre sus miembros y promoviendo el sentido de pertenencia. Sin embargo, dicha identidad puede verse amenazada por factores externos, como la imposición de ideologías o culturas opresoras que debilitan las formas tradicionales de vida.
Asimismo, la interculturalidad, la etnicidad y la etnoeducación se constituyen como manifestaciones fundamentales de la diversidad cultural. Estas permiten la coexistencia y el intercambio entre diferentes pueblos, enriqueciendo su identidad colectiva en un marco de respeto y tolerancia.
En este contexto, la etnoeducación representa una oportunidad de desarrollo para las comunidades indígenas y amazónicas, al promover una educación basada en el respeto y la valoración de sus costumbres, tradiciones y conocimientos ancestrales. Este enfoque fomenta estrategias orientadas a la preservación y práctica de los elementos propios de cada cultura, asegurando su continuidad en el tiempo.
Diversos investigadores coinciden en advertir los peligros que enfrentan las culturas cuando los procesos de cambio y transformación no se orientan hacia la reafirmación y el fortalecimiento identitario. Si bien la identidad étnica es una construcción dinámica, es fundamental preservar los elementos que definen la pertenencia cultural, tales como los saberes ancestrales, la cosmovisión, las lenguas originarias, la música, las danzas y otras expresiones simbólicas que constituyen la esencia de cada pueblo.
A pesar de los siglos de dominación social, económica, cultural y religiosa, aún en pleno siglo XXI muchas comunidades indígenas mantienen vivas las expresiones de la cosmovisión andina, sustentadas en el respeto hacia la naturaleza como un ser viviente dotado de entendimiento y energía. En esta cosmovisión, la naturaleza no es un recurso, sino una entidad con la que el ser humano mantiene una relación de reciprocidad, recibiendo de ella luz, salud, alimento y protección.
El valor de los saberes ancestrales radica en su aporte histórico y contemporáneo. Estos conocimientos -relacionados con la salud, la agricultura, la alimentación o las prácticas domésticas- constituyen un legado de gran utilidad, especialmente en contextos donde la ciencia moderna aún no alcanzaba su desarrollo actual. En la actualidad, estos saberes continúan siendo relevantes, como se evidenció durante la pandemia de la COVID-19, cuando numerosas comunidades recurrieron a ellos como alternativas de cuidado y sanación.
En consecuencia, resulta esencial fortalecer la identidad étnica desde edades tempranas, promoviendo en la escuela el reconocimiento y valoración de la herencia cultural. Una identidad sólida permitirá a los jóvenes enfrentar la influencia de diversas culturas sin renunciar a los elementos que los identifican como parte de su comunidad.






















