INTRODUCCIÓN
En los últimos años, la universidad se ha caracterizado por su dinamismo social y tecnológico. Sin embargo, persisten problemas como la discriminación y la exclusión, que afectan a individuos debido a sus rasgos físicos, sociales, raciales y culturales. En este contexto, las universidades interculturales emergen como un reconocimiento a los pueblos y naciones originarios, así como a su diversidad cultural y lingüística. Estas instituciones enfatizan propuestas decolonialistas y transculturales en su quehacer académico, investigativo y social (Gamarra et al., 2023).
Ochoa (2023) señala que la equidad y la inclusión deben ser tanto una aspiración como una práctica cotidiana en las universidades, ya que esto permitirá tomar decisiones en torno a la diversidad, la inclusión, la justicia y la oportunidad. Estos aspectos son fundamentales para la práctica de valores interculturales, donde todos los miembros de la comunidad puedan participar y desarrollar su potencial académico y social en igualdad de condiciones.
No obstante, Iguaran (2023) destaca la inoperancia estatal, evidenciada por la falta de políticas públicas de inclusión social y la carencia de espacios y actividades transversales para estudiantes de diversas etnias o culturas. Estas iniciativas deberían estar diseñadas y basadas en sus características y condiciones particulares, permitiéndoles manifestar y contemplar su cosmovisión y concepción del mundo.
Sánchez et al. (2023) argumentan que los estudiantes universitarios en una universidad intercultural enfrentan la problemática de la falta de estrategias y espacios que les permitan interactuar libre y espontáneamente, donde puedan expresar sus vivencias, costumbres y posibilidades, sin temor a ser rechazados o marginados. Para abordar esta situación, es crucial replantear el sistema educativo, promoviendo metodologías activas y participativas que fomenten procesos de enseñanza y aprendizaje más democráticos, abiertos y significativos, considerando las diferencias sociales, culturales y lingüísticas como oportunidades para la integración y el desarrollo académico.
En este proceso, los juegos ancestrales se presentan como herramientas valiosas en la acción educativa, funcionando como estrategias de enseñanza-aprendizaje dinámicas, creativas y socialmente pertinentes. Estos juegos son recursos de integración social y cultural (Carrión, 2020). Achoy y Jiménez (2023) resaltan el valor de los juegos ancestrales, ya que contribuyen a reconocer la pluralidad y diversidad cultural, así como a establecer un vínculo entre el desarrollo social, cultural y educativo, que es una tarea esencial de las universidades interculturales.
Sáenz (2018) sostiene que los juegos ancestrales son actividades recreativas transmitidas de generación en generación, aportando un valor cultural y educativo. No requieren dispositivos tecnológicos, sino elementos de la naturaleza, como piedras, hojas, flores y frutos, lo que permite a los participantes conocer y revitalizar sus raíces culturales. Para los pueblos originarios, el bienestar está intrínsecamente relacionado con la salud, la agilidad y el buen estado del cuerpo, así como con las relaciones cordiales con otros seres humanos, animales, plantas y el medio ambiente (Sánchez y Bastidas, 2022).
En esta filosofía de vida, los juegos ancestrales son fuentes de conocimiento sobre el territorio, la cultura y la cosmovisión, basándose en el diálogo, la enseñanza y los procesos de integración y socialización. Estos juegos constituyen una estrategia de inclusión educativa que fomenta entornos de respeto, libertad, dignidad y sentido de pertenencia sociocultural, así como una aceptación activa entre todas las personas (Tarqui-Silva et al., 2023).
Copola (2023) argumenta que la inclusión social en el ámbito educativo ofrece a todas las personas, sin discriminación ni exclusión, una educación de calidad, pertinente culturalmente y oportuna. Para lograrlo, es necesario generar estrategias de integración, siendo los juegos ancestrales mecanismos participativos que responden a la diversidad cultural y reducen la exclusión desde el ámbito educativo. Así, los juegos tradicionales en la educación presentan retos formativos que promueven una educación innovadora comprometida con la diversidad, creando escenarios psicopedagógicos inclusivos y responsables (García-Parra et al., 2023).
Los juegos ancestrales también desempeñan un papel fundamental en la innovación educativa, promoviendo la inclusión, la equidad y el aprendizaje entre iguales, teniendo en cuenta las particularidades culturales y lingüísticas de los estudiantes universitarios (Molina et al., 2023). Son técnicas y actividades que mejoran el aprendizaje cultural, desarrollando habilidades y destrezas, al tiempo que enriquecen la socialización e integración (Cacao, 2016). Según Carrillo et al. (2020), estos juegos permiten, de manera placentera, alcanzar un conocimiento integral que favorece el crecimiento y desarrollo del individuo, en consonancia con sus raíces culturales.
Andrade (2020) señala la necesidad actual de rescatar los juegos ancestrales con fines educativos y de integración. En un contexto digitalizado, es fundamental volver a lo tradicional para relacionar de manera directa y significativa al estudiante con su medio natural y cultural, construyendo así una sociedad con igualdad de condiciones y oportunidades compartidas. Piaget (1969) afirma que el juego es una actividad que conecta al ser humano con su entorno natural, favoreciendo su crecimiento y desarrollo intelectual, físico, social, afectivo y cultural.
Echavarría et al. (2021) destacan la importancia de los juegos ancestrales en el proceso de aprendizaje, integrando elementos culturales, sociales, familiares y organizacionales de la comunidad. Existe una responsabilidad en recuperar y recontextualizar estos juegos a las características actuales, convirtiéndolos en una fuente transformadora de la realidad. Espinoza-Freire y León-González (2021) añaden que la educación intercultural debe reconocer los derechos culturales de los demás, así como el respeto a su cosmovisión, historia y construcción social. La práctica de los valores interculturales está ligada al aprendizaje y aprecio por el otro, y debe comenzar en el ámbito educativo como reconocimiento de la diversidad.
En este contexto, la formación universitaria intercultural debe buscar el bienestar y progreso social de todos, orientándose hacia transformaciones sociales que impulsen prácticas educativas basadas en la solidaridad, la comprensión y la sensibilidad hacia diferentes culturas, construyendo así un diálogo intercultural efectivo en igualdad de condiciones (Civitillo et al., 2018). Anchico (2021) enfatiza la necesidad de superar el convencionalismo educativo, creando espacios que permitan incorporar transversalmente los valores interculturales como temas de aprendizaje, donde participen activamente docentes, estudiantes y miembros de la comunidad.
Krainer y Chaves (2021) abogan por la incorporación de los valores interculturales en las actividades educativas como políticas y filosofías que orienten la labor docente y la formación integral del individuo. En cuanto a la formación de la identidad personal, Fierro (1997) considera que esta se basa en un conjunto de patrones de comportamiento que se manifiestan en las relaciones sociales. Estos patrones se desarrollan a partir de la concepción del mundo y la cosmovisión de cada individuo.
En este sentido, los juegos ancestrales juegan un papel fundamental en el fortalecimiento de la identidad personal y cultural. Croda-Borges y Domínguez-Paredes (2023) destacan que la formación de la identidad personal es el resultado de las experiencias formativas en contextos educativos, donde se deben abordar los contenidos curriculares desde el reconocimiento de las necesidades del sujeto, integrando su legado cultural como una forma de construir y transformar la sociedad. El individuo debe comprender y asimilar las características del otro para ir configurando su comportamiento en diferentes escenarios de actuación (Alonso-Serna, 2023).
La investigación también aborda el desarrollo de la comunicación intercultural, que según Perusset (2023) es el proceso de interacción entre personas de diferentes orígenes culturales. Esta comunicación surge en las relaciones entre pueblos de distintos sistemas socioculturales y depende de la comprensión reflexiva y constructiva entre las personas (Duamante, 2009). Díaz y Curiel (2022) indican que, ante el aumento de la diversidad cultural en las universidades, el desarrollo de la comunicación intercultural representa un reto para los docentes, quienes deben establecer lazos comunicativos que favorezcan la convivencia armónica entre los estudiantes.
En lo que respecta a los valores sociales, Severino-González et al. (2022) afirman que su desarrollo es crucial en una sociedad dividida social, cultural y lingüísticamente, donde los prejuicios y estereotipos están arraigados. La educación debe promover valores de cordialidad, solidaridad, empatía y cooperación, y los juegos ancestrales son herramientas de integración que ayudan a comprender nuestra esencia y construir una sociedad más fraterna.
Palacio y Sánchez (2022) destacan que la práctica deportiva desarrolla en los individuos un sentido de moralidad y carácter, facilitando su integración en grupos sociales a través del trabajo en equipo y el respeto. Por ello, la planificación educativa debe incluir herramientas didácticas como los deportes ancestrales, que son portadores de valores sociales efectivos para construir una sociedad más democrática y comprensiva.
En cuanto a los valores culturales, estos se basan en el desarrollo de la conciencia y la identidad cultural, así como en actitudes y acciones positivas hacia la valoración de las manifestaciones culturales de su comunidad (Kačinová y Chalezquer, 2022). Proporcionar estos valores a las futuras generaciones es fundamental, ya que su revitalización y práctica contribuyen a la construcción de una sociedad culturalmente integrada y armónica (Mendoza-Montesdeoca et al., 2022).
MÉTODO
El presente estudio se enmarca dentro de un enfoque mixto, con predominio cuantitativo, y se basa en un diseño preexperimental de un solo grupo, que incluye la aplicación de pretest y postest. Participaron 35 estudiantes (88% mujeres y 12% hombres) de la Facultad de Educación de la Universidad Nacional Intercultural de la Selva Central Juan Santos Atahualpa, pertenecientes a las culturas Ashaninka, Nomatsiguenga, Qechua y Yanesha.
Para la recolección de datos, se utilizó un cuestionario validado de tipo Likert, compuesto por 17 ítems agrupados en cuatro dimensiones: formación de la identidad personal, desarrollo de la comunicación intercultural, valores sociales y valores culturales. Antes de su aplicación, el cuestionario fue sometido a un proceso de validación de validez y confiabilidad, utilizando la técnica de juicio de expertos y la prueba de alfa de Cronbach.
La intervención consistió en la implementación de ocho sesiones activas de juegos ancestrales, diseñadas como estrategia de integración. Para el análisis estadístico, se aplicaron pruebas t de Student para muestras pareadas, considerando un p-valor <0.05 como criterio de significancia, lo que permitió evaluar los efectos de los juegos ancestrales en el fortalecimiento de los valores interculturales.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
A continuación, se revelan los descubrimientos obtenidos en la presente investigación
Nota: Base de datos (valores interculturales)
En la Tabla 1, se presentan los resultados del pretest y postest en la dimensión de valores interculturales. En el pretest, se observa que 27 estudiantes, lo que representa el 77,1% de la muestra, se encuentran en un nivel inadecuado en la práctica de valores interculturales. Por otro lado, 8 estudiantes, equivalentes al 22,9%, se sitúan en un nivel moderado. En contraste, los resultados del postest indican que 35 estudiantes, es decir, el 100% de la muestra, alcanzan un nivel adecuado en la práctica de valores interculturales. En resumen, se evidencia una mejora significativa en la práctica de valores interculturales entre los estudiantes universitarios, atribuida a la influencia de los juegos ancestrales como estrategia de integración cultural.
A continuación, se exponen los resultados del Pretest y Postest por Dimensiones, inicialmente desde la Dimensión Formación de la Identidad Personal.
Nota: Base de datos (Dimensión formación de la identidad personal)
En la Tabla 2, se muestran los resultados del pretest y postest en la dimensión de formación de la identidad personal dentro de la variable de valores interculturales. En el pretest, 28 estudiantes, que representan el 80% de la muestra, se encuentran en un nivel inadecuado en cuanto a la formación de su identidad personal, mientras que 7 estudiantes (20%) se sitúan en un nivel moderado. Los resultados del postest revelan que 35 estudiantes, o el 100% de la muestra, alcanzan un nivel adecuado. En conclusión, se observa una mejora considerable en la formación de la identidad personal de los estudiantes universitarios, atribuida a la influencia de los juegos ancestrales como estrategia de integración.
En relación al Desarrollo de la comunicación intercultural se identificaron los resultados siguientes:
Tabla 3 Resultados del Pretest y Postest en la Dimensión Desarrollo de la Comunicación Intercultural
Nota: Base de datos (Dimensión desarrollo de la comunicación intercultural)
En la Tabla 3, se presentan los resultados del pretest y postest en la dimensión de desarrollo de la comunicación intercultural, parte fundamental de la variable de valores interculturales. En el pretest, se observa que 24 estudiantes, lo que equivale al 68,6% de la muestra, se encuentran en un nivel inadecuado en el desarrollo de su comunicación intercultural. Asimismo, 11 estudiantes, representando el 31,4%, se ubican en un nivel moderado. En contraste, los resultados del postest revelan que todos los 35 estudiantes de la muestra, es decir, el 100%, alcanzan un nivel adecuado en esta dimensión. En consecuencia, se evidencia una mejora significativa en la comunicación intercultural de los estudiantes universitarios, atribuida a la implementación de los juegos ancestrales como estrategia de integración cultural.
A continuación, en la Tabla 4 se presentan los resultados de la dimensión de valores sociales, correspondiente a la variable de valores interculturales. En el pretest, 16 estudiantes, que representan el 45,7% de la muestra, se clasifican en un nivel inadecuado, mientras que 19 estudiantes, equivalentes al 54,3%, se encuentran en un nivel moderado. En el postest, todos los 35 estudiantes, es decir, el 100% de la muestra, alcanzan un nivel adecuado en la dimensión de valores sociales. Estos resultados indican que la implementación de juegos ancestrales como estrategia de integración ha tenido un impacto positivo en la práctica de valores sociales entre los estudiantes universitarios.
Nota: Base de datos (Dimensión valores sociales)
En la Tabla 5, se evidencian los resultados del pretest y postest en la dimensión de valores culturales, también parte de la variable de valores interculturales. En el pretest, 25 estudiantes, representando el 71,4% de la muestra, se encuentran en un nivel inadecuado, mientras que 10 estudiantes, que constituyen el 28,6%, se ubican en un nivel moderado. En el postest, se observa que todos los 35 estudiantes, es decir, el 100% de la muestra, alcanzan un nivel adecuado en esta dimensión. Estos resultados reflejan la influencia positiva de los juegos ancestrales como estrategia de integración en el desarrollo de valores culturales en los estudiantes universitarios.
Nota: Base de datos (Dimensión valores culturales)
La investigación se centra en la hipótesis general que sostiene que la práctica de los juegos ancestrales como estrategia de integración tiene un impacto significativo en el fortalecimiento de los valores interculturales entre estudiantes universitarios de una Universidad Intercultural en Perú. Para evaluar esta hipótesis, se plantearon hipótesis estadísticas que incluyen la hipótesis nula (Ho), que establece que la media de los resultados del pretest es igual a la media de los resultados del postest (μpretest=μposttestμpretest=μposttest), y la hipótesis alternativa (Ha), que indica que la media de los resultados del pretest es menor que la media de los resultados del postest (μpretest<μposttestμpretest<μposttest).
La regla de decisión para esta investigación se basa en el p-valor. Si el p-valor es menor o igual a αα (0.05), se rechaza la hipótesis nula; si es mayor, no se rechaza. Los resultados de la prueba de muestras emparejadas revelan una media de diferencias de -44.200, con una desviación estándar de 3.628, un error estándar de la media de 0.613, y un intervalo de confianza del 95% que oscila entre -45.446 y -42.954. Con 34 grados de libertad, el p-valor obtenido es 0.000.
Dado que el p-valor (p = 0.00) es menor que αα (0.05), hay suficiente evidencia para rechazar la hipótesis nula, lo que permite aceptar la hipótesis alternativa. Esto confirma que la práctica de los juegos ancestrales influye significativamente en el fortalecimiento de valores interculturales en los estudiantes universitarios de la Universidad Intercultural en Perú.
En cuanto a las hipótesis específicas, la primera sostiene que la práctica de los juegos ancestrales influye significativamente en la dimensión de formación de la identidad personal de los valores interculturales. Los resultados muestran una media de diferencias de 3.371, con una desviación estándar de 1.285 y un p-valor de 0.000. Nuevamente, el p-valor obtenido (p = 0.00) es menor que αα (0.05), lo que permite rechazar la hipótesis nula y aceptar la hipótesis alternativa, indicando que los juegos ancestrales tienen un impacto positivo en la formación de la identidad personal.
La segunda hipótesis específica plantea que la práctica de los juegos ancestrales influye en el desarrollo de la comunicación intercultural. Los resultados para esta dimensión indican una media de diferencias de -8.314, con una desviación estándar de 1.659 y un p-valor de 0.000. Al igual que en los casos anteriores, el p-valor permite rechazar la hipótesis nula, confirmando que los juegos ancestrales mejoran la comunicación intercultural.
La tercera hipótesis específica se centra en los valores sociales, afirmando que la práctica de los juegos ancestrales influye en esta dimensión. Los resultados muestran una media de diferencias de -9.543, con una desviación estándar de 2.227 y un p-valor de 0.000. El p-valor obtenido también sugiere que se puede rechazar la hipótesis nula, confirmando que los juegos ancestrales contribuyen al fortalecimiento de los valores sociales.
Por último, la cuarta hipótesis específica sostiene que la práctica de los juegos ancestrales influye en los valores culturales. Los resultados para esta dimensión revelan una media de diferencias de -18.143, con una desviación estándar de 1.958 y un p-valor de 0.000. Nuevamente, el p-valor indica que se debe rechazar la hipótesis nula, lo que permite concluir que los juegos ancestrales tienen un impacto positivo en los valores culturales.
En conclusión, los resultados obtenidos en todas las hipótesis específicas respaldan la afirmación de que la práctica de los juegos ancestrales como estrategia de integración es efectiva en el fortalecimiento de los valores interculturales entre los estudiantes universitarios de la Universidad Intercultural en Perú.
Discusión
La investigación tuvo como objetivo determinar la influencia de los juegos ancestrales como estrategia de integración en el fortalecimiento de los valores interculturales entre estudiantes universitarios de una universidad intercultural en Perú. Esta institución se caracteriza por la diversidad cultural de su alumnado, que incluye estudiantes con diferentes características sociales, lingüísticas y culturales, influenciadas por sus cosmovisiones y experiencias propias. Los resultados obtenidos subrayan la importancia de implementar los juegos ancestrales como herramientas pedagógicas y sociales, que favorecen la mejora de las relaciones interpersonales entre individuos con diferencias culturales, contribuyendo así a la construcción de una sociedad más fraterna y armónica.
Neubauer (2023) destaca que el deporte, al igual que los juegos ancestrales, favorece el diálogo intercultural, promueve la inclusión y previene la exclusión social. Sin embargo, enfatiza la necesidad de adaptar estas prácticas a las características culturales y necesidades específicas de cada grupo étnico. En este contexto, los juegos ancestrales se presentan como una estrategia integradora que facilita la cohesión social.
Ccahuana y Cuarez (2021) argumentan que el juego tradicional permite a las personas expresar sus deseos y motivaciones, integrando su cultura, imaginación y creatividad. Esta interacción no solo fomenta el crecimiento moral y social, sino que también desarrolla valores fundamentales como el compañerismo, la disciplina y el liderazgo. Los resultados de la investigación corroboran esta afirmación, mostrando que los juegos ancestrales contribuyen al desarrollo de valores interculturales, que son esenciales para el buen vivir en comunidad.
Los resultados también sugieren que la construcción de valores interculturales es un proceso constructivo que depende de un aprendizaje socioculturalmente contextualizado. Usca (2020) señala que la práctica y valoración de estos valores dependen en gran medida de la motivación en los entornos educativos. En este sentido, los juegos ancestrales, como representaciones de la vivencia andina o amazónica, refuerzan la práctica de los valores interculturales en la sociedad.
Respecto a la construcción de la identidad personal, los hallazgos de la investigación respaldan lo expuesto por Morales (2020), quien sostiene que los juegos participativos e interculturales impactan positivamente en la convivencia democrática y en las relaciones sociales, promoviendo la autonomía y la identidad en el ejercicio de derechos y deberes. Esto permite a los estudiantes participar activa y creativamente en la construcción social, fomentando el respeto por las diferencias y el reconocimiento del otro.
En relación con el desarrollo de la comunicación intercultural, los resultados son coherentes con lo planteado por Briones et al. (2020), quienes encontraron que un alto porcentaje de estudiantes presentaba un conocimiento deficiente en esta área antes de la intervención. Sin embargo, la implementación de juegos ancestrales logró generar actitudes positivas hacia la escucha activa y la mejora de las relaciones interpersonales, tanto dentro como fuera de la comunidad. Además, Rodríguez y Medina (2020) destacan que el desarrollo de la comunicación intercultural integra conocimientos lingüísticos y culturales, así como actitudes positivas hacia la diversidad en el contexto universitario.
La presencia de valores sociales como manifestación de los valores interculturales en la vida cotidiana de los estudiantes universitarios es crucial, ya que refleja su formación en diversos ámbitos (Renes-Arellano et al., 2020). Finalmente, en cuanto a los resultados en la dimensión de valores culturales, Alvear et al. (2021) indican que, para formar ciudadanos competentes y culturalmente sensibles, es necesario desarrollar programas educativos que reconozcan y fortalezcan tanto la cultura propia como la de los demás. En este sentido, los juegos ancestrales emergen como estrategias efectivas que fomentan el encuentro cultural y el desarrollo de valores culturales.
En conclusión, los resultados de esta investigación evidencian que los juegos ancestrales son una herramienta valiosa para fortalecer los valores interculturales en estudiantes universitarios, promoviendo la integración, la comunicación y la convivencia en un contexto de diversidad cultural.
CONCLUSIONES
La perspectiva universitaria contemporánea ha experimentado cambios significativos y acelerados, lo que demanda el desarrollo de estrategias y acciones en los espacios académicos que se basen en la cooperación, el trabajo en equipo, la investigación y la responsabilidad social. Estas nuevas fórmulas dinámicas son esenciales para formar profesionales competentes, sin perder de vista la importancia de la formación y práctica de valores interculturales.
En este contexto, los juegos ancestrales emergen como una herramienta educativa y cultural fundamental para la formación integral del individuo. No solo facilitan el desarrollo de relaciones sociales basadas en la cordialidad, empatía, solidaridad y cooperación, sino que también permiten un encuentro significativo con la cultura, la historia y la cosmovisión de los estudiantes. Esta conexión con sus raíces contribuye a mejorar sus habilidades sociales, comunicacionales y ético-morales.
Integrar los juegos ancestrales en la labor pedagógica de una universidad intercultural representa tanto una necesidad como un reto para los docentes. Los resultados obtenidos en la investigación demuestran que esta integración no solo es efectiva, sino que también potencia de manera positiva las destrezas sociales, comunicacionales, conductuales y emocionales de los estudiantes. Esto les permite desenvolverse con mayor confianza y eficacia en su comunidad y en la sociedad en general.
En conclusión, la implementación de juegos ancestrales en el ámbito universitario no solo enriquece la experiencia educativa, sino que también fortalece los valores interculturales necesarios para una convivencia armónica en un entorno diverso. Esta estrategia educativa se convierte en un pilar esencial para formar ciudadanos comprometidos, capaces de interactuar y colaborar en una sociedad multicultural, promoviendo así un futuro más inclusivo y respetuoso.


















