INTRODUCCIÓN
El impacto de los hábitos de lectura en las habilidades comunicativas de los estudiantes universitarios constituye un tema central en la educación superior contemporánea, dada la relevancia que estas competencias tienen para el desempeño académico, profesional y social. La lectura, entendida no solo como un acto instrumental, sino como un proceso complejo y multidimensional, se ha consolidado como una herramienta fundamental para la adquisición y desarrollo de habilidades comunicativas, las cuales comprenden escuchar, hablar, leer y escribir (Aznar y Gamazo, 2021).
Los hábitos de lectura pueden definirse como conductas adquiridas a través de la repetición regular y sistemática del acto de leer, que se integran de manera natural en la vida cotidiana de la persona. Se considera que es primordial para la construcción de una sociedad educada, ya que fomenta el pensamiento crítico, la creatividad y la autonomía intelectual. La lectura no solo proporciona conocimiento, sino que también educa, construyendo hábitos de reflexión, análisis, concentración y razonamiento, además de ser una fuente de disfrute y entretenimiento (Paucar et al., 2024).
La importancia de los hábitos de lectura en el ámbito universitario radica en su capacidad para potenciar el aprendizaje autónomo, la comprensión lectora y la capacidad de análisis, elementos esenciales para el éxito académico. La lectura frecuente contribuye significativamente al enriquecimiento del vocabulario, la mejora de la escritura y el fortalecimiento de la capacidad de expresión, aspectos clave para el desarrollo de habilidades comunicativas eficaces (Chávez, 2023).
En cuanto a las habilidades comunicativas, estas se entienden como un conjunto de procesos lingüísticos que permiten participar con eficiencia y destreza en todas las esferas de la comunicación humana. Hablar, escuchar, leer y escribir constituyen las dimensiones fundamentales de estas competencias, y su desarrollo es indispensable para la integración social, la interpretación del mundo y la expresión de la subjetividad. La lectura, en particular, desempeña un papel mediador en la construcción de estas habilidades, ya que permite dialogar críticamente con los textos, tomar postura frente a ellos y valorar su contenido integrándolo en el propio universo mental. Además, la lectura fomenta la empatía, la creatividad y la capacidad de síntesis, habilidades cada vez más valoradas en el contexto universitario y profesional (Mosquera y Salazar, 2021).
Sin embargo, a pesar de la reconocida importancia de los hábitos de lectura, los estudiantes universitarios enfrentan actualmente diversas limitaciones que afectan su desarrollo. Investigaciones recientes evidencian una disminución progresiva del hábito lector a medida que los estudiantes avanzan en su formación superior, atribuida en parte al impacto de la tecnología, la sobrecarga académica y la falta de motivación intrínseca (Salaiza et al., 2022). Según el estudio de Dali (2022), un porcentaje alto de estudiantes universitarios se sitúan en las categorías de no lectores o falsos lectores, mientras que solo un pequeño porcentaje mantiene un hábito lector constante. Esta tendencia se traduce en dificultades para comprender textos complejos, expresar ideas con claridad y desarrollar un pensamiento crítico autónomo.
Esta situación limita el potencial de la lectura como herramienta para el desarrollo integral de las habilidades comunicativas y la formación de ciudadanos críticos y creativos. Es por ello necesario cuestionarse ¿cómo influye el hábito de lectura en las habilidades comunicativas de los estudiantes universitarios?, ¿cuál es su impacto en el desarrollo de las dimensiones escuchar, hablar, leer y escribir? Teniendo en cuenta este escenario el objetivo de la presente investigación fue determinar el impacto de los hábitos de lectura en el desarrollo de las habilidades comunicativas, tanto receptivas como productivas, de estudiantes universitarios.
MÉTODO
El estudio corresponde a una investigación cuantitativa de tipo correlacional-transversal, con diseño no experimental, que analizó la relación entre las variables de estudio:
Hábitos de lectura (variable independiente): Para su estudio se establecieron tres dimensiones directas: satisfacción por la lectura, estilo de vida y contexto. En cuanto a la ejecución, los indicadores considerados fueron: satisfacción (placer, aprendizaje, necesidades, preferencias), vivencias cotidianas, contexto social, relaciones y coherencia.
Habilidades comunicativas (variable dependiente): Se desglosó en cuatro dimensiones directas: escuchar, hablar, leer y escribir. Para la evaluación de su ejecución, se consideran los siguientes indicadores: comenzar atendiendo las necesidades de los demás, aplicar el refuerzo y la valoración, observar, asentir y evitar interrumpir. Además, se valoró el uso adecuado de palabras al escuchar, la priorización de la escucha activa y la claridad en la transmisión de información.
También se tomó en cuenta la organización y coherencia al presentar información, la correcta vocalización y el mantenimiento de un volumen adecuado, así como la regulación de la velocidad, el ritmo del discurso y el cuidado de la expresión facial y los gestos. En el ámbito de la lectura y la escritura, se consideraron la planificación, redacción, edición y elaboración de textos e informes. En ambas variables, la medición de los indicadores se realizó mediante una escala ordinal tipo Likert del 1 al 5.
La población estuvo conformada por estudiantes de Educación Inicial de una universidad de Apurímac, Perú, durante el 2024. Se trabajó con una muestra no probabilística de 92 participantes, seleccionados mediante muestreo por conveniencia. El tamaño muestral fue determinado por accesibilidad, cumpliendo con el criterio mínimo para análisis estadísticos multivariados.
Para medir el hábito de lectura se utilizó un cuestionario validado que evaluó frecuencia, tipo de material leído y propósito de lectura. La variable se categorizó en tres niveles: inicio, proceso y destacado. Las habilidades comunicativas se evaluaron mediante una rúbrica de observación directa (con alfa de Cronbach = 0.87) que midió cuatro dimensiones: escuchar, hablar, leer y escribir. Cada dimensión se clasificó como inadecuada, poco adecuada o adecuada.
El análisis estadístico se desarrolló en tres etapas metodológicas clave. Primero, se realizó un análisis descriptivo mediante frecuencias y porcentajes para caracterizar la distribución de las variables hábitos de lectura y habilidades comunicativas. Esta fase permitió identificar patrones generales en los datos, como la prevalencia de niveles altos, medios o bajos en ambas variables, utilizando tablas de contingencia. Los resultados se interpretaron considerando la escala Likert del 1 al 5, lo que facilitó una comprensión detallada de las tendencias en satisfacción lectora, contexto social, escucha activa y producción escrita.
En segundo lugar, se aplicaron modelos de regresión logística para probar la relación entre las variables y verificar las hipótesis del estudio. La evaluación de los modelos incluyó a) Prueba de bondad de ajuste: mediante la reducción del -2LL (logaritmo de verosimilitud) y el estadístico chi-cuadrado, que determinaron la mejora predictiva de los modelos; b) Pseudo R²: se calcularon los índices Cox & Snell, Nagelkerke y McFadden para estimar la proporción de varianza explicada por las variables independientes y c) Significancia estadística: se adoptó un nivel de confianza del 95% (p < 0.05) para validar los coeficientes de regresión y los intervalos de confianza asociados.
Este proceso no solo ayudó a validar la relevancia de los predictores, sino que también permitió una interpretación detallada de los efectos sobre el orden de los resultados, lo cual es crucial en aplicaciones científicas y técnicas.
Para guiar el análisis y la interpretación de los resultados, se plantearon una hipótesis general y cuatro hipótesis específicas que exploran la relación entre el hábito de lectura y las diferentes dimensiones de las habilidades comunicativas. La hipótesis general (HG) plantea que el hábito de lectura influye significativamente en el desarrollo de las habilidades comunicativas, contraponiéndose a la hipótesis nula que niega dicha influencia. De manera más detallada, las hipótesis específicas examinan esta relación en cada una de las habilidades comunicativas: escuchar (HE1), hablar (HE2), leer (HE3) y escribir (HE4).
En cada caso, se contrastaron las hipótesis nulas que postulaban la ausencia de influencia significativa con alternativas que sugieren una relación positiva y significativa entre el hábito de lectura y el crecimiento en cada habilidad comunicativa. Este enfoque permitió evaluar de forma precisa cómo el hábito lector puede impactar de manera diferenciada en las competencias comunicativas clave.
Todos los análisis se procesaron en el software SPSS v.26, seleccionado por su robustez en procedimientos estadísticos avanzados y su capacidad para manejar escalas ordinales con precisión. Esta herramienta permitió integrar los resultados descriptivos e inferenciales en un marco interpretativo coherente, asegurando la replicabilidad y validez de los hallazgos.
Se garantizó el anonimato de los participantes mediante consentimiento informado.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
A continuación, se exponen los resultados del estudio acerca de la relación entre hábitos de lectura y las habilidades comunicativas en estudiantes de Educación Inicial.
Los resultados presentados en la Tabla 1 revelan una clara correlación entre el nivel de desarrollo de los hábitos de lectura y las habilidades comunicativas en los estudiantes evaluados. Del total de 92 participantes, el 76.1% (70 estudiantes) demostraron tener hábitos de lectura destacados, mientras que el 23.9% (22 estudiantes) se ubicaron en la categoría de proceso. Llama la atención que ningún estudiante se encontró en el nivel inicial de hábitos lectores, lo que podría indicar que la población universitaria ya tiene una base mínima de práctica lectora consolidada.
Al analizar la relación con las habilidades comunicativas, se observa que los estudiantes con hábitos de lectura en proceso presentan un mayor porcentaje de competencia poco adecuada (68.2%, 15 de 22 casos), mientras que solo el 31.8% (7 de 22) alcanzan un nivel adecuado. Este panorama cambia significativamente en el grupo con hábitos destacados, donde el 71.4% (50 de 70 estudiantes) muestran habilidades comunicativas adecuadas, y solo el 28.6% (20 de 70) permanecen en el nivel poco adecuado. Esta progresión sugiere que el desarrollo de buenos hábitos de lectura actúa como un facilitador clave para la adquisición de competencias comunicativas efectivas.
Un hallazgo relevante es que ningún estudiante, independientemente de su nivel de hábitos lectores, presentó habilidades comunicativas inadecuadas. Esto podría indicar que el contexto universitario actúa como filtro, asegurando un mínimo estándar comunicativo en todos los casos. Sin embargo, los datos demuestran que, para alcanzar los niveles más altos de competencia comunicativa, los hábitos de lectura destacados resultan fundamentales.
El análisis también revela que, aunque existe una relación entre hábitos lectores y habilidades comunicativas, aproximadamente un tercio de los estudiantes con hábitos destacados aún no logran superar el nivel poco adecuado en su comunicación. Esto sugiere que, si bien la lectura es un factor importante, podrían intervenir otras variables como la práctica oral, la retroalimentación recibida o factores individuales de personalidad que complementan el desarrollo comunicativo.
Por tanto, los resultados respaldan la importancia de fomentar hábitos de lectura sólidos entre los estudiantes, ya que estos muestran una asociación clara con mejores desempeños comunicativos. No obstante, los datos también indican que la lectura por sí sola no garantiza el desarrollo óptimo de estas habilidades, lo que justificaría la implementación de estrategias pedagógicas complementarias en la formación universitaria.
En la Tabla 2, se observa que el 60.9% de los estudiantes presentan un nivel adecuado en la habilidad de escucha, mientras que el 39.1% se ubica en el nivel poco adecuado. Al analizar por grupos, se observa que los estudiantes con hábitos de lectura destacados presentan mayor competencia en escucha (52.2% adecuado) comparado con aquellos en proceso (8.7% adecuado). Es notable que ningún estudiante mostró dificultades graves (inadecuado) en esta habilidad, lo que sugiere que la escucha es la competencia mejor desarrollada entre las evaluadas, posiblemente por su carácter receptivo.
En expresión oral, el 54.3% alcanza nivel adecuado, con una distribución desigual según hábitos lectores: mientras el 46.7% de lectores destacados tiene buen desempeño, solo el 7.6% de los en proceso logra este nivel. El 29.3% de los lectores avanzados aún presenta dificultades, indicando que esta habilidad requiere no solo lectura sino práctica activa. La ausencia de casos inadecuados sugiere que todos los estudiantes han desarrollado un mínimo de competencia oral.
Paradójicamente, esta es la competencia con menor porcentaje de dominio adecuado (38%), siendo mayoritaria la categoría poco adecuada (62%). Los lectores destacados muestran solo 33.7% de adecuación, cifra preocupante considerando que deberían ser expertos. Esto podría indicar que los hábitos cuantitativos (frecuencia) no garantizan necesariamente comprensión lectora profunda, o que la evaluación midió aspectos críticos no desarrollados por los hábitos actuales.
La escritura presenta los resultados más críticos, solo 19.6% de adecuación, con 76.1% en nivel poco adecuado e incluso 4.3% inadecuado. Los datos revelan que incluso los lectores destacados tienen bajo desempeño (solo 13% adecuado), sugiriendo que la escritura requiere estrategias pedagógicas específicas que van más allá del fomento lector. La presencia de casos inadecuados (principalmente en proceso) alerta sobre necesidades de reforzamiento urgente.
El análisis revela tres patrones clave: primero, existe una clara gradación donde escuchar > hablar > leer > escribir en términos de dominio adecuado; segundo, los hábitos de lectura impactan diferencialmente cada habilidad, siendo más evidente en escucha y habla que en escritura; tercero, la escritura emerge como la competencia más crítica, requiriendo intervención específica. Estos hallazgos sugieren que mientras la lectura favorece las habilidades receptivas, las productivas (especialmente escritura) necesitan trabajo adicional sistemático.
Tabla 2. Relación entre hábitos de lectura y niveles de desarrollo en las habilidades comunicativas escuchar, hablar, leer y escribir

Recomendaciones metodológicas derivadas de los resultados
Los hallazgos evidencian la necesidad de implementar estrategias pedagógicas diferenciadas para el desarrollo de las habilidades comunicativas. Para la habilidad de escucha, si bien es la más desarrollada, se recomienda incorporar ejercicios de escucha activa con análisis crítico de contenidos audiovisuales, pues cerca del 40% de estudiantes aún presenta dificultades. Deberían diseñarse actividades donde los estudiantes requieran sintetizar y evaluar información oral compleja, vinculando estos ejercicios con sus hábitos de lectura existentes.
En cuanto a la expresión oral, los resultados sugieren que los hábitos de lectura por sí solos no garantizan un dominio adecuado. Se propone implementar talleres de oratoria con prácticas estructuradas de argumentación y exposición, donde los estudiantes apliquen los conocimientos adquiridos mediante la lectura. Sería beneficioso crear espacios de debate semanal que obliguen a articular ideas de manera clara y persuasiva, combinando así el input lector con el output oral.
Para la comprensión lectora, los datos revelan una paradoja alarmante, los lectores frecuentes no necesariamente comprenden bien. Esto indica la urgencia de migrar de un enfoque cuantitativo (número de libros leídos) a uno cualitativo. Se recomienda emplear técnicas de lectura crítica, como el subrayado analítico, la elaboración de resúmenes argumentativos y el diálogo socrático sobre textos. Los docentes deberían modelar explícitamente estrategias metacognitivas para procesar textos académicos.
Respecto a la escritura, los resultados exigen una intervención inmediata y especializada. Se sugiere: 1) implementar un programa de redacción académica progresiva, comenzando con párrafos aislados hasta textos complejos; 2) establecer revisiones por pares con rúbricas detalladas; y 3) promover la reescritura basada en retroalimentación específica. Es crucial desagregar la escritura en sub-habilidades (cohesión, sintaxis, estilo) para trabajar cada aspecto sistemáticamente.
Finalmente, los datos justifican integrar las cuatro habilidades mediante proyectos transversales, como leer investigaciones sobre un tema, escuchar podcasts especializados, debatir oralmente los hallazgos y redactar un artículo de divulgación. Este enfoque holístico, combinado con la nivelación específica en escritura y lectura crítica, podría superar las brechas identificadas. La institución debería considerar capacitación docente en didáctica de la comunicación escrita, pues los resultados revelan que este es el eslabón más débil en la formación actual.
Análisis del modelo de hipótesis sobre la relación entre hábitos de lectura y habilidades comunicativas
Los resultados del modelo de regresión logística, presentados en la Tabla 3, demuestran una relación estadísticamente significativa entre los hábitos de lectura y el desarrollo de habilidades comunicativas en los estudiantes evaluados. La notable reducción en el valor del logaritmo de verosimilitud (-2LL) de 18.625 en el modelo base a 7.678 en el modelo final indica que la inclusión de los hábitos de lectura como variable predictora mejora sustancialmente la capacidad explicativa del modelo. Esta mejora se confirma mediante la prueba de chi-cuadrado (χ² = 10.948, gl = 1), cuyo valor p = 0.001 nos permite rechazar la hipótesis nula y afirmar con un 99.9% de confianza que existe una asociación significativa entre ambas variables.
Los hallazgos sugieren que los estudiantes con hábitos de lectura más desarrollados tienen mayor probabilidad de alcanzar niveles adecuados en sus habilidades comunicativas. Este resultado es consistente con lo observado en los análisis previos, donde se identificó que el 71.4% de los lectores destacados presentaban competencias comunicativas adecuadas, frente a solo el 31.8% de aquellos con hábitos en proceso. La fuerza de la asociación (χ² = 10.948) indica que esta relación no solo es estadísticamente significativa, sino también considerable en términos prácticos.
Sin embargo, es importante reconocer algunas limitaciones del estudio. El modelo actual no incluye otras variables potencialmente relevantes, como la práctica oral o la retroalimentación docente, que podrían estar influyendo en los resultados. Además, la ausencia de odds ratios en el análisis limita nuestra capacidad para cuantificar la magnitud exacta del efecto. Futuras investigaciones podrían beneficiarse de un modelo más complejo que incorpore estas variables de control y permita un análisis más detallado de los mecanismos subyacentes.
Estos resultados tienen importantes implicaciones pedagógicas, que refuerzan la necesidad de implementar programas sistemáticos para el fomento de la lectura en el ámbito universitario, particularmente en carreras donde las habilidades comunicativas son fundamentales. No obstante, los datos también sugieren que la lectura por sí sola puede no ser suficiente para desarrollar todas las dimensiones de la comunicación, especialmente las habilidades productivas como la escritura. Por tanto, se recomienda complementar estos programas con actividades específicas de expresión oral y escrita que permitan a los estudiantes aplicar y consolidar los conocimientos adquiridos a través de la lectura.
Análisis de los pseudo R² en el modelo de regresión logística
Los valores de los pseudo R² (Cox & Snell = 0.112; Nagelkerke = 0.168; McFadden = 0.108) indican que el modelo explica entre el 10.8% y 16.8% de la variabilidad en las habilidades comunicativas a partir de los hábitos de lectura. Estas métricas, aunque modestas, son comunes en modelos logísticos con variables categóricas y confirman que los hábitos de lectura tienen un efecto estadísticamente significativo (p=0.001) pero limitado sobre las habilidades comunicativas.
El valor de Nagelkerke (0.168), siendo el más alto, sugiere que el modelo mejora modestamente la predicción respecto al modelo nulo. 2) McFadden (0.108) indica que la inclusión de los hábitos de lectura reduce aproximadamente un 11% la desviación respecto al modelo sin predictores. 3) Cox & Snell (0.112) confirma esta tendencia con un valor intermedio. Por lo que se infiere que los hábitos de lectura son un predictor significativo, pero no exhaustivo de las habilidades comunicativas. Existen otros factores no incluidos en el modelo que explican la mayor parte (83-89%) de la variabilidad en las habilidades comunicativas
Los resultados justifican:
Incluir variables adicionales como práctica oral y formación previa en futuros modelos.
Complementar los hábitos de lectura con estrategias pedagógicas específicas para cada habilidad comunicativa.
Interpretar los efectos de la lectura como un factor contributivo, pero no determinante, en el desarrollo comunicativo.
Tabla 3. Resultados del modelo logístico: bondad de ajuste y significación estadística entre hábitos de lectura y habilidades comunicativas
Análisis de los modelos de influencia entre hábitos de lectura y habilidades comunicativas específicas
En la Tabla 4, el modelo muestra una relación estadísticamente significativa (χ²=7.167, p=0.007) entre los hábitos de lectura y la habilidad de escucha. La reducción del -2LL de 14.951 a 7.784 indica una mejora sustancial en el ajuste del modelo al incluir la variable predictora. Los pseudo R² (Cox & Snell=0.075, Nagelkerke=0.112, McFadden=0.071) sugieren que los hábitos de lectura explican entre el 7.1% y 11.2% de la variabilidad en la capacidad de escucha. Este es el modelo con mayor poder explicativo entre los cuatro analizados, lo que podría indicar que la lectura contribuye especialmente al desarrollo de habilidades receptivas como la escucha activa.
Se observa una asociación significativa (χ²=5.970, p=0.015) entre hábitos lectores y expresión oral. La mejora en el ajuste (-2LL de 13.745 a 7.775) es notable, aunque los valores de pseudo R² (0.059-0.094) son ligeramente inferiores a los del modelo HE1. Esto sugiere que, aunque la lectura favorece la expresión oral, su impacto es más moderado que en la escucha. Probablemente, la habilidad de hablar requiere además de práctica específica y retroalimentación directa que van más allá de los beneficios intrínsecos de la lectura.
Paradójicamente, la relación entre hábitos de lectura y competencia lectora muestra el menor poder explicativo (pseudo R² entre 0.052-0.083), a pesar de ser estadísticamente significativa (χ²=5.240, p=0.022). Esta aparente contradicción podría deberse a que el instrumento de evaluación midió aspectos avanzados de comprensión lectora que no se desarrollan automáticamente con la mera frecuencia de lectura, sino que requieren estrategias específicas de análisis crítico.
Aunque se mantiene la significancia estadística (χ²=6.608, p=0.037), este modelo presenta particularidades: el -2LL final (9.193) es el más alto de los cuatro modelos, y los pseudo R² (0.065-0.104) muestran que la escritura es la habilidad menos explicada por los hábitos de lectura. Esto refuerza la idea de que la producción escrita depende en mayor medida de otros factores como la práctica guiada, el conocimiento gramatical explícito y los procesos de revisión.
En general, existe un gradiente en la influencia de los hábitos lectores: mayor impacto en habilidades receptivas (escuchar) que productivas (hablar, escribir); todos los modelos son estadísticamente significativos (p<0.05), pero con bajo poder explicativo (pseudo R²<0.15) y la escritura emerge como la habilidad menos asociada a los hábitos de lectura. Se confirma que la lectura es un factor contributivo, pero no suficiente para el desarrollo comunicativo integral.
Tabla 4. Resultados del modelo logístico: bondad de ajuste y significación estadística entre hábitos de lectura y habilidades comunicativas
En general, existe un gradiente en la influencia de los hábitos lectores, mayor impacto en habilidades receptivas (escuchar) que productivas (hablar, escribir); todos los modelos son estadísticamente significativos (p<0.05), pero con bajo poder explicativo (pseudo R²<0.15) y la escritura emerge como la habilidad menos asociada a los hábitos de lectura. Se confirma que la lectura es un factor contributivo, pero no suficiente para el desarrollo comunicativo integral.
Discusión
A continuación, se presenta una contrastación exhaustiva de los resultados obtenidos en el presente estudio sobre la relación entre los hábitos de lectura y las habilidades comunicativas en estudiantes universitarios de Educación Inicial, en comparación con los hallazgos de otros autores relevantes en el campo. Este análisis busca identificar coincidencias y diferencias sustantivas, así como aportar una visión crítica y contextualizada sobre la naturaleza de esta relación, considerando tanto los aspectos cuantitativos como cualitativos reportados en la literatura científica.
En primer lugar, los resultados de esta investigación confirman la existencia de una relación significativa entre los hábitos de lectura y el desarrollo de las habilidades comunicativas, especialmente en las dimensiones de escucha y expresión oral. Este hallazgo coincide ampliamente con lo reportado por Torres et al. (2024), quien sostiene que la lectura regular no solo enriquece el vocabulario, sino que también mejora la comprensión y la capacidad de expresión oral, al proporcionar modelos lingüísticos variados y complejos.
De igual manera, Nazarovna (2025), argumenta que la exposición constante a textos bien estructurados favorece la internalización de patrones discursivos, lo que se traduce en una mayor competencia comunicativa general. En la presente investigación, se observa que el 71.4% de los estudiantes con hábitos de lectura destacados presentan habilidades comunicativas adecuadas, lo que respalda la idea de Villarreal et al. (2024), quienes plantean que el fomento lector es un factor clave en el desarrollo comunicativo, en línea con los planteamientos de estos autores.
No obstante, una diferencia relevante respecto al hallazgo de Ragazou et al. (2022), es que, aunque la relación es significativa, los valores de los pseudo R² obtenidos en los modelos de regresión logística indican que los hábitos de lectura explican solo entre el 10.8% y el 16.8% de la variabilidad en las habilidades comunicativas. Sin embargo, este resultado es consistente con los de Barrios y Napiórkowska (2024) y Soruç et al. (2025), quienes advierten que la lectura, si bien es un predictor importante, no es el único factor que incide en la competencia comunicativa, ya que existen otras variables contextuales y personales, como la motivación, la práctica oral y la retroalimentación docente, que también juegan un papel determinante. En contraste, Yapp et al. (2023), reportan porcentajes de varianza explicada superiores al 30% en muestras de secundaria, lo que podría deberse a diferencias en la edad, el contexto educativo o los instrumentos de medición empleados.
En cuanto a la habilidad de escucha, el presente estudio identifica que es la competencia mejor desarrollada entre los estudiantes, con un 60.9% en nivel adecuado, y que los hábitos de lectura tienen un mayor impacto en esta dimensión, lo que coincide con lo señalado por Singh y Alexander (2022), quienes encontraron que la lectura frecuente de textos narrativos y expositivos fomenta la capacidad de atención y retención auditiva, al entrenar a los estudiantes en la identificación de ideas principales y detalles relevantes durante la escucha. Sin embargo, a diferencia de lo reportado por estos autores, en el presente estudio ningún estudiante se ubicó en el nivel inadecuado de escucha, lo que podría atribuirse a un efecto de filtro del contexto universitario, como ya se ha mencionado, o a posibles diferencias en los criterios de evaluación utilizados.
Respecto a la expresión oral, se observa una tendencia similar, los estudiantes con hábitos lectores destacados presentan un mejor desempeño, aunque la proporción de adecuación (54.3%) es menor que en la escucha. Este patrón es coherente con los resultados de investigaciones de do Amaral et al. (2024), quienes sostienen que la lectura contribuye al desarrollo de la expresión oral principalmente a través de la ampliación del repertorio léxico y la mejora en la organización del discurso.
Sin embargo, estos autores también advierten que la competencia oral requiere de práctica activa y de contextos interactivos que permitan la puesta en uso de los conocimientos adquiridos mediante la lectura, lo que se refleja en el hecho de que un 29.3% de los lectores avanzados en el estudio actual aún presentan dificultades en esta habilidad. Este hallazgo sugiere que, si bien la lectura es necesaria, no es suficiente para alcanzar un dominio óptimo de la expresión oral, lo que coincide con las recomendaciones de Arán y Arzola (2024), sobre la importancia de combinar el input lector con oportunidades sistemáticas de output oral.
En el caso de la comprensión lectora, los resultados del presente estudio muestran una paradoja interesante, aunque se esperaría que los estudiantes con hábitos lectores destacados sobresalieran en esta habilidad, solo el 38% alcanza un nivel adecuado, y la mayoría se encuentra en la categoría poco adecuada. Este hallazgo difiere parcialmente de lo reportado por Zhang y Zhang (2022), quienes encuentran una relación más directa y robusta entre frecuencia lectora y comprensión de textos.
Sin embargo, esta diferencia puede explicarse, como sugieren los propios autores, por el tipo de lectura practicada, recreativa vs. Académica, y por la profundidad de las estrategias de comprensión empleadas. En este sentido, Gordon (2023), subraya que solo la cantidad de libros leídos no garantiza una comprensión profunda, sino que es necesario trabajar explícitamente la lectura crítica y la reflexión metacognitiva sobre los textos, aspecto que podría estar subdesarrollado en la muestra analizada.
La escritura, por su parte, emerge como la competencia más crítica y menos desarrollada, con solo un 19.6% de estudiantes en nivel adecuado y un preocupante 4.3% en nivel inadecuado, incluso entre los lectores destacados. Este resultado es congruente con lo reportado por Navas et al. (2025), quienes advierten que la escritura académica requiere de un aprendizaje específico y prolongado, que va más allá del fomento lector tradicional. Así mismo, Sito y Moreno (2021) y Galbán et al. (2023), argumentan que la escritura es una práctica social compleja que implica no solo el dominio de la lengua escrita, sino también la apropiación de géneros discursivos y convenciones académicas, lo que rara vez se logra únicamente a través de la lectura.
Los datos del presente estudio refuerzan esta idea, al mostrar que incluso los estudiantes con hábitos lectores consolidados presentan dificultades significativas en la producción escrita, lo que sugiere la necesidad de intervenciones pedagógicas especializadas, como talleres de redacción, revisión por pares y retroalimentación detallada, tal como recomiendan estos autores.
Un aspecto metodológico relevante que distingue este estudio es el uso de modelos de regresión logística para analizar la influencia de los hábitos de lectura sobre cada una de las habilidades comunicativas de forma diferenciada, mientras que Hassan et al. (2021) y Kansızoğlu y Yıldız (2022), emplean análisis correlacionales simples o modelos de regresión lineal. La presente investigación ofrece una aproximación más precisa al estimar la probabilidad de alcanzar niveles adecuados en cada habilidad en función del nivel de hábito lector. Este enfoque permite identificar que la lectura tiene un impacto mayor en las habilidades receptivas, escuchar y leer, que en las productivas, hablar y escribir, lo que coincide con lo sugerido por Demİrel Fakİroğlu (2021), pero aporta una cuantificación más detallada de estos efectos.
La contrastación realizada evidencia que la lectura es un factor necesario, pero no suficiente para el desarrollo pleno de las habilidades comunicativas, y que su impacto depende en gran medida de la calidad de las prácticas lectoras, de la integración con otras experiencias comunicativas y del contexto educativo en el que se inscribe el proceso formativo.
CONCLUSIONES
A partir de los resultados obtenidos, se confirma que existe una asociación estadísticamente significativa entre el nivel de hábitos lectores y la competencia comunicativa general. Los estudiantes con hábitos de lectura destacados tienen una mayor probabilidad de alcanzar niveles adecuados en sus habilidades comunicativas, mientras que aquellos en proceso presentan un mayor riesgo de ubicarse en niveles poco adecuados. Sin embargo, es importante subrayar que ningún estudiante, independientemente de su hábito lector, se situó en el nivel inadecuado, lo que sugiere que el entorno universitario establece un estándar mínimo de competencia comunicativa para todos.
El análisis detallado de cada habilidad revela que la influencia de los hábitos de lectura no es uniforme. La de escucha es la que muestra mayor desarrollo entre los estudiantes, especialmente en quienes poseen hábitos lectores destacados, lo que refuerza la idea de que la lectura contribuye de manera especial a las competencias receptivas. En contraste, la expresión oral y la comprensión lectora, aunque también se ven beneficiadas por la lectura, requieren de estrategias adicionales para alcanzar niveles óptimos, como la práctica activa y la retroalimentación. La habilidad de escritura, por su parte, emerge como el área más crítica, con bajos porcentajes de adecuación incluso entre los lectores más frecuentes, lo que evidencia la necesidad de intervenciones pedagógicas especializadas que vayan más allá del fomento lector tradicional.
Los modelos de regresión logística respaldan estadísticamente estas observaciones, mostrando que los hábitos de lectura explican entre el 10% y el 17% de la variabilidad en las habilidades comunicativas, según los valores de los pseudo R². Si bien este efecto es significativo, también es limitado, lo que implica que existen otros factores, como la práctica oral, la retroalimentación docente y características individuales, que inciden de manera importante en el desarrollo comunicativo y que no fueron contemplados en el presente estudio.
El estudio plantea la importancia de adoptar un enfoque integral en el desarrollo de las habilidades comunicativas, combinando el fomento de la lectura con actividades estructuradas de expresión oral, comprensión crítica y producción escrita. Los resultados indican que, si bien la lectura es un predictor válido del éxito comunicativo, su efecto es parcial y debe complementarse con metodologías activas que promuevan la aplicación práctica de los conocimientos. Futuras investigaciones podrían profundizar en otras variables influyentes, como el contexto sociocultural o las estrategias metacognitivas, para diseñar intervenciones educativas efectivas y personalizadas.















