INTRODUCCIÓN
El cambio climático es un cambio en los patrones climáticos promedio, que puede perdurar por un periodo de tiempo prolongado. Este fenómeno está relacionado con las emisiones de gases de efecto invernadero generadas por actividades antropogénicas. Entre sus efectos más notables se encuentra el aumento del nivel del mar, cambios en el pH del agua, aparición o aumento de la transmisión de enfermedades, cambios en el ciclo del agua, pérdida de ecosistemas marinos y diversos impactos negativos en la salud humana (1). En respuesta, se han impulsado iniciativas internacionales como el Acuerdo de París de 2015, que buscó limitar el aumento de la temperatura media global a 2° C por encima de los niveles preindustriales (2). Sin embargo, estos acuerdos gubernamentales requieren la acción de la sociedad civil. Las percepciones públicas de los riesgos pueden obligar o limitar fundamentalmente la acción política, económica y social para abordar riesgos específicos (3).
Con la creciente severidad del cambio climático, se han emitido advertencias claras. Sin embargo, una gran parte de la población sigue siendo reacia a tomar medidas contra el cambio climático. Por consiguiente, reducir la inacción ante el cambio climático es un asunto crítico y urgente (4). Por el contrario, la percepción de riesgo no es homogénea, puesto que existen particularidades ambientales regionales inducidas por el cambio climático que generan condiciones desiguales de vulnerabilidad (5,6). Las personas que no creen en los problemas ambientales deben percibir su importancia y urgencia, mientras que aquellas que ya son conscientes deben comprometerse con acciones proambientales. Este proceso está influenciado por variables tanto a nivel macro como micro (7). Por lo tanto, programas nacionales y regionales que buscan aumentar la participación ciudadana en el cambio climático deben adaptarse al contexto específico de cada país. Para ello, es fundamental que se desarrollen estrategias basadas en la percepción del riesgo (8).
Las percepciones del riesgo del cambio climático pueden describirse como una función de factores cognitivos (es decir, conocimiento sobre el cambio climático), procesamiento experiencial (es decir, evaluaciones afectivas y experiencia personal) e influencias socioculturales (incluyendo normas sociales y orientaciones de valores amplios), controladas por características sociodemográficas clave (9). Esta percepción cumple un rol determinante en la disposición para tomar acciones frente al cambio climático para mitigar sus efectos (4). Las investigaciones han demostrado que una mayor percepción de riesgo puede aumentar las intenciones de adaptación (10).
La manera en que las personas perciben el riesgo del cambio climático está influenciada por sus interacciones sociales y sus visiones culturales del mundo. A menudo se consideran un antecedente necesario para las actitudes y los comportamientos de adaptación al cambio climático (11, 12). También, las condiciones socioeconómicas impactan directamente en la percepción de los problemas ambientales, ya que cuanto más se satisfacen las necesidades básicas, mayor es la probabilidad de que un individuo sea consciente del cambio climático (7). Además, la experiencia directa de fenómenos climáticos extremos mejora la conciencia de las personas y, por lo tanto, altera sus actitudes hacia el cambio climático (13-15).
Si bien los gobiernos nacionales, las organizaciones internacionales y las empresas serán los responsables de asumir la mayor parte de la tarea de abordar el cambio climático, no se debe subestimar la importancia de la acción y el compromiso individuales (11). La percepción del riesgo influye en la formulación de políticas climáticas y generará apoyo a las iniciativas de adaptación y mitigación. Sin embargo, para influir en el conocimiento y la opinión pública, es necesario saber más sobre las razones por las que las personas tienen actitudes y percepciones divergentes en relación con el cambio climático y sus posibles consecuencias (13-16). Por ello, debido a su carácter multifactorial y complejo, debe ser comprendida con claridad para mejorar la participación de la comunidad en la gestión de los riesgos relacionados con el cambio climático (17-18).
Desde un enfoque bibliométrico, el impacto del cambio climático ha cobrado relevancia en los últimos años. Un estudio que incluyó 4 429 artículos obtenidos de la base de datos Web of Science estableció que la mayoría de las publicaciones se realizaron durante el periodo de 2016 a 2022, destacando la revista Climatic Change como la más dominante. Asimismo, la mayoría de las investigaciones se originaron en los EE. UU., Inglaterra y Australia (19). Sin embargo, los estudios bibliométricos basados en la producción científica indexada en Scopus no han sido realizados.
El estudio tiene como objetivo examinar la producción científica respecto a la percepción del riesgo del cambio climático en la base de datos Scopus durante el periodo 2000-2024. A través de este análisis, se pretende identificar patrones de publicación, redes de colaboración y tendencias temáticas que impulsen iniciativas globales de acción climática. En ese sentido, aumentar la conciencia sobre el cambio climático se considera a menudo un paso necesario en las primeras etapas del proceso de adaptación, ya que permite gestionar sus impactos y reducir la vulnerabilidad general (20). Por lo tanto, el presente estudio permite establecer las tendencias, actores clave y vacíos en la literatura científica respecto a la percepción de riesgo del cambio climático, brindando una comprensión integral para la acción climática.
MATERIALES Y MÉTODOS
Este estudio se basa en un análisis bibliométrico de la producción científica sobre la percepción del riesgo climático, publicado entre los años 2000 y 2024, utilizando como fuente exclusiva la base de datos Scopus. Además, se incluyeron únicamente documentos clasificados como artículos científicos escritos en idioma inglés, excluyéndose editoriales, actas de congreso, revisiones o capítulos de libro. La selección temporal permite observar cambios antes y después de eventos clave, como el Acuerdo de París (2015) y la pandemia de COVID-19.
Estrategia de búsqueda documental
La búsqueda bibliográfica se realizó en marzo de 2025, utilizando una ecuación sintáctica avanzada compuesta por tesauros y términos clave. La ecuación final fue:
TITLE-ABS-KEY ( ( "climate change" OR "global warming" OR "climate crisis" ) AND ( "risk perception" OR "perceived risk" OR "perceived climate risk" OR "threat perception" OR "cognitive appraisal" OR ( "risk" W/3 ( "awareness" OR "concern*" OR "worr*" OR "affect*" OR "belief*" OR "judgment" OR "apprais*" OR "attitude*" OR "anxiety" ) ) ) ) AND PUBYEAR > 1999 AND PUBYEAR < 2025 AND ( LIMIT-TO ( DOCTYPE , "ar" ) ) AND ( LIMIT-TO ( LANGUAGE , "English" ) )
Esta búsqueda arrojó un total de 4 172 documentos científicos, que constituyen el corpus oficial de este estudio. A lo largo del proceso analítico se eliminaron duplicados y registros incompletos, dando como resultado en un corpus final de 3 904 artículos.
Procedimiento metodológico
El procedimiento se desarrolló en cuatro etapas principales:
1. Se eliminaron registros duplicados y aquellos con metadatos incompletos (título, autor, año, palabras clave), utilizando filtros en Python y verificación manual en Microsoft Excel. Los nombres de autores e instituciones fueron normalizados para evitar fragmentación. Las Author Keywords fueron procesadas con técnicas de lematización y stemming mediante las bibliotecas spaCy y nltk, agrupando términos equivalentes bajo una forma base.
2. Se calcularon diversos indicadores bibliométricos: producción anual de artículos, revistas más activas, autores e instituciones con mayor productividad y países más productivos. Para ello, se utilizó el paquete Bibliometrix de R Studio.
3. Se efectuó el análisis temático por coocurrencia de palabras clave. Para ello, Se construyó una matriz binaria Documento × Palabra Clave, filtrando los términos con ≥15 apariciones. Sobre esta matriz se aplicó el algoritmo K-Means (k = 5) para identificar clústeres semánticos. Los clústeres fueron visualizados mediante mapas de red utilizando NetworkX (Python) y VOSviewer.
4. Conforme al modelo propuesto por Callon et al. (21), los clústeres fueron clasificados en cuatro categorías: temas motores, temas básicos, temas especializados y temas emergentes o en declive (21). Cada clúster fue evaluado considerando dos dimensiones: la centralidad, entendida como el grado de conexión con otros temas dentro del campo, y la densidad, que representa el nivel de cohesión interna del clúster.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
La presente sección expone los hallazgos obtenidos a partir del análisis bibliométrico de la literatura científica sobre percepción del riesgo climático en el periodo 2000-2024. A través del procesamiento de 3 904 artículos indexados en la base de datos Scopus, se identificaron patrones de coocurrencia temática, configuraciones de colaboración científica y trayectorias evolutivas del campo.
El análisis de coocurrencia se aplicó a las palabras clave del autor, considerando únicamente aquellas con al menos 15 ocurrencias en el corpus. Se aplicó el algoritmo K-Means (k = 5) para detectar patrones semánticos y generar una clasificación temática. Como resultado, los 30 términos más frecuentes fueron: climate change, risk perception, adaptation, vulnerability, behavior, resilience, anxiety, communication, mental health, fear, media, pro-environmental behavior, health, eco-anxiety, cognitive appraisal, worldviews, climate justice, beliefs, social inequality, affect, coping, risk, heatwaves, cultural cognition, marginalized communities, trust, china, adaptive capacity, sea level rise y public understanding. Estos conceptos conforman el núcleo semántico sobre el que se estructuraron los cinco grupos temáticos que se detallan a continuación.
La Figura 1, presenta la red proyectada mediante reducción de dimensionalidad (t-SNE), donde los nodos representan términos clave y los colores corresponden a los cinco grupos temáticos identificados. El Clúster 1 se centra en los procesos psicológicos y afectivos implicados en la percepción del riesgo climático. Destacan variables como la ansiedad, el miedo o la preocupación, así como la evaluación cognitiva de amenazas, en la que influyen en la toma de decisiones y en la disposición a adoptar comportamientos adaptativos. El Clúster 2 se orienta a los vínculos entre percepción del riesgo y comportamiento proambiental, incluyendo investigaciones sobre adaptación individual o colectiva, barreras conductuales y autoeficacia percibida. El Clúster 3 se relaciona con los determinantes estructurales de la vulnerabilidad, abordando desigualdades sociales, marginación y justicia climática, especialmente en poblaciones del sur global. El Clúster 4 explora las conexiones entre cambio climático, salud pública y bienestar psicológico, considerando fenómenos como la ecoansiedad o los efectos del estrés térmico. El Clúster 5 se enfoca en la influencia de los medios de comunicación, ideologías y las creencias culturales en la percepción del riesgo.
La Figura 2, ilustra el posicionamiento estratégico de los cinco clústeres temáticos derivados del análisis de coocurrencia de palabras clave utilizando el modelo de Callon (21). Según estos criterios, el Clúster 1, correspondiente a la percepción cognitiva y afectiva del riesgo, se ubica como “tema motor” al presentar alta centralidad y densidad, lo que lo posiciona como un núcleo consolidado y transversal articulador del campo.
El Clúster 2, enfocado en la adaptación y el comportamiento proambiental, se clasifica como “tema básico”: goza de alta centralidad, pero baja densidad, lo cual indica una línea de investigación fundamental, aunque aún en desarrollo teórico. Por su parte, el Clúster 3, relativo a la salud mental y la ecoansiedad, aparece como “tema emergente”, con baja centralidad y densidad, lo que refleja su carácter incipiente y creciente tras la pandemia del COVID-19. El Clúster 4, centrado en justicia climática y vulnerabilidad social, se identifica como un “tema especializado”, caracterizado por una alta densidad, pero baja centralidad, lo que sugiere un núcleo sólido, aunque aún periférico respecto al discurso dominante.
Finalmente, el Clúster 5, vinculado a medios, comunicación y cognición cultural, ocupa una “zona de transición”, con valores intermedios de centralidad y densidad, lo que sugiere un enfoque emergente con potencial de integración interdisciplinar.
La Figura 3, muestra la evolución temporal de los 10 términos más dinámicos en la literatura científica sobre percepción del riesgo climático, analizados a lo largo de tres periodos: 2000-2009, 2010-2017 y 2018-2024. Se observa que el término climate change experimenta un crecimiento exponencial, superando los 1200 documentos en el último periodo, lo que lo consolida como eje articulador transversal de la literatura. Risk perception mantiene una tendencia ascendente constante, confirmando su papel como mediador cognitivo entre el conocimiento científico y las respuestas adaptativas. Los términos adaptation y climate change adaptation muestran un incremento significativo posterior a 2010, en consonancia con el fortalecimiento de políticas de resiliencia y la tecnificación del discurso adaptativo tras el Acuerdo de París.
La Figura 4, presenta la red de cocitación compuesta por cuatro clústeres que corresponden a escuelas teóricas y aproximaciones dominantes en el campo. El Clúster 1, de color verde, está conformado por autores como Paul Slovic, Baruch Fischhoff, Elke Weber, R.E. Dunlap e Irene Lorenzoni, y representa la línea de la psicología del riesgo y la cognición ambiental. El Clúster 2, en rojo, está centrado en la gobernanza climática, adaptación y vulnerabilidad. Destacan figuras como Neil Adger, M. Hulme y S. Moser, así como la fuerte presencia institucional del IPCC. El Clúster 3, en azul, refleja una orientación empírica y regional, especialmente en Asia, con autores como Wang Y., Zhang Z., Liu J. y Chen H. Por su parte, el Clúster 4, en amarillo, agrupa a autores dedicados al estudio de la percepción cultural y la comunicación del riesgo, como Dan Kahan, Mary Douglas, Thomas Dietz y Anthony Leiserowitz.
La Figura 5, presenta la red de colaboración internacional basada en coautorías. El tamaño de los nodos representa el volumen de publicaciones, mientras que los colores representan comunidades regionales o geopolíticas, identificadas mediante un algoritmo de modularidad. Estados Unidos, Reino Unido y China se destacan como nodos centrales, debido a su alta producción científica y amplias conexiones internacionales. Se observa una tendencia creciente de la colaboración Norte-Sur, evidenciada por la integración de países como India, Sudáfrica, Brasil y Kenya, especialmente en investigaciones relacionadas con vulnerabilidad climática, justicia ambiental y resiliencia comunitaria. En América Latina, países como Argentina, Uruguay, Perú y Ecuador conforman una comunidad cooperativa incipiente, con vínculos crecientes con Europa y Norteamérica. Otras comunidades regionales que destacan son: Europa central, África anglófona y Asia Oriental.
Discusión
El análisis bibliométrico revela un campo en expansión reciente, donde la producción sobre percepción del riesgo climático aumentó notablemente tras el Acuerdo de París de 2015 y la crisis de la COVID-19, concentrada en el norte global, en línea con estudios bibliométricos recientes (19). Este patrón sugiere que la comprensión actual del riesgo climático se ha gestado en contextos desarrollados, lo que subraya la necesidad de integrar perspectivas culturales al analizar percepciones en contextos diversos.
Temáticamente, el diagrama estratégico de Callón confirma un clúster central de enfoque psicológico-cognitivo, que presenta una alta densidad y centralidad. Esto indica que la percepción del riesgo climático está fuertemente vinculada a factores psicológicos (9, 19, 22). Modelos recientes integran lo cognitivo, experiencial y sociocultural. Estudios destacan la importancia de factores psicológicos como el afecto y la experiencia personal en la percepción del riesgo climático (9, 11, 23). Sin embargo, el reto teórico es integrar estos hallazgos en modelos completos. Un aporte relevante es el estudio de Van der Linden et al. (9), cuyo modelo completo de percepción del riesgo del cambio climático (CCRPM) puede explicar casi el 70 % de la varianza en la percepción del riesgo usando variables cognitivas y afectivas. Sin embargo, subraya la necesidad de considerar contextos culturales y mediáticos para explicar la disposición conductual (9, 24).
El clúster sobre adaptación y comportamientos proambientales emerge como básico (alta centralidad, baja densidad), lo que sugiere un tema fundamental en desarrollo. Diversos estudios demuestran que una mayor percepción del riesgo conlleva una mayor intención de implementar medidas de adaptación (10, 25-27). Además, la evidencia reciente sugiere que las conductas de adaptación exitosas pueden reducir la percepción del riesgo futuro (28). En el nivel de conductas individuales, las personas con mayor percepción del riesgo son más propensas a adoptar comportamientos de adaptación, mediados por otros factores como la preocupación, el escepticismo y la sensación de impotencia (25). Asimismo, las conductas colectivas para la adaptación climática son eficaces cuando existe una convergencia en la percepción de las anomalías climáticas dentro de una comunidad. Esta comprensión compartida puede impulsar los esfuerzos colectivos de adaptación (29). Cabe mencionar que la confianza institucional y comunitaria también influyen en la disposición de adoptar conductas adaptativas (30-31). Estrategias eficaces de comunicación y educación son esenciales para mejorar la comprensión y el apoyo del público a las medidas de adaptación (32, 33).
El clúster de justicia climática y vulnerabilidad social se sitúa como especializado (alta densidad, baja centralidad), reflejando un núcleo sólido sobre desigualdades, aunque periférico (19). En ese sentido, la literatura distingue grupos vulnerables (indígenas, discapacitados, mujeres, bajos ingresos) con mayores riesgos climáticos (34-36). Dado que el cambio climático se considera cada vez más desde la perspectiva de la justicia social, se pone énfasis en la necesidad de abordar las barreras sociales y estructurales para mejorar la equidad en las soluciones climáticas (37, 38). También, la justicia climática adquiere una relevancia creciente en la comunicación y la defensa del cambio climático. Sin embargo, existe un conocimiento limitado acerca de la interpretación pública del concepto o su repercusión en los diversos colectivos (39). Cabe mencionar que la creencia en la justicia climática se asocia con el apoyo a la acción y las políticas climáticas. Esta conexión es más fuerte en países con altas emisiones de gases de efecto invernadero y donde la desigualdad social tiene mayor relevancia política (39).
El clúster de salud pública y ecoansiedad aparece como emergente (baja densidad y centralidad), lo que refleja su carácter incipiente pero creciente interés. En años recientes ha crecido la atención hacia los efectos psicológicos del clima (40). Estudios recientes se han centrado cada vez más en los impactos psicológicos del cambio climático, en particular la ecoansiedad, que se caracteriza por la angustia relacionada con las preocupaciones ambientales (41-44). Se manifiesta a través de ansiedad, tristeza, enojo y desesperanza, y se ha vinculado a síntomas de ansiedad y estrés clínicos (45). Puede generar comportamientos tanto adaptativos como desadaptativos. Si bien puede motivar acciones proambientales, también puede generar mecanismos de afrontamiento desadaptativos, como el abuso de sustancias (43, 46-48).
En cuanto al clúster de medios de comunicación y cognición cultural, es un tema en transición, aunque con centralidad y densidad moderadas. Estudios previos han mostrado que los marcos culturales influyen decisivamente en la percepción del riesgo (49). Esto se debe a que las percepciones del riesgo están profundamente arraigadas, las cosmovisiones culturales e interacciones sociales, que incluyen creencias fundamentales sobre la sociedad y la naturaleza, influyen en la viabilidad y la aceptabilidad de las estrategias de adaptación climática (12). Estas visiones del mundo ayudan a diagnosticar las barreras a la adaptación al cambio climático y mejoran la comunicación a través de entendimientos compartidos (12). Sin embargo, los mensajes culturalmente incongruentes pueden envalentonar la oposición y dificultar la viabilidad de las políticas (49). Cabe agregar que la cobertura mediática influye en la percepción del riesgo. La exposición a las redes sociales desempeña un papel crucial en la configuración de la percepción del riesgo del cambio climático. Las diversas opiniones y la conexión con líderes de opinión ambiental en redes sociales predicen positivamente la percepción del riesgo (50).
Futuras líneas de investigación deberían explorar en profundidad las dimensiones socioculturales que modulan la percepción del riesgo asociado al clima y las conductas de mitigación, integrando dimensiones cognitivas, emocionales y estructurales. Más específicamente, se debe prestar mayor atención a la construcción de modelos predictivos más integrados, a la mejora de la educación sobre el clima que pueda llevar al cambio de comportamiento, y a la inclusión de enfoques de justicia climática que consideran la heterogeneidad social y los efectos de las políticas. También debería investigarse a fondo la ecoansiedad como un problema de salud pública, utilizando herramientas validadas y estrategias psicosociales y explorar el papel de los algoritmos, las redes sociales y los marcos culturales en la formación de percepciones del riesgo climático y acción colectiva.
Una limitación que presente el estudio es el uso exclusivo de la base de datos Scopus, lo que podría omitir investigaciones pertinentes de regiones o fuentes alternativas. Además, la metodología bibliométrica cuantitativa limita la capacidad de discernir sutilezas cualitativas esenciales en la interpretación cultural y contextual del riesgo climático.
CONCLUSIONES
La percepción del riesgo climático ha demostrado ser un constructo de alta relevancia científica, pues constituye un nexo fundamental entre el conocimiento científico del cambio climático y la respuesta social ante la crisis. El análisis bibliométrico muestra un crecimiento sostenido del campo, especialmente a partir del Acuerdo de París (2015), concentrado principalmente en países del norte global.
La estructura temática detectada (cinco clústeres interconectados) destaca que la investigación sobre la percepción cognitivo-afectiva del riesgo emerge como el núcleo articulador de la literatura (tema motor), evidenciando que los procesos mentales y emocionales son centrales en el estudio del riesgo climático. Por su parte, la literatura sobre adaptación y comportamientos proambientales aparece como tema básico en desarrollo, indicando que la percepción de riesgo contribuye a la intención y a las acciones de adaptación. Además, el análisis de redes de colaboración confirma la preeminencia del eje Estados Unidos-Reino Unido-Australia-China y una estructura académica centrada en instituciones anglófonas.
Al cartografiar patrones de colaboración y áreas temáticas, este trabajo enriquece el conocimiento bibliométrico existente y ofrece a la comunidad académica y a los tomadores de decisión una base informada para entender las tendencias de la disciplina. Sus hallazgos pueden orientar estrategias de investigación y políticas que integren percepción del riesgo, adaptación y justicia climática.
CONFLICTO DE INTERESES.
Los autores declaran que no existe conflicto de intereses para la publicación del presente artículo científico.



















