INTRODUCCIÓN
La violencia de pareja se presenta en la actualidad como un problema social y de salud pública sumamente grave, que afecta a millones de personas en el mundo, con importantes secuelas para el bienestar físico, psicológico y social de sus víctimas (Chester y DeWall, 2018)). La VP en estudiantes universitarios tiene características propias, debido a la etapa que atraviesan, ellos se encuentran en la búsqueda de la identidad, independencia y en caminos para establecer relaciones afectivas sanas (Coker et al., 2016). Evidencias actuales sugieren que un 20% hasta el 50% de los estudiantes universitarios han manifestado padecer algún tipo de violencia en su relación de pareja, ya sea física, psicológica o sexual, la cual pone de manifiesto una prevalencia importante en este colectivo de edad media (Amar et al., 2021; Shorey et al., 2022; Caridade et al., 2023).
Estas evidencias son complicadas por la existencia de la normalización de conductas abusivas, la dependencia emocional y el uso intensivo que se da actualmente a las tecnologías de la comunicación por parte de la juventud y de los propios estudiantes universitarios, que pueden ayudar a potenciar actitudes de control y conductas de hostigamiento (Martínez-Pecino y Durán, 2019). La VP tanto en varones como en mujeres, no sólo pone en riesgo su salud y su bienestar, sino que además limita su rendimiento académico y su desarrollo personal, perpetuando patrones de violencia con el tiempo a partir de sus relaciones de pareja que afectan a la vida adulta.
La violencia fundamentada en el género representa un obstáculo fundamental para la obtención de una sociedad equitativa y sostenida (Naciones Unidas, 2015). Dentro del entorno universitario, la violencia en las relaciones de pareja genera desigualdades de poder y ciclos de prácticas violentas que trascienden lo privado (Shorey et al., 2011). La violencia de pareja en estudiantes universitarios ha sido documentada como un fenómeno de alta prevalencia y de gran preocupación. Un estudio mundial llevado a cabo por Smith et al. (2020) estima que alrededor del 42% de estudiantes universitarios han declarado haber sido víctimas de algún tipo de VP durante su trayectoria académica, siendo la violencia psicológica la más común (34%); le sigue la violencia física (16%) y la sexual (12%).
En países de América Latina, investigaciones recientes han documentado prevalencias similares. Un estudio en Brasil estimó que el 48% de los estudiantes universitarios han declarado haber padecido algún episodio de VP, predominando la violencia emocional (Vieira et al., 2021). En Estados Unidos, un meta-análisis llevado a cabo por Shorey et al. (2022) mostró que entre el 20% y el 50% de los universitarios han padecido de algún episodio de violencia por parte de sus parejas; esto pone de manifiesto el hecho de que esta problemática supera las fronteras y los contextos culturales. Esta información refleja el urgente abordaje de la VP como un problema estructural que afecta, no solo la salud y el bienestar de las víctimas, sino su desempeño en el ámbito académico y la capacidad para establecer relaciones afectivas saludables.
La violencia de pareja en la población estudiantil peruana, es un hecho alarmante que afecta a hombres y mujeres. Estudios recientes consideran que la VP puede llegar a ser considerada un fenómeno social con índices de hasta un 70% (Horna, 2020). Las agresiones se relacionan con factores asociados a la inmadurez emocional, el learning by observation y el estrés académico, las dinámicas de control, celos y coerción son repercusiones frecuentes de estas relaciones (Montoya et al., 2021). Estas cifras evidencian la necesidad de implementar intervenciones integrales en las universidades, con programas de educación sobre relaciones saludables, detección precoz y atención psicológica, con el fin de prevenir y reducir las consecuencias en la juventud peruana.
An et al. (2024) revisan la frecuencia de intervenciones preventivas relacionadas a la violencia de pareja en estudiantes universitarios integrando factores de riesgo desde una mirada multinivel. A pesar de que un 44 % de los estudios realizó evaluaciones de resultados conductuales relevantes, como la reducción de la perpetración de la violencia o del uso de habilidades socioemocionales, la mayor parte se centra en aumentar la concienciación y reforzar los roles de los testigos. Castillo y Gutiérrez (2024), observan que la violencia en la pareja está asociada a la dependencia emocional, una condición psicológica marcada por una alta ansiedad ante el abandono, vinculada a comportamientos parentales disfuncionales y a la calidad del apego que se ha desarrollado hacia los padres o cuidadores, lo que predispone a generar relaciones de pareja con apego excesivo.
Se observa que las personas que tienen una alta resiliencia desempeñan un papel protector, ya que son capaces de llevar a cabo relaciones de pareja más sanas y con un mayor grado de autonomía emocional (Straus, 1977). Existen tácticas de tipo psicológico que utilizan los maltratadores para poder controlar a sus parejas íntimas a partir de desarrollar maneras de control como las prohibiciones, el chantaje emocional, la manipulación gestionada por la responsabilidad sobre los episodios de maltrato. Las tácticas de monitorización son las más usadas, las cuales involucran vigilar de forma continua las conductas de la pareja, controlar los acontecimientos que la rodean, manteniendo con esto el ciclo de maltrato (Ramírez et al., 2022).
Desde las posturas teóricas, se describe diversas perspectivas que procuran explicar la naturaleza del fenómeno, es así que se ubica la teoría de la socialización (Reyes et al., 2014) esta también ha sido utilizada para dar cuenta de cómo, mediante la interiorización de normas sociales y culturales, se puede dar espacio a ciertas pautas de comportamiento agresivo, sobre todo en aquellas sociedades en las que está tolerado, e incluso incentivado el uso de la violencia para la resolución de conflictos (Ramírez et al, 2022). Dentro del contexto universitario, investigaciones recientes han evidenciado que el estrés académico y las presiones sociales pueden hacer a los estudiantes más propensos a reproducir patrones de violencia en sus relaciones, lo que subraya la necesidad de poner en marcha ciertas acciones (An et al.,2024).
Se han valorado otros enfoques que integran factores biológicos y psicológicos, atendiendo a teorías evolutivas o a estudios de genética que aseveran que la violencia de pareja está estrechamente vinculada con predisposiciones biológicas y epigenéticas, esto es, a cambios en los niveles de serotonina y testosterona que están relacionados con la agresividad (Chester y DeWall, 2018), así como también teorías sobre el estrés y los factores neurobiológicos que relacionan la violencia con disfunciones cerebrales, como lesiones en la corteza frontal o alteraciones hormonales asociadas que pueden ser fundamentales para orientar la agresión en su pareja.
Dentro del estudio de la violencia de pareja (VP), diversas teorías han intentado explicar sus causas y dinámicas. La más influyente es la teoría feminista (Bell y Naugle, 2008), la cual sostiene que la violencia en las relaciones de pareja se encuentra intrínsecamente vinculada a la existencia de estructuras patriarcales y la desigualdad de género. Desde esta perspectiva, la VP es concebida como una manifestación de la dominancia masculina y la subordinación femenina, enmarcándose dentro de un sistema social que perpetúa estas jerarquías (Dobash y Dobash, 1978). Sin embargo, esta teoría ha sido criticada por centrarse principalmente en la mujer como víctima, sin considerar la bidireccionalidad de la violencia.
La teoría del poder plantea que las desigualdades de poder dentro de la relación pueden generar tensiones que desembocan en episodios de violencia (Anderson, 2005). Se ha observado que tanto hombres como mujeres pueden ejercer y experimentar violencia en la pareja, lo que sugiere la necesidad de un enfoque más equitativo para comprender el problema. Se ha identificado que, aquellos individuos que han experimentado violencia durante su infancia tienen una mayor tendencia a producir patrones en sus relaciones adultas, lo que refuerza la complejidad del fenómeno (Straus, 1977; Sagrestano et al., 1999).
Desde un enfoque multidimensional, algunas teorías evolucionistas y biológicas sugieren que ciertos factores neurobiológicos y hormonales influyen en la manifestación de la violencia de pareja. Alteraciones en el funcionamiento cerebral, la presencia de sentimientos de impotencia o desequilibrios hormonales han sido identificados como elementos que pueden contribuir al desarrollo de comportamientos violentos en las relaciones (Chester y DeWall, 2018). Esta perspectiva propone una visión más integradora del fenómeno, en la que se combinan factores socioculturales, psicológicos y biológicos para comprender mejor esta dinámica de la violencia (Wincentak et al., 2017).
La violencia de pareja en la población universitaria representa una problemática social de gran relevancia, cuyas implicaciones trascienden el ámbito individual para afectar la dinámica de la comunidad educativa en su conjunto (Whitaker y Lutzker, 2009). Este fenómeno no solo compromete la integridad física y psicológica de las víctimas, sino que también interfiere negativamente en el rendimiento general de los diversos aspectos de su vida, produciendo un impacto significativo en su bienestar general (Bonomi et al., 2006; Coker et al., 2016). A diferencia de enfoques previos que consideraban la violencia de pareja como un fenómeno predominantemente masculino, investigaciones recientes han evidenciado la bidireccionalidad de esta problemática, lo que subraya la importancia de adoptar una perspectiva integradora que reconozca tanto a hombres como a mujeres como posibles perpetradores y víctimas de la violencia dentro de la relación de pareja (Sagrestano et al., 1999; Straus, 1977).
El entorno universitario presenta factores de riesgo específicos que pueden intensificar la manifestación de la violencia en la pareja, tales como el estrés académico, la presión social y la inestabilidad emocional propia de esta etapa del desarrollo (An et al., 2024). La teoría del poder ha sido clave para comprender cómo las desigualdades de poder dentro de la relación pueden contribuir a la escalada de conflictos y a la perpetuación de la violencia (Sagrestano et al., 1999). Desde un enfoque biopsicosocial, se ha sugerido que la interacción entre factores neurobiológicos, patrones de socialización y experiencias previas de violencia pueden incidir en la propensión de los jóvenes a involucrarse en dinámicas de abuso dentro de sus relaciones (Chester y DeWall, 2018; Shorey et al., 2011).
Toda esta problemática hace que se genere la pregunta ¿cuál es la repercusión que produce la violencia de pareja en los estudiantes universitarios? En base a lo anterior, se propuso como objetivo general Identificar el impacto de la violencia de pareja en estudiantes universitarios.
METODOLOGÍA
El trabajo que se presenta en esta investigación es teórico. En otras palabras, las intenciones son sintetizar y analizar la evidencia existente sobre la violencia de pareja en estudiantes universitarios desde una perspectiva crítica y reflexionada. El diseño utilizado corresponde a la revisión que recoge, evalúa y sintetiza información relevante de estudios previos, a partir de unos estándares metodológicos establecidos (Page et al., 2021). Tal diseño se muestra adecuado para estudiar problemáticas complejas como la violencia de pareja, al poner de manifiesto tendencias, vacíos de conocimiento y patrones recurrentes en la literatura científica.
La población a estudio estuvo constituida por artículos científicos publicados entre los años de 2020 y 2024 en revistas científicas de investigación indexadas que abordaran la temática de la violencia de pareja en la población universitaria. La muestra final estuvo constituida por estudios seleccionados mediante un muestreo no probabilístico, siguiendo criterios de inclusión y exclusión previamente definidos. Los criterios de inclusión serían aquellos estudios que fueran publicados en lenguaje español, inglés y portugués, aquellos estudios empíricos de enfoque cuantitativo, experimentales, relacionales, descriptivos y aquellos que abordan directamente la violencia de pareja en la población universitaria. Se excluyeron revisiones narrativas, los estudios duplicados o aquellos que no cumplieran los estándares de calidad metodológica que se determinaba mediante la herramienta PRISMA 2020 (Page et al., 2021).
Con el propósito de recopilar información, se tomaron bases de datos académicas de acceso abierto, así como suscripción, como Scopus, PubMed, Web of Science y Scielo. La estrategia de búsqueda empleó términos controlados y no controlados a partir de las siguientes palabras clave: "violence in intimate relationships", "university students", "dating violence", y en español, sus equivalentes, utilizando operadores booleanos AND y OR. También se usó la herramienta Rayyan para la gestión y selección de los artículos, y facilitar, así, el proceso de tamizaje y análisis (Ouzzani et al., 2016).
La recogida de la información se llevó a cabo mediante la técnica del análisis documental, que permitió el análisis de una forma sistemática de los estudios que fueron seleccionados de forma tal que se pueden identificar, evaluar y sintetizar los datos relevantes con respecto a la violencia de pareja en estudiantes universitarios. Dicha técnica es una de las más útiles dentro de las revisiones sistemáticas, de ahí que nos ayude a tener una comprensión de los fenómenos investigados (Bowen, 2009).
Los instrumentos que se utilizaron fueron una lista de verificación del procedimiento, que fue elaborada con la finalidad de evaluar la calidad metodológica de los estudios que se encontraron en la muestra seleccionada. Dicha lista de verificación fue modificada con base en las directrices establecidas por la declaración PRISMA 2020 (Page et al., 2021), con criterios relacionados con: precisión de los objetivos de los estudios; descripción de las variables; pertinencia de las conclusiones. La información que fue recolectada fue organizada en una matriz de análisis, que fue utilizada para facilitar el registro sistemático de las características de los estudios: autores, año de publicación, tipo de diseño metodológico, muestra, resultados a los que llegaron los autores. Esta matriz fue utilizada para detectar patrones comunes, tendencias y huecos en la literatura, y que también sirvió para poder inferir de una manera más rigurosa la interpretación de los resultados.
El ejercicio de revisión sistemática superó las indicaciones estipuladas por la declaración PRISMA 2020 (Page et al., 2021). En la fase primera, se reconoció la problemática a investigar, se delimitó el tipo y diseño de investigación, para proponer objetivos a alcanzar y que brinden respuesta a la pregunta de investigación, luego se definieron las palabras claves y se llevó a cabo el diseño estandarizado de una alta estrategia de búsqueda que se realizó en las bases de datos elegidas. A continuación, se ejecutó la eliminación de duplicados y una lectura preliminar de los títulos y de los resúmenes para verificar la relevancia de los mismos. Los estudios aptos, fueron sometidos a un análisis pormenorizado mediante listado de chequeo según criterios de calidad metodológica.
En la fase final, los artículos seleccionados fueron extraídos en una matriz sistemática que contenía información relativa a los objetivos, la metodología, los hallazgos principales. Dicha transversal permitió proporcionar patrones recurrentes y brechas en la literatura que se discutieron en una relación con las teorías modernas de violencia de pareja y de población universitaria. Se identifica en la búsqueda un total de 63 artículos, tras el análisis en las bases de datos previamente mencionadas, eliminándose algunos ya que se duplicaban o no correspondían a los lineamientos requeridos.
En la figura 1 se aprecia el proceso de selección de la muestra, en la cual se puede reconocer que en la búsqueda inicial se encontraron 142 artículos, sin embargo, estos fueron filtrados según los criterios establecidos, alcanzando una muestra final de 25, los cuales cumplen los estándares solicitados para la investigación.
DESARROLLO Y DISCUSIÓN
La revisión sistemática realizada permitió identificar los principales patrones, manifestaciones y factores asociados a la violencia de pareja en el ámbito universitario. Los estudios analizados evidencian que este fenómeno no se limita a la violencia física, sino que incluye dimensiones psicológicas, emocionales, sexuales y digitales, configurando un problema complejo que afecta significativamente el bienestar y la salud mental de los estudiantes. La literatura coincide en señalar que la etapa universitaria constituye un periodo de transición en el que se consolidan las primeras relaciones afectivas adultas, lo que puede incrementar la vulnerabilidad ante dinámicas de poder desiguales y conductas violentas normalizadas.
En esta sección se examinan los hallazgos empíricos más relevantes, destacando la prevalencia, los factores de riesgo y las diferencias de género presentes en las relaciones de pareja universitarias. Asimismo, se contrastan los resultados con los principales modelos teóricos sobre violencia interpersonal, como el modelo ecológico y la teoría del aprendizaje social, con el fin de ofrecer una comprensión integral del fenómeno. Finalmente, se discuten las implicaciones de estos hallazgos para el diseño de estrategias preventivas y programas de intervención en el contexto universitario, así como las limitaciones metodológicas detectadas en los estudios revisados.
Los rasgos de personalidad son un factor definitorio sobre la manera de concebir y asumir la violencia de pareja. Se encuentra que la violencia verbal y sexual, así como la victimización cibernética, tienen incidencia en la resiliencia y la felicidad en estudiantes universitarias. Además, las víctimas tienden a normalizar conductas de lo que haría difícil la identificación; sumado a que, el consumo de alcohol y los antecedentes de violencia en el hogar son predictores significativos.
Las investigaciones centradas en violencia relacional en parejas en el colectivo universitario tienen su origen en Estados Unidos (5 trabajos), seguido de España (4 trabajos) y Turquía (3 trabajos), lo que da cuenta del interés en estas regiones. En el caso de otros países como Ecuador, China, Nigeria, Brasil, Corea del Sur, Canadá, Nepal y Arabia Saudita son 1 o 2 trabajos por países, lo que da cuenta de una menor producción científica en la materia o bien de posibles lagunas geográficas en la literatura.
Tabla 2. Consecuencias psicológicas y emocionales de la violencia de pareja en estudiantes universitarios

La violencia de pareja provoca un efecto directo sobre los síntomas depresivos; la exposición a la violencia verbal y sexual disminuye de forma significativa la resiliencia y los niveles de felicidad de las alumnas universitarias. Por otro lado, aumentan la probabilidad de aparición de trastornos del sueño y la ansiedad. Se identifica que, la dependencia emocional aumentaba la tolerancia al abuso y dificultaba la disolución de relaciones violentas.
Las indagaciones centradas en la violencia en el noviazgo de universitarios presentan una notable dimensión temporal y espacial. Espacialmente, la producción científica se encuentra focalizada casi por completo en EE. UU. (5), España (4) y Turquía (3), con escasa representación de otros espacios geográficos como América Latina, Asia o África, lo que evidencia la existencia de un grado de desigualdad en torno a la producción científica del tema. Temporalmente; se demuestra una escalada exponencial en 2024, año en el que se dan 19 de los 24 estudios, es decir, el 79% del total, mientras que, por el contrario, en 2022-2023 se dan 5 estudios en conjunto, lo que pone de manifiesto la aparición de un reciente interés en investigar el tema.
Este crecimiento podría estar relacionado con una mayor concienciación social sobre los problemas de género en la educación y con las prioridades de financiación a partir de la pandemia; es decir, aunque los resultados muestran que la producción científica aparece como una temática emergente a escala global, queda una gran distancia geográfica y una temporalidad reciente, ya que 2024 se presenta como el año en el que se está generando evidencia actualizada sobre el tema.
La violencia de pareja (VP) en universitarios/as constituye un problema de salud pública y social de mayores dimensiones, presentando importantes implicaciones para la salud física, psicológica y social de las personas víctimas (Medina y Moreto, 2021). Una práctica abusiva que es una realidad para un porcentaje considerable de estudiantes universitarios/as, comúnmente cifrado entre el 20% y el 50% (Amar et al., 2021; Shorey et al., 2022; Caridade et al., 2023) y que se ve ampliado por la normalización de actitudes y prácticas abusivas, la dependencia emocional y el uso intensivo de las tecnologías de la comunicación (Martínez-Pecino y Durán, 2019). Este escenario inquietarse por ¿cuál es la repercusión que produce la violencia de pareja en los estudiantes universitarios? Esta pregunta es crucial, pues los efectos de la VP no sólo alcanzan la salud física o mental de las personas víctimas, sino que también abarcan el rendimiento académico o la calidad de sus relaciones interpersonales.
Los resultados que se obtienen permiten resolver la pregunta formulada, es decir, los factores psicosociales que promueven la VP en universitarios/as son diversos y complejos. En este sentido son significativos los rasgos de personalidad, el neuroticismo que potencia los síntomas de depresión asociados a la violencia de pareja, mientras que la extroversión, la amabilidad y la responsabilidad pueden compararse con factores protectores (Chen et al., 2024), una combinación de conductas como la violencia verbal, la violencia sexual o la victimización cibernética que hace disminuir la felicidad y la resiliencia de los universitarios/as (Oydemir y Alan, 2024).
Estas aportaciones coinciden con la introducción, en la que se señala que el estrés académico y las presiones sociales determinan la importancia de asociar factores como la VP e individualizar a los universitarios/as para reproducir patrones de violencia en sus relaciones (An et al., 2024). De la misma manera, la normalización de prácticas abusivas (insultos, gritos...) complica la identificación de la VP y la perpetúa (Barroso-Corroto et al., 2023), brindando sentido a la idea de que la VP está sujeta a factores individuales y/o situacionales.
En lo que respecta a las repercusiones psicológicas y emocionales en el alumnado universitario se constata que la violencia en la pareja presenta un efecto directo en la salud mental, quedando reflejada en síntomas depresivos, ansiedad y alteraciones e insomnio (Chen et al., 2024; Odini et al., 2022). Igualmente, se percibe cómo la violencia verbal y sexual está asociada a descensos en la resiliencia y en la felicidad, y que la victimización a través de la red influye de forma determinante en la salud mental (Oydemir y Alan, 2024).
Esta evidencia es coherente con la que aparece en la introducción, donde se evidenció que la violencia verbal no es únicamente nociva para la salud física y psicológica de las víctimas, sino incluso para la adaptación académica y social (Bonomi et al., 2006). La dependencia emocional también se identifica como un factor que aumenta la tolerancia al abuso y la dificultad para dejar las relaciones violentas (Mendo-Lázaro et al., 2024), puesto que señalan una necesidad de intervenciones que sustenten no solamente la aparición de consecuencias emocionales, sino que tome en cuenta los estilos de pareja, siendo este un motivo suficiente para que se tomen medidas en su educación para la violencia de pareja.
Finalmente, en relación a las estrategias de prevención e intervención, los hallazgos sugieren que los programas de mediación psicológica y apoyo social son eficaces para la disminución de la VP (Chen et al., 2024). También hay que considerar la importancia de la identificación como señal de la violencia y de la cibervictimización y de la educación acerca de la violencia en el noviazgo para lograr la detección y la prevención de conductas abusivas (Oydemir y Alan Dikmen, 2024; Barroso-Corroto et al., 2023). Estos resultados están en consonancia con lo expuesto en la introducción, donde se muestra que las intervenciones preventivas deben abordar los factores de riesgo desde una concepción multinivel que integre estrategias de observación, de habilidades de relación sana, de resolución de conflictos, así como de comunicación efectiva (An et al., 2024). De igual manera, la cercanía emocional también debe ser tenida en cuenta en los programas de la prevención, dado que ese factor hace aumentar la tolerancia ante el abuso y complica la posibilidad de salirse de relaciones violentas (Mendo-Lázaro et al., 2024).
CONCLUSIÓN
La revisión permitió comprender que la violencia de pareja en estudiantes universitarios constituye un fenómeno complejo y multifactorial, ya que afecta tanto la salud mental en diferentes dimensiones, tales como el desarrollo personal y académico. Además, se evidenció que factores como la dependencia emocional, el consumo de alcohol, la normalización del abuso y el control digital, influyen en la persistencia de estas conductas mencionadas. Al mismo tiempo, rasgos de personalidad positivos, la resiliencia y el apoyo social actúan como elementos protectores que pueden mitigar su impacto.
El análisis de los estudios revisados, generan alerta en que las universidades asuman un rol activo en la prevención, mediante programas de educación emocional, detección temprana y atención psicológica oportuna. Promover relaciones afectivas saludables y fortalecer las habilidades socioemocionales del alumnado, se presenta como una vía necesaria y sobre todo de gran interés para futuras investigaciones.
CONFLICTO DE INTERESES.
La autora declara que no existe conflicto de intereses para la publicación del presente artículo científico.


















