INTRODUCCIÓN
En pleno siglo XXI la humanidad requiere una manera diferente de analizar la realidad, haciendo uso del pensamiento crítico como herramienta fundamental para enfrentar los cambios divergentes (Berrío et al., 2024). Particularmente en el contexto de la educación básica en América Latina, es indispensable formar estudiantes capaces de pensar críticamente para enfrentar los retos sociales y tecnológicos actuales. Por ello, las escuelas tienen el compromiso de promover un aprendizaje que permita a los estudiantes desarrollar habilidades cognitivas superiores, como el análisis, la evaluación y la reflexión independiente (Quique y Pérez, 2023). En concreto, el desarrollo del pensamiento crítico en estudiantes de educación básica resulta esencial para que puedan cuestionar y transformar la realidad que les rodea, adaptándose a los requerimientos de una sociedad cada vez más compleja (Velázquez et al., 2024).
Sin embargo, lograr este objetivo constituye un desafío importante para las instituciones educativas, debido, entre otros factores, a la carencia de estrategias pedagógicas específicas y a la insuficiente capacitación docente (González y Martínez, 2022). Por esta razón, se requiere que los planes educativos incluyan actividades orientadas a mejorar los procesos cognitivos fundamentales, tales como la inferencia y la interpretación, permitiendo que los estudiantes formulen juicios propios basados en razonamientos sólidos (Saavedra, 2024; Sofí et al., 2020).
Además, diversos estudios han evidenciado que el fomento del pensamiento crítico en la educación básica contribuye significativamente a la formación de ciudadanos activos y capaces de participar en la toma de decisiones informadas (López y Ramírez, 2021. Por ejemplo, Mendoza, (2023) señala que los estudiantes que desarrollan habilidades críticas tienden a mostrar mejor rendimiento académico y mayor autonomía en su aprendizaje. Estas evidencias resaltan la necesidad urgente de integrar el pensamiento crítico en los currículos escolares de manera sistemática y contextualizada.
Por ello, es necesario que los docentes muestren un nivel de preparación sobre cómo trabajar el pensamiento crítico en las aulas (Juárez et al., 2025), además la integración de la inteligencia artificial (IA) promueve un aprendizaje autorregulado, e hibrido que favorece el pensamiento crítico (PC) (Zhou et al., 2024; Al-Said et al., 2024). Esto permite que los estudiantes reflexionen continuamente sobre su actuar personal como socialmente (Maclatchy et al., 2025).
Por otro lado, es fundamental que este enfoque se incorpore como eje transversal en los documentos curriculares (Xie et al., 2025) aplicando metodologías activas, que fomenten el pensamiento crítico y la comunicación efectiva (Dias et al., 2024). Así mismo se debe implementar un enfoque de evaluación mediante preguntas abiertas donde los estudiantes puedan argumentar sus respuestas (Wilson y Defianty, 2024). Finalmente, para fortalecer el pensamiento crítico se deben aplicar técnicas creativas como la de los seis sombreros para pensar, que facilitan la toma de decisiones desde diferentes perspectivas (Oktaviani et al., 2024).
Por otro lado, es necesario que este enfoque se incorpore como eje transversal en los documentos curriculares (Xie et al., 2025), aplicando metodologías activas que fomenten el pensamiento crítico y la comunicación efectiva para defender posturas (Dias et al., 2024). Asimismo, la evaluación debe incluir preguntas abiertas que permitan a los estudiantes argumentar sus respuestas (Wilson y Defianty, 2024).
Por consiguiente, los docentes deben estar preparados para fomentar el pensamiento crítico (PC) en las aulas, utilizando metodologías activas que involucren a los estudiantes en procesos de análisis y reflexión. Estas estrategias, como el aprendizaje basado en proyectos y el trabajo cooperativo, promueven la participación y la autonomía, elementos indispensables para enfrentar los retos educativos actuales y la complejidad del mundo contemporáneo (Juárez et al., 2025).
En tal sentido el pensamiento crítico es una habilidad clave en los seres humanos para la toma de decisiones informadas (Koseni (Pograzha) et al., 2025), que facilita a los estudiantes en la búsqueda de soluciones de problemas reales (Shamboul, 2022). Se trata de un proceso complejo que requiere diversas actividades para su desarrollo, entre ellas la escucha crítica, que potencia la comprensión y evaluación reflexiva de ideas (Kartal et al., 2024; Baki, 2025).
Además, el PC implica el uso deliberado de habilidades cognitivas para reflexionar y tomar decisiones conscientes (Gadot y Tsybulsky, 2025). Su desarrollo es indispensable para formar ciudadanos capaces de participar activamente en procesos democráticos, una necesidad particularmente indispensable en el escenario educativo actual (Dessingué y Wagner, 2025). En esencia, el pensamiento crítico abarca la construcción de argumentos sólidos, la síntesis e interpretación de información y la resolución crítica de problemas, lo que permite a los estudiantes generar conclusiones válidas y fundamentadas (Raj et al., 2022).
Sin embargo, pese a su importancia, la incorporación efectiva del PC en la educación básica enfrenta desafíos, como la falta de evidencia empírica específica sobre su implementación y su vinculación directa con las problemáticas educativas que afectan la calidad y equidad del aprendizaje. Por esta razón, es necesario realizar estudios que fortalezcan su integración curricular y pedagógica para mejorar los procesos cognitivos y sociales de los estudiantes.
Diversos estudios destacan la influencia positiva de metodologías activas en el desarrollo del pensamiento crítico. Por ejemplo, el aprendizaje cooperativo facilita habilidades de orden superior en los estudiantes (Akihary et al., 2024), mientras que el aprendizaje basado en proyectos mejora el pensamiento crítico y promueve una actitud más analítica y reflexiva (Ospankulova et al., 2025; Berrío et al., 2024). Además, estudios desarrollados en España demostraron que la lectura frecuente incrementa el pensamiento crítico y la creatividad en los estudiantes (Morató, 2025).
No obstante, investigaciones en Indonesia señalan que la falta de un modelo evaluativo adecuado, centrado solo en competencias gramaticales y preguntas cerradas, limita el desarrollo del pensamiento crítico, por lo que es fundamental un cambio de modelo en la evaluación como una forma de potenciar aprendizajes críticos (Wilson y Defianty, 2024). Por ello, aunque hay consenso sobre el impacto positivo de ciertas estrategias pedagógicas, se requiere armonizar las prácticas de enseñanza y evaluación para garantizar que el pensamiento crítico se fomente de forma integral y efectiva.
En el contexto peruano, se evidencia que en las escuelas se vienen implantando metodologías tradicionales centradas en actividades memorísticas que dificultan el desarrollo del pensamiento crítico en los estudiantes (Saavedra, 2024). Asimismo, se reporta una falta de conocimiento por parte de los docentes sobre estrategias para incrementar el pensamiento crítico en sus educandos (Juárez et al., 2025). Sin embargo, investigaciones recientes indican que la elaboración de textos y lecturas de contexto permiten a los estudiantes tener un pensamiento crítico (Vela, 2025).
Dado lo anterior, surgen las siguientes preguntas de investigación que guían este estudio: ¿Cómo influye el entorno social en el desarrollo del pensamiento crítico en estudiantes de educación básica? ¿Qué actividades educativas favorecen este desarrollo? ¿Cuáles son los principales problemas que enfrentan aquellos estudiantes que no logran desarrollar el pensamiento crítico?
En respuesta a estas interrogantes, el presente estudio de revisión sistemática tiene como objetivo principal analizar los hallazgos y resultados de investigaciones previas sobre el desarrollo del pensamiento crítico en estudiantes de educación básica, con la finalidad de aportar evidencia actualizada y relevante que contribuya a la mejora de prácticas pedagógicas.
Esta revisión es relevante dado el contexto actual, marcado por cambios sociales y tecnológicos rápidos que exigen a los educandos desarrollar habilidades reflexivas y críticas para enfrentar escenarios complejos y divergentes (Campos y Rivera, 2024). A través del empleo de metodologías activas, se puede promover una conciencia crítica y responsable desde edades tempranas, integrando la interacción con materiales, juegos, pares y tecnologías, lo que favorece el razonamiento y la reflexión (Mahsun et al., 2025; Eang et al., 2025).
En este sentido, el desarrollo de esta investigación busca ofrecer un panorama sistematizado sobre las estrategias efectivas y las barreras detectadas para el fomento del pensamiento crítico en educación básica, facilitando a los actores educativos la toma de decisiones fundamentadas que impulsan el desarrollo de competencias cognitivas y sociales esenciales para los retos del siglo XXI.
Para ello, se realizó una búsqueda exhaustiva en bases de datos indexadas como Scielo, Ebsco y Scopus, privilegiando estudios recientes y rigurosos que aporten a la comprensión del tema.
METODOLOGÍA
El presente estudio adoptó la revisión sistemática como una metodología rigurosa y disciplinada, para examinar y sintetizar los estudios de la literatura sobre el pensamiento crítico de los estudiantes de la educación básica. Los procedimientos de búsqueda se realizaron en las bases de datos de Ebsco, Scopus y Scielo, ayudados por herramientas especializadas. utilizando operadores booleanos (AND, OR) y palabras claves específicas, tales como ("Pensamiento crítico" OR "Desarrollo del pensamiento crítico") AND "educación básica". Las búsquedas se limitaron al período comprendido entre enero de 2023 y mayo de 2025, en idiomas inglés y español, ya estudios con acceso abierto.
El proceso de selección siguió los lineamientos del protocolo PRISMA 2020 para garantizar la transparencia y reproducibilidad del estudio. Inicialmente, se identificaron 707 registros: Scopus (447), Ebsco (110) y Scielo (150). Tras eliminar 67 duplicados, quedaron 640 artículos. Posteriormente, se aplicarán criterios de elegibilidad bien definidos:
Criterios de inclusión: Estudios relacionados con pensamiento crítico en estudiantes de educación básica; publicaciones en inglés o español; artículos con texto completo accesible; diseños empíricos, cualitativos y cuantitativos.
Criterios de exclusión: Estudios fuera del contexto de educación básica; investigaciones centradas en niveles educativos diferentes; sin documentos de texto completo o con acceso restringido; artículos con temáticas no relacionadas directamente con el pensamiento crítico.
Con base a estos criterios, se identificaron en total de 707 artículos, luego se procedió a realizar el descarte por duplicidad a 67 estudios, 400 registros por abordar temas ajenos al objetivo, y 220 por falta de acceso al texto completo o por no cumplir con criterios metodológicos de legibilidad y pertinencia. Finalmente, 20 estudios cumplieron con los criterios y fueron seleccionados para el análisis cualitativo: 10 de Scopus, 4 de Ebsco y 6 de Scielo. El siguiente flujograma (Figura 1) ilustra claramente las fases del proceso de selección y análisis aplicado.
DESARROLLO Y DISCUSIÓN
Este apartado muestra los resultados del estudio, para ello, se sistematizó 20 investigaciones publicadas entre 2023 y 2025 sobre el desarrollo del pensamiento crítico (PC) en estudiantes de educación básica. El PC se define aquí como la capacidad para analizar, interpretar, evaluar información y argumentar decisiones fundamentadas, competencias esenciales en el contexto educativo actual.
Los hallazgos encontrados de acuerdo a las producciones científicas y bases de datos analizadas para dicho estudio, abarca el periodo de 2023 a 2025, se observa en la Figura 2.
En cuanto a la procedencia de los estudios presentado en la figura 2, las bases de datos más productivas fueron Scopus con el 50 %, Scielo con el 30%, y Ebsco con el 20%, las cuales son reconocidas por su rigurosidad y cobertura en publicaciones educativas internacionales, garantizando la calidad y actualidad de la información utilizada. Lo que confirma que existen líneas fuertes de investigación en el área, especialmente en países con alta producción científica en educación.
Al analizar la distribución geográfica de los estudios Figura 3, sobre el pensamiento crítico, los países con más concentración de publicaciones es Indonesia con el 25%, Perú con el 15%, España, Colombia y Ecuador con el 10% cada uno. Mientras que en Paraguay, Chile, Alemania, Noruega, Méjico y Tailandia aportan un 5% de estudios cada uno. Se observa una mayor producción académica en los continentes de Asia y en América Latina, lo cual puede estar relacionado con los idiomas filtrados (inglés y español) y la creciente atención al PC en estas regiones.
La Tabla 1, presenta un resumen sintético de los 20 estudios seleccionados para esta revisión sistemática sobre el pensamiento crítico en estudiantes de educación básica. La tabla ofrece un panorama integral para comprender las prácticas efectivas, desafíos y tendencias actuales en la formación del pensamiento crítico en educación básica, facilitando la comparación y análisis de evidencias clave para la mejora pedagógica:
¿Cómo el entorno social influye en el pensamiento crítico en los estudiantes de educación básica?
Las conversaciones que realizan los estudiantes se limitan a reproducir de forma mecánica con respuestas cortas como verdades absolutas, sin mayor argumento. Por ello, en la escuela el docente debe generar interrogantes con múltiples respuestas para que los estudiantes tengan varias alternativas de solución y argumenten sus ideas generando la deliberación (Reffhaug et al., 2024).
Además, el trabajo docente influye de manera directa en la generación del PC en los educandos a través de nuevas estrategias como programas de lecturas, siendo el sistema educativo el principal responsable de impulsar políticas y reformas que ayuden a los estudiantes a desarrollar su pensamiento crítico como una competencia transversal (Medranda et al., 2023). De igual forma, los docentes deben estar preparados para enseñar estrategias de pensamiento crítico, ya que se aborda en varias áreas del currículo de forma abierta y flexible. Por ende, los educandos deben ser capaces de solucionar las dificultades que se presentan en la realidad interpretando y tomando sus propias decisiones (Castillo et al., 2023).
En cuanto a la tecnología, la IA generativa el ChatGPT refuerza el PC al promover y fomentar la reflexión autónoma en los educandos. Sin embargo, debe haber un equilibrio o entre la tecnología y acción humana para garantizar aprendizajes reales y con pertinencia ética (Sardi et al., 2025). Por lo que los entornos virtuales permiten a los educandos realizar interpretaciones, inferencias, análisis, evaluaciones y reflexionar sobre su actuar tomando decisiones informadas (Cañongo et al., 2023). actualmente los niños y adolescentes están expuestos a diferentes medios de comunicación, como la televisión, y pasan horas detrás de las pantallas, lo cual los convierte en un grupo vulnerable a la manipulación de la información emitida. Por otro lado, desde la escuela se debe cambiar de metodología para formar ciudadanos selectivos, críticos y reflexivos (Sepúlveda et al., 2024).
¿Qué actividades se deben trabajar para desarrollar el pensamiento crítico?
Para fomentar el pensamiento crítico (PC), se recomienda trabajar con proyectos para que los educandos sean los principales protagonistas de su aprendizaje, respetando sus intereses y generando preguntas abiertas para promover el debate y la controversia (Rott et al., 2024).
Además, el aprendizaje basado en problemas ayuda al estudiante a buscar estrategias para llegar a la solución del problema utilizando su razonamiento de manera lógica (Lestari et al., 2024). Así mismo el estudio de casos se presenta como un enfoque táctico que facilita a los estudiantes analizar y confrontar diversas posturas sobre un mismo hecho, permitiendo a los estudiantes analizar y objetar con diversas posturas sobre un mismo hecho llevándolo hasta su propia realidad (Tarrillo et al., 2023).
Por otra parte, el cuento es una estrategia clave para despertar la imaginación, la curiosidad y la motivación en los educandos, incentivando el desarrollo de nuevas destrezas y del pensamiento crítico (Peralvo et al., 2023).
Asimismo, enseñar mediante paradojas permite que las aulas se conviertan en espacios para la discusión, donde los estudiantes argumentan sus ideas motivándoles y desafían su propio aprendizaje, venciendo sus miedos a las preguntas erradas, y ganando libertad para cuestionar (Mora, 2023). En consecuencia, promover la lectura y la producción de textos literarios fomenta la creatividad y la curiosidad, facilitando que los estudiantes interpreten, infieran y saquen sus propias conclusiones informadas (Cuentas et al., 2024).
En este sentido, es imprescindible, utilizar métodos constructivistas en todos los niveles de la educación, para que los educandos analicen y evalúen críticamente la gran cantidad de información que reciben, distinguiendo entre datos verdaderos y falsos (Boonsathirakul y Kerdsomboon, 2023). Por lo tanto, es fundamental realizar cambios en la educación para preparar a los estudiantes para los retos del siglo XXI, con metodologías que integren la formación de valores emocionales y cognitivos (Galeano et al., 2023).
Del mismo modo, la utilización de diferentes estrategias didácticas contribuye a que los educandos incremente sus habilidades de pensamiento crítico a mediante la generación de conclusiones lógicas y reflexivas ayudando tomar sus propias decisiones (Arviani et al., 2023).
Además, las actividades que desafían al estudiante promueven la reflexión crítica, la colaboración y el cuestionamiento personal, incentivando actitudes optimistas frente el aprendizaje, donde el error se entiende como una oportunidad de aprendizaje (Puger et al., 2024). En este marco, la combinación del trabajo presencial, virtual, ayuda al educando a argumentar sus ideas sobre una determinad actividad, siendo necesario la implementación de aulas virtuales ya que facilitan la rotación sin ninguna dificultad (M Luthfi et al., 2024).
Finalmente, el desarrollo del pensamiento crítico desde la educación prescolar, es fundamental para el logro de competencias esenciales que ayuden a enfrentar los cambios socioambientales. Esto se logra a través de interrogantes y diálogos que fomentan la construcción de una sociedad proactiva y sostenible (Piñeiro et al., 2024).
¿Qué problemas presentan los estudiantes de educación básica que no desarrollar el pensamiento crítico?
Uno de los principales problemas que enfrentan los estudiantes es la dificultad para resolver problemas, incluso cuando disponen a acceso a la información digital. Esto ocurre porque suelen limitarse a consumir información y no logran analizarlo de forma crítica, lo que evidencia la urgente necesidad de implementar desde la escuela, nuevas formas de fortalecer el pensamiento crítico en plena eran digital (Encabo et al., 2023).
Además, estos estudiantes tienden a adoptar un rol pasivo como receptores de la información que les proporcionan los docentes, mostrando poco interés por los desafíos y prefiriendo actividades fáciles que no requieren un esfuerzo reflexivo. A menudo se aceptan las opiniones de los demás sin realizar cuestionamientos, ni refutarlas, lo que conduce a una indecisión marcada en la toma de decisiones (Díaz et al., 2024).
Cabe destacar que, estas limitaciones reflejan carencias en la formación docente y en las prácticas pedagógicas, por lo que es indispensable renovar las estrategias educativas para promover un pensamiento crítico activo y autónomo desde los primeros niveles de enseñanza.
Discusión
Los resultados de este estudio indican que la mitad de las investigaciones revisadas provienen de la base Scopus, con una representatividad importante de países de Asia y América Latina, lo que refleja una creciente atención regional hacia el desarrollo del pensamiento crítico (PC) en la educación básica. Esta tendencia coincide con los hallazgos de López et al. (2021), quienes resaltan la relevancia de fomentar habilidades críticas en contextos educativos emergentes y con diversidad cultural.
Esta revisión corrobora que las estrategias docentes cuentos como el fomento del diálogo reflexivo, la lectura crítica y los proyectos colaborativos son fundamentales para potenciar el PC, estos hallazgos se alinean con lo observado por Reffhaug et al. (2024) y Medranda et al. (2023). Además, estas actividades incentivan en los estudiantes la capacidad para argumentar, analizar situaciones complejas y tomar decisiones informadas.
No obstante, al igual que Díaz et al. (2024), se identificó que una barrera significativa es la actitud pasiva de los estudiantes y la falta de participación activa en el aprendizaje crítico, debido a métodos de enseñanza tradicionales y evaluaciones limitadas. Esto confirma la necesidad apremiante de renovar las políticas educativas y capacitar continuamente a los docentes para implementar metodologías innovadoras.
Hay que destacar que, un aporte relevante de este estudio es la inclusión de tecnologías como la inteligencia artificial generativa (ChatGPT), ya que es un recurso que según Sardi et al. (2025) y Cañongo et al. (2023), puede potenciar la reflexión autónoma cuando se equilibra con la intervención pedagógica humana. Esta perspectiva amplía las discusiones previas y sugiere incorporar la tecnología como un complemento para el PC, sin reemplazar la interacción docente-estudiante.
Finalmente, los problemas detectados en la falta de análisis crítico y capacidad argumentativa de los estudiantes vienen en consonancia con lo reportado por Encabo et al. (2023), que evidencian un consumo pasivo de información digital. Esta es una realidad que subraya la relevancia de fortalecer desde la escuela las habilidades críticas y de evaluación, lo que conlleva a formar ciudadanos capaces de enfrentar los retos del siglo XXI, tal como lo propone Galeano et al. (2023).
En resumen, este estudio aporta evidencia que refuerza la necesidad de impulsar un enfoque integral para el desarrollo del pensamiento crítico, combinando estrategias pedagógicas innovadoras, formación docente, integración tecnológica y reformas evaluativas.
CONCLUSIONES
El pensamiento crítico (PC) se ha consolidado como una competencia transversal fundamental en la educación básica del siglo XXI, clave para que los estudiantes desarrollen habilidades de interpretación, análisis y argumentación de manera autónoma adaptándose a la realidad y a los cambios tecnológicos. Su desarrollo facilita la toma de decisiones adecuadas y contribuye a formar ciudadanos con una participación activa y democrática frente a la sociedad.
Para alcanzar estos propósitos, es necesario implementar metodologías activas que promuevan el trabajo organizado y la planificación mediante proyectos, junto con la integración de herramientas tecnológicas como la inteligencia artificial. Estas estrategias deben centrarse en desarrollar actividades con alta demanda cognitiva que fomenten el análisis, las deducciones y la participación crítica desde una edad temprana.
Por otro lado, la persistencia de sistemas educativos tradicionales, basados en actividades memorísticas, limita el desarrollo del PC. Por ello, resulta fundamental dotar a los docentes de herramientas innovadoras y realizar evaluaciones con interrogantes abiertas que generen la argumentación, toma de decisiones informadas y la reflexión crítica, elementos indispensables para preparar a los educandos para los retos contemporáneos.
Conflicto de intereses: Los autores declaran que no existe conflicto de intereses para la publicación de este artículo científico.


















