INTRODUCCIÓN
La investigación constituye un pilar fundamental para el desarrollo de una nación, ya que incide directamente en el aprendizaje al generar y enriquecer el conocimiento mediante procesos científicos. En este contexto, se vuelve imprescindible garantizar una transferencia de conocimiento de calidad (Hernández et al., 2019). Por esta razón, una de las competencias clave que las universidades buscan potenciar en sus estudiantes son las competencias investigativas, las cuales permiten formar profesionales con un sello distintivo, capaces de responder a las demandas de la sociedad, las organizaciones y los desafíos de la sociedad del conocimiento (Núñez-Rojas, 2019).
El desarrollo de competencias investigativas en el ámbito universitario representa uno de los principales desafíos para las instituciones de educación superior, especialmente ante los constantes cambios del entorno social (Romero-Jácome et al., 2021). Por tanto, se hace necesario incorporar asignaturas específicas en los planes de estudio que fomenten dichas competencias, así como establecer ejes curriculares transversales que integren la investigación como componente esencial en la formación profesional (Hernández et al., 2019). Las universidades deben formar egresados que comprendan su contexto social y sean capaces de enfrentar de manera autónoma, crítica y original las problemáticas del entorno (Romero-Jácome et al., 2021).
En respuesta a esta necesidad, varios países han establecido normativas que promueven la formación investigativa en las universidades. En Perú, por ejemplo, la Ley Universitaria N.º 30220, en su artículo 48, establece que la investigación constituye una función esencial y obligatoria de las instituciones de educación superior, orientada a la generación de conocimiento y el desarrollo de tecnologías según las necesidades sociales (El Peruano, 2014). No obstante, la producción científica en América Latina sigue siendo limitada; entre 2017 y 2020, las publicaciones indexadas en SCOPUS crecieron apenas un 7,7% (Vázquez-Miraz y Posada, 2020). Asimismo, según Scimago, Brasil concentró el 50,63% de las publicaciones científicas en 2021, mientras que México contribuyó con solo el 16% (Ayala, 2020), lo cual evidencia la necesidad de implementar políticas y estrategias que impulsen la innovación científica y tecnológica.
Esta situación revela una desconexión entre la didáctica, la investigación y el entorno socioeducativo. Aún persisten prácticas docentes centradas en la simple transmisión de conocimientos, carentes de formación en transversalidad curricular y de actualización respecto a enfoques y tendencias educativas contemporáneas (Fontanilla-Lucena y Mercado-Durán, 2020). Estas limitaciones generan brechas en la formación de los estudiantes, quienes muchas veces carecen de motivación y no alcanzan un nivel competitivo en términos de investigación (Bonilla-Jiménez et al., 2022).
En este sentido, se vuelve urgente diseñar y aplicar estrategias didácticas adecuadas que promuevan el desarrollo de competencias investigativas en los estudiantes universitarios. Estas estrategias deben reconocer el papel central del proceso docente-educativo como vía para responder a las necesidades de cambio del ser humano, cuya esencia es profundamente investigativa (Espinoza-Freire et al., 2016). Por ello, es fundamental centrarse en métodos y recursos pedagógicos que fortalezcan el aprendizaje investigativo, fomentando valores como la responsabilidad, la autorregulación, la equidad y la confianza (Calisto-Alegría, 2021).
Desde esta perspectiva, la presente revisión sistemática plantea las siguientes preguntas: ¿De qué manera las estrategias didácticas optimizan las competencias investigativas en estudiantes universitarios? ¿Qué debilidades limitan el desarrollo de dichas competencias? ¿Cómo fortalecen las estrategias didácticas el proceso investigativo en la educación superior? El objetivo general del estudio es describir las estrategias didácticas que contribuyen a la optimización de las competencias investigativas en estudiantes universitarios.
METODOLOGÍA
Se llevó a cabo una revisión sistemática de información, sustentada en una investigación documental de carácter descriptivo. El proceso implicó la identificación y síntesis de 161 artículos relacionados con las variables objeto de estudio, correspondientes al periodo comprendido entre los años 2020 y 2022. La búsqueda se inició en abril de 2022 y concluyó en julio de 2023.
Las principales fuentes consultadas fueron artículos científicos extraídos de bases de datos de prestigio y actualización permanente, tales como Web of Science (WOS), SciELO, Scopus, Science Direct, EMBASE, Dialnet, Redalyc, Latindex y ERIC. Además, se realizó una búsqueda avanzada para afinar los resultados y obtener información específica del tema investigado. Para ello, se utilizaron operadores booleanos (AND, NOT, OR), los cuales permitieron vincular y relacionar términos clave en los campos de búsqueda, optimizando así la recuperación de artículos relevantes (Gutiérrez-Rojas et al., 2020).
Se emplearon palabras clave como competencias investigativas, investigative skills, estrategias investigativas y habilidades investigativas, tanto en español como en inglés. La búsqueda se amplió combinando estas palabras clave con operadores lógicos. Algunos ejemplos de las cadenas de búsqueda utilizadas fueron: (“competencias investigativas” AND universitarios), (“investigative skills” AND university), (“investigative skills” AND university AND Latin America NOT Europe), (“competencias investigativas” OR “estrategias investigativas”).
Del total de artículos encontrados, se aplicaron los siguientes criterios de inclusión: estudios experimentales, artículos de revisión y artículos científicos desarrollados en países de América Latina. Los criterios de exclusión fueron: artículos no vinculados directamente a estrategias educativas, publicaciones fuera del rango temporal establecido (2020-2022), duplicados y estudios que no estuvieran centrados en estudiantes universitarios.
Con base en estos criterios, de los 161 artículos identificados, 34 cumplieron con los criterios de elegibilidad. Finalmente, se seleccionaron 28 investigaciones que fueron consideradas como las más relevantes para los fines de este estudio (véase Figura 1 y Tabla 1).
DESARROLLO Y DISCUSIÓN
La investigación se fundamentó en el análisis de diversos estudios publicados entre los años 2020 y 2022. Se consideraron artículos de acceso abierto en español, inglés y portugués, abarcando enfoques metodológicos cuantitativos, cualitativos y mixtos. Los estudios seleccionados procedieron de países como México, Cuba, Brasil, Ecuador, Venezuela y Perú, y aportaron evidencia significativa sobre la aplicación de estrategias didácticas orientadas a fortalecer las competencias investigativas en estudiantes universitarios.
Durante el proceso de revisión, se seleccionaron un total de 28 artículos relevantes: 11 correspondientes al año 2020, 10 al año 2021 y 7 al año 2022. La distribución por año permitió observar la evolución y consolidación de las estrategias empleadas, así como los enfoques pedagógicos predominantes en el contexto latinoamericano.
La selección de los artículos tomó en cuenta criterios como el autor, la base de datos de origen, el país del estudio, los objetivos de investigación y la estrategia didáctica aplicada, tal como se detalla en las Tablas 2, 3 y 4.
La revisión sistemática evidenció que la investigación permitió la producción y superposición de saberes, destacándose la aplicación de estrategias didácticas orientadas a la profundización, generación y utilización del conocimiento. Estas estrategias involucraron integralmente los tres saberes fundamentales: saber conocer, saber ser y saber hacer, considerados indispensables para el desarrollo de competencias investigativas, necesarias tanto para enfrentar los retos propios de la investigación como del ejercicio profesional (Hernández et al., 2021; Fontanilla y Mercado, 2020).
No obstante, los estudios también evidenciaron debilidades persistentes que limitaron el desarrollo pleno de estas competencias, en especial en lo referente a su articulación con nuevos saberes (Fontanilla y Mercado, 2020). Entre las principales limitaciones se identificó la escasa aplicación de técnicas actualizadas, como el uso efectivo de las tecnologías de la información, así como la limitada promoción de la producción científica, tecnológica y social (Castro, 2021). Esta situación se vinculó con los hallazgos de diversos autores, quienes destacaron que el uso estratégico de herramientas informáticas digitales favoreció el proceso investigativo, al facilitar la búsqueda, análisis y sistematización de la información (Oseda et al., 2021; Panizo et al., 2021; Reyes-Pérez et al., 2020; Pastor et al., 2020; Reyes, Cárdenas y Aguirre, 2020). Dichas herramientas, además, se integraron con el desarrollo de competencias tecnológicas (Llontop et al., 2022).
Frente a la baja producción científica, algunos estudios propusieron estrategias centradas en la divulgación de actividades investigativas (Labrador et al., 2020), el análisis de problemas reales, la implementación de talleres interdisciplinarios, seminarios y retroalimentación (Tacca, 2021), todo lo cual fortaleció el pensamiento crítico y analítico de los estudiantes (Pastora et al., 2020). Estas prácticas potenciaron su capacidad de razonamiento, análisis y argumentación científica, especialmente cuando los estudiantes participaron en proyectos de investigación (Juárez y Torres, 2022; Guamán et al., 2021; Hernández et al., 2021; Ponce et al., 2021). La evidencia sugirió que el trabajo colaborativo en equipos de investigación contribuyó a una mayor conciencia y compromiso con el desarrollo de competencias, particularmente cuando fue guiado por docentes con trayectoria investigadora.
Asimismo, se identificó la necesidad de incorporar estratégicamente asignaturas orientadas al fortalecimiento de las competencias investigativas, promoviendo transformaciones curriculares significativas (Chávez Vera et al., 2022; Finalé et al., 2021; Ricardo et al., 2021). Los hallazgos indicaron que el rediseño de los planes de estudio debía incluir contenidos que fomentaran no solo procesos investigativos, sino también competencias complementarias, apoyadas en enfoques didácticos innovadores como la socioformación (Torres y Abreus, 2022; Gutiérrez-Rojas et al., 2020). Además, se reconoció que los estudiantes no presentan un nivel homogéneo en cuanto a sus competencias científicas e intelectuales, por lo que los procesos formativos debieron ser diferenciados y progresivos (Duche-Pérez y Paredes, 2022; Juárez y Torres, 2022).
La literatura también resaltó la relevancia de implementar talleres extracurriculares y semilleros de investigación como mecanismos clave para potenciar el desarrollo de competencias investigativas (Castro-Rodríguez, 2022). Estas actividades, acompañadas de estrategias como el uso de rúbricas holísticas, favorecieron una reflexión crítica con fundamentos científicos y culturales (Quezada-Castro et al., 2020). Este panorama refuerza la necesidad de reformas curriculares que incluyan prácticas como la lectura académica (Anccasi et al., 2022), la búsqueda de información relevante (Rueda et al., 2022) y el análisis riguroso de fuentes.
Finalmente, diversos estudios coincidieron en que el rol del docente resultó fundamental. Como guía y tutor del proceso formativo, se esperaba que contara con experiencia investigativa y la capacidad de motivar activamente a los estudiantes para fortalecer sus competencias (Tacca, 2021; Curbelo, 2020). En este sentido, se evidenció la importancia de fortalecer la gestión didáctica del profesorado, a fin de asegurar prácticas pedagógicas orientadas a la formación investigativa (López-Novoa et al., 2021).
CONCLUSIÓN
De acuerdo con el objetivo planteado se concluye en forma general que las estrategias didácticas optimizan las competencias investigativas, dentro de las cuales se encuentra la divulgación de actividades investigativas y la generación e integración de proyectos de investigación, estrategias que incrementan las producciones científicas, así mismo, la incorporación o el cambio en las asignaturas como metodología de la investigación son estrategias que desarrollan competencias investigativas y los talleres extracurriculares, los seminarios y foros son estrategias que fomentan el desarrollo de competencias investigativas. Además, el empleo de herramientas tecnológicas es una estrategia que mejora el pensamiento crítico.




















