INTRODUCCIÓN
La evaluación del aprendizaje es un proceso continuo dentro de la educación, orientado a monitorear y mejorar la enseñanza. Su aplicación debe darse en todas las fases del proceso educativo: al inicio, durante el desarrollo y al finalizar cada actividad. Según Souza (2021), la evaluación formativa es un enfoque integral que permite a docentes y estudiantes diagnosticar, monitorear y optimizar el aprendizaje. A través de este proceso, la evaluación deja de ser un simple mecanismo de medición y se convierte en un elemento estructurante de la práctica educativa, favoreciendo la organización de las actividades pedagógicas y el desarrollo de competencias.
Desde una perspectiva teórica, la evaluación formativa ha sido ampliamente estudiada. Bizarro et al., (2019) la definen como un proceso de comunicación y reflexión sobre el aprendizaje, orientado a mejorar los procesos educativos y adaptarse a las necesidades de los estudiantes. En esta línea, Pérez et al., (2017) sostienen que la evaluación del aprendizaje es un tema de interés constante en la investigación educativa debido a su complejidad y a los desafíos que aún persisten, como su reduccionismo conceptual y metodológico, o su dependencia de exigencias externas al ciclo pedagógico.
A nivel global, el interés por la evaluación formativa ha crecido debido a su potencial para mejorar la calidad educativa. Sin embargo, su implementación enfrenta dificultades estructurales, como la sobrecarga docente, la falta de formación específica y la prevalencia de pruebas estandarizadas que no siempre reflejan el desarrollo integral del aprendizaje (Lago, 2019). Frente a esto, diversos autores han enfatizado la necesidad de un cambio de paradigma que valore el proceso de aprendizaje por encima de los resultados finales, promoviendo metodologías más participativas y contextualizadas (Hortigüela et al., 2019).
En este contexto, Ríos y Herrera (2017) destacan la importancia de diseñar instrumentos de evaluación que no solo midan conocimientos, sino que también estimulen el pensamiento crítico y la resolución de problemas. Del mismo modo, Uzuny Ertok (2020) enfatiza que la evaluación formativa no solo mejora el rendimiento académico, sino que también desarrolla el pensamiento creativo y las habilidades productivas de los estudiantes, convirtiéndola en una estrategia clave para fortalecer el aprendizaje.
Es por ello, que como interrogante se plantea ¿Qué aportes se han desarrollado respecto a la aplicación de la evaluación formativa para el logro del aprendizaje en los últimos cinco años (2017-2022)? Con este propósito, se llevó a cabo una revisión sistemática de la literatura con el objetivo de analizar el impacto de la evaluación formativa, identificar estrategias utilizadas y reconocer sus principales limitaciones.
Este estudio es relevante porque la evaluación formativa, además de potenciar el aprendizaje, transforma la práctica docente al promover una enseñanza más reflexiva. En este sentido, López y Pérez (2017) destacan que la evaluación compartida eleva la autonomía estudiantil, fomenta la capacidad de aprender a aprender y mejora el clima en el aula. Por su parte, Alvarez (2019) señala que es fundamental involucrar a los estudiantes en el diseño de la evaluación, permitiéndoles reflexionar sobre su propio aprendizaje y mejorar su desempeño. En la misma línea, Bhat (2019) argumenta que la evaluación formativa debe estar alineada con los propósitos educativos y no limitarse a una simple medición del rendimiento.
Por otro lado, Anijovich y Cappelletti (2017) indican que una de las principales barreras en la implementación de la evaluación formativa es la formación insuficiente de los docentes en este ámbito, sumada a la carga de trabajo excesiva. En este sentido, Nolasco y Hernández (2019) subrayan la necesidad de establecer una secuencia metodológica clara para que los docentes puedan realizar un autoanálisis de sus prácticas evaluativas y mejorar continuamente. Asimismo, Hortigüela et al., (2019) sostienen que la evaluación formativa permite identificar áreas de mejora tanto en el aprendizaje de los estudiantes como en la enseñanza de los docentes.
Además, la evaluación formativa representa un eje fundamental en la educación, ya que orienta el aprendizaje, fortalece la autorregulación de los estudiantes y contribuye a la mejora de la enseñanza. No obstante, su implementación efectiva requiere superar desafíos estructurales y metodológicos, asegurando que se convierta en una herramienta realmente transformadora dentro del sistema educativo.
METODOLOGÍA
La metodología de esta investigación se centró en una revisión sistemática de la literatura, que consistió en una exploración detallada de estudios relevantes relacionados con la evaluación formativa. Este enfoque metodológico implicó un proceso exhaustivo de recopilación y análisis crítico de una variedad de investigaciones y estudios científicos. En primer lugar, se aplicaron técnicas y métodos de búsqueda, procesamiento y almacenamiento de la información contenida en diversos documentos académicos, seguido de una presentación sistemática, lógica y fundamentada de los hallazgos obtenidos.
La investigación se desarrolló bajo una revisión documental que excede la simple recopilación de información, ya que incluyó la evaluación crítica de la literatura existente. Para representar las distintas etapas del proceso informativo, se empleó el diagrama de flujo PRISMA (Figura 1), herramienta que facilita la mejora en la presentación de revisiones sistemáticas y metaanálisis, y sirve como base para la evaluación crítica de revisiones sistemáticas previamente publicadas.
Se incluyeron en la revisión artículos publicados entre 2017 y 2022, provenientes de bases de datos como Scopus, Scielo, Web of Science (WOS) y Google Scholar. Los artículos seleccionados debían contener conceptos clave como evaluación, evaluación formativa, evaluación compartida, retroalimentación y aprendizaje. Además, se consideraron artículos publicados en revistas académicas de prestigio en los campos de la educación y las ciencias sociales. Se priorizaron aquellos que reportaron resultados de investigaciones sobre evaluación formativa, incluyendo la metodología utilizada y los criterios de validez empleados.
Se excluyeron artículos que no aportaban significativamente a la comprensión sobre la evaluación formativa para el logro del aprendizaje, aquellos que no se habían publicado en revistas académicas de las áreas de educación o ciencias sociales, así como publicaciones relacionadas con prácticas de evaluación formativa fuera del contexto del aula. También se descartaron artículos que no ofrecían información teórica relevante en relación con las preguntas planteadas en la investigación.
La estrategia de búsqueda se articuló en torno a los siguientes campos clave, empleando ecuaciones de búsqueda específicas para cada base de datos:
Web of Science (WOS):
Ecuación de búsqueda: "formative evaluation" AND (2017-2022) NOT review
Resultado inicial: 1225 documentos
Temáticas adicionales: "Education", "Educational research", "Education science descriptions"
Búsqueda específica: "assessment evaluation in higher education"
Se encontraron 132 artículos, de los cuales se seleccionaron 37 de acceso abierto.
Scopus:
Ecuación de búsqueda: "formative evaluation"
Resultado inicial: 1351 artículos
Filtrado por ciencias sociales: 492 artículos
Búsqueda específica: "Formative evaluation in higher education"
Se obtuvieron 207 artículos en inglés y español, de los cuales se revisaron 13.
Scielo:
Ecuación de búsqueda: "formative evaluation" AND (2017-2022) AND "social sciences" AND "education" AND "educational" AND document type: articles
Se hallaron 55 documentos.
Google Scholar:
Se identificaron 14 publicaciones relevantes.
Este enfoque metodológico permitió una revisión exhaustiva de la literatura disponible, garantizando que los artículos seleccionados estuvieran alineados con los objetivos de la investigación y que contribuyeran de manera significativa al análisis de la evaluación formativa en el contexto del logro del aprendizaje.
DESARROLLO Y DISCUSIÓN
La Tabla 1 muestra la sistematización sobre la evaluación formativa, presentando diversos enfoques, resultados y aplicaciones de esta estrategia educativa en diferentes países. Los estudios abarcan desde la implementación de evaluaciones centradas en el autoaprendizaje y la autorregulación, hasta la mejora de competencias y la retroalimentación efectiva en procesos de enseñanza-aprendizaje. La evaluación formativa se destaca como una herramienta clave para promover el aprendizaje significativo y la motivación en los estudiantes, aunque también se identifican algunos desafíos, como la necesidad de un cambio en las prácticas docentes y la dedicación de tiempo por parte de los educadores y los alumnos.
Aportes de la evaluación formativa para el logro del aprendizaje
La mayoría de los estudios revisados coinciden en que la evaluación formativa tiene un impacto positivo en el aprendizaje. Por ejemplo, Huisman et al., (2018) destacan que la retroalimentación recibida por los estudiantes mejora significativamente su desempeño en la escritura, ya que los comentarios explicativos son percibidos de manera favorable por los estudiantes, quienes utilizan esta retroalimentación para mejorar su trabajo. En el mismo sentido, Miguel et al., (2018) subrayan que los resultados del estudio muestran que el aprendizaje está influido por las prácticas de evaluación de competencias. No obstante, existe una disparidad entre las percepciones de docentes y estudiantes. Mientras que los docentes tienden a ver la evaluación como un proceso que simplemente sirve para superar las asignaturas, los estudiantes valoran la evaluación formativa como una herramienta útil para orientar su aprendizaje y ofrecerles oportunidades de mejora. Esta diferencia se debe, en parte, a las dificultades de los docentes para superar la enseñanza tradicional y la necesidad de los estudiantes de recibir retroalimentación de calidad.
Por otro lado, Cosi et al., (2020) afirman que el rendimiento académico mejora cuando se utilizan herramientas de autoevaluación durante el proceso de enseñanza-aprendizaje. Además, tanto docentes como estudiantes reportan altos niveles de satisfacción con este enfoque. Los autores sugieren la necesidad de continuar investigando sobre otros factores que puedan contribuir a la mejora del aprendizaje.
Gallardo-Fuentes et al., (2020) resaltan que la evaluación formativa, especialmente la compartida, es muy valorada por los estudiantes y parece tener un efecto positivo en la mejora de diversas competencias. De manera similar, Cañadas et al., (2021) señalan que, en el contexto de la enseñanza universitaria, la evaluación formativa favorece el desarrollo de competencias genéricas y específicas. Tras aplicar experiencias innovadoras de evaluación formativa, se observó un incremento significativo en competencias como el razonamiento crítico, la adaptación y la creatividad.
Arribas (2017) propone que la evaluación tiene tres elementos esenciales: la recolección y medición de la información, la valoración e interpretación de esa información, y la adopción de decisiones basadas en los dos pasos anteriores. Distinguió entre dos tipos de evaluación: la evaluación para el aprendizaje (formativa) y la evaluación del aprendizaje (certificadora). La evaluación formativa se caracteriza por no estar asociada a una calificación final y su objetivo principal es valorar el progreso del estudiante, lo que está estrechamente relacionado con la motivación intrínseca.
En una línea similar, Leenknecht et al., (2021) demostraron que los estudiantes desarrollan una mayor motivación autónoma y logran satisfacer sus necesidades de aprendizaje cuando la evaluación formativa es aplicada. Además, los docentes desempeñan un papel fundamental como mediadores, apoyando a los estudiantes en sus procesos de aprendizaje y promoviendo la autonomía y la competencia.
Nicol y McCallum (2022) evidencian que cuando los estudiantes practican la retroalimentación autogenerada, esta se vuelve más elaborada y detallada en comparación con las retroalimentaciones previas de sus compañeros. Las comparaciones entre la retroalimentación de los compañeros y la del docente muestran que la autoevaluación contribuye significativamente al conocimiento metacognitivo de los estudiantes y mejora sus habilidades de autorregulación, lo que también reduce la carga de trabajo del docente.
González et al., (2020) identifican varias razones por las cuales los docentes emplean la evaluación formativa. Entre ellas se encuentran la mejora del proceso de enseñanza-aprendizaje, su carácter continuo, la práctica de retroalimentación constante, y el desarrollo de la autonomía y autorregulación en los estudiantes.
Los estudios sugieren que existen efectos positivos en el aprendizaje cuando se implementa la evaluación formativa. En este sentido, Andersson y Palm (2017) proponen diversas estrategias para evaluar a los estudiantes: aclarar y socializar los objetivos de aprendizaje y los criterios de éxito; plantear preguntas y tareas que generen evidencia de aprendizaje; proporcionar retroalimentación para mejorar el desempeño; fomentar la colaboración entre estudiantes; y hacer responsables a los estudiantes de su propio aprendizaje.
Granberg et al., (2021) sostienen que la evaluación formativa mejora el comportamiento de aprendizaje autorregulado, aumentando tanto la autonomía como la autoeficacia de los estudiantes. Finalmente, Groot (2018), tras realizar un análisis combinado de entrevistas a profesores y registros de observación, concluye que los aprendizajes adquiridos durante todo el semestre contribuyen a cumplir con las características esperadas del perfil de egreso de los estudiantes.
Estrategias de evaluación formativa utilizadas
Numerosos estudios coinciden en la importancia de aplicar estrategias de evaluación formativa efectivas. Moll (2019) destaca la relevancia de socializar con los alumnos los objetivos de aprendizaje, dar a conocer los criterios de evaluación, y fomentar la metacognición mediante preguntas que promuevan la reflexión sobre lo que se está aprendiendo. Además, subraya la importancia de considerar el error como una parte natural del proceso de aprendizaje, lo que contribuye a crear un ambiente donde los estudiantes se sientan cómodos para mejorar. También resalta la necesidad de realizar retroalimentación efectiva, y fomentar tanto la coevaluación como la autoevaluación entre los estudiantes.
Por su parte, Samantha y Almalik (2019) enfatizan que la retroalimentación formativa debe convertirse en una práctica diaria, ya que es altamente valorada por los estudiantes. En este sentido, Contreras (2019) plantea que es necesario incorporar la retroalimentación como un tema fundamental en la formación de futuros docentes, sugiriendo que los maestros en formación deberían regresar a sus aulas con el conocimiento adquirido sobre cómo brindar retroalimentación efectiva, para implementarlo en sus futuras clases.
Limitaciones de los estudios realizados
Aunque todos los estudios coinciden en resaltar los aspectos positivos de la evaluación formativa para favorecer el aprendizaje, también se han identificado ciertas dificultades y limitaciones. Un ejemplo de ello es el estudio de Bader et al., (2019) quien investigó las percepciones de los estudiantes sobre la retroalimentación formativa, en el contexto de la evaluación de carpetas en dos instituciones de formación docente en Noruega. En este estudio, tanto los maestros como los estudiantes proporcionaron comentarios sobre las tareas de los alumnos y redactaron notas de reflexión a lo largo del semestre. Los resultados mostraron que los estudiantes recibieron positivamente los comentarios y elogios de los maestros, aunque las objeciones se centraron en la retroalimentación proporcionada entre pares, ya que se percibió como carente de crítica constructiva. Por otro lado, los grupos de discusión entre pares generaron actitudes positivas, lo que sugiere que este enfoque podría ser una forma más eficaz de aplicar la evaluación. Sin embargo, los estudiantes señalaron que la falta de comprensión tanto de la tarea como de la retroalimentación constituye un obstáculo para realizar una revisión exitosa de las tareas.
En otro estudio, Muñoz (2020) considera que la retroalimentación tiende a estar más orientada a lo evaluativo que a lo descriptivo, lo que impide una retroalimentación formativa efectiva que realmente beneficie al estudiante. Esta retroalimentación no logra ser individualizada, oportuna ni dirigida hacia un nuevo aprendizaje, limitando su capacidad para orientar a los estudiantes en la identificación de áreas específicas en las que pueden mejorar.
Discusión
Los estudios revisados coinciden en que la retroalimentación formativa tiene un impacto positivo en el aprendizaje. Huisman et al., (2018) afirman que los estudiantes que reciben retroalimentación de sus compañeros, al realizar tareas auténticas, mejoran sus calificaciones, lo que indica que este tipo de mecanismos favorece el aprendizaje. Miguel et al., (2018) también coinciden en que, aunque los docentes enfrentan dificultades para superar la evaluación tradicional, los estudiantes valoran positivamente la función formativa de la evaluación y requieren retroalimentación de calidad. En este sentido, Ramírez et al., (2018) proponen que la evaluación en el aula debe ser continua e integral, destacando tanto la evaluación diagnóstica, para planificar actividades, como la evaluación formativa, que actúa como apoyo en el logro de los aprendizajes.
Por otro lado, Gallardo y Fuentes et al., (2020) destacan que los estudiantes valoran positivamente la evaluación formativa debido a las ventajas que ofrece frente a los sistemas tradicionales de evaluación. Leenknecht et al., (2021) sugieren que los docentes deben aplicar la evaluación formativa, dado que genera percepciones positivas en los estudiantes y fomenta una mayor motivación autónoma para el aprendizaje.
En los estudios realizados, se aplicaron diversos instrumentos para conocer las percepciones y valoraciones de los estudiantes y docentes sobre la evaluación formativa. Bader et al., (2019) analizaron 128 escritos de reflexión de futuros profesores de inglés, en los cuales se investigaron las percepciones de los estudiantes sobre la retroalimentación formativa. Los resultados indicaron que una de las limitaciones para revisar las tareas era la falta de comprensión de las mismas y una retroalimentación inadecuada.
López et al., (2018) observaron que, en algunos casos, la evaluación no es aplicada de manera formativa, debido a la confusión sobre el concepto de evaluación, los criterios de evaluación y los aspectos formativos del proceso. Esta situación es relevante en contextos como el peruano, donde los docentes enfrentan limitaciones para aplicar una evaluación formativa auténtica. La falta de formación en este tipo de evaluación lleva a los maestros a continuar utilizando métodos tradicionales y a ser resistentes a adoptar un enfoque formativo en toda su dimensión.
Continuando con las publicaciones revisadas coinciden en que la implementación de la evaluación formativa facilita el logro y la mejora de los aprendizajes propuestos. Como resultado, los estudiantes desarrollan capacidades clave como la autorregulación y la reflexión. En este sentido, la evaluación formativa debe considerarse un proceso continuo, estrechamente vinculado a las estrategias de enseñanza, cuyo propósito principal es promover que los estudiantes reflexionen, comprendan y aprendan (Ravela et al., 2017). Para alcanzar estos objetivos, es fundamental que los docentes comprendan las características y el proceso de la evaluación formativa, valoren sus beneficios y sean capaces de diferenciarla de las prácticas tradicionales de evaluación.
Respecto a las estrategias utilizadas en la evaluación formativa, la retroalimentación destaca como una herramienta central. Según Contreras (2019), los docentes suelen emplear retroalimentación escrita que es confirmativa, puntual y precisa, orientada a la mejora. Esta estrategia permite explicar los resultados, justificar las calificaciones y aportar valor pedagógico, ya que los estudiantes logran identificar las causas de sus errores. Villegas et al., (2018) también subrayan que la retroalimentación es apreciada tanto por estudiantes como por docentes, destacando su impacto positivo en la mejora de las actuaciones estudiantiles y en la labor docente. Por su parte, Huisman et al., (2018) enfatizan que los estudiantes que reciben retroalimentación de sus compañeros durante la realización de tareas auténticas mejoran significativamente sus calificaciones, lo que evidencia el impacto positivo de estos mecanismos en el aprendizaje.
Dado que la evaluación formativa es transversal a todo el proceso de aprendizaje, resulta necesario implementar estrategias que permitan a los docentes aplicarla de manera eficiente. Díaz (2018) resalta la importancia de reorientar la evaluación del aprendizaje hacia una evaluación para el aprendizaje. Este enfoque permite identificar logros y dificultades en los estudiantes, proporcionando el soporte necesario para que alcancen las metas educativas propuestas.
Entre las limitaciones asociadas a la evaluación formativa se encuentran el tiempo adicional que demanda tanto a docentes como a estudiantes, la falta de preparación adecuada de los maestros para su implementación y la incomodidad de algunos estudiantes al realizar observaciones sobre el trabajo de sus compañeros. Gallardo et al., (2020) señalan que, a pesar de estas dificultades, la evaluación formativa y compartida es valorada positivamente por los estudiantes e influye favorablemente en la adquisición de competencias. Aunque se mencionan inconvenientes como la necesidad de asistir regularmente a clases y la acumulación de trabajo, la mayoría considera que estos desafíos son mínimos en comparación con los beneficios que ofrece la evaluación formativa para lograr aprendizajes significativos y sostenibles.
CONCLUSIÓN
La evaluación formativa se confirma como una herramienta fundamental en el proceso de aprendizaje, mostrando un impacto positivo en el desarrollo de habilidades clave como la autorregulación y la reflexión en los estudiantes. A través de la implementación de estrategias como la retroalimentación continua, tanto escrita como entre compañeros, los estudiantes logran mejorar sus desempeños académicos y fortalecer su comprensión de los contenidos. Las estrategias empleadas en la evaluación formativa, cuando son bien aplicadas, permiten a los estudiantes identificar errores y áreas de mejora, promoviendo un aprendizaje más significativo y autónomo.
Sin embargo, el análisis también ha revelado ciertas limitaciones asociadas a su implementación, como el tiempo adicional requerido, la falta de formación adecuada de los docentes y la incomodidad que algunos estudiantes experimentan al participar en procesos de retroalimentación entre pares. A pesar de estos desafíos, los estudios revisados coinciden en que los beneficios de la evaluación formativa superan estas dificultades, ya que contribuyen al logro de aprendizajes sostenibles y a la mejora de las competencias de los estudiantes. En conclusión, la evaluación formativa, cuando se implementa de manera adecuada y se acompañan estrategias de apoyo y formación docente, tiene un impacto positivo en la calidad educativa y en el desarrollo integral de los estudiantes.
CONFLICTO DE INTERESES. Declaro que no existen conflictos de intereses para la publicación del presente artículo.
















