INTRODUCCIÓN
A nivel mundial existe un consenso entre los organismos con competencia en el ámbito educativo en impulsar proyectos importantes para garantizar una formación adaptada a los nuevos tiempos, propiciando que los gobiernos adopten y cumplan acciones eficientes para que sus comunidades disfruten del derecho a la educación y que además esta sea inclusiva y de calidad. (UNESCO, 2015b). Organismos como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM), principales protagonistas de la globalización económica y cultural, con el apoyo de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) o la Organización Mundial del Comercio (OMC), han formulado políticas educativas que a manera de reformas o recomendaciones poco a poco han impulsado la mejora del servicio educativo. Estas entidades junto a otras han logrado la creación de estándares de excelencia como principal he rramienta para la mejora educativa (Álvarez-López y Matarranz, 2020).
El término calidad apareció por primera vez en Estados Unidos, hacia 1983, cuando el país norteamericano implementó acciones de mejora y cambios profundos en pro de resolver la problemática educativa de entonces (Quintana, 2018). Este término luego se expandió paulatinamente a los sistemas educativos de todo el orbe (Álvarez-López y Matarranz, 2020). Calidad es sinónimo de eficiencia, eficacia, pertinencia, relevancia y equidad; términos difíciles de ser evaluados (Plá, 2019), pero son el anhelo de toda organización educativa para alcanzar prestigio y con ello reconocimiento en su comunidad.
En este sentido, una educación de calidad es producto del esfuerzo que realizan los docentes bajo el liderazgo del equipo directivo, responsable de planear, coordinar, administrar, orientar, dirigir y programar todas las acciones de la organización educativa (Menacho et al., 2021); y esta calidad es óptima cuando los docentes ofrecen clases que favorecen al crecimiento cognitivo, formativo y productivo de sus estudiantes (Yepes y Gutierrez, 2022). Asimismo, De Miguel (1995) menciona como teorías que pueden explicar la calidad educativa: (a) Calidad como prestigio/excelencia; (b) Calidad en función de los recursos; (c) Calidad como resultados; (d) Calidad como cambio (valor añadido); (e) Calidad como adecuación a propósitos; (f) Calidad como perfección o mérito.; y (g) La calidad total como meta.
De igual forma, la evaluación constituye, para la educación, una herramienta fundamental para construir el proceso de cambio orientado a mejorar su calidad, por tanto, es determinante para acreditar la Calidad Educativa de una institución (Enríquez et al., 2021). En efecto, la evaluación es un proceso sistémico que permite recoger datos, de todos los procesos educativos, para obtener información válida y fiable que permita tomar juicios de valor acerca de la situación institucional. Estos juicios, deben ser usados para la toma de decisiones con el fin de mejorar el servicio educativo (Bernal et al., 2018). Además, la evaluación es una herramienta que permite tomar decisiones para la mejora, en base a debilidades y fortalezas de todos los participantes, por tanto, toda mejora de la calidad educativa debe pasar por una serie de evaluaciones sistemáticas.
Sin embargo, no existe un modelo único de evaluación, algunas instituciones prefieren las evaluaciones internacionales estandarizadas, otras optan por las normas ISO y otras por los modelos de acreditación impuestas desde sus organismos gubernamentales estatales (Álvarez-López y Matarranz, 2020). Calidad educativa, es también, sinónimo de altos resultados en exámenes estandarizados acompañados de óptimos procesos pedagógicos y de gestión orientados a cumplir metas a nivel institucional, nacional e internacional (Martínez-Iñiguez et al., 2020).
Es importante señalar que la acreditación es un instrumento de evaluación, que brinda información para la toma de decisiones orientados a la mejora, teniendo en cuenta el cumplimiento o no de los criterios o estándares de calidad (modelo), tanto para el acreditador que está evaluando como para la institución que está siendo evaluada. El proceso de evaluación puede realizarse con propósitos de mejora interna o para la acreditación externa (Zúñiga-Arrieta y Camacho-Calvo, 2022). Adicionalmente, para toda organización educativa la mejor forma de garantizar un servicio de calidad es a través de la acreditación, sin embargo, los procesos de valoración, por sí mismos, no garantizan la excelencia. Lo que ofrece la acreditación o certificación es la toma de decisiones en base a procesos debidamente sistematizados para un eficiente manejo de los recursos y con ello implementar un programa de aseguramiento de la calidad, que garantice la mejora institucional continua y sostenible en el tiempo (Farfán et al., 2021).
En este sentido, la principal preocupación para las organizaciones educativas es obtener un documento que probara la certificación o acreditación de los procesos institucionales que ofrece. Ante ello, es una idea generalizada que los gobiernos, bajo la tutela de organismos internacionales, implementen sistemas u organismos de acreditación con el fin garantizar a la sociedad programas idóneos, procesos de calidad y de excelente nivel académico (Barragan y Contreras, 2020).
En búsqueda de la ansiada calidad, la mayoría de gobiernos latinoamericanos han impulsado políticas para que sus sistemas y organizaciones certificadoras aseguren un servicio educativo de excelencia, destacando los casos de Argentina, Brasil, Colombia, Costa Rica, Chile, Ecuador, México, Perú y Venezuela; siendo Bolivia la excepción que no ha logrado aún establecer un sistema oficial para acreditar el nivel del servicio educativo que brinda (Chambi, 2022). Adicionalmente, surgieron los modelos para la valoración de la calidad educativa y con ellos las cartillas académicas que orientan los procesos que pueden realizarse con fines de mejora interna o para alcanzar la certificación externa (Zúñiga y Camacho, 2022).
En educación, es elemental estar a la vanguardia de las necesidades y de las exigencias del entorno social cada día más globalizado, por lo tanto, toda organización educativa está obligada a establecer directrices que garanticen niveles óptimos del servicio que ofrece. De ahí la importancia de la acreditación de las instituciones educativas, pues al obtenerla van a poder considerarse mejores, generando como consecuencia el crecimiento y empoderamiento de la institución en su comunidad (Barragan y Contreras, 2020),.
Por lo expuesto anteriormente, se trazaron como preguntas de investigación ¿Cuál es el impacto de la acreditación en la calidad de la educación básica?, por esto, para dar respuesta a las interrogantes este estudio se plantea como objetivo analizar la acreditación en la calidad de las instituciones de educación. Asimismo, la importancia de esta investigación radica en presentar diversos estilos o tipos de acreditación relevantes en la dinámica calidad educativa y la acreditación, en la consecución de la excelencia académica.
METODOLOGÍA
Se llevó a cabo un estudio documental apoyado en una revisión sistemática extrayendo la información de las bases de datos: Scopus, Ebsco host, Scielo, Dialnet y ProQuest, utilizando el método PRISMA para la búsqueda, evaluación y selección de las investigaciones (Figura 1), para luego ser organizadas con el propósito de deducir o responder las interrogantes sobre el tema, estableciendo vínculos e implicancias del fenómeno abordado. Los trabajos seleccionados se obtuvieron. Se empleó la ecuación de búsqueda aplicando las variables: “calidad educativa” + “aseguramiento de la calidad” + “acreditación”, usando el booleano AND, obteniéndose un total de 126 estudios.
Se establecieron como criterios de inclusión, el año de publicación entre 2018 a 2022, en idioma inglés y español, con referencia a las variables y objetivo planteado. Los artículos obtenidos fueron sometidos a un riguroso análisis, para ser organizados en una matriz de registro de datos en Microsoft Office Excel. Se excluyeron publicaciones anteriores al 2018, trabajos publicados en revistas no indexadas y estudios con contenido irrelevante para la investigación, duplicados o con características no determinadas en el método científico, escogiéndose para el análisis 16 publicaciones (ver Tabla1).
DESARROLLO Y DISCUSIÓN
La Tabla 1 presenta una síntesis de las investigaciones analizadas en la revisión sobre calidad educativa. Se destacan estudios con enfoques tanto cuantitativos como cualitativos, abordando diversas dimensiones como la autoevaluación docente, la evaluación formativa, la acreditación educativa y la gestión escolar. Los resultados evidencian la importancia de la reflexión crítica, el liderazgo pedagógico y la implementación de políticas educativas en la mejora continua de la calidad. Además, se resalta la necesidad de establecer sistemas de monitoreo y evaluaciones constantes para garantizar procesos educativos efectivos y sostenibles.
Con respecto a la calidad educativa, el consenso a nivel internacional es consagrado en la UNESCO que propone en el objetivo sustentable 4 de la Agenda 2030 establecer la obligatoriedad de “brindar una educación de calidad con inclusión y equidad para todos y todas” (UNESCO, 2015a). Atendiendo a esta disposición, los países han creado organismos que velen por el logro de este objetivo. A nivel de Latinoamérica algunos ejemplos se observan en: a) Argentina: Sistema Nacional de Evaluación de la Calidad SINEC creado para obtener información válida y fiable, a través de operativos nacionales de evaluación para formular nuevas políticas educativas orientadas a la mejora (Rodríguez et al., 2018); b) Colombia: Sistema Nacional de Acreditación SNA para garantizar que las instituciones educativas cumplan con requisitos, propósitos y objetivos de calidad (Martínez y Moreno, 2019); c) Ecuador: Consejo Nacional de Aseguramiento de la Calidad Educativa Superior CACES que acredita a carreras universitarias bajo rigurosos estándares de calidad (Chancay et al., 2021; Muñoz y Fernández, 2022); d) México: Sistema de acreditación de calidad educativa SACE organismo que acredita a organizaciones educativas bajo la cultura de mejora continua (Robles et al., 2018); e) Costa Rica: Sistema Nacional de Acreditación de la Educación Superior SINAES encargado de certificar las carreras de las universidades del país (Zúñiga-Arrieta y Camacho-Calvo, 2022); f) Chile: Sistema Nacional de Aseguramiento de la Calidad SAC que busca asegurar el acceso a niños, niñas y adolescentes de oportunidades para su desarrollo (Moreira-Arenas et al., 2022); g) Venezuela: Sistema de evaluación, Seguimiento y Acreditación de SESA preocupado principalmente en imponer parámetros a beneficio del gobierno de turno en desmedro de una real excelencia (Diaz et al., 2022); h) Brasil: Sistema Nacional de Evaluación de la Educación Básica SAEB encargado de mejorar la calidad de su servicio educativo, aplicando evaluaciones anuales a directivos, docentes, estudiantes y familias (Aparecida et al., 2022); e i) Perú: Sistema Nacional de Evaluación, Acreditación y Certificación de la Calidad Educativa SINEACE que a través de evaluadores experimentados, basándose en estándares de calidad, ha logrado importantes avances en la formación superior peruana quedando pendiente acciones de mejora en la formación básica (Medina et al., 2022).
Por su parte, definir calidad educativa es complejo, hay diversas concepciones que los teóricos utilizan para determinar que está presente en una institución. Para algunos, las organizaciones educativas poseen calidad cuando dan cumplimiento a criterios o estándares establecidos por los organismos o agencias para la acreditación o certificación institucional, impulsadas desde los gobiernos nacionales (Aguayo, 2018; Álvarez-López y Matarranz, 2020; Bertossi et al., 2022; Bonilla-Carchi et al., 2021; Enríquez et al., 2021; Galiana, 2022; Galioto, 2022; Ruiz-Ramirez y Glasserman, 2021). Para otros, la calidad en educación está determinada por los puntajes obtenidos en las pruebas internacionales estandarizadas (Chaves-Manzano y Ordoñez-López, 2019; Pericacho et al., 2019; Sánchez y García, 2021).
Otros autores señalan que puede determinarse la calidad educativa por los resultados en las evaluaciones nacionales implementadas por cada país, como las evaluaciones Aprender y Enseñar en Argentina (Rodríguez et al., 2018), las pruebas Saber en Colombia (Erazo, 2018; Yepes y Gutierrez, 2022), los Exámenes Nacionales de Logro Académico de los Centros escolares en México (Sánchez y García, 2021), las pruebas censales Ser y Aprendo en Ecuador (Bonilla-Carchi et al., 2021); las pruebas SIMCE en Chile (Galioto, 2022); cerrando el caso excepcional de Venezuela donde la medición de la calidad se resume a las evaluaciones, carentes de validación rigurosa, aplicadas a juicio de los docentes de aula (Diaz et al., 2022). También hay investigadores que consideran que la calidad educativa está fijada por el cumplimiento de los principios y estándares de las normas ISO 9001 y/o 21001 (Martínez y Moreno, 2019; Quimi, 2019) o alcanzando los criterios del modelo europeo de calidad total TQM (Karageorgos et al., 2021).
Por lo tanto, las vías para alcanzar la calidad son diversas, por ejemplo, para autores como Ariza et al., (2021), y Quintana (2018) la mejor forma es una eficiente gestión escolar de los sistemas educativos, sobre todo de carácter económico. A diferencia de Huapaya (2019) que afirma que se logra mediante una adecuada gestión basada en procesos por resultados. Asimismo, para Menacho-Vargas et al., (2021) es a través de la recopilación, sistematización y gestión del conocimiento eficientes. No obstante, para autores como García y Piovani, (2022) y Payán-Villamizar et al., (2022) es indispensable implementar planes internos para asegurar la calidad y con ellos el cumplimiento efectivo de las metas propuestas. Finalmente, es posible alcanzar una óptima calidad educativa con la ejecución eficiente de una planeación institucional que permita a los estudiantes el logro de sus competencias y atender sus problemas.
De los anteriores planteamientos se deduce que la calidad educativa es posible cuando la organización posee: una plana docente capacitada y con nivel satisfactorio en su desempeño (Jaimes y Rodríguez, 2022; Pericacho et al., 2019), mecanismos que promuevan el crecimiento profesional de sus docentes a partir de una rigurosa autoevaluación (Aguayo, 2018), orientadores pedagógicos que acompañan de manera efectiva a los docentes (Barrero et al., 2021; Lora-Loza et al., 2022; Medina et al., 2022), y un acertado liderazgo del equipo directivo (Chuquihuanca et al., 2022).
En ese mismo sentido, la calidad en educación está íntimamente ligada a la evaluación, es decir, la organización debe construir un sistema de evaluación continua, contextualizada y validada para garantizar un servicio de calidad (Mejía-Rodríguez y Mejía-Leguía, 2021), e incluso con la aplicación de un modelo de evaluación para el cambio que permita construir escuelas eficaces (Chaves-Manzano y Ordoñez-López, 2019). Así mismo, una escuela con calidad debe implementar mecanismos de rendición de cuentas por medio de sus resultados (Sánchez y García, 2021).
Del mismo modo, en todos los sistemas, niveles o modalidades educativas se deben implementar procesos, que garanticen un servicio con calidad y calidez, con pertinencia actualizada y articulada al contexto del educando (Bonilla-Carchi et al., 2021) y garantice la práctica sostenible de la mejora continua (Flores-Cueto et al., 2021) teniendo siempre presente el círculo virtuoso de la calidad impulsado por Deming (Pérez et al., 2022). Es un consenso generalizado en los autores que la acreditación es la mejor herramienta que una organización debe asumir para alcanzar la calidad educativa. La certificación permite verificar los estándares de la calidad y los desempeños académicos que brindan las entidades educativas (Farfán et al., 2021), ésta puede ser lograda por medio del cumplimiento de los modelos de calidad impuestos por las entidades gubernamentales o por normas ISO de agencias acreditadoras independientes.
Discusión
La calidad educativa es un concepto multidimensional que ha sido abordado desde diferentes perspectivas a nivel global y regional. La UNESCO, en el marco del Objetivo de Desarrollo Sostenible 4 (ODS 4) de la Agenda 2030, ha establecido la educación de calidad con inclusión y equidad como un imperativo para los países. En respuesta, diversas naciones han creado sistemas de evaluación, acreditación y certificación con el fin de garantizar estándares mínimos de calidad en sus instituciones educativas. Sin embargo, el enfoque y la efectividad de estos sistemas varían significativamente según el contexto político, económico y social de cada país.
Estructuras de aseguramiento de calidad: una comparación regional
El análisis de los modelos latinoamericanos muestra que, si bien todos los países han desarrollado mecanismos para evaluar y mejorar la calidad educativa, la orientación de estos sistemas no es homogénea. Por un lado, hay países como Argentina, Colombia, Ecuador, México y Perú que han institucionalizado organismos con un enfoque basado en estándares rigurosos y procesos de evaluación continua. Estos modelos han contribuido a la profesionalización de la enseñanza y al desarrollo de políticas educativas basadas en datos empíricos. Por otro lado, en países como Venezuela, el sistema de aseguramiento de la calidad ha sido señalado por algunos autores como un mecanismo de control político más que una herramienta de mejora educativa, lo que genera incertidumbre sobre su efectividad.
Asimismo, en países como Brasil y Chile, la calidad se mide a partir de evaluaciones nacionales, lo que genera debates sobre si los resultados de pruebas estandarizadas reflejan realmente la calidad del aprendizaje o si más bien responden a factores socioeconómicos y estructurales. Esto concuerda con la crítica realizada por algunos autores que consideran que las evaluaciones estandarizadas no siempre son capaces de medir el verdadero aprendizaje y el desarrollo de competencias de los estudiantes. La estandarización, por lo tanto, puede estar condicionada por las desigualdades socioeconómicas y las condiciones particulares de cada región, lo que cuestiona la capacidad de estas pruebas para capturar la diversidad de contextos en los que se encuentran las instituciones educativas.
Por otro lado, el caso de Venezuela revela un problema más profundo, donde la evaluación de la calidad educativa parece estar más orientada a cumplir con parámetros definidos por el gobierno en turno, lo que compromete la objetividad de las evaluaciones. Esta situación plantea la interrogante de si los sistemas de evaluación, cuando son políticamente manipulados, realmente contribuyen al desarrollo de la calidad educativa o si, por el contrario, refuerzan los intereses de quienes detentan el poder.
Definiciones y enfoques sobre la calidad educativa
El concepto de calidad educativa sigue siendo un tema de debate en la literatura. Algunas definiciones de calidad se centran en el cumplimiento de criterios específicos establecidos por organismos de acreditación como las normativas ISO, o el cumplimiento de los estándares establecidos por sistemas nacionales de evaluación. Estos enfoques tienden a medir la calidad a través de parámetros objetivamente verificables, tales como el desempeño académico en pruebas estandarizadas, el cumplimiento de planes y programas de estudio y la evaluación del entorno escolar.
Sin embargo, otros enfoques sugieren que la calidad educativa debe ser entendida no solo a través de criterios externos, sino también considerando la satisfacción y el bienestar de los estudiantes, la efectividad de los métodos pedagógicos empleados, y el desarrollo integral de los estudiantes. En este sentido, la calidad se ve como un proceso continuo, flexible y adaptado al contexto particular de cada comunidad educativa. Esta visión se alinea con los planteamientos de autores que enfatizan la importancia de la gestión pedagógica y del liderazgo institucional como elementos clave para lograr una educación de calidad.
La relación entre gestión escolar, evaluación y calidad educativa
Un aspecto clave que emerge de los estudios revisados es la estrecha relación entre la gestión escolar, la evaluación continua y la calidad educativa. Autores como Ariza et al. (2021) y Quintana (2018) destacan que una adecuada gestión escolar, que contemple aspectos administrativos y pedagógicos, es fundamental para alcanzar la calidad educativa. La gestión escolar eficiente no solo se refiere a la administración de recursos, sino también a la creación de un ambiente propicio para el aprendizaje, el fomento del desarrollo profesional de los docentes y el fortalecimiento del liderazgo educativo.
En este sentido, la evaluación continua juega un papel esencial en el monitoreo del desempeño institucional. Sin embargo, como señala Chaves-Manzano y Ordoñez-López (2019), la evaluación debe ser contextualizada, participativa y orientada a la mejora. Las evaluaciones estandarizadas, aunque útiles, no siempre permiten captar las realidades particulares de cada institución y, por tanto, no deben ser el único criterio para medir la calidad educativa. La implementación de modelos de evaluación para el cambio, como los sugeridos por los mismos autores, podría ser una vía efectiva para construir escuelas más eficaces que se adapten a las necesidades de sus estudiantes.
El impacto de la acreditación en la mejora continua
La acreditación es un tema recurrente en los estudios sobre calidad educativa, y se considera una de las herramientas más poderosas para garantizar estándares de calidad. La acreditación, cuando es realizada por entidades independientes y respetuosas de los principios académicos, ofrece una validación externa de la calidad educativa que puede ser fundamental para mejorar el desempeño institucional. Además, las certificaciones obtenidas a través de este proceso no solo validan el cumplimiento de estándares, sino que también impulsan a las instituciones a mantenerse en un proceso constante de mejora continua.
Este enfoque es clave en la perspectiva de algunos autores, quienes argumentan que el cumplimiento de modelos de calidad como los establecidos por normas ISO o por agencias acreditadoras internacionales genera una cultura institucional de autoevaluación y ajuste continuo (Martínez y Moreno, 2019). Sin embargo, la implementación efectiva de estos procesos depende no solo de los mecanismos de evaluación, sino también de la voluntad política y el compromiso institucional de las organizaciones educativas.
Para cerrar, la calidad educativa sigue siendo un tema complejo que abarca una amplia variedad de enfoques y herramientas para su evaluación. Aunque existen esfuerzos regionales y nacionales para garantizar la calidad mediante sistemas de evaluación y acreditación, la diversidad de contextos en Latinoamérica sugiere que no hay un único camino hacia la mejora educativa. Las herramientas de evaluación deben ser complementadas con una gestión escolar eficaz, un liderazgo comprometido y un enfoque inclusivo y equitativo. La calidad educativa no solo debe medirse a través de indicadores externos como pruebas estandarizadas, sino también considerando la calidad de los procesos pedagógicos, el desarrollo profesional docente y la satisfacción de los estudiantes con su aprendizaje. Solo a través de un enfoque holístico y contextualizado será posible alcanzar los objetivos establecidos por la UNESCO para la educación de calidad con inclusión y equidad.
CONCLUSIÓN
La acreditación de la calidad educativa requiere la implementación de un modelo de evaluación, ya sea interno o externo, que se aplique de manera efectiva a las comunidades académicas involucradas en este proceso, generando un impacto positivo en ellas. Las investigaciones coinciden en que la calidad no debe percibirse como un objetivo estático, sino como un proceso dinámico orientado al mejoramiento continuo.
Es fundamental que el proceso de evaluación para obtener la acreditación se desarrolle de manera transparente, ética, con una base técnica sólida y un enfoque en la mejora continua de programas e instituciones. Esto implica la perfección de los procesos académicos, lo que permite respaldar decisiones a nivel directivo, favoreciendo una gestión eficaz de la calidad y la acreditación. En este contexto, la autoevaluación crítica en áreas clave como la gestión curricular, administrativa y pedagógica es esencial para garantizar el avance de este proceso.
Por lo tanto, la mejora continua debe ser la expectativa central. Los organismos encargados de la evaluación y acreditación deben promover la implementación de políticas públicas con normativas institucionales claras, comprensibles para toda la comunidad educativa. El consenso general señala que las medidas de mejora deben abordarse desde diversas perspectivas: socio-educativa, económica y política, promoviendo una sinergia coherente entre familias e instituciones. Esta interacción debe estar abierta y dispuesta al cambio, con el fin de optimizar el currículo y las metodologías pedagógicas aplicadas. Finalmente, debido al impacto de la pandemia, es crucial replantear los criterios de acreditación, teniendo en cuenta los nuevos paradigmas de la educación virtual e híbrida, en los que las TIC desempeñan un rol clave en el proceso educativo.
CONFLICTO DE INTERESES. Los autores declaran que no existe conflicto de intereses para la publicación del presente artículo científico.
















