INTRODUCCIÓN
En la actualidad, el termino violencia familiar comprende acciones permanentes cometidas por uno o varios de los miembros del núcleo familiar, las cuales ocasionan daño físico y psicológico, afectando su integridad, personalidad y estabilidad familiar (Herrera y Chufandama, 2017; Cano, 2016; Enríquez et al., 2013). Esta situación incide en la autoestima y, posteriormente, en el desempeño académico, al demostrarse insuficiencia en las habilidades para enfrentar con éxito los desafíos planteados en el entorno educativo (García et al., 2017; Calderón, 2015). No obstante, se ha observado que la violencia que ocurre dentro del ámbito familiar puede llegar a normalizarse entre sus miembros, afectando negativamente la autoestima y dando lugar a individuos que emplean la violencia o la perciben como una parte inherente de su existencia, asumiendo roles tanto de agresor como de víctima (Organización Mundial de la Salud [OMS], 2020).
Por otro lado, el investigador Chang (2021) afirma que la mayoría de los estudiantes universitarios son víctimas de violencia familiar específicamente violencia física, psicológica y sexual. Además, en el estudio realizado por Baylon y Cruz (2022) se reveló que más del 50% de los estudiantes universitarios son afectados por alguna forma de acoso sexual. Estos hallazgos indican que la violencia familiar tiene un impacto negativo en diversas áreas del desarrollo estudiantil, incluyendo el rendimiento académico, las habilidades sociales y cognitivas. Además, se observa que esta problemática desmotiva a los estudiantes, afectando su continuidad en los estudios.
Cabe destacar, la importancia de la variable autoestima en cuanto a la violencia familia y rendimiento académico, considerado el reflejo integral de la persona (Mejía y Silva, 2015). Contrariamente a ser un atributo innato, la autoestima se forja a lo largo de la vida mediante las experiencias acumuladas, dejando una marcada influencia en el individuo a lo largo del tiempo (Barboza y Paucar, 2018). En este sentido, se establece una conexión entre la autoestima y la violencia de familia, siendo determinante el nivel de autoestima de cada individuo (Yarlequé, 2020). Por esta razón, la autoestima es fundamental, ya que representa una herramienta personal mediante la cual tanto hombres como mujeres pueden recuperar su fortaleza y protegerse de las repercusiones emocionales del abuso (Fernández de Juan, 2006).
En Perú, según información proporcionada por el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (MIMP) durante el año 2020 se registraron 93,191 casos de maltrato intrafamiliar. Adicionalmente, se reportaron 44,090 casos de violencia psicológica, 36,697 de violencia física y 12,054 de violencia sexual (Arambulo, 2021). La Encuesta Demográfica y de Salud de la Familia destaca la violencia como un problema social con consecuencias graves para la salud, economía y desarrollo. Este fenómeno se infiltra silenciosamente en los hogares, dejando secuelas perniciosas que afectan la salud física y psicológica de los miembros del grupo familiar (Encuesta Demográfica y de Salud de la Familia [ENDES], 2020).
La violencia familiar y su reflejo en la baja autoestima de la población estudiantil universitaria surge como consecuencia de una serie de condiciones socioeconómicas y culturales que caracterizan a la juventud. Estas condiciones se reflejan en el ámbito académico y se entrelazan con las demandas de calidad educativa que imponen las universidades. En este contexto, la Encuesta Nacional de Hogares ofrece un perfil del estudiante universitario en Perú. Destaca que una minoría de los padres posee estudios superiores, muchos provienen de áreas rurales, algunos son originarios de comunidades nativas con lenguas autóctonas y forman parte de la población económicamente activa. Estas características se convierten en factores de vulnerabilidad para los estudiantes, facilitando la manifestación de diversos tipos de violencia (Encuesta Nacional de Hogares [ENAHO], 2020).
En el contexto actual, la problemática de la violencia familiar entre estudiantes universitarios en Perú se manifiesta como una consecuencia directa de condiciones socioeconómicas y culturales, impactando negativamente la autoestima y, por ende, el rendimiento académico. Las cifras alarmantes proporcionadas por el MIMP, que registra un elevado número de casos de maltrato intrafamiliar, indican que la violencia persiste, afectando la salud física y psicológica de los afectados. A pesar de los esfuerzos, la tendencia parece no mejorar, y la normalización de la violencia dentro de las familias contribuye a la perpetuación de este fenómeno.
El estudio se justifica ante la creciente evidencia de la persistencia de la violencia familiar entre estudiantes universitarios en Perú y su impacto adverso en la autoestima y el rendimiento académico. Ante esta realidad, se busca comprender más a fondo las causas subyacentes. El propósito de esta investigación es proporcionar una visión comprehensiva de la interrelación entre la violencia familiar, la autoestima y el desempeño académico, con el fin de contribuir al diseño de estrategias de intervención efectivas y programas de prevención que promuevan entornos saludables y seguros para los estudiantes universitarios. Se aspira a generar conocimientos que no solo contribuyan a la academia, sino también a la toma de decisiones de políticas públicas y a la sensibilización de la sociedad respecto a la importancia de abordar de manera integral la problemática de la violencia familiar en el ámbito universitario.
MÉTODO
La investigación fue de tipo correlacional, enfocándose en analizar la relación entre la violencia familiar, la autoestima y el rendimiento académico. Se utilizó una población de 64 estudiantes universitarios, de los cuales se extrajo una muestra de 55 participantes mediante un muestreo aleatorio simple.
Para la recolección de datos, en relación con la variable autoestima, se empleó la escala de Coopersmith (1959), adaptada por Lachira (2013). Este instrumento consta de 25 ítems distribuidos en tres dimensiones: General (13 ítems), Social (6 ítems) y Familiar (6 ítems). La calificación se realizó mediante un procedimiento directo, donde el puntaje se obtuvo sumando el número de ítems respondidos correctamente y multiplicando esta suma por 4, con un puntaje máximo de 100 puntos. El rendimiento académico se evaluó a través del reporte oficial de calificaciones.
Por otro lado, la variable violencia familiar se midió mediante el Cuestionario de Violencia Familiar (CVIFA) de Altamirano (2020), compuesto por 46 ítems divididos en dos dimensiones: violencia física (22 ítems, con indicadores como agresión con manos, agresión con objetos, consecuencias del maltrato, heridas y quemaduras) y violencia psicológica (24 ítems, con indicadores como agravio, censura, distanciamiento afectivo, gritos y clima de miedo). Cada ítem se calificó con valores entre 0 (nunca) y 4 (siempre).
Para la cuantificación de las variables, se categorizó la información en tres rangos (bajo, medio y alto) para cada variable (Y, X1 y X2), como se detalla en la Tabla 1.
Se calcularon las distribuciones de frecuencias y los principales estadísticos descriptivos (media, desviación estándar, sesgo y curtosis) para todas las variables. Posteriormente, se desarrollaron modelos de regresión logística ordinal. Para determinar la calidad de los modelos, se aplicaron pruebas de bondad de ajuste basadas en la distribución chi cuadrado de Pearson y el pseudo R² de Nagelkerke.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
La distribución de frecuencias del rendimiento académico (medido a través de las calificaciones del grupo) se muestran en la Figura 1. La media es de 16.11 puntos y la mediana es 16 puntos, adicionalmente, el conjunto de datos reporta 2 modas (16 y 18 puntos). La dispersión, medida a través de la desviación estándar tiene un valor de 2.12 puntos.
Las principales medidas estadísticas para la variable Autoestima (X1) y sus dimensiones se encuentran en la Tabla 2. Se reporta que la media general es de 74.76 (la escala máxima del instrumento es de 100 puntos), mientras que la dimensión General (X11) reporta una calificación promedio de 39.20 de un máximo de 52 puntos, la dimensión Social (X12) posee una media de 17.16 de un máximo de 24 puntos y finalmente la dimensión Familiar (X13) reporta un puntaje promedio de 18.40 (el máximo en la escala es de 24 puntos). Analizando la distribución de frecuencias (Figura 2), se observa que, para todos los casos, la categoría modal es Alto, con valores que oscilan entre 42 (X1 - Autoestima) y 48 (X12 - Social) casos; no se reportan individuos dentro de la categoría Bajo.
Se reportan los estadísticos de la variable Violencia Familiar (X2) en la Tabla 3 y la distribución de frecuencias en la Figura 3. Se observa que la dimensión Violencia Física (X21) tiene una media de 39.64 puntos (de un máximo posible de 66 puntos), mientras que la dimensión Violencia Psicológica (X22) reporta un puntaje promedio de 41.53 (el máximo posible es 72 puntos); la calificación media de la variable Violencia Familiar (X2) es de 81.16 (de un total posible de 138 puntos). En la distribución de frecuencias de la variable, se observa que, para todos los factores analizados, el nivel Alto es el más frecuente, con frecuencias que oscilan entre 25 (Violencia Familiar - X2) y 26 (X21 y X22) casos, mientras que el nivel Bajo es el menos frecuente.
Para corroborar los objetivos de la investigación, se desarrollaron cuatro modelos, identificados en la Tabla 4 y representados de manera gráfica en la Figura Y. La prueba de chi cuadrado muestra que todos los modelos son significativos (p<0.05), mientras que el indicador pseudo R2 de Nagelkerke oscila entre 0.6822 para M1 y 0.9606 para M4. Comparando la eficiencia de los modelos M3 y M4, se observa que la incorporación de todas las dimensiones de las dos variables sólo aporta un 1.27% de calidad al modelo, por lo que por razones prácticas es preferible trabajar con el modelo de 2 variables para explicar el fenómeno analizado.
Adicionalmente, se realizó el cálculo del coeficiente de correlación, así como su respectiva significancia. Se observa que todos los valores son estadísticamente significativos; adicionalmente, se observa que la variable autoestima y sus dimensiones poseen coeficientes de correlación positivos, mientras que la variable violencia y sus dimensiones reportan correlaciones negativas; esto significa que el rendimiento académico es directamente proporcional a la autoestima, pero inversamente proporcional a la exposición de situaciones de violencia por parte de la familia (Tabla 5).
Discusión
El estudio reveló una correlación significativa entre la autoestima y el rendimiento académico, con un coeficiente de 0.8091. Este valor supera el hallazgo reportado por Coronel (2019), quien encontró una correlación de 0.453 en su muestra. La relación entre estas variables es explicada por Terblanche et al., (2020), quienes argumentan que la autoestima influye en las interacciones de los estudiantes tanto con sus compañeros como con los docentes. Concluyen que un entorno que favorezca el fortalecimiento de la autoestima de los estudiantes y que facilite interacciones positivas contribuye a un mejor aprendizaje. A partir de estos resultados, sugieren que los docentes implementen estrategias para mejorar la autoestima y fomentar la participación activa de los estudiantes en el proceso de aprendizaje. De manera similar, Orsini et al., (2018) afirman que los grupos con un nivel elevado de autoestima, producto de una alta motivación intrínseca, tienden a emplear estrategias de estudio profundas, lo que se traduce en un mejor rendimiento académico.
La literatura especializada resalta el vínculo existente entre la autoestima y las interacciones de los estudiantes con sus compañeros y profesores. En este sentido, Terblanche et al., (2021) mencionan que esta relación afecta dos aspectos fundamentales del proceso educativo: el rendimiento en el aprendizaje y el rendimiento académico. Los autores sugieren que una mejora en la autoestima y en las interacciones bidireccionales entre estudiantes y profesores puede aumentar la tasa de aprobación. Para ello, emplearon un enfoque positivista de encuesta con una muestra de 313 estudiantes, concluyendo que la autoestima impacta tanto en la interacción estudiante-estudiante como en la interacción profesor-estudiante. Basados en estos hallazgos, promueven la creación de un entorno que favorezca el desarrollo de la autoestima de los estudiantes y facilite las interacciones que conduzcan a un mejor aprendizaje.
En cuanto a la relación entre violencia familiar y rendimiento académico, este estudio encontró una correlación estadísticamente significativa (R = -0.9733, p<0.05), indicando que la exposición a situaciones de violencia familiar afecta negativamente el rendimiento académico medido a través de las calificaciones. Lucas-Zambrano et al., (2020) afirman que el maltrato emocional está estrechamente vinculado con el desempeño académico, destacando que la agresión, en sus diversas formas, puede generar secuelas como baja autoestima y desmotivación, lo que a su vez disminuye el rendimiento escolar y produce traumas en otras áreas de la vida del estudiante. Chauca y Morales (2021) señalan que entre las principales consecuencias de la violencia psicológica se encuentran la baja autoestima, la depresión, la timidez y la irritabilidad, mientras que la violencia física provoca marcas físicas como hematomas o fracturas. La combinación de ambos tipos de violencia (psicológica y física) genera desinterés por la socialización, ausentismo y, en consecuencia, un impacto directo en el rendimiento académico.
Otros estudios corroboran esta relación entre violencia y bajo rendimiento. Orozco y Castellón (2020) analizaron los efectos de la violencia familiar en estudiantes de secundaria con bajo rendimiento académico. Su muestra consistió en 45 estudiantes entre 14 y 18 años, y encontraron que el 45% de los participantes reportaron haber sufrido violencia física, mientras que el 33% experimentaron violencia psicológica en el último mes. Medina et al., (2019) destacan que el hogar debe ser un entorno adecuado para el desarrollo del aprendizaje. Cuando existen situaciones de violencia, los niños enfrentan conflictos emocionales y psicológicos que afectan su desempeño escolar.
Masath et al., (2023) realizaron un estudio sobre las asociaciones entre la violencia sufrida por niños a manos de maestros y compañeros, y su impacto en la salud mental y el rendimiento académico. Los resultados sugieren que la exposición a la violencia afecta indirectamente el rendimiento académico al aumentar los problemas de atención y conducta, por lo que los autores recomiendan la implementación de intervenciones para dotar tanto a los estudiantes como a sus familias de herramientas para gestionar la asertividad emocional.
Además de la violencia familiar, otras formas de violencia también pueden influir en el rendimiento académico. Padilla-Romo y Peluffo (2023) investigaron los efectos de la migración estudiantil inducida por la violencia, utilizando la exposición a la violencia como una variable exógena para medir su impacto en el rendimiento académico de los estudiantes. Los autores hallaron que los distritos con mayores índices de violencia experimentan altas tasas de emigración estudiantil. En las escuelas receptoras, los estudiantes que habían sido expuestos a violencia local experimentaron una disminución en su rendimiento académico, especialmente en el caso de las niñas y los estudiantes de alto rendimiento.
CONCLUSIONES
Se determinó que tanto la autoestima como la violencia familiar influyen de manera significativa en el rendimiento académico de los estudiantes universitarios. Ambas variables son capaces de explicar la variable dependiente del modelo. Además, la prueba de Nagelkerke muestra que las variables analizadas explican hasta el 94.74% del rendimiento académico. Esto indica que, a medida que un individuo posee una valoración positiva de sí mismo y está menos expuesto a situaciones de violencia familiar, su capacidad para adquirir y aplicar conocimientos y habilidades se incrementa, lo que se refleja en un aumento en sus calificaciones.
Los componentes de la autovaloración en los ámbitos general, social y familiar impactan de manera significativa el rendimiento académico de los estudiantes universitarios. La prueba de Nagelkerke revela que estos componentes explican el 68.22% del comportamiento de la variable dependiente (rendimiento académico). Esto sugiere que mejorar la aceptación que el estudiante tiene sobre sí mismo y sus conductas propicia una actitud más abierta al aprendizaje, favoreciendo la interacción con sus pares y la socialización, lo cual se traduce en un mejor desempeño académico.
Asimismo, se halló que los componentes de la violencia familiar (violencia física y psicológica) afectan de manera significativa el rendimiento académico de los estudiantes universitarios. Las dos dimensiones incluidas en el modelo permiten explicar el 95.01% del comportamiento de la variable dependiente. Esto implica que la exposición a la violencia por parte de miembros de la familia tiene un impacto negativo en el rendimiento académico, ya que compromete funciones esenciales como la concentración y la atención, lo que puede generar cuadros de ansiedad o estrés que dificultan el adecuado desempeño en las tareas académicas.
CONFLICTO DE INTERESES. La autora declara que no existe conflicto de intereses para la publicación del presente artículo científico.























