INTRODUCCIÓN
El término docencia universitaria refiere a las actividades de aprendizaje en el entorno universitario. Tradicionalmente, se consideraba al docente como el principal poseedor del saber y un elemento activo en los procesos de enseñanza y aprendizaje. Sin embargo, en la actualidad, se promueve una perspectiva donde el docente actúa como guía en la formación del conocimiento del estudiante, quien asume un rol protagónico en su aprendizaje (Formación Integral y Desarrollo Empresarial [FIDE], 2022).
El nuevo rol de los docentes universitarios, como formadores de estudiantes, plantea desafíos complejos que exigen comprender y fomentar su desarrollo profesional. Este desarrollo trasciende la adquisición de conocimientos y habilidades técnicas, implicando una formación integral que aborde también su dimensión humana (Montes y Suárez, 2016).
En este contexto, la didáctica desempeña un papel crucial en la práctica docente, junto con la pedagogía y la educación en general. Estas disciplinas son esenciales para adaptar las estrategias de enseñanza a las nuevas exigencias del nivel universitario. No obstante, la didáctica no debe reducirse a un conjunto de prácticas rutinarias ni limitarse a aspectos técnicos. Por el contrario, requiere un enfoque reflexivo que permita comprender sus fundamentos teóricos y su impacto en la práctica docente (Barragán, 2015; Londoño, 2015).
La docencia también se concibe como un conjunto de competencias que los docentes desarrollan en contextos específicos, utilizando métodos apropiados y gestionando recursos de manera eficiente. Estas competencias forman parte del desarrollo profesional y personal del docente, independientemente del área del conocimiento en que se desempeñe (Monereo y Domínguez, 2014; Jerez et al., 2016).
Por otra parte, las actividades de investigación en el ámbito universitario suelen estar asociadas a procesos de evaluación orientados a la obtención de grados o títulos académicos. No obstante, la investigación trasciende este propósito inicial, convirtiéndose en una herramienta esencial para generar conocimiento sobre problemáticas socioculturales humanas y proponer soluciones a desafíos disciplinares y contextuales (Brenes, 2021).
En gran parte de América Latina, incluida Ecuador, la investigación universitaria enfrenta importantes limitaciones, principalmente debido a restricciones presupuestarias y deficiencias en recursos humanos. La mayoría de las universidades se concentran en la docencia, mientras que solo un reducido número realiza investigación rigurosa y sostenida (Fabara, 2016). Sin embargo, la asignación de mayores recursos por parte de los estados-nación, acompañada de marcos normativos adecuados, podría elevar significativamente la calidad educativa y contribuir al desarrollo económico y social de las comunidades (Cosmos, 2018).
La investigación también está intrínsecamente vinculada al progreso académico de la comunidad estudiantil. La formación de profesionales altamente capacitados impulsa el desarrollo social y económico de las naciones, permitiendo avances tecnológicos y fortaleciendo su posicionamiento global. En este sentido, las universidades suelen recibir apoyo financiero estatal para fomentar la innovación y consolidar proyectos de investigación (Palacio et al., 2018).
En consecuencia, el fortalecimiento de la investigación universitaria impacta positivamente en el desarrollo educativo, cultural y tecnológico de un país. Además, constituye un pilar clave para comprender el avance del ser humano y promover una constante innovación en los sistemas educativos y tecnológicos (Ediciones Amargord, 2021).
A nivel mundial, la relación entre la docencia y el desarrollo de la investigación científica es fundamental, ya que incide positivamente en el desempeño de las instituciones de educación superior y en el aprendizaje de los estudiantes de pregrado. Según Peñalosa y Montaño (2021), una universidad que carece de investigación puede ser socialmente relevante, pero no alcanza su máximo potencial al no contribuir al desarrollo de las capacidades estudiantiles ni abordar de manera efectiva las problemáticas sociales (Unión de Universidades de América Latina y el Caribe [UDUAL], 2022).
En América Latina, la productividad científica es limitada, una situación que no siempre se explica por factores económicos. Incluso en países con economías relativamente estables, la producción científica sigue siendo baja. Esto refleja una insuficiente valoración de la importancia de la investigación científica y tecnológica para el desarrollo de los países. Además, las brechas significativas respecto a otras regiones están relacionadas con carencias en subsidios de investigación, presupuestos, equipos y laboratorios, entre otros factores (Comisión Económica para América Latina y el Caribe [CEPAL], 2021).
En el caso de Perú, la investigación universitaria es un requisito esencial para garantizar la calidad en la formación de futuros profesionales. La Ley Universitaria Peruana N.° 30220 establece que la investigación es un proceso obligatorio en la educación superior, siendo evaluada como un criterio fundamental por la Superintendencia Nacional de Educación Superior Universitaria (SUNEDU). Sin embargo, la producción científica sigue siendo baja. Por ejemplo, en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, apenas el 5% de los egresados obtienen su título mediante tesis, lo que evidencia la necesidad de brindar herramientas adecuadas y orientación suficiente para incrementar estos índices y mantener altos estándares educativos (Gálvez et al., 2019; García, 2021).
La calidad y el impacto de la investigación se reflejan en la cantidad de documentación generada y su influencia en la sociedad. Las universidades que asignan recursos a la investigación no solo fortalecen la educación de sus estudiantes, sino que también promueven el desarrollo profesional de sus docentes, estableciendo una cultura de investigación sostenible que beneficia a la sociedad (Acevedo et al., 2021).
No obstante, las nuevas generaciones enfrentan desafíos distintos, impulsados por el uso de plataformas virtuales y la necesidad de un enfoque innovador en la formación docente. Este contexto exige a las universidades articular la práctica docente con el conocimiento actual, fomentando espacios que permitan consolidar una cultura investigativa sostenible. Esto resulta crucial para el avance científico y académico tanto de estudiantes como de profesores (Castell Luo, 2021).
La cultura de investigación se fundamenta en aspectos cognitivos, de evaluación y en actitudes que forman parte del desarrollo integral de la comunidad académica. Este proceso se vincula con las interacciones propias de la cultura investigativa, que destacan la responsabilidad de lograr un desarrollo académico autónomo (Criado et al., 2020).
En América Latina, a pesar de las complejas crisis sistémicas y estructurales, los docentes han aprovechado el acceso a internet para capacitarse y mejorar sus habilidades investigativas (González et al., 2022). Esto subraya la importancia de comprender el vínculo entre la docencia y la investigación desde la perspectiva de los docentes.
En este contexto, Valle et al., (2022) analizaron la formación en competencias investigativas en un grupo de docentes. Su estudio sistematizó fundamentos teóricos asociados al desarrollo de estas competencias, particularmente en investigaciones orientadas a soluciones prácticas. Los hallazgos evidencian que la formación en competencias investigativas permite analizar problemas educativos y aplicar teorías pedagógicas para la innovación docente y curricular, garantizando así la calidad educativa. Por su parte, Romero et al., (2021), en Ecuador, concluyeron que la formación de los docentes es esencial para establecer un modelo educativo basado en la investigación científica, integrando programas de docencia y extensión que refuercen los estándares de calidad académica y motiven a los estudiantes.
No obstante, investigaciones como la de Erraéz et al., (2020) revelan que el 48% de los docentes y estudiantes de educación nunca ha participado en proyectos de investigación, evidenciando insuficiencias en su formación y en el tratamiento de las bases teóricas necesarias para desarrollar competencias en este ámbito.
A nivel nacional, Estrada et al., (2021) estudiaron las actitudes investigativas de estudiantes de educación y encontraron actitudes desfavorables hacia la investigación científica. Además, identificaron correlaciones significativas entre dichas actitudes y factores sociodemográficos como género y edad (p < 0,05). Esto resalta la necesidad de fortalecer las habilidades pedagógicas e investigativas de los formadores que imparten cursos de investigación, promoviendo actitudes más positivas hacia estos procesos.
Por otro lado, Montes (2020) examinó las limitaciones de los docentes en el desarrollo de investigaciones científicas, destacando tres factores principales: falta de tiempo, recursos económicos y cargas académicas. A pesar de ello, los docentes sienten una obligación moral hacia la investigación. Asimismo, Cervantes et al., (2019) señalaron que las universidades en Perú enfrentan desafíos significativos para adaptarse a los nuevos tiempos. Este retraso afecta su capacidad para formar profesionales que puedan afrontar problemáticas sociales, contribuir al desarrollo socioeconómico y promover el conocimiento científico de manera sostenible.
Estos estudios reflejan la necesidad de un análisis profundo sobre las variables que afectan la relación entre docencia e investigación, proporcionando tanto información estadística como perspectivas prácticas. En este sentido, resulta crucial visibilizar esta realidad en el ámbito nacional, especialmente entre los docentes universitarios. Por ello, el objetivo de este trabajo fue determinar la relación entre la docencia y la investigación desde la perspectiva de los docentes de nivel superior.
MÉTODO
El estudio empleó un enfoque cuantitativo y se desarrolló con un nivel descriptivo correlacional. Se trabajó con un diseño no experimental. La población estuvo conformada por un total de 259 docentes de una universidad en Lima. La muestra quedó seleccionada mediante un muestreo probabilístico aleatorio simple, estuvo compuesta por 155 docentes, de acuerdo con los criterios de selección establecidos.
Se utilizó la técnica de encuesta, y los instrumentos empleados fueron cuestionarios. Para medir la docencia, se aplicó un cuestionario compuesto por 47 ítems agrupados en tres dimensiones: dimensión pedagógica (23 ítems), dimensión cultural (8 ítems) y dimensión política (16 ítems). Los ítems se evaluaron mediante una escala tipo Likert de cinco alternativas: Nunca (1), Casi nunca (2), Ocasionalmente (3), Generalmente (4) y Siempre (5), según el instrumento desarrollado por Neyra (2019).
Por otro lado, para medir la investigación, se utilizó un cuestionario de 19 ítems distribuidos en tres dimensiones: formación investigativa (4 ítems), competencia investigativa (8 ítems) y actividad investigativa (7 ítems). Este instrumento también empleó una escala tipo Likert de cinco alternativas: Nunca (1), Rara vez (2), Algunas veces (3), Casi siempre (4) y Siempre (5), basado en el instrumento diseñado por Camayo (2021).
La recolección de datos se realizó mediante encuestas distribuidas a través de Google Forms. Con las respuestas obtenidas, se elaboró una base de datos. El procesamiento de los datos se efectuó utilizando los programas SPSS 25.0 y Microsoft Excel. Finalmente, las correlaciones entre las variables se determinaron aplicando el coeficiente de correlación de Spearman.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
En la Tabla 1 se presentan los resultados correspondientes al desarrollo de la docencia universitaria según la perspectiva de los docentes encuestados. Se observó que, en general, la docencia se ubica mayoritariamente en un nivel regular (43.2%). Esto también se refleja en las tres dimensiones evaluadas: pedagógica, cultural y política, las cuales obtuvieron porcentajes de 43.2%, 45.8% y 40.6%, respectivamente, en el nivel regular. En cuanto a la categoría buena, se observó que un 28.4% de los docentes considera que la docencia universitaria tiene un buen desarrollo, mientras que en las dimensiones pedagógica, cultural y política los valores fueron ligeramente similares, con porcentajes de 27.7%, 27.1% y 30.3%, respectivamente.
Por otro lado, los resultados en la categoría mala indican que un 28.4% de los docentes percibieron un desarrollo deficiente en la docencia universitaria. Las dimensiones evaluadas presentaron porcentajes similares: 29.0% para las dimensiones pedagógica y política, y 27.1% para la dimensión cultural.
Estos resultados permiten inferir que, desde la perspectiva de los docentes, el desarrollo de la docencia a nivel universitario enfrenta desafíos significativos para superar el nivel regular. Esto podría estar relacionado con factores estructurales o la falta de estrategias pedagógicas efectivas que promuevan una mejora en las dimensiones evaluadas. En particular, las dimensiones cultural y política presentan los porcentajes más bajos en la categoría buena, lo que sugiere áreas específicas donde las universidades podrían implementar medidas para fortalecer la práctica docente.
En la Tabla 1 se presentan los resultados correspondientes al desarrollo de la docencia universitaria según la perspectiva de los docentes encuestados. Se observó que, en general, la docencia se ubica mayoritariamente en un nivel regular (43.2%). Esto también se refleja en las tres dimensiones evaluadas: pedagógica, cultural y política, las cuales obtuvieron porcentajes de 43.2%, 45.8% y 40.6%, respectivamente, en el nivel regular. En cuanto a la categoría buena, se observó que un 28.4% de los docentes considera que la docencia universitaria tiene un buen desarrollo, mientras que en las dimensiones pedagógica, cultural y política los valores fueron ligeramente similares, con porcentajes de 27.7%, 27.1% y 30.3%, respectivamente. Por otro lado, los resultados en la categoría mala indican que un 28.4% de los docentes percibieron un desarrollo deficiente en la docencia universitaria. Las dimensiones evaluadas presentaron porcentajes similares: 29.0% para las dimensiones pedagógica y política, y 27.1% para la dimensión cultural.
Estos resultados permiten inferir que, desde la perspectiva de los docentes, el desarrollo de la docencia a nivel universitario enfrenta desafíos significativos para superar el nivel regular. Esto podría estar relacionado con factores estructurales o la falta de estrategias pedagógicas efectivas que promuevan una mejora en las dimensiones evaluadas. En particular, las dimensiones cultural y política presentan los porcentajes más bajos en la categoría buena, lo que sugiere áreas específicas donde las universidades podrían implementar medidas para fortalecer la práctica docente.
Comprobación de hipótesis general
Hipótesis nula (H₀): No existe una relación significativa entre la docencia y la investigación de acuerdo a la perspectiva de los docentes de nivel universitario.
Hipótesis alternativa (Hₐ): Existe una relación significativa entre la docencia y la investigación de acuerdo a la perspectiva de los docentes de nivel universitario.
En la Tabla 3, de acuerdo con la prueba de correlación de Spearman, se encontró un índice de 0.689, lo que indica una relación directa y significativa entre la docencia y la investigación desde la perspectiva de los docentes universitarios. Este valor se aprobó con una significancia menor al 0.01 (p < 0.01), lo que respalda la hipótesis alternativa (Hₐ) y refuerza la existencia de una relación significativa entre ambas variables.
Este resultado sugiere que tanto la docencia como la investigación están estrechamente relacionadas en la percepción de los docentes universitarios, lo que destaca la importancia de integrar ambas áreas en el desarrollo académico y profesional de los docentes.
Discusión
La relación entre docencia e investigación ha sido ampliamente reconocida en la literatura como complementaria y mutuamente enriquecedora. En este contexto, el docente universitario no solo debe ser un experto en su campo académico, sino también un modelo de integración de ambos ámbitos, docencia e investigación, para formar profesionales capaces de afrontar los desafíos del mundo laboral y académico (Segura, 2008). Este estudio refuerza esa idea, mostrando una correlación significativa entre ambas variables (p<0,01; Rho Spearman=0,689), lo que resalta la importancia de una enseñanza universitaria que no se limite a la transmisión de conocimientos, sino que se complemente con la capacidad de generar y aplicar nuevos saberes.
Los resultados descriptivos revelaron que un 43,2% de los docentes se ubicaron en un nivel "regular" en cuanto a su desempeño docente, lo que refleja la complejidad inherente a esta labor. No solo se requiere dominio académico y habilidades pedagógicas, sino también un compromiso ético y humano (Montes y Suárez, 2016). Esto concuerda con la visión planteada por estos autores, quienes destacan que el docente debe ser integral en su desarrollo, no solo en lo académico, sino también en lo personal.
Por otro lado, el 49,7% de los docentes universitarios manifestó realizar investigación científica en un nivel regular, lo que pone de manifiesto que la integración de la docencia y la investigación sigue siendo un desafío importante. Este hallazgo es consistente con el estudio de Erraéz (2020), quien encontró que solo el 52% de docentes y estudiantes de educación habían participado en algún trabajo de investigación. Esta falta de participación en actividades investigativas resulta preocupante, especialmente a la luz de la Ley Universitaria Peruana N.º 30220, que establece la obligatoriedad de la investigación en las universidades. Además, los hallazgos del presente estudio se alinean con los de Montes (2020), quien apunta a que las limitaciones en la investigación docente se deben a factores como la falta de interés y motivación, condicionadas por el tiempo, los recursos económicos y las demandas académicas.
Respecto a la correlación entre la docencia y la investigación, los resultados confirman lo señalado por Peñaloza y Montano (2021), quienes enfatizan que el desarrollo de ambas dimensiones es esencial para la consolidación y avance de las universidades, al incidir directamente en su rendimiento académico y en la calidad educativa. De manera similar, Romero et al., (2021) afirman que la formación del docente es clave para un modelo educativo basado en la investigación científica, lo cual también se refleja en los resultados de este estudio.
El estudio de Estrada et al., (2021) también resalta la importancia de la investigación científica en la formación docente, señalando que factores como el género y los grupos etarios pueden estar relacionados con el involucramiento en actividades investigativas. Este hallazgo es relevante, pues sugiere que factores demográficos podrían influir en la participación docente en la investigación, recomendando fomentar estas habilidades en los docentes que imparten asignaturas de investigación.
Finalmente, aunque los resultados obtenidos muestran una relación significativa entre la docencia y la investigación, se sugiere que futuros estudios incluyan muestras más amplias y diversas para validar estos hallazgos y explorar más a fondo las variables asociadas. La combinación de ambos ámbitos podría mejorar significativamente la calidad educativa y el desempeño académico en las universidades.
Lo que indica que, se ha confirmado que existe una relación significativa entre la docencia y la investigación desde la perspectiva de los docentes universitarios. Además, los resultados revelan que tanto la docencia como la investigación se encuentran en un nivel regular según la mayoría de los docentes universitarios, lo que refleja la necesidad de fortalecer ambos aspectos para mejorar la formación académica y científica en las universidades.
CONCLUSIONES
El estudio logró determinar la relación entre la docencia y la investigación según la perspectiva de los docentes universitarios, cumpliendo con el objetivo planteado. Los hallazgos indican que ambas actividades están estrechamente interconectadas, pero también reflejan ciertas limitaciones que los docentes enfrentan en su desempeño tanto en el aula como en la investigación.
El análisis muestra que, si bien la mayoría de los docentes se perciben a sí mismos en un nivel regular tanto en la docencia como en la investigación, la correlación significativa entre ambas variables sugiere que la calidad educativa no solo depende de la enseñanza, sino también del desarrollo investigativo. Esta relación resalta la necesidad de integrar más eficazmente la investigación en el ámbito universitario, reconociendo que una mejora en la formación investigativa puede tener un impacto directo en la docencia.
El estudio también evidenció que las dificultades para la participación en actividades investigativas, como la falta de tiempo, recursos y apoyo institucional, son obstáculos que deben ser atendidos para fortalecer la interacción entre docencia e investigación. Estos elementos son clave para fomentar un entorno académico que permita a los docentes desarrollar tanto su labor educativa como sus capacidades investigativas de manera más equilibrada.
A partir de los resultados obtenidos, se concluye que el vínculo entre la docencia y la investigación es fundamental para el desarrollo de un modelo educativo más sólido. Sin embargo, es necesario un mayor impulso institucional que facilite la integración de la investigación en las actividades docentes, y que proporcione a los docentes las herramientas necesarias para llevar a cabo investigaciones de calidad.
En consecuencia, el estudio aporta una comprensión más clara sobre cómo la relación entre la docencia y la investigación puede ser optimizada, y plantea la necesidad de políticas universitarias que promuevan un equilibrio entre ambas dimensiones para mejorar el rendimiento académico y el impacto de la educación superior.
CONTRIBUCIÓN DE AUTORES: Lourdes Lidia Gaspar Laurente, Georgina Rosa Alvarado Acuña, Haydee Flores Piñas y Jesika Ruby Salazar Zavaleta participaron de la concepción y diseño del trabajo, recolección y obtención de los resultados, análisis y aprobación de su versión final.
CONFLICTO DE INTERÉS: Los autores del presente manuscrito declaran no tener ningún conflicto de interés financiero o no financiero, con relación a los temas descritos en el presente documento.
FINANCIAMIENTO: La investigación se realizó con recursos propios, autofinanciamiento

















