Introducción
Los diccionarios de modismos y disfemismos son herramientas esenciales para la comprensión profunda de cualquier idioma. Más allá de su función lingüística, estos diccionarios ofrecen una ventana a la historia y la cultura de un país. Además, los diccionarios de modismos y disfemismos documentan una parte esencial del lenguaje que a menudo se pasa por alto en los diccionarios convencionales. Según Hanks (2013), estos diccionarios registran el uso real del lenguaje, incluyendo las variaciones regionales y sociales. Por ejemplo, en el caso de no hispanohablantes, al comprender las expresiones idiomáticas y disfemismos de otra cultura, los estudiantes y hablantes no nativos pueden obtener una visión más rica y matizada de esa cultura. Deignan (2005) sostiene que el conocimiento de estos aspectos del lenguaje puede mejorar la competencia comunicativa y promover una mejor comprensión intercultural. No está de más señalar que los diccionarios de modismos y disfemismos ayudan a preservar expresiones lingüísticas que de otro modo podrían perderse con el tiempo, lo cual es esencial para mantener la riqueza y diversidad del patrimonio cultural de un país (Newmark, 1988).
En cuanto a los modismos, específicamente, estos son expresiones fijas que reflejan actitudes, valores y creencias de una sociedad y permiten obtener una comprensión más profunda de cómo las personas en diferentes culturas piensan y se relacionan con el mundo que los rodea (Piirainen, 2008). Además, muchas expresiones idiomáticas en español tienen equivalentes en otras lenguas, reflejando intercambios culturales y lingüísticos a lo largo de la historia, demostrándose cómo las culturas han interactuado y se han influenciado mutuamente (Calvo, 2000).
Por su parte, los disfemismos son términos o frases que se usan para expresar desaprobación, burla o desdén, y a menudo reflejan tensiones sociales y prejuicios. Allan y Burridge (2006) explican que los disfemismos proporcionan una visión cruda y a veces negativa de las actitudes sociales, revelando las divisiones sociales y los conflictos dentro de una cultura. Por lo tanto, los disfemismos también pueden ser herramientas de poder y resistencia. Las palabras y frases despectivas se utilizan para ejercer control sobre ciertos grupos sociales, pero también pueden ser reapropiadas por esos mismos grupos como forma de resistencia y empoderamiento, reflejando la lucha constante por el poder y la identidad en una sociedad (Pinker, 2007). O, también, los disfemismos evolucionan en el tiempo y términos que antes eran socialmente aceptables pueden volverse ofensivos con el tiempo, y viceversa (Crystal, 2001).
Uno de los mayores desafíos en el estudio de modismos y disfemismos es su variabilidad y dependencia del contexto. Moon (1998) señala que muchas expresiones idiomáticas y disfemismos son altamente contextuales, lo que dificulta su definición y traducción precisa; esto requiere un enfoque cuidadoso y contextualizado en su estudio y documentación. En consecuencia, los diccionarios deben actualizarse constantemente para reflejar el uso contemporáneo del lenguaje, lo que plantea un desafío significativo para lexicógrafos e investigadores (Trudgill, 2000).
Este artículo se plantea analizar proyecciones de investigación a partir de un diccionario de modismos chilenos con 500 unidades léxicas, estableciendo enfoques interdisciplinares con las ciencias sociales, la cognición y la identidad, haciendo un énfasis en los desafíos que presenta la interculturalidad, debido a procesos de migración y la era digital. El texto está dividido en partes: a) Breve descripción del trabajo lexicográfico; b) Desafíos de investigación; b1) Análisis comparativo entre el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) y repertorio de modismos chilenos; b2) Análisis de contacto, intercambio e integración dialectal; b3) Aspectos identitarios, culturales y cognitivos; c) Conclusiones.
Diccionario de modismos chilenos: bolsa de gatos
El origen de este trabajo lexicográfico está marcado por tres hitos claves. El primero es un trabajo recopilatorio realizado en 2013, financiado por la Universidad Autónoma de Chile y publicado por Ediciones Inubicalistas. El repertorio es de alrededor de 200 unidades léxicas. Desde esa base, años después se retomó la investigación, se reconfiguraron las definiciones y se llegó a cerca de 500 términos. En segundo lugar, la profundización y el aumento de unidades fueron influenciados por trabajos previos dentro de la tradición lexicográfica chilena, como son las investigaciones Folclor Lingüístico Chileno (Plath, 1996) o Bestiario del Reyno de Chile, del ilustrador Lukas (1972). En tercer lugar, las discrepancias entre modismos chilenos de uso popular extendido en el tiempo y su no incorporación al DRAE. Este tercer hito, se transformó, en un inicio, en un criterio de selección, dado que, como indica Rodríguez (2024), la Real Academia Española (RAE) aún posee un valor demasiado simbólico como autoridad y un diccionario es también un instrumento de emancipación en contextos neocoloniales.
El “Diccionario de modismos chilenos Bolsa de Gatos + toponimias + localismos” (Herrera, 2024) es una investigación descriptiva, monolingüe, sincrónica y vigente, que recopila palabras y locuciones usuales de una comunidad lingüística determinada (regiones: V, VI, VII y Región Metropolitana del país, que está dividido en 16 regiones). El corpus está compuesto por conversaciones, entrevistas en medios de comunicación y literatura, constituyéndose un número de 573 unidades léxicas, incluyendo toponimias y localismos recopilados entre 2020 y 2023. Las definiciones semánticas han sido validadas por distintos informantes (profesores/as de lengua castellana, antropólogos/as, habitantes urbanos y rurales) y, en casos de polisemia, se contrastan con el DRAE. Los criterios de selección o restricciones contemplan elementos léxicos de uso corriente, socialmente convenidos, no incorporados en la RAE. El destinatario es un público general no necesariamente especializado.
Dado que, en los últimos años, el DRAE ha incorporado con celeridad distintos americanismos, se ha decidido no eliminar del repertorio aquellas expresiones que han sido incorporadas en las últimas ediciones.
Desafíos de investigación
La recopilación y análisis de estas expresiones idiomáticas no solo enriquecen la comprensión del español chileno, sino que también ofrecen una ventana privilegiada hacia la identidad nacional, las dinámicas socioculturales del país y su vinculación con los países latinoamericanos, principalmente fronterizos. Este tipo de investigación permite abordar diversos enfoques, desde el puramente lingüístico hasta el lexicográfico, sociológico y cognitivo, proporcionando una base sólida para comprender cómo el lenguaje refleja la realidad de una comunidad.
Bajo tales premisas, se han analizado desafíos de investigación en las siguientes áreas, análisis comparativo entre DRAE y repertorio de modismos chilenos, análisis de contacto, intercambio e integración dialectal, aspectos identitarios, culturales y cognitivos.
Análisis comparativo entre DRAE y repertorio de modismos chilenos
El DRAE es una obra lexicográfica de gran relevancia, pero su alcance y enfoque contrastan, no en pocas ocasiones, con otros repertorios especializados. Por consiguiente, los estudios contrastivos destacan la diversidad del español al comparar el DRAE con repertorios específicos de modismos y americanismos. Además, según Moreno Fernández (2012), mientras que el DRAE busca estandarizar el uso del español, los diccionarios de americanismos amplían las variantes locales y regionales. Los modismos y locuciones ofrecen una perspectiva más completa del uso cotidiano de la lengua (García de Diego, 1989), en otras palabras, la inclusión de expresiones coloquiales y regionales otorga una representación más fidedigna de la lengua hablada en diferentes comunidades hispanohablantes (Cassani, 2016). De este modo, el análisis contrastivo permite detectar omisiones o subrepresentaciones de diversos términos (Paredes, 2001).
En general, el DRAE tiende a privilegiar un español estándar que a veces excluye variaciones regionales, lo que puede ser una limitante frente a diccionarios más especializados o específicos (Santos, 2006). No se puede omitir que las inclusiones de la RAE han ido incrementando, sin embargo, la actualización constante de los repertorios lexicográficos es otro desafío significativo. Muñoz-Basols y Salazar (2012) señalan que los modismos y americanismos cambian muy rápido, lo que requiere un esfuerzo constante de recopilación y revisión para mantener actualizados los diccionarios. Por otro lado, estas inclusiones abren un nuevo ámbito de discusión en torno a las cuestiones de normalización y formalidad que suelen apuntar a modismos y americanismos en particular. Moreno Fernández (2012) advierte que estas expresiones pueden ser evaluadas como “menos correctas” o informales, lo que pudiese llevar a la estigmatización de sus hablantes.
En cuanto a los aspectos referentes al español estándar, esto también implica cuestiones culturales que, en el caso de la RAE, se podrían vincular más a aspectos conservadores o tradicionales. De ese modo, tenemos el caso del concepto “perreo”, que el DRAE define de la siguiente manera, según su actualización 2023:
Perreo
m. Baile que se ejecuta generalmente a ritmo de reguetón, con eróticos movimientos de cadera, y en el que, cuando se baila en parejas, el hombre se coloca habitualmente detrás de la mujer con los cuerpos muy juntos.
Naturalmente que el concepto “perreo” no es un chilenismo, no obstante, ya había sido definido en el Diccionario Bolsa de Gatos, tratándose de una locución usual no incorporada en la RAE y ampliamente utilizada y reconocida por la comunidad hablante. Se ha definido de la siguiente manera:
Perreo
s. refiere a un baile y sensual desarrollado con amplio frenesí, con actitud erótica, al com- pás del reguetón u otro ritmo similar.
Aunque las definiciones, esencialmente, podrían coincidir sin lugar a confusión en aquello que refieren, podemos destacar ciertas distinciones:
Tabla 1. Distinciones del concepto perreo
Análisis de contacto, intercambio e integración dialectal
El español en América Latina es un cúmulo de variedades dialectales, cada una influencia- da por factores históricos, sociales y geográficos. Los falsos cognados, palabras que son similares, pero tienen significados diferentes en distintos dialectos e idiomas, y el contacto dialectal son fenómenos lingüísticos significativos que se ven intensificados por los procesos migratorios.
Los falsos cognados o falsos amigos son palabras que, aunque parezcan similares, tienen significados diferentes, principalmente entre distintos idiomas. Quilis (1993) señala que un ejemplo clásico es la palabra “ratón”, que en la mayoría de los países hispanohablantes significa o refiere al roedor, pero en Venezuela también se usa para indicar resaca. Estos malentendidos pueden afectar significativamente la comunicación entre hablantes de diferentes dialectos. Moreno Fernández (2012) destaca que los falsos cognados pueden llevar a confusiones y malentendidos en diversos tipos de interacciones.
Por otro lado, el contacto dialectal en América Latina tiene una larga historia, influenciada por la colonización y la migración interna. Lapesa (1981) explica que, desde el período colonial, el intercambio entre diferentes regiones ha sido frecuente, facilitando una mezcla de dialectos. Esto se ha visto intensificado por los procesos migratorios. Como sostiene Paredes (2001), las migraciones internas y transnacionales han llevado a un intercambio más dinámico de variantes lingüísticas, especialmente en grandes ciudades latinoamericanas. Después de todo, esto enriquece el idioma, promoviendo una mayor diversidad y flexibilidad lingüística. Santos Gargallo (2006) enfatiza que este intercambio ha permitido la incorporación de términos y expresiones de una nación en el habla de otra, incrementando el español en su conjunto.
Estos procesos de intercambio y contacto -que se han enriquecido, por ejemplo, por la migración venezolana- han generado importantes desafíos en la construcción de repertorios nacionales de modismos (el caso de “perreo”, que ya ha atravesado diversas fronteras). Muñoz-Basols y Salazar (2012) enfatizan que capturar los matices y contextos pragmáticos de diferentes dialectos demanda una investigación detallada y los recursos pertinentes, ya que las actitudes hacia diversas variantes dialectales pueden influir negativamente en su aceptación. Moreno Fernández (2012) advierte que algunas variantes pueden ser estigmatizadas, lo que afecta su uso social y percepción entre los hablantes. Por otro lado, se hace complejo equilibrar la necesidad de una norma lingüística y la riqueza de las variantes dialectales, tal como argumenta Lapesa (1981) que, aunque es crucial tener una norma lingüística, esta no debe anular la diversidad.
En cuanto al Diccionario Bolsa de Gatos, se identifican algunos localismos en ciudades limítrofes que han sido fruto del contacto dialectal fronterizo. De ese modo, “birome” (lápiz pasta) en la Patagonia Chilena proviene del contacto con población argentina cuyas localidades están a pocos kilómetros. Por consiguiente, mientras en Chile, “birome” es un modismo confinado a localidades patagónicas, en Argentina la distribución es prácticamente nacional. Mismo caso para “calato” (desnudo, del quechua), que es localismo en zonas fronterizas del norte de Chile, pero es de uso extendido en Perú y Bolivia.
Por otra parte, el influjo de la globalización y las redes sociales han promovido la “migración” abundante de extranjerismos o modismos de otros países latinoamericanos que están muy lejos de ser fronterizos. Dicha migración puede ser temporal (de acuerdo a la moda) o más permanente, lo cual depende del tiempo y su distribución en la población. Por ejemplo, “blin blin” o “bling bling”, que es una onomatopeya del sonido ficticio que hacen los accesorios metálicos al brillar y que refiere a las joyas expuestas por miembros o seguidores de ciertos tipos de música y cultura, ha transitado desde ciudades norteamericanas, reguetón mediante, y ha llegado incluso a ser reconocible y utilizada en el Cono Sur. Del mismo modo, en Chile, gracias a influencers, los adolescentes han ido incorporando un repertorio de modismos y expresiones típicas de otros países, como son los mexicanos “buey”, “pinche” o “chinga” y el español “hostia”. Para Luis Lara (2024), estos desafíos requieren una observación diacrónica para evaluar la permanencia o no de tales fenómenos lingüísticos, además de la identificación de los factores que inciden en ello.
Uno de los fenómenos más interesantes del contacto dialectal es el que refiere a los “falsos amigos” intra-castellano, es decir, unidades léxicas idénticas o similares, pero que no comparten el mismo significado. Así, por ejemplo, la palabra “caleta” definida por el DRAE como “1. F. Entrada de mar, más pequeña que la bahía.”, adquiere variaciones según países, que no se explicaría por un fenómeno de polisemia, ya que los distintos significados no conviven en el mismo territorio, sino más bien se manifiestan como variaciones diatópicas. Mientras en Chile, “caleta” refiere a mucho (tengo caleta de trabajo), en Perú o Colombia se utiliza como un escondite de almacenamiento (las caletas del Cartel de Medellín). “Afilarse” es otro caso de “falso amigo”, ya que en Perú refiere a “prepararse cuidadosamente para una actividad” o “ponerse en la fila”, a su vez que en Chile “refiere al acto sexual entre dos personas”.
Aspectos identitarios, culturales y cognitivos
Según Lara (1995), los modismos encapsulan cambios lingüísticos y socioculturales, reflejando las influencias externas y las transformaciones internas de una lengua. Así, un diccionario de modismos chilenos puede revelar cómo el español ha sido adaptado y transformado en el contexto chileno, identificando tanto elementos arcaicos como innovaciones recientes. Esto es también, porque los modismos son un reflejo directo de la cultura y la identidad de una comunidad. Como señala Alvar (2001), el estudio de las expresiones idiomáticas permite acceder a las creencias, valores y actitudes predominantes en una sociedad. En el caso chileno, los modismos pueden ofrecer una visión detallada de aspectos como el humor, la informalidad en el discurso y las particularidades del trato social, proporcionando un recurso valioso para investigaciones en el ámbito de la etnolingüística.
Por otro lado, el estudio de los modismos también puede tener aplicaciones prácticas en el ámbito educativo y comunicacional. Según Moreno Fernández (2009), el conocimiento de las expresiones idiomáticas locales es esencial para la enseñanza del español como lengua extranjera, así como para mejorar la comunicación intercultural. Un diccionario de modismos chilenos puede servir como una herramienta invaluable para docentes, traductores y profesionales de la comunicación que buscan comprender y utilizar el lenguaje en contextos chilenos de manera más efectiva.
La teoría de la relatividad lingüística, popularizada por Sapir y Whorf (1954), sugiere que el idioma que hablamos influye en nuestra percepción y pensamiento. Boroditsky (2011), varias décadas después, sostiene que las lenguas estructuran de manera distinta nuestra percepción del tiempo, el espacio y los eventos. Por ejemplo, los hablantes de idiomas que utilizan direcciones cardinales (norte, sur, este, oeste) en lugar de términos relativos (izquierda, derecha) desarrollan una mejor orientación espacial (Levinson, 2003).
En términos de cómo el género de los conceptos influye en la percepción, Boroditsky (2003) indica que los hablantes de lenguas que asignan género a los objetos inanimados tienden a asociarlos con características estereotípicamente masculinas o femeninas. Por ejemplo, en español, “sol” es masculino y “luna” es femenino, lo que puede afectar cómo estos astros son percibidos. En una investigación sobre metáforas conceptuales del mar, desarrollada en 2022, se establece una distinción entre aquellas personas que hablan de “el mar” (término aceptado convencionalmente) y “la mar”. En ambos casos, las referencias metafóricas que la comunidad hablante usa abren un caudal de percepciones de acuerdo al género, incluso considerando que para ciertos procesos naturales “la mar es capaz de menstruar” o “tener actitudes maternas, sanadoras” (Herrera et al., 2022). Por otro lado, existen innumerables investigaciones que vinculan aspectos gramaticales particulares de ciertas lenguas y la percepción, según conceptos de orientación/tiempo (próximo año en español o “mes alto” en mandarín), colores y otras percepciones sensoriales (Boroditsky, 2001, 2011; Valenzuela Manzanares, 2011; Davies y Corbett, 1997).
En cuanto a la relación con la cultura, Van Dijk (1998) examina cómo el lenguaje refleja y perpetúa las narrativas culturales, la dominación y la reproducción de las hegemonías. Las estructuras gramaticales y las elecciones léxicas en los discursos pueden reforzar patrones y estrategias de poder. Por su parte, Valenzuela Manzanares (2011) argumenta que el idioma es un componente crucial de la identidad cultural, ya que las variaciones dialectales y los modismos regionales reflejan y mantienen las diferencias culturales, mientras que las lenguas compartidas pueden promover la cohesión cultural. Van Dijk (2009) sugiere que la relación entre cultura y lenguaje es bidireccional: mientras que el lenguaje puede influir en la cultura, los cambios culturales también pueden provocar evoluciones lingüísticas, como en el caso de la globalización que ha introducido numerosos préstamos lingüísticos en diferentes lenguas, reflejando el intercambio cultural. Por consiguiente, en el Diccionario Bolsa de Gatos se han recopilado numerosas palabras vinculadas a una ruralidad históricamente conectada con los animales, el reino vegetal, los materiales autóctonos y la comida: agarrar papa, ají en el culo, andar con la pera, andar con vacas robadas, breva o brea, caballo, cabeza de pollo, caer la teja, cara de gallo, carbonero, mula, no es de los trigos limpios, papa de cazuela, vender chicha, vale callampa, etc.
En síntesis, Van Dijk (2009) enfatiza la relevancia del contexto y su influjo en los modelos mentales compartidos en esquemas de categorías convencionales en la comunidad que dan cuenta de la cultura, de la interpretación rápida de acontecimientos comunicativos, de la manera en que se define subjetivamente la situación comunicativa; es lo que influye la situación social y su discurso. Esto toma un sentido aún mayor al considerar los aspectos que explica Boroditsky (2011), en cuanto los sistemas de lenguaje crean sistemas comunicativos complejos que son también sistemas de pensamiento, sistemas de atención: la gramática particular de un lenguaje hace más disponible aspectos sensoriales, contextuales, perceptivos. A su vez, Luis Lara (2024) subraya que el diccionario es un horizonte de interpretación de los discursos que se construyen con ese léxico.
En términos históricos, la zona central chilena ha estado marcada por una configuración particular del poder que es el latifundio o fundo, que construye singulares lazos sociales. Uno de estos lazos es la reciprocidad vertical, que mientras los “señores” establecían un orden y un trabajo para los subordinados, estos respondían con una subordinación al orden señorial, como si recibieran un don específico, un privilegio, generándose un principio de gratitud (PNUD, 2004). Entonces, si la subordinación está mediatizada por el sentimiento de gratitud y fidelidad con los superiores, surge un sentimiento de competencia y desconfianza con los pares en función de “ganarse el favor del patrón” (PNUD, 2004), probablemente una de las causas de la desconfianza de la identidad chilena. Eventualmente, este contexto histórico sociocultural, podría estar a la base de la emergencia de una serie de unidades léxicas que discriminan, denostan o ningunean a otros/ as: achanchado (poco activo), amermelado (torpe), merme (torpe), cuma (peyorativo social), pergüetano (descalificación), huequereque (homosexual), colihuillo (homosexual), colisa (homosexual), macabeo (servil con la pareja), jetón (torpe), julero (descalificación), caballo (homo- sexual), cabeza de pollo (torpe), etc. A su vez, términos de sumisión o desconfianza: agachar el moño (sumisión), perkin (servilismo), sapo (delator), hocicón (delator), vivaldi (aprovechador), vaca (mala persona), turco (aprovechador en los negocios), tirar el poto para las moras (cobarde), hacerse el de las chacras (simular inocencia), apitutado (obtener trabajo por un favor), gato de campo (ladrón), etc.
En definitiva, la desconfianza en la identidad chilena podría tener un origen en las dinámicas sociales verticales provenientes del mundo rural profundo y campesino, que ha fomentado gratitud hacia la jerarquía superior y una competencia insana con los pares. Gabriel Salazar (2009, 2014, 2019) enfatiza sobre estos aspectos y los analiza en términos del sujeto histórico popular, caracterizando al mestizo, al “roto”, al “bandido”, entre otros. El investigador explica la emergencia de grupos marginales como consecuencia de las dinámicas sociales presentes alrededor del latifundio y el orden hacendal. Según Bengoa (2000), esta exclusión histórica generó una población mestiza que vivió en condiciones de inseguridad y precariedad, lo que fomentó actitudes de desconfianza como mecanismo de autodefensa.
A ello, podemos agregar un repertorio actualizado de modismos chilenos que permite dar cuenta de manifestaciones lingüísticas relacionadas o representativas también de una cultura, una identidad y una cognición social (Gómez y Herrera, 2014).
Conclusiones
El diccionario de modismos chilenos Bolsa de Gatos, presenta un trabajo lexicográfico sobre expresiones chilenas, originado por tres hitos: una primera recopilación en 2013, la influencia de estudios previos en la tradición chilena, y la ausencia de estos modismos en el DRAE. El repertorio recoge 573 unidades léxicas, incluyendo toponimias y localismos chilenos, validadas por informantes de diversas disciplinas. Se resaltan tres desafíos de investigación a modo de proyecciones investigativas:
Análisis comparativo entre el DRAE y el diccionario: este análisis revela la tendencia del DRAE a privilegiar un español estándar, omitiendo variaciones regionales. Esto limita la representación de expresiones coloquiales y modismos, lo que exige una actualización constante de los diccionarios especializados y la necesidad de potenciar trabajos contrastivos. No obstante, surge la inquietud -de acuerdo a un contexto de redes sociales, globalización, migraciones importantes- en torno a re-pensar constantemente los criterios de justificación de exclusiones o estandarizaciones del idioma español.
Contacto, intercambio e integración dialectal: se destaca cómo los procesos migratorios y el intercambio cultural en América Latina han enriquecido el idioma. Se ejemplifican variaciones diatópicas a nivel de léxico y modismos chilenos que reflejan este contacto dialectal, subrayando la relevancia de un estudio articulado entre distintos países de Latinoamérica.
Aspectos identitarios, culturales y cognitivos: los modismos son reflejos directos de la cultura y la identidad chilena, encapsulando cambios lingüísticos y socioculturales. Además, el artículo explora cómo el lenguaje influye en la percepción y el pensamiento, conforme a la teoría de la relatividad lingüística. De este modo, se demanda la exploración interdisciplinar que combine perspectivas cognitivas, lingüísticas y socioculturales.
De acuerdo a los últimos avances en estas áreas del conocimiento, se proyectan hipótesis que involucran tales disciplinas con un repertorio de modismos chilenos: criterios históricos y dinámicas sociales han fomentado una “cultura de la desconfianza” en Chile, que ha incrementa- do la emergencia de unidades léxicas disfemísticas, discriminatorias o menospreciadoras, lo cual podría explicarse a partir de aspectos perceptivos y cognitivos del habla chilena Los diccionarios de modismos como Bolsa de Gatos son un repertorio clave para comprender estos desafíos investigativos.














