SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.29 número54Lo que nos revela una imagen: la élite intelectual de principios del siglo XXCortes de esperanza: reviviendo la época dorada de la cirugía en Bolivia índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Servicios Personalizados

Revista

Articulo

Indicadores

Links relacionados

  • No hay articulos similaresSimilares en SciELO

Compartir


Revista Ciencia y Cultura

versión impresa ISSN 2077-3323

Rev Cien Cult vol.29 no.54 La Paz  2025  Epub 30-Jun-2025

 

ARTÍCULOS Y ESTUDIOS

La restauración del templo de San Ignacio de Mojos: preservación de un legado cultural y espiritual

The Restoration of the Temple of San Ignacio de Mojos: Preservation of a Cultural and Spiritual Legacy

Josefina Leonor Matas Musso* 
http://orcid.org/0000-0003-0992-8780

Jorge Alejandro Vázquez Rivero** 
http://orcid.org/0000-0002-9741-6293

Guido Adalberto Villena Valle*** 
http://orcid.org/0009-0007-4745-0091

* Doctora en Arquitectura, Universidad Nacional de Tucumán, Argentina. Docente investigadora del IISAH (Arquitectura - UCB Sede La Paz). jmatas@ucb.edu.bo

** Arquitecto, Universidad Católica Boliviana “San Pablo”. Docente investigador del IISAH (Ar- quitectura - UCB Sede La Paz). jvazquez@ucb.edu.bo

*** Licenciado en Derecho, Universidad Católica Boliviana “San Pablo”. Investigador del IISAH (Arquitectura - UCB Sede La Paz). gvillena@ucb.edu.bo


RESUMEN

El templo de San Ignacio de Mojos, fundado en el siglo XVIII durante las misiones jesuíticas, es un símbolo de la historia y espiritualidad local. Originalmente facilitó la evangelización y unió diversas comunidades indígenas, fortaleciendo su identidad. Este trabajo se centra en la restauración del templo en el siglo XX, un esfuerzo comunitario que preservó su estructura y reafirmó la memoria cultural. Este proceso integró rituales autóctonos con prácticas cristianas, promoviendo la cohesión social y el orgullo local. Así, el templo se consolidó como un eje central en la vida cultural y social de la comunidad, reflejando su resiliencia y unidad.

Palabras clave: Identidad cultural; templo de San Ignacio de Mojos; Amazonía, restauración; comunidad

ABSTRACT

The temple of San Ignacio de Mojos, founded in the 18th century during the Jesuit missions, is a symbol of local history and spirituality. Originally, it facilitated evangelization and united various indigenous communities, strengthening their identity. This work focuses on the restoration of the temple in the 20th century, a community effort that preserved its structure and reaffirmed cultural memory. This process integrated indigenous rituals with Christian practices, promoting social cohesion and local pride. Thus, the temple became a central axis in the cultural and social life of the community, reflecting its resilience and unity.

Keywords: Cultural identity; temple of San Ignacio de Mojos; Amazonia; restoration; Community

INTRODUCCIÓN

El templo de San Ignacio de Mojos es un emblemático símbolo arquitectónico que representa la historia, identidad y espiritualidad de la comunidad local. Fundado en el siglo XVIII durante las misiones jesuíticas, el templo no solo sirvió para la evangelización, sino que también creó un espacio social que unió a diversas comunidades indígenas, fortaleciendo su sentido de pertenencia. A lo largo del tiempo, ha sido un referente de resistencia cultural y un testimonio de la evolución de la identidad comunitaria.

En el siglo XX, el proceso de restauración del templo cobró importancia, preservando no solo su estructura arquitectónica, sino también reafirmando la memoria colectiva y la identidad cultural de la región. La activa participación de los habitantes transformó la restauración en un esfuerzo comunitario, consolidando el templo como un símbolo de unidad y orgullo local. Este proceso promovió la integración de rituales autóctonos con prácticas cristianas, reflejando la adaptación de influencias barrocas europeas al contexto local.

Este estudio tiene como objetivo explorar el impacto de la restauración en la identidad comunitaria, centrándose en la participación de la comunidad en el proceso, la integración de rituales autóctonos con el cristianismo y la relevancia del templo como símbolo de resiliencia y unidad. Se empleó una metodología cualitativa, que incluyó investigación documental, entrevistas con miembros de la comunidad y análisis de fuentes históricas y de restauración.

Los resultados muestran que la restauración no solo preservó el edificio, sino que también fortaleció los lazos comunitarios y reafirmó la identidad cultural. La participación activa de la comunidad en la restauración generó un sentido de propiedad compartida, promoviendo la cohesión social y el orgullo local. Además, se evidenció que la integración de rituales autóctonos con elementos cristianos enriqueció la vida espiritual de la comunidad, permitiendo una convivencia armoniosa de tradiciones que, a su vez, afirmó la resiliencia cultural de San Ignacio de Mojos. En resumen, el estudio revela que el templo de San Ignacio no solo es un espacio físico, sino un eje central en la vida social y cultural de la comunidad.

LA RESTAURACIÓN EN LA EVOLUCIÓN DE LAS PRÁCTICAS RELIGIOSAS LOCALES. RELIGIÓN CÓSMICA, RELIGIÓN METACÓSMICA Y RELIGIÓN CÓSMICA LOCAL

Fuente: ANF (2014)

Figura 1: Cruz protectora de San Ignacio 

Para entender el proceso de evangelización en San Ignacio de Mojos es fundamental dejar en claro la diferencia entre religión cósmica, metacósmica y cósmica local. La religión cósmica se centra en la relación con la naturaleza y sus fuerzas, vistas como seres míticos. Promueve la armonía ecológica y se basa en tradiciones orales que enfatizan la reciprocidad con el universo, lo que implica que ignorar estas fuerzas puede tener consecuencias negativas. Por otro lado, la religión metacósmica combina lo inmanente y lo trascendente, ofreciendo una realidad salvífica accesible a través del conocimiento o el amor, representada por el Dios de Jesucristo en Mojos ( Jorda S.J., 2015, p. 67). La conversión de una religión a otra es un proceso complicado que es fundamental entender. Esta distinción es clave para comprender cómo se desarrollaron las interacciones entre las creencias locales y las influencias externas durante la evangelización en la región, generando la fusión de ambas religiones una plenitud recíproca.

La religión cósmica local de Mojos se basa en tradiciones orales y una cosmovisión mítica. La comunidad mantiene la armonía con la naturaleza a través de danzas y rituales, y sus creencias incluyen un hacedor supremo (Maimuná) y un ser maligno (Ériono). Estudios recientes sugieren conexiones con una antigua “cultura del agua” ( Jorda S.J., 2015, p. 68)

La llegada de misioneros jesuitas en 1675 introdujo una religión metacósmica que contrastaba con la cosmovisión local. A pesar de las tensiones y la resistencia inicial, se fundaron pueblos misionales. Los jesuitas reinterpretaron danzas y prácticas locales, integrándolas a festividades cristianas, aunque la esencia cósmica perduró. La comunidad aceptó estas nuevas prácticas, fusionando su religión cósmica con el cristianismo.

Como se puede evidenciar, la restauración del templo de San Ignacio de Mojos no solo es un proceso físico, sino también un acto de preservación y revalorización de un legado cultural y espiritual profundamente interconectado con la historia religiosa y social de la región. La interacción entre la religión cósmica local, centrada en la armonía con la naturaleza y la reciprocidad con el universo, y la religión metacósmica cristiana, introducida por los jesuitas en el siglo XVII, generó una fusión única que marcó la identidad de la comunidad. Este proceso de integración no solo transformó las creencias espirituales, sino también las prácticas y festividades locales, como las danzas, que fueron reinterpretadas y adaptadas al contexto cristiano.

La restauración del templo se convierte en un símbolo de esta fusión, ya que preserva no solo la estructura arquitectónica, sino también la memoria colectiva de una comunidad que, a pesar de las tensiones y resistencias, logró construir un legado cultural y religioso que sigue vivo en la actualidad. El templo, en su restauración, representa la continuidad de esta síntesis interreligiosa, mostrando cómo las tradiciones locales se han integrado con influencias externas, creando un patrimonio espiritual que sigue siendo un eje central de la identidad de San Ignacio de Mojos.

CONTEXTO HISTORIOGRÁFICO DE SAN IGNACIO DE MOJOS: RESTAURACIÓN Y LEGADO ESPIRITUAL

San Ignacio de Mojos, ubicado en los llanos amazónicos del noreste de Bolivia (departamento del Beni), pertenece a la familia lingüística Arawak y es conocido por sus avanzadas técnicas de manejo de aguas, así como por la construcción de terraplenes y canales ( Jorda S.J., 2015, p. 68). Fundado a finales del siglo XVII, este pueblo fue el tercer asentamiento misional de las misiones jesuíticas en la región, estableciéndose en 1689, con el objetivo de consolidar la presencia jesuítica (Limpias, 2011). El proceso de creación del pueblo fue liderado por el P. Antonio de Orellana, quien, a pesar de la resistencia inicial, logró unir a 17 comunidades étnicas bajo un solo pueblo, lo que favoreció un enriquecimiento cultural y la evolución del idioma mojeño.

Los llanos de Moxos, descritos por el Inca Garcilaso de la Vega, eran una región rica en biodiversidad y se caracterizaban por su continua formación debido a la sedimentación de ríos que fluyen torrencialmente desde las montañas (Parejas, 1976). Aunque estos llanos han sido históricamente considerados un territorio de crisis por los cronistas del siglo XVII, sus relatos también destacan la resistencia y adaptabilidad de los pueblos originarios, reflejando cómo la geografía y la historia se entrelazan para dar forma a la identidad de la región.

La vida en San Ignacio ha estado profundamente ligada a la fe cristiana, considerada la raíz del pueblo, logrando una síntesis entre las tradiciones locales y el Evangelio. Desde 1987, la comunidad ha luchado por recuperar su territorio frente a los terratenientes y las empresas madereras, organizándose en subcentrales y estableciendo alianzas con otras instituciones. La Marcha por el Territorio y la Dignidad en 1990 fue un hito en este proceso, permitiendo a la comunidad obtener reconocimiento cívico y político en la región y en la Asamblea Nacional, marcando un avance significativo en su identidad y autonomía.

A pesar de los prejuicios que han minimizado su desarrollo cultural, los hallazgos arqueológicos y las nuevas teorías, como la ecología histórica, resaltan la capacidad de estas sociedades para transformar su entorno y crear culturas complejas. Esto sugiere que su religiosidad cósmica, metacósmica y local estaba profundamente integrada en sus prácticas diarias, informando no solo su forma de vida, sino también su comprensión del mundo.

Finalmente, los llanos de Mojos son un ecosistema singular en Sudamérica, caracterizados por extensas sabanas tropicales que experimentan inundaciones estacionales y una notable diversidad ecológica y cultural. A lo largo de la historia, las condiciones geográficas y climáticas han influido en el medio ambiente y las sociedades locales, por lo que el término “Mojos” abarca múltiples grupos étnicos con rica diversidad lingüística. Esta intersección de historia y geografía ha sido fundamental para la identidad de la región, desafiando las nociones de “barbarie” en contraste con las “civilizaciones” andinas y destacando la riqueza cultural y espiritual de las sociedades amazónicas.

En consecuencia, la restauración del templo de San Ignacio de Mojos es un proceso crucial para preservar no solo el patrimonio arquitectónico de esta histórica misión jesuítica, sino también un legado cultural y espiritual profundamente entrelazado con la identidad de la región de los llanos de Mojos. Fundado en 1689, San Ignacio de Mojos se ha convertido en un símbolo de resistencia y adaptabilidad, donde las comunidades locales lograron fusionar las tradiciones indígenas con la fe cristiana, desarrollando una rica cultura que ha sobrevivido a lo largo de los siglos. La preservación del templo no solo honra la memoria histórica del pueblo, sino que también fortalece el sentido de identidad y autonomía de una comunidad que ha luchado por recuperar su territorio frente a los avances de terratenientes y empresas madereras. En este contexto, la restauración del templo se erige como un acto de resistencia cultural, un esfuerzo por mantener viva la memoria colectiva y asegurar la continuidad de un legado espiritual que, a pesar de las adversidades históricas, sigue siendo un pilar fundamental para la cohesión y el desarrollo de la comunidad.

SÍNTESIS RELIGIOSA EN MOJOS: RESTAURACIÓN Y COMPLEJA FUSIÓN CULTURAL

La conversión de los primeros cristianos en Mojos generó la pregunta sobre si se unieron a Cristo o a la comunidad jesuita. Inicialmente, la conveniencia de vivir en pueblos misionales pudo ser más influyente que la fe misma. Con el tiempo, se desarrolló una identidad cristiana-mojeña. La religión cósmica local fue interpretada como una respuesta al Dios Creador, reflejando la necesidad de armonía. Aunque hubo resistencia a la religión metacósmica, esta fue aceptada como complemento, promoviendo un diálogo interreligioso y una integración gradual ( Jorda S.J., 2015, pp. 72-73).

En la segunda generación, los misioneros comenzaron a ver las costumbres locales como “supersticiones” menos amenazantes, lo que permitió una síntesis interreligiosa y facilitó la integración de danzas y creencias locales con la fe cristiana. Tras la expulsión de los jesuitas en 1767, los indígenas jugaron un papel crucial en mantener la fe cristiana, adaptándola a sus tradiciones, Mojos dejó de ser un “Pueblo misional” y pasó a ser una zona civil colonial, afectando la convivencia y la vida religiosa. En 1917, los franciscanos revitalizaron la comunidad, manteniendo tradiciones jesuíticas. En 1984, los jesuitas regresaron, promoviendo una Iglesia inculturada que reconocía la cosmovisión pre-jesuítica. La comunidad veía a Dios como el Creador que cuida del universo, integrando festividades locales con el año litúrgico cristiano y manteniendo prácticas curativas tradicionales ( Jorda S.J., 2015, pp. 73-80).

Por su parte el padre Bernardo Gantier S.J. indica que la llegada de la nueva religión católica a Mojos impactó profundamente en la vida espiritual y social de sus habitantes. La religión católica ofreció un alivio a las cargas de la religión tradicional, lo que llevó a muchos indígenas a inclinarse hacia la nueva fe. Este cambio fue más allá de una mera transición de sistemas de creencias; implicó una transformación radical en la conducta moral y religiosa de los pueblos de Mojos. La religión tradicional perdió prestigio, mientras que el nuevo culto católico fue abrazado con fervor, casi como si se tratara de una “primitiva cristiandad”. Para los misioneros, la conversión de los indígenas no se basaba únicamente en la verdad del cristianismo, sino en introducir a la comunidad en una vida ordenada según los principios del Evangelio, lo que les permitió forjar un nuevo tipo de sociedad (2015, pp. 90-91).

Los indígenas, que antes tenían una cosmovisión sagrada y rica en rituales, comenzaron a acoger prácticas cristianas que les prometían no solo una vida mejor, sino también recompensas en el más allá. La nueva religión se presentó como una alternativa vigorosa y eficaz, capaz de satisfacer sus necesidades y esperanzas, a diferencia de la religión tradicional que, en su opinión, solo traía desdicha.

El prestigio de los misioneros, especialmente a través de su labor como curanderos y su capacidad para atender a los enfermos, también contribuyó a este cambio. La eficacia de sus métodos médicos superó la magia de los curanderos locales, lo que incrementó su autoridad y credibilidad. Así, la llegada del catolicismo no solo significó un cambio de fe, sino una reconfiguración de la vida social y comunitaria, donde la antigua religión fue gradualmente desplazada y descalificada. Con el tiempo, los indígenas comenzaron a participar activamente en la eliminación de los cultos ancestrales, demostrando un compromiso con la nueva fe que había transformado sus vidas y comunidades. La resistencia inicial se fue desvaneciendo, y muchos llegaron a ver el antiguo sistema de creencias como algo ridículo, abrazando la promesa de un futuro mejor ofrecido por el Dios cristiano (Gantier Zelada, S.J., 2015).

Tras esta síntesis religiosa en Mojos, se concluye que la restauración del templo de San Ignacio de Mojos no solo implica la preservación de un edificio histórico, sino también la salvaguarda de una compleja fusión cultural y espiritual que ha caracterizado a la región desde la llegada de los jesuitas.

EL TEMPLO DE SAN IGNACIO DE MOJOS

Fotografía: Alejandro Vázquez

Figura 2: Frontis del templo de San Ignacio de Moxos 

RESTAURACIÓN Y CONTEXTO HISTÓRICO DE RESTAURACIÓN: SUS CARACTERÍSTICAS

Fuente: César Trujillo (2024), según Diez Gálvez, M.J. (2017)

Figura 3: Línea de tiempo del templo misional de San Ignacio de Moxos 

Según Víctor Hugo Limpias Ortiz (2011), los antecedentes históricos del templo de San Ignacio de Mojos se explican desde un contexto colonial que abarca su fundación, construcción, importancia cultural y legado. La edificación del templo se inscribe en la expansión de las misiones jesuíticas en el siglo XVIII, un periodo en el que los jesuitas se dedicaban a evangelizar a las comunidades indígenas y a crear poblaciones organizadas y autosuficientes.

El templo misional de San Ignacio de Mojos, según el padre Enrique Jordá (2013), fue uno de los más valiosos edificados en las misiones jesuíticas de los siglos XVII y XVIII, ubicadas en la Amazonía boliviana, principalmente en el actual departamento del Beni. Al respecto, Gantier (1991) recoge datos de este hermoso primer templo:

La iglesia, que quedó como una de las mayores, con tres naves, con paredes de adobes y techo de tumbadillos de cañas, se estrenó en octubre de 1694, y fue una obra que comprometió a toda la nueva población en un objetivo común y que sorprendió al misionero desanimado por la falta de material para construirla (p. 109).

Por su parte, el P. Beigolea anunciaba que prosperaba felizmente tras su traslado, dirigido por el P. Claudio Fernández, siendo uno de los “hermosos pueblos” de la provincia y vaticinando que “acabada la iglesia, competirá con las mejores” (Diez Gálvez, 2017)

En 1749, los mojos “ignacianos” y los misioneros jesuitas acordaron trasladarse a un “nuevo pueblo”, fundado el 1 de noviembre de ese año. El P. Bartolomé Bravo fue el impulsor de esta traslación. La comunidad inicialmente se propuso construir un nuevo templo, similar al anterior, ubicado sobre un antiguo terraplén. Este espacio albergaba el templo, la casa parroquial, un centro de acopio, una escuela y otros edificios, además de un pequeño puerto que facilitaba el comercio por el río Víriku. Los jesuitas presentes en este nuevo asentamiento, como Bartolomé Bravo, continuaron hasta la expulsión de 1767. El templo actual se completó alrededor de 1752 ( Jorda S.J., 2015, pp. 28-29), y en 1785, según inventario, tenemos que:

Iglesia: tiene esta sesenta y tres varas y tres cuartas de largo, veinte y cinco de ancho, veinte y dos ventanas cada una con cincuenta y seis vidrios, altares tallados y dorados, ocho campanas en la torre que aunque de madera está sin concluir. El Padrón da muchos otros datos, entre los que entresaco, para dar una idea mayor del templo, los acápites de 1)ornamentos: 859 casullas de diferentes telas ricas y de varios colores, 7 capas de coro, 2 mucetas, 6 mangas de cruz, 8 guiones, 33 palias, 20 frontales, 2 palios, 27 albas, 20 amitos, 13 cíngulos, 94 purificadores, 37 corporales, 6 sobrepellices, 36 roquetes, 19 manteles, 24 ropajes de varias imágenes, 6 almaisales 2) imágenes: 26 santos, entre bultos y lienzos, sin incluir los que hay en los altares. 3) plata labrada: el total tiene el peso de 357 marcos, 4 onzas. 4) música: 2 órganos de tubos, 27 instrumentos y un fuelle1.

El inventario de 1824 dice sobre el mismo templo que tiene ochenta y nueve varas de largo y dos de ancho, además de diecisiete ventanas, de las cuales quince tienen vidrios de colores; siete puertas, incluyendo dos en la sacristía, y una de ellas con chapa corriente. Su techo es de teja y las paredes de adobe. En el campanario hay ocho campanas, algunas grandes y otras pequeñas, con algunas en mal estado. También se encuentra un esquilón y una campanita pequeña en el corredor. Textualmente señala que hay “Una horca que sirve de campanario en el corredor, con ocho campanas entre grandes y pequeñas, dos de éstas rajadas, y la una inservible, sin badajo”2. El coro presenta balaustres y el piso es de zublazón.

El Padrón de 1785 también señala la existencia de tres altares:

El altar mayor se compone de un Retablo, con su Sagrario, y diez Nichos los que ocupan diez efigias de santos colocados obra de escultura, dos de la Virgen, del Señor san José, Uno del Patriarca San Ignacio, revestido. Uno de San Franco. Xavier, Otro de san Franco de Borxa, de san Luis Gonzaga, San Estanislao, San Miguel, y este Retablo se halla esmaltado de Colores y oro, obra de especial talladura en la que sebe un velo pintado en Lienzo… Otro Altar del lado del costado derecho con la Efigia del Cristo Señor Ntro., con la de maría Smâ., y San Juan Evangelista, y esta obra Tallada y esmaltada con Colores, en la que se ve un velo de Quismon azul con sus flores amarillas, como también siete láminas embutidas, tres de estas grandes. en el Altar del lado Izquierdo se halla San Joaquín y Santa Ana, ambos de vara y media, obra de escultura con Colores finas, y ntrâ. Señora de la Encarnación de dos tercias de largo, y el trono obra tallada esmaltada de Colores, en la que se ve un velo de Quismon azul con sus flores amarillas, en este mismo Altar se ve un nacimiento con los dos niños de plomo encarnados de Colores finas3.

En 1895, el P. Airam Baqueros, párroco durante más de 30 años, decide reforzar el templo tras el colapso del templo misional de Exaltación. Realiza modificaciones tales como cerrar algunas ventanas y puertas para aumentar la solidez de las paredes, y reemplazar la antigua sacristía por dos cuartos. Entre 1919 y 1984, durante la época franciscana, el P. Estanislao Marchena realiza reformas significativas, incluida la construcción de una fachada postiza de estilo neoclásico, que se finaliza en 1950. Este período también incluye la eliminación del antiguo campanil de madera y la sustitución del techo de teja por láminas de calamina en 1959, debido al deterioro de la estructura ( Jordá, S.J., 2013, p. 32).

Entre 1967 y 1971, el P. Juan Francisco Delgado regala imágenes y objetos del templo a fieles y comunidades cercanas. Posteriormente, el P. Alfonso Elorriaga, entre 1971 y 1984, rehace el techo con planchas Duralit, instala cerámica en el piso y aumenta el presbiterio, además de construir una torre alta para las campanas ( Jordá, S. J., 2013, pp. 32-33).

Con el tiempo, muchos de los templos misionales de los 27 a 31 pueblos fundados por los jesuitas fueron desapareciendo. Los más reconocidos por su belleza y esplendor se levantaron en Exaltación, Trinidad, Magdalena, Baures, San Pedro, San Javier y San Joaquín. En 1895, el templo de Exaltación de los Kayuvava, que había sido la primera capital de las Misiones de Mojos, colapsó y, ese mismo año, el P. Ardián Baqueros, último cura diocesano de San Ignacio de Mojos, salvó la estructura del templo de esta ciudad. Desde entonces, cada párroco diocesano, primero franciscano y luego jesuita, se ha esforzado por mantener la estructura en pie ( Jordá, S.J., 2013, pp. 33-35).

Figura 4: Planta del templo de San Ignacio de Moxos

Fuente:  Cristian Mariaca (2024). 

En 1994, el deterioro alcanzó niveles críticos, lo que llevó a una intervención urgente para evitar que el templo se viniera abajo, como había sucedido un siglo antes con el de Exaltación. En las siguientes páginas se ofrecerá una reseña detallada sobre los inicios del pueblo de San Ignacio y su templo, así como sobre los pasos y técnicas empleadas de 1994 a 2002 en la restauración de este templo, el último que ha quedado en pie como testimonio de la arquitectura misional. Esta epopeya fue realizada por los 26 pobladores ignacianos, conocidos por su humanismo, artes, música y espiritualidad, y su profundo amor por su tierra. La edificación del templo se realizó empleando técnicas locales que combinan elementos del barroco europeo con tradiciones autóctonas. Esta fusión se evidencia en la ornamentación y el diseño arquitectónico, que no solo buscaba ser un espacio de culto, sino también un centro comunitario ( Jordá, S.J., 2013, p. 35).

El templo de San Ignacio se destaca por su arquitectura funcional, que presenta tres naves y un techo elevado, así como varias puertas y ventanales que permiten la entrada de luz natural. Su diseño se alinea con las características de los templos de la arquitectura misional, con una estructura de madera simple tipo salón que genera un espacio unitario (Gutierrez, 2005, pág. 215). En el Archivo Nacional de Bolivia (ABNB) se conserva un manuscrito que regula el gobierno temporal de las Misiones de Chiquitos, aplicable también a Moxos, el cual señala: “(...) las iglesias son espaciosas y de buena arquitectura, haciendo (de) las maderas su principal adorno” (ABNB, 1768-1769).

Fotografía: Alejandro Vázquez.

Figura 5: Campanario externo del templo de San Ignacio de Moxos 

La necesidad de contar con galerías perimetrales debido al clima riguroso llevó a una planta compacta y rectangular, ubicando la sacristía y contrasacristía detrás del presbiterio, formando parte de una capilla profunda, mientras que el campanario se sitúa exento. El templo presenta un gran espacio interior, donde las columnas son necesarias debido a limitaciones tecnológicas, permitiendo que puedan congregarse entre dos mil y tres mil personas. De haber existido medios para evitar columnas intermedias, el templo habría sido construido de esa manera, lo que indica que su uso responde a una necesidad funcional más que a un ideal arquitectónico (figuras 4, 5 y 6) (Limpias Ortiz, 2008, pp. 246-247).

En cuanto a la fachada, a lo largo de los años ha sufrido modificaciones, incluyendo el refuerzo de columnas y cambios en ventanas y puertas. Aunque su estructura básica se ha mantenido, la fachada neoclásica es un añadido posterior, y se han llevado a cabo restauraciones significativas ( Jordá, S.J., 2013, pp. 25-35).

Fotografía: Alejandro Vázquez.

Morfológicamente, este templo refleja las características de la arquitectura misional, incorporando influencias barrocas europeas adaptadas al contexto local. La tipología arquitectónica tipo salón, crea un espacio unificado que fomenta la cohesión social y una experiencia litúrgica inclusiva. Las modificaciones a lo largo del tiempo, como el refuerzo de columnas y la alteración de vanos (ventanas y puertas), han buscado preservar la integridad del diseño original, mientras que la fachada neoclásica, añadida posteriormente, presenta una evolución estética que contrasta con el lenguaje arquitectónico primigenio. Los elementos decorativos interiores, como los retablos tallados y los ornamentos litúrgicos, no solo enriquecen el espacio sagrado, sino que también refuerzan el simbolismo religioso (figura 6).

RESTAURACIÓN Y APORTACIONES: PATRIMONIO VIVO DESDE 1994

Desde 1994 hasta 2002, un equipo de jesuitas, liderado por Enrique Jordá, trabajó arduamente en la restauración del templo. Este proceso no solo incluyó la restauración física del edificio, sino también una fuerte componente artística que involucró a la comunidad. Bernardo Gantier, miembro del equipo, creó valiosos cuadros y bocetos de los retablos, fomentando la participación de jóvenes locales en el proceso artístico. Esta integración de la comunidad en la restauración fue fundamental para revitalizar el sentido de pertenencia y la conexión cultural con el templo.

Desde los años 60, los franciscanos han liderado la restauración de templos jesuíticos en los vicariatos de Ñuflo de Chávez y Chiquitos. Bajo la dirección de los jesuitas suizos Hans Roth y Sepp Herzog, se llevaron a cabo estudios y proyectos para preservar estos templos, creando un equipo de jóvenes dedicados a la causa. A medida que avanzaban las restauraciones en Chiquitos, se reconoció la necesidad urgente de abordar el deterioro del templo de San Ignacio. En 1990, con el apoyo del obispo del Beni y los superiores jesuitas, se formó un “Comité local pro-restauración”, cuyo objetivo era concienciar a la comunidad sobre la importancia de una restauración integral del templo, considerado un valioso patrimonio cultural ( Jordá, S.J., 2013, pp. 35-36).

El 14 de agosto de 1994 se organizó una visita a las restauraciones en Concepción y San Javier, donde participaron autoridades de San Ignacio y Trinidad. En esta reunión se firmó la “Declaración de Concepción”, que subrayó la colaboración entre las regiones para restaurar templos y promover el desarrollo turístico y socioeconómico. La declaración incluyó compromisos específicos para la restauración del templo de San Ignacio, como la finalización de los planos del templo a cargo de CORDEBENI, la elaboración de un presupuesto por arquitectos de Santa Cruz y la búsqueda de financiamiento internacional liderada por el párroco con apoyo de los obispos. Se organizó también una “Semana de concientización” en San Ignacio, con actividades culturales y religiosas, para involucrar a la comunidad en el proceso de restauración ( Jordá, S.J., 2013, pp. 36-37).

El 1 de noviembre de 1994, el pueblo de San Ignacio celebró el “Día de la concientización del pueblo ignaciano”, marcando simbólicamente el inicio oficial de la restauración del templo local. Durante la festividad, que contó con la presencia de importantes autoridades, incluidos obispos y líderes comunitarios, se presentó la situación real del templo y se discutieron los planes de restauración. En los meses siguientes, Sepp Herzog estudió los materiales del templo y reunió a un equipo local de jóvenes para involucrarlos en el proyecto. Se realizó un levantamiento de planos del templo, y Sepp propuso un diseño que respetaba el ordenamiento tradicional de los pueblos misionales. Aunque el espacio del templo había sido reducido, se planificaron áreas para la comunidad y la sacristía ( Jordá, S.J., 2013, pp. 37-38).

En mayo del 2021 se llevó a cabo la bendición de la nueva puerta del templo de San Ignacio de Mojos. Esta nueva puerta viene a ser una de las diferentes restauraciones que se van realizando a este templo ya desde hace más de dos décadas, con la finalidad de conservar el patrimonio cultural religioso de esta antigua reducción jesuítica, manteniendo así vivo su patrimonio desde la espiritualidad y vivencia religiosa, que es posible con la guía del Cabildo, las mamitas abadesas, los sacristanes y otras parcialidades. Esta nueva puerta está tallada íntegramente en madera por los maestros Eloy Teco y Juan Carlos Noe, junto a otros colaboradores mojeños (figura 7) (ANF, 2021)

Fotografía: Alejandro Vázquez

Figura 7: Puerta del templo de San Ignacio de Moxos 

El P. Fabio Garbari, al momento de bendecirla, hace una descripción de la puerta, diciendo que tiene

[…] la corona de San Ignacio, la corona de plata que tiene la imagen de San Ignacio, que está en el centro, y después todas las demás figuras están sacadas del mueble que está en la sacristía, un mueble que lo habían tallado todavía los abuelos de ustedes en el mil setecientos, mil seiscientos, de manera que todo esto es lo de aquí, nada que ha venido de afuera, todo esto está brotando de las raíces que Mojos tiene (ANF, 2021).

La restauración de la puerta del templo de San Ignacio de Mojos, bendecida en mayo de 2021, simboliza la continuidad de los esfuerzos por preservar el patrimonio cultural y religioso de esta antigua reducción jesuítica. La obra, realizada por artesanos locales, fusiona elementos históricos, como la corona de San Ignacio, y figuras talladas inspiradas en un mueble de la sacristía, reflejando la conexión con las raíces de la comunidad. Según el P. Garbari, la puerta encarna la identidad de Mojos, mostrando un patrimonio vivo y autóctono que no depende de influencias externas.

Las comunidades locales contribuyeron significativamente, donando árboles para la restauración. Además, se recaudaron fondos a través de donaciones de instituciones y particulares, tanto locales como internacionales, que sumaron más de 400.000 dólares americanos para el proyecto. El trabajo de restauración fue supervisado por un equipo de expertos que trabajaron con dedicación, enfrentando varios desafíos. La colaboración de la comunidad y el apoyo de benefactores fueron esenciales para transformar el templo en un “oasis en la Amazonia boliviana” ( Jordá, S.J., 2013, p. 39).

En resumen, desde 1994, bajo la dirección de los jesuitas y con la participación activa de la población local, se ha trabajado en preservar no solo el patrimonio arquitectónico, sino también en revitalizar las tradiciones artísticas y religiosas. La integración de los jóvenes en la restauración artística, como la creación de cuadros y bocetos de los retablos por parte de Bernardo Gantier, permitió fortalecer el sentido de pertenencia y consolidar un vínculo intergeneracional con el templo. El simbolismo de la puerta restaurada en 2021, tallada por maestros locales con motivos profundamente enraizados en la tradición de Mojos, refuerza la idea de un patrimonio vivo, autóctono y conectado con las raíces del pueblo. Este esfuerzo colectivo, que incluye aportes locales e internacionales, ha convertido al templo en un símbolo de resistencia cultural y un referente espiritual en la región, destacando el papel clave de la comunidad en la preservación de su legado.

SENTIDO DE LA INTERVENCIÓN EN LA RESTAURACIÓN DEL TEMPLO

La restauración del templo no solo implicó un renacer material, sino también una renovación humana y espiritual del pueblo de San Ignacio. Este proceso ha sido fundamental para reafirmar la memoria, identidad y autodeterminación de la comunidad, uniendo diversas nacionalidades originarias en torno a un templo histórico que ha sido reconstruido varias veces. Guiados por el Evangelio, los miembros de la comunidad se comprometieron activamente en la restauración, participando en celebraciones, arreglando imágenes y organizando eventos sociales que fomentan la concordia y la dignidad. Este esfuerzo colectivo ha llevado a San Ignacio a ser reconocida como la “capital folklórica del Beni” y la “capital espiritual de los pueblos misionales del Cono Sur de América”. La restauración busca conectar a la comunidad con sus raíces históricas y culturales, honrando el trabajo de sus ancestros; se desea que la ciudad mantenga su identidad histórica mientras avanza hacia el progreso ( Jordá, S.J., 2013, pp. 25-35).

Durante la restauración, el templo permaneció abierto para celebraciones litúrgicas, lo que permitió a la comunidad seguir de cerca los avances y tener un sentido de propiedad sobre el proceso. Esta decisión, promovida por el restaurador Sepp Herzog, ayudó a mantener viva la conexión emocional con el templo, convirtiéndolo en un símbolo de su herencia y esfuerzo colectivo ( Jordá, S.J., 2013, p. 43).

CONCLUSIONES

El templo de San Ignacio de Mojos no es solo una obra magna de arquitectura; es un símbolo que encapsula la historia, la identidad y la espiritualidad de la comunidad. Su fundación en el contexto de las misiones jesuíticas del siglo XVIII representa un esfuerzo consciente por parte de los jesuitas, no solo para evangelizar, sino para establecer comunidades organizadas y autosuficientes. Esto sugiere que la construcción del templo fue un acto que implicaba la creación de un espacio no solo físico, sino también social y cultural, donde las comunidades indígenas podían converger y encontrar un sentido de pertenencia.

El proceso de restauración del templo en tiempos recientes destaca su importancia como un vehículo de reafirmación comunitaria. La participación activa de los habitantes en la restauración ha permitido no solo preservar la estructura, sino también reforzar la memoria colectiva y la identidad cultural. Este involucramiento se traduce en un sentido de propiedad compartida que fortalece los lazos comunitarios, convirtiendo el templo en un símbolo de unidad y orgullo local. Al ser reconocido como la “capital folklórica del Beni” y la “capital espiritual de los pueblos misionales del Cono Sur”, San Ignacio ha logrado consolidar su lugar en el mapa cultural de la región.

Las festividades que combinan rituales autóctonos con elementos cristianos no solo enriquecen la vida espiritual de la comunidad, sino que también promueven una experiencia colectiva que fortalece la cohesión social. Este enfoque enfatiza la importancia de reconocer y celebrar la diversidad cultural, manifestándose en el respeto y cuidado por el entorno.

En términos arquitectónicos, el templo refleja una adaptación de influencias barrocas europeas al contexto local. Su diseño, que permite la entrada de luz natural y la congregación de grandes multitudes, demuestra un entendimiento profundo de las necesidades prácticas de la comunidad. A pesar de las modificaciones producidas a lo largo del tiempo, la esencia del templo se ha mantenido, lo que revela un compromiso con la preservación de su legado histórico.

Finalmente, la historia del templo de San Ignacio es también un relato de resiliencia. A lo largo de los siglos, ha enfrentado colapsos, deterioros y transformaciones, pero ha logrado adaptarse y mantenerse en pie, simbolizando la fortaleza de la comunidad. Este proceso de adaptación y conservación sugiere que el templo es, en sí mismo, un testimonio de la perseverancia de las tradiciones y de la identidad cultural que busca resistir y florecer en el tiempo.

En conclusión, el templo de San Ignacio de Mojos es un espacio donde convergen historia, cultura y espiritualidad. Su importancia trasciende lo arquitectónico, convirtiéndose en un eje central para la identidad de la comunidad y su legado cultural, mientras sigue desempeñando un papel activo en la vida social y espiritual de San Ignacio. En el contexto del bicentenario de Bolivia, el templo de San Ignacio de Mojos se presenta como un símbolo vivo de la historia, la resistencia y la identidad cultural del país. Su restauración y preservación no solo reviste un valor arquitectónico, sino que refuerza la conexión profunda entre la comunidad y su patrimonio. Este proceso de conservación es una expresión de la resiliencia de las tradiciones y la capacidad de los pueblos originarios para adaptarse y florecer, a pesar de las adversidades históricas. En un momento de celebración de la independencia y de reflexión sobre el pasado, el templo de San Ignacio se erige como un recordatorio de la importancia de preservar las raíces culturales, espirituales y sociales de Bolivia, reconociendo y celebrando la diversidad que forma la esencia del país.

REFERENCIAS

Agencia de Noticias Fides, ANF (4 de octubre de 2014). La fe católica de San Ignacio de Moxos. https://www.noticiasfides.com/cultura-y-farandula/la-fe-catolica-de-san-ignacio-de-moxos-346664-346648Links ]

Agencia de Noticias Fides, ANF. (2 de mayo de 2021). Tradicion viva mojena: bendicen nueva puerta del templo misional y presentan estudio sobre “Mamitas abadesas”https://www.noticiasfides.com/nacional/sociedad/tradicion-viva-mojena-bendicen-nueva-puerta-del-templo-misional-y-presentan-estudio-sobre-34mamitas-abadesas-34-409505Links ]

Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia, ABNB. (1768-1769). Sobre el reglamento para el gobierno temporal de las misiones de Chiquitos (vols. 24, II, f. 8 r., 50 folios). Sucre: M y Ch. [ Links ]

Archivo Histórico de la Compañía de Jesús (1767-1832). Inventarios de los bienes del pueblo de San Ignacio. Documento MM 1768. La Paz. [ Links ]

Arze, S., Lima, P., Medinacelli, X., Combés, I., Betancourt, C., Prümers, H., & Rodríguez, M. (2015). Bolivia, su historia Tomo I: De los orígenes a la construcción de los Estados prehispánicos 10000 a.C.-1540 d.C. Bolivia: Imprentas Gráficas Sagitario S.R.L. [ Links ]

Diez Gálvez, M.J. (2017). Las misiones de Mojos: el barroco en la frontera (Vol. II, Arte y arquitectura). Cochabamba: Instituto de Misionología. [ Links ]

Gantier Zelada, B.S.J. (2015). Cuando los pueblos misionales de Mojos admitieron el Evangelio. Anuario de la Academia Boliviana de Historia Eclesiástica, (21), 85-104. [ Links ]

Gantier Zelada, B.S.J.. (1991). Indios de Mojos y jesuitas: orígenes de una cristiandad. Audiencia de Charcas, siglos XVII-XVIII;tesis de especialidad. Universidad Pontificia Comillas, Facultad de Teología;. Madrid. [ Links ]

Gutierrez, R. (2005). Arquitectura y urbanismo en Iberoamérica. Madrid: Ediciones Cátedra. [ Links ]

Jorda S.J., E. (2013). Un oasis en la Amazonia boliviana: el templo misional histórico de San Ignacio de Mojos. Nueve años de restauración (1994-2002). Anuario de la Academia Boliviana de Historia Eclesiástica, (19), 25-62. [ Links ]

Jorda S.J., E.. (2015). Pueblos misionales de Mojos (Beni-Bolivia) siglos XVII-XVIII: ¿cómo la religión cósmica local integró históricamente la fe cristiana misional ofrecida como religión metacósmica? Anuario de la Academia Boliviana de Historia Eclesiástica, (21), 67-84. [ Links ]

Limpias Ortiz, V.H. (2008). El barroco en la misión jesuítica de Moxos. Varia Historia, 24(39), 227-254. https://www.scielo.br/j/vh/a/KxPcgPsgdmCw4mZC5X3sGkb/?format=pdf&lang=esLinks ]

Limpias Ortiz, V.H.. (2011). Arquitectura del barroco misional en Moxos. En Universidad de Navarra (ed.), Memoria del I Encuentro Internacional sobre barroco andino (págs. 161-174). España: GRISO-Universidad de Navarra/Fundación Visión Cultural. https://dadun.unav.edu/bitstream/10171/17967/1/15_Limpias%20Ortiz.pdfLinks ]

Parejas, A. (1976). Historia de Moxos y Chiquitos a fines del siglo XVIII. La Paz: Instituto Boliviano de Cultura. [ Links ]

NOTAS

1 “1785. Padrón universal de todos los pueblos de la provincia de los Moxos, sus producciones y estado de sus Misiones” (su original se halla en el Archivo general de Indias, de Sevilla, y una transcripción antigua en el Archivo SJ de La Paz).

2 “1793. Inventario del 7 de agosto de 1793”, firmado por el cura primero de San Ignacio, Don Nicolás Barba en época ya de los curas diocesanos, junto con Francisco Xavier Negrete, Fran- cisco Xavier Chávez y Félix de León Foronda.

3 “1793. Inventario del 7 de agosto de 1793”, firmado por el cura primero de San Ignacio, Don Nicolás Barba en época ya de los curas diocesanos, junto con Francisco Xavier Negrete, Fran- cisco Xavier Chávez y Félix de León Foronda.

Recibido: 01 de Marzo de 2025; Aprobado: 01 de Abril de 2025

Creative Commons License Este es un artículo publicado en acceso abierto bajo una licencia Creative Commons