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Revista Ciencia y Cultura

versión impresa ISSN 2077-3323

Rev Cien Cult vol.29 no.54 La Paz  2025  Epub 30-Jun-2025

https://doi.org/10.35319/rcyc.2025541372 

ARTÍCULOS Y ESTUDIOS

Lo que nos revela una imagen: la élite intelectual de principios del siglo XX

What an Image Reveals to Us: The Intellectual Elite of the Early 20th Century

Alejandra Echazú Conitzer* 
http://orcid.org/0000-0001-6898-9546

1*Doctora en Literatura por la University of Maryland. Directora del Departamento de Cultura y Arte de la Universidad Católica Boliviana “San Pablo”, sede La Paz. Contacto: aechazu@ucb.edu.bo


RESUMEN

Una fotografía de intelectuales bolivianos de principios del siglo XX permite analizar el contexto social y la construcción de una cultura nacional en las primeras tres décadas del siglo. Estos letrados se desenvolvieron tanto en ámbitos estatales como en círculos cerrados de asociaciones y fundaciones. Eran docentes, diplomáticos, escritores y periodistas que conformaban una élite intelectual y académica, responsable de definir una estética y una cultura hegemónica en el país.

Palabras clave: Élite intelectual; letrados; cultura nacional; primeras décadas del siglo XX; Ricardo Jaimes Freyre; Alcides Arguedas; Juan Francisco Bedregal; Emilio Villanueva; Eduardo Diez de Medina; Adolfo Costa du Rels; Academia Boliviana de la Lengua; El Diario; Universidad Mayor de San Andrés

ABSTRACT

A photograph of Bolivian intellectuals from the early 20th century provides an opportunity to analyze the social context and the construction of a national culture during the first three decades of the century. These learned individuals operated both in state spheres and within exclusive circles of associations and foundations. They were educators, diplomats, writers, and journalists who formed an intellectual and academic elite, responsible for shaping a dominant aesthetic and cultural framework in the country.

Keywords: Intellectual elite; scholars; national culture; first decades of the 20th century; Ricardo Jaimes Freyre; Alcides Arguedas; Juan Francisco Bedregal; Emilio Villanueva; Eduardo Diez de Medina; Adolfo Costa du Rels; Royal Spanish Academy (in Bolivia); El Diario; University Mayor de San Andrés

Fuente: Álbum de recortes de Carmen Iturri A. de Bedregal.

Esta fotografía posada con ilustres personajes bolivianos puede interpretarse como una imagen construida o como la construcción de un imaginario1 que proyecta la nación liberal educada y orientada en el progreso. Enmarcada y colgada en la pared del escritorio de Juan Francisco Bedregal, escritor y académico cercano a todos ellos, la foto establece los vínculos afectivos entre miembros que forman parte de un círculo hegemónico, cerrado y elitista que tuvo un impacto significativo en el pensamiento social y en la estética cultural en la Bolivia de esa época. Este elitismo se define como un espacio restringido, accesible solo a quienes, según el clásico estudio de Ángel Rama (1998), se destacan como “letrados”. Si bien la imagen no incluye a figuras igualmente relevantes, como Bedregal, Armando Chirveches, Gregorio Reynolds, Franz Tamayo, José Eduardo Guerra, Gustavo Adolfo Otero, Alberto de Villegas, entre otros; la imagen es suficiente testimonio para analizar las dinámicas culturales y sociales, así como la construcción de una “cultura nacional”2 que refleja los valores de esta élite intelectual.

En esta imagen reconocemos la consolidación del intelectual y académico blanco, educado y urbano, como albacea de una cultura moldeada por los ideales del liberalismo. Este “letrado” asume la responsabilidad de salvaguardar, con su ejemplo, no solo los principios morales de la sociedad,3 sino también su expresión artística y el correcto uso de la lengua. Su labor se enfoca, asimismo, en definir y legitimar aquellos elementos estéticos que pueden justificar una filiación prehispánica, aunque esto no implique resolver las tensiones que persisten en la convivencia indígena. Es decir, se destacan los aspectos culturales que pueden ser apropiados para construir un discurso nacional, pero desde una perspectiva que privilegia los objetos, las formas y las virtudes simbólicas, ignorando a las personas y a la cultura viva, la cual se observa y describe desde una distancia insalvable. Esta construcción de una “cultura nacional” no surge para integrar a toda la sociedad, sino que se proyecta desde y para los propios integrantes de este círculo intelectual. Como señala Sanjinés, esta idea de cohesión cultural se fundamenta en un pacto imaginado que no refleja las complejas y fragmentadas realidades sociales del país4.

Veamos, por ejemplo, esta nota del periódico El tiempo, en la que se destaca la labor formativa de los letrados (poetas laureados), cuya misión es la de educar en la cultura nacional a través de las letras (página literaria):

En el constante afán de mejorar la parte literaria de nuestro periódico y contribuir a la gran obra de la cultura nacional, estamos empeñados desde hace años, sin que nos desaliente lo poco propicio del medio ambiente y la falta de afición por la buena literatura, que solo encuentra un reducido número de lectores. Nuestra página literaria ha sido entregada a dos poetas laureados y de reconocidos prestigios, los señores don Juan Francisco Bedregal y don Gregorio Reynolds, que todos los domingos regalarán a nuestros lectores con delicada literatura nacional y extranjera. Al agradecer la eficaz colaboración de los laureados poetas, anunciamos la aparición de la “Página Literaria” desde el domingo próximo (sin fecha).

La imagen pública de los retratados fusiona lo social, lo político y lo literario o artístico, reflejando su influencia en la construcción de la “cultura oficial” boliviana. El reconocimiento de la mayoría de ellos en ediciones públicas evidencia su papel central en la configuración de este imaginario cultural. En celebraciones como el Centenario de la República, conmemorado mediante un libro publicado bajo el gobierno de Bautista Saavedra, o en los tomos dedicados al IV Centenario de La Paz, sus nombres figuran en las galerías de ilustres y, en muchos casos, se les confía la redacción de artículos sobre cultura, literatura, arquitectura y otras disciplinas. Estos eventos y publicaciones no solo consolidaron su prestigio, sino que también delinearon un proyecto cultural que exaltaba las contribuciones de esta élite. Su impacto en las artes y las letras es innegable en el contexto de esos años, pero también refleja un proceso intencional de legitimación de ciertos valores y narrativas como parte de la identidad nacional5.

De izquierda a derecha, de pie, están Alberto Ostria Gutiérrez, Luis Carrasco Jiménez, Adolfo Costa du Rels, Emilio Villanueva, Alberto Mariaca Pando, Néstor Muñoz Ondarza, Roberto Bustillos, Waldo Alborta, y Rafael Ballivián; lamentablemente no se pudo identificar a la persona en la extrema derecha. Sentados en primera fila encontramos a Ernesto Sanjinés, Fabián Vaca Chávez, Rosendo Villalobos, Ricardo Jaimes Freyre, Alcides Arguedas, Eduardo Diez de Medina y Raúl Jaimes Freyre. El escenario de la fotografía refuerza la imagen de los retratados como paladines ilustrados de su tiempo. Enmarcado por un cortinaje profuso a ambos lados, el telón sugiere una construcción con arcos que remite, de manera vaga, a la Alhambra, posiblemente como un guiño estético que combina exotismo y tradición europea. En el centro de atención se encuentra Ricardo Jaimes Freyre, sentado en un escabel, destacado poeta modernista y figura de renombre internacional, cuya muerte en 1933 sitúa esta imagen en los primeros años de esa década. Flanqueándolo están Rosendo Villalobos, el mayor del grupo (nacido en 1859), y Alcides Arguedas (nacido en 1879), una figura intelectual de peso en ese momento.

La disposición de los 17 personajes, vestidos con elegancia y sobriedad, refleja una transición entre siglos, marcada por modas superpuestas que evidencian el cambio hacia el siglo XX. Las prendas incluyen polainas, corbatas de diversos estilos (clásica, ascot, de lazo) y ternos de tres piezas con variaciones en solapas y cortes. La modernidad incipiente se percibe especialmente en la presencia del más joven, Adolfo Costa du Rels (nacido en 1891), quien representa la renovación dentro de este círculo. La composición, con sus detalles escenográficos y estilísticos, no solo destaca el carácter elitista de este grupo, sino que también proyecta una imagen visual de autoridad y sofisticación, coherente con su rol en la construcción de la “cultura oficial”6.

El circuito en el que se movían los intelectuales ilustrados estaba conformado por cuatro ejes claramente definidos, que eran fundamentales para su influencia y visibilidad social: 1) las labores de representación del Estado, que incluían carteras ministeriales o cargos diplomáticos; 2) la docencia en universidades y colegios, así como el periodismo en diarios y semanarios; 3) la creación de productos culturales y la organización de eventos, tales como libros, recitales, juegos florales, exposiciones o construcciones; y, finalmente, 4) la pertenencia a grupos selectos, como clubes, círculos, fundaciones, academias y sociedades. Todas estas actividades se enmarcaban en lo que se podría considerar como un “culto” a lo estético, lo intelectual y lo nacional, reflejando su rol central en la configuración de una identidad cultural y política alineada con los valores del liberalismo de la época.

Entre 1900 y 1926, Bolivia experimentó un notable aumento en la cantidad de estudiantes, que se duplicaron de 5.109 a 12.864, de los cuales 1.000 eran universitarios en áreas como derecho, medicina, comercio, y en la Escuela Normal y secundaria (Romero Pittari, 2009, 143). Este crecimiento en la educación refleja una expansión de la clase intelectual urbana y, por lo tanto, de la influencia de los intelectuales en la configuración de la “cultura oficial”. Además, Ivana Gabriela Molina (2019) señala que en 1900 La Paz contaba con 38.732 personas con instrucción educativa, cifra que en 1950 aumentó a 236.090 (p. 152), lo que subraya la creciente educación y formación de una sociedad más letrada y literata, fundamental para la consolidación del pensamiento liberal en la nación.

Por otro lado, los datos sobre las herramientas disponibles para estos intelectuales, como las máquinas de escribir, indican una modernización en las formas de trabajo. Aunque los tirajes de libros entre 1900 y 1926 variaban entre 300 y 500 ejemplares (Romero Pittari, 2009, p. 133), los avances tecnológicos, como la máquina de escribir, permitieron una mayor difusión de la producción intelectual. En este sentido, un anuncio de Arauco Prado y Cía resaltaba que “la máquina de escribir no debe considerarse como un artículo de lujo, sino como una necesidad en la vida moderna” (Molina, 2019, 158), lo que refleja cómo la tecnificación facilitaba el trabajo de los escritores, periodistas y oficinistas urbanos, consolidando su influencia en la sociedad.

Sin tener en cuenta las funciones en el ámbito gubernamental, como los cargos diplomáticos, estrechamente vinculados a la actividad académica (y cuyas fotos con uniforme diplomático de chaqueta bordada con hilos de oro y un bicornio son muy típicas), me referiré, por la brevedad de este ensayo, tan solo a tres espacios fundamentales de pertenencia y ejercicio intelectual: la Academia Boliviana de la Lengua, la Universidad Mayor de San Andrés y el periódico El Diario, instituciones en las que trabajaron y produjeron muchos de los personajes presentes en la fotografía que analizamos aquí.

Las academias de la lengua comenzaron a fundarse en el marco de un proceso modernizador que recorrió América a partir de 1870. Con la excepción de las academias brasileña y colombiana, todas nacieron como correspondientes de la academia española, y tenían la misión de proteger la lengua española de cualquier subversión (Rama, 1998, p. 68). La academia boliviana, sin embargo, fue fundada tardíamente, en 1927, y su primer presidente fue Rosendo Villalobos. Entre los miembros destacados de esta primera generación de la academia se encuentran Juan Francisco Bedregal, Juan Capriles, José Eduardo Guerra, Ricardo Mujía, Víctor Muñoz Reyes, Gustavo Adolfo Otero, Gregorio Reynolds, Casto Rojas y Eduardo Diez de Medina.

En 1830 se fundó la Universidad Mayor de San Andrés, una de las instituciones educativas más importantes de Bolivia. A partir de 1930 se inició un proceso de autonomización; en una nota de La Razón del jueves 24 de julio de 1930, se anuncia que “por mayoría de votos lo eligieron los estudiantes” ENT#091;a Juan Francisco BedregalENT#093;. En 1936, con la promulgación de la ley que otorgó autonomía universitaria, la universidad ganó mayor independencia política y administrativa. Son muchos los intelectuales de esta época que trabajaron como docentes en sus aulas. También, según Rama, la autonomía universitaria era una “estrategia de ascenso social de un nuevo sector o clase que busca alcanzar una instancia de poder” (Rama, 1998, 67)7. El edificio que alberga la universidad fue diseñado precisamente por Emilio Villanueva Peñaranda (quien también fue su rector en 1929) en 1942, sobre lo que habían sido los predios del Colegio Militar. La construcción de este emblemático edificio simbolizó el avance de la universidad en su nuevo rol autónomo, y se convirtió en un referente arquitectónico y cultural.

El periódico paceño El Diario fue fundado el 5 de abril de 1904. Es el diario más antiguo de Bolivia que sigue en circulación, su posición editorial ha sido conservadora, en línea con los ideales de sus fundadores, la familia Carrasco, una de las más influyentes en La Paz durante el siglo XX. Desde su fundación, El Diario ha tenido diversos directores, comenzando con José Carrasco Torrico. Hasta 1930, sus directores incluyen, entre otros, a Franz Tamayo, Casto Rojas, Federico Gutiérrez Granier, Claudio Peñaranda, Fabián Vaca Chávez, Alberto Ostria Gutiérrez y Fernando Guachalla. La dirección del periódico pasó por varias generaciones de la familia Carrasco, como el mandato de José Carrasco Jiménez y Luis Carrasco Jiménez. Desde su primer editorial, El Diario ha mantenido principios basados en los pilares de “Dios, patria y hogar”. La frase célebre que abrió su primer editorial: “La prensa hace luz en las tinieblas y todo cuanto existe de progreso en el mundo se debe a su inagotable labor”, refleja su compromiso con el progreso social y político8.

Una fotografía, como tantas otras de la época, captura a aquellos que, desde las letras, trazaron los caminos de lo que sería la cultura hegemónica en un momento de profundas paradojas sociales. En su afán por crear y preservar una sola nación y una expresión artística elitista, inevitablemente abrieron paso a otros espacios de contraculturas, insurgencias étnicas y sociales que, con el tiempo, se manifestaron en Bolivia a lo largo del siglo XX.

Presento un breve índice de algunas figuras públicas de la fotografía, en el orden en que aparecen en la imagen. Los datos fueron tomados de diversas fuentes9.

Alberto Ostria Gutierrez. (1897-1965 o 1967). Escritor, político y diplomático con misiones en Argentina, Brasil, España y Perú. Fue ministro de Relaciones Exteriores.

Luis Carrasco Jiménez. Fue director de El Diario.

Adolfo Costa du Rels. (1891-1980). Diplomático, escritor de cuentos, teatro y novelas. Fue ministro de Relaciones Exteriores. Obtuvo el Premio Nacional de Cultura. Miembro de la Academia Boliviana de la Lengua.

Emilio Villanueva Peñaranda (1882-1970). Arquitecto, urbanista, docente. Fue director de Obras Públicas en Oruro y en La Paz. Rector de la UMSA (1929). Fundador de la Carrera de Arquitectura de la UMSA. Su obra arquitectónica y urbanística es notable: Hospital General de Miraflores; Banco Central de Bolivia (hoy Vicepresidencia y Biblioteca del Congreso). Estadio “Hernando Siles”; Monoblock Central de la UMSA. En el libro del Centenario escribió dos artículos: “Disquisiciones sobre arte colonial” y “San Francisco de La Paz”. Padre de la escritora Laura Villanueva, conocida como Hilda Mundy.

Julio Mariaca Pando (1890-1936). Ingeniero, arquitecto y urbanista. A su cargo estuvieron la Estación de Ferrocarriles de La Paz, actual estación de Mi Teleférico, la Casa España (hoy Centro de Cultura de España), la capilla del Cementerio General de La Paz, el Ministerio de Economía y Finanzas, en la calle Bolívar esquina Indaburo, la Casa Goitia en la plaza Isabel la Católica, la Fundación Cultural del Banco Central, en la calle Ingavi esquina Yanacocha, y la Corte Suprema de Justicia, en Sucre, entre otros proyectos.

Roberto Bustillos Cusicanqui (pintor). En el tomo del IV Centenario de La Paz (1548/1948) figura una entrada sobre él: “Pintor paceño ´… presentó más de 15 exposiciones en esta ciudad, Buenos Aires y Montevideo. Fue profesor de la Academia de Bellas Artes. Sus obras se encuentran diseminadas por todas partes. Trabajó en retratos de hombres públicos. Muchos de ellos se hallan en la Cámara de Diputados y diversas instituciones (p. 244).

Waldo Alborta. Músico, pianista y compositor contemporáneo. Amigo del compositor Eduardo Caba10. Dirigió la sección artística del Círculo de Bellas Artes de La Paz.

Rafael Ballivián (1897-1963). Poeta y crítico. Abogado. Docente de literatura, letras y crítica histórica de la Normal Superior de Maestros. Subsecretario del Ministerio de Relaciones Exteriores. Presidente de la Academia Boliviana de la Lengua. Embajador de Bolivia en Perú y México. Laureado en los Juegos Florales de 1919. Secretario del PEN Club. Hijo de la afamada pintora Elisa Rocha de Ballivián, fundadora de la primera academia de pintura en La Paz, en 1905, y padre de la destacada pintora María Esther Ballivián Iturralde.

Ernesto Sanjinés. Ministro de Guerra más adelante, durante la guerra del Chaco.

Fabián Vaca Chávez (1883-1949). Abogado, poeta, dramaturgo, periodista y pedagogo beniano. Director de El Diario, La Razón y en Trinidad de Eco del Beni. Fue ministro de Fomento y de Relaciones Exteriores. Representó a Bolivia en varios países. Fue miembro de la Academia Boliviana de la Lengua.

Rosendo Villalobos (1859-1940). Poeta, ensayista, abogado, miembro de las academias bolivianas de la lengua y de la historia. Fue diputado nacional y director general de correos y telégrafos. Director de la Biblioteca Municipal de La Paz. Escribe sobre las letras bolivianas en el libro del Centenario (p. 416).

Ricardo Jaimes Freyre (1868-1933). Poeta, dramaturgo, historiador, docente. Trabajó con el gobierno de Bautista Saavedra y fue ministro de Instrucción Pública y Agricultura y de Relaciones Exteriores y Culto. Fue diplomático ante los gobiernos de Chile, EEUU, México y Brasil. Miembro correspondiente de la Academia de Letras en Argentina. Destacado y reconocido poeta modernista. Autor de Castalia Bárbara. Funda con Rubén Darío la Revista de América. Su libro Leyes de la versificación castellana es insuperable.

Alcides Arguedas (1879-1946). Escritor, historiador, ocupó distintos cargos diplomáticos, viviendo en Europa por más de 25 años. Director del diario Los Debates. Presidente y diputado por el Partido Liberal. Senador de la República por el departamento de La Paz. Ministro de Agricultura, Colonización e Inmigración bajo el gobierno de Peñaranda. Su novela Raza de bronce y su ensayo Pueblo enfermo fueron reconocidos a nivel internacional, no sin generar polémica por ciertas ideas planteadas en sus textos.

Eduardo Diez de Medina (1881-1955). Escritor, periodista y diplomático en Argentina, Chile, España, Japón y Cuba. Canciller en distintas gestiones. Ministro de Instrucción (1926). Director de El Imparcial y fundador con José Carrasco de El Diario (1904). Miembro de la Academia Boliviana de la Lengua. Escribe para el libro del Centenario una breve reseña histórica, geográfica y política.

Raúl Jaimes Freyre (1887-1970). Poeta, novelista y pintor. Hermano de Ricardo Jaimes Freyre. Estudió en la Academia de Bellas Artes de Buenos Aires, Argentina. En Bolivia dirigió la Escuela de Preceptores y de Literatura en el Colegio Seminario de La Paz. Docente en colegios de Potosí y La Paz. Cultivó la acuarela y el dibujo. Fundador, junto a Ángel Ismael Dávalos y Avelino Nogales, del Círculo de Bellas Artes de La Paz. Vicepresidente del PEN Club, del cual J.F. Bedregal era presidente.

REFERENCIAS

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Blanco Mamani, E. (2005). Enciclopedia Gesta de autores de la literatura boliviana. La Paz: Plural. [ Links ]

Bolivia. Comité Pro IV Centenario de la Fundación de La Paz (ed.). (1948). La Paz en su IV Centenario 1548-1948. Tomo III: Monografías literaria, científica, artística, religiosa y folklórica. [ Links ]

Guzmán A. (1981). Biografías de la literatura boliviana. Cochabamba: Los Amigos del Libro. [ Links ]

Malosetti Costa, L. (2022). Retratos públicos. Pintura y fotografía en la construcción de imágenes heroicas en América Latina desde el siglo XIX. Buenos Aires: FCE. [ Links ]

Molina, I.G. (2019). Libros y bibliotecas en La Paz entre 1920 y 1945. En C. Machicado, X. Soruco y K. Soto (coords.), Vértigo liberal. Sociedad, economía y literatura en la Bolivia de entreguerras (1880-1930) (pp. 149-169). Instituto de Investigaciones Literarias, Carrera de Literatura, UMSA. [ Links ]

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Sanjinés Casanovas, J. (2022). Canon y subversión. Ensayos. La Paz: Plural . [ Links ]

Stefanoni P. (2015). Los inconformistas del Centenario. Intelectuales, socialismo y nación en una Bolivia en crisis (1925-1939). La Paz: Plural . [ Links ]

NOTAS

1 Recordemos que el lenguaje es privilegiado en una comunidad imaginaria, resguardado por la élite culta.

2 “ENT#091;. . . ENT#093; hablar de las relaciones entre el Estado y la cultura, lo que se entiende por cultura nacional, implica tener en cuenta que ésta no surge sólo de la necesidad de satisfacer las aspiraciones espirituales de un pueblo, sino de los trabajos materiales e intelectuales que el propio Estado pone en marcha con el fin práctico de delimitar, integrar, cohesionar y administrar territorios, poblaciones y etnias, universalizando, naturalmente, los intereses de una clase o grupo hegemónico sobre el amplio espectro de lo social” (Sanjinés, 2022, 153-154).

3 Esta regla no impide que se considerara que muchos intelectuales pasaban de un partido a otro en beneficio propio (ver, por ejemplo, Romero Pittari (2009, 113), en particular sobre Fabián Vaca Chávez).

4 “Así, la triada que relaciona la letradura -la literatura y el periodismo-, la construcción del Estado-nación y la organización de la cultura anida en un conflictivo modelo que cifra sus esperanzas en la organización racional y teleológica de la utopía social” (Sanjinés, 2022, 337).

5 Pablo Stefanoni (2015) se ocupa de revisar aquellos movimientos sociales, políticos o educativos que intentan incorporar a las clases subordinadas en el quehacer de la vida liberal. Considero que sería un aporte sugerente el análisis de la obra de la clase predominante y elitista en el mundo intelectual y no solo de quienes él denomina “inconformistas”. En estos años el debate de la inclusión de los habitantes mestizos e indígenas en los ámbitos de gobierno y de la academia es confuso; muchos autores adoptan posturas contradictorias, como es el caso de Bedregal en La máscara de estuco.

6 Es muy valioso el estudio de Laura Malosetti Costa (2022) sobre los retratos públicos y la construcción de imágenes heroicas. No se trata, en este caso, de la instauración de una heroicidad, pero sí de una cultura nacional hegemónica y elitista.

7 “La Universidad seguía siendo así el puente por el cual se transitaba a la ciudad letrada, como lo había sido en el siglo XIX cuando preparaba a los equipos del poder, sobre todo ministros y parlamentarios, dotándosela ahora de un campo operativo más libre que le permitiera cumplir tanto la función modernizadora como la integradora de la sociedad” (Rama, 1998, 67)

8 https://www.pub.eldiario.net/diario/

9 De textos de Guzmán, Blanco, Centenario y La Paz en su IV Centenario 1548-1948 Tomo III Monografías Literaria-científica-artística-religiosa y folklórica. También del Diccionario Cultural Boliviano de Elías Blanco: https://elias-blanco.blogspot.com/

10 https://www.la-razon.com/tendencias/2015/04/05/eduardo-caba-mi-obra-caminara-so-la-si-tiene-valor/

Recibido: 01 de Marzo de 2025; Aprobado: 01 de Abril de 2025

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