Los comportamientos sedentarios y la insuficiente práctica regular de actividad física se relacionan con un mayor riesgo de enfermedades crónicas no transmisibles y muerte prematura (Barnes et al., 2013;Biswas et al., 2015). Sin embargo, la mayoría de los adultos no realizan suficiente ejercicio físico para obtener beneficios en su salud causando mayor riesgo de morbilidad y mortalidad (Ding et al., 2016;Kapteyn et al., 2018;Sutin et al., 2016). Particularmente, la población adulta de Argentina mantiene una prevalencia del 44.2% de inactividad física (Instituto Nacional de Estadística y Censos, 2019), siendo muy elevada en comparación con otros países del mundo (Guthold et al., 2018).
Son múltiples las condiciones ambientales, sociales e individuales asociadas al mantenimiento de actividad física. Entre ellas, los rasgos de personalidad pueden predisponer u obstaculizar su práctica regular (Rhodes & Wilson, 2020;Wilson & Rhodes, 2021). En este marco, el Modelo de los Cinco Grandes (McCrae & Costa, 2003) reconoce una taxonomía para sistematizar cinco rasgos generales de la personalidad normal. Los mismos permiten describir la variabilidad individual del comportamiento humano, como por ejemplo la elección y preferencia por una actividad física. Esta estructura pentafactorial se ha observado en diferentes culturas fundamentando el carácter universal del modelo (McCrae & Sutin, 2018).
Courneya & Hellsten (1998) fueron los pioneros en indagar el Modelo de los Cinco Grandes de la Personalidad y el ejercicio físico revelando asociaciones significativas con neuroticismo (r = -.23), extraversión (r = .13) y responsabilidad (r = .18). Desde entonces los resultados de las revisiones y metaanálisis son consistentes al indicar relaciones entre la práctica de actividad física, la inactividad física y los comportamientos sedentarios con los rasgos de personalidad. En general, las personas con un alto grado de neuroticismo tienden a evitar la actividad física, mientras que las personas con niveles altos de extraversión, responsabilidad, apertura y agradabilidad realizan más comportamientos asociados a la actividad física (Allen et al., 2017;Rhodes & Smith, 2006;Sutin et al., 2016;Wilson & Dishman, 2015).
Wilson & Dishman (2015) hallaron asociaciones positivas entre actividad física y los rasgos de personalidad extraversión, responsabilidad y apertura, y una asociación negativa con neuroticismo pero de menor intensidad a las informadas por Rhodes & Smith (2006). Sin embargo, las bajas estimaciones pueden deberse a la confiabilidad no reportada en la evaluación de la actividad física (Wilson & Dishman, 2015). En esta línea, Sutin et al. (2016) indicaron que los participantes que obtuvieron puntajes más altos en extraversión, apertura, agradabilidad y responsabilidad fueron más activos físicamente, mientras que los individuos que puntuaron más altos en neuroticismo fueron menos activos. Además, un mayor tiempo de comportamientos sedentarios se asociaron con puntajes elevados en neuroticismo y bajos en responsabilidad. Estos resultados también son consistentes con las revisiones realizadas por Rhodes & Smith (2006) y Wilson & Dishman (2015) sugiriendo que la personalidad se asocia con la actividad física y consecuentemente con el riesgo de un estilo de vida inactivo.
Los estudios centrados en los rasgos de personalidad han diferenciado conceptual y operacionalmente la actividad física (Wilson & Dishman, 2015), la inactividad física y el sedentarismo (Allen et al., 2017;Sutin et al., 2016). Participar en actividades físicas implica cualquier tipo de movimiento corporal que incremente el gasto de energía por encima del metabolismo basal, incluyendo actividades tan sencillas como caminar. En cambio, el ejercicio físico implica realizar movimientos corporales estructurados y repetitivos, manteniendo así regularidad en sus acciones (Caspersen et al., 1985). Las personas que realizan ejercicio regular presentan mejoras en su salud mental (Chekroud et al., 2018;Cheval et al., 2022;Oswald et al., 2020) y reducen el riesgo de enfermedades cardiovasculares (Kraus et al., 2019). Por ello, las guías internacionales recomiendan un volumen mínimo de actividad semanal con intensidad moderada a vigorosa para obtener mayores beneficios (Dos Santos et al., 2022).
Estas recomendaciones enfatizan en moverse más y pasar menos tiempo sentado para reducir el riesgo de enfermedades crónicas (Ekelund et al., 2019). En particular, aquellas personas que no logran realizar durante una semana 150 minutos de actividad física intensa a moderada o 75 minutos de actividad intensa se consideran inactivos físicamente (Piercy et al., 2018). En consecuencia, escasos minutos de actividad física no representan necesariamente a personas sedentarias, sino la frecuencia y el tiempo de comportamientos que implican estar sentado o reclinado (Barnes et al., 2013). En suma, los comportamientos sedentarios se reconocen como categorías que implican bajo gasto de energía (Allen et al., 2017), considerando por ejemplo, ver televisión, jugar juegos electrónicos, conducir, leer, usar la computadora, entre otros (Mansoubi et al., 2015).
Los profesionales de la salud deben conocer qué características psicológicas promueven la práctica regular de actividad física que presentan beneficios para la salud (Piercy et al., 2018). La consideración de los rasgos de personalidad aporta un valor práctico para mejorar la eficacia de las intervenciones (Rhodes & Wilson, 2020) orientadas en la promoción y adherencia al ejercicio, así como, en la disminución de conductas sedentarias (Sutin et al., 2016;Wilson et al., 2015;Wilson & Dishman, 2015). Sin embargo, ninguno de los trabajos de revisión (Allen et al., 2017;Rhodes & Smith, 2006;Sutin et al., 2016;Wilson & Dishman, 2015) han reportado evidencia para el contexto local argentino. El objetivo del presente estudio fue describir las asociaciones entre los rasgos de personalidad, los niveles de actividad física y la conducta sedentaria en adultos residentes de la provincia de Buenos Aires.
MÉTODO
Diseño
El presente estudio empírico emplea un enfoque cuantitativo con un diseño no experimental, de corte transversal, y de tipo asociativo comparativo. Se utilizó esta estrategia para analizar la relación entre las variables de rasgos de personalidad, actividad física y comportamiento sedentario (Ato et al., 2013).
Participantes
La muestra se conformó por 376 residentes de zonas urbanizadas de Buenos Aires, Argentina, con edades comprendidas entre los 18 y 78 años (M = 34.31; DE = 14.08), seleccionados por su accesibilidad. El 63% se identificó con el género femenino, 36.2% masculino y 0.8% no se incluyó en estas categorías. Respecto al nivel máximo de estudio, el 45.3% completó estudios de secundaria, mientras que el 46.7% habían transitado por estudios superiores universitarios.
Instrumentos
Big Five Inventory abreviado
Se utilizó el inventario abreviado de los cinco grandes (BFI-S) de Abal et al. (2024) validado en adultos residentes del área metropolitana de Buenos Aires. La escala se conformó a partir de la reducción del inventario en español de Castro-Solano (2002) Big Five Inventory (John et al., 1991) constituida por 44 ítems. Los criterios usados para seleccionar los ítems se fundamentaron en la Teoría de Respuesta al Ítem conformando una versión abreviada de 20 afirmaciones con una distribución de cuatro reactivos por dimensión y un formato de respuesta politómica de cinco opciones. Para el presente estudio, los alfas y omegas ordinales resultaron mayores a .70 a excepción de neuroticismo con valores marginalmente inferiores a los aceptados. En particular, extraversión manifestó un alfa ordinal de .83 [.80, .86] y omega ordinal de .83 [.80, .86], agradabilidad un alfa ordinal de .73 [.68, .77] y omega ordinal .74 [.70, .78], responsabilidad un alfa ordinal de .81 [.77, .84] y omega ordinal de .81 [.77, .84], apertura a la experiencia un alfa ordinal de .74 [.70, .79] y omega ordinal .76 [.72, .80], y finalmente neuroticismo un alfa ordinal de .68 [.63, .73] y omega ordinal .69 [.64, .74].
Actividad física y comportamiento sedentario
Para evaluar la actividad física se utilizó el Cuestionario Internacional de Actividad Física (IPAQ) en su formato breve (International Physical Activity Questionnaire, 2005). El IPAQ es un instrumento de autoinforme que establece el gasto energético durante los últimos 7 días. Su versión corta registra la cantidad de días y duración en minutos de actividad física vigorosa y moderada, de caminata y el tiempo que el evaluado permaneció sentado durante la última semana (Craig et al., 2003;Mantilla-Toloza & Gómez-Conesa, 2007).
El nivel de actividad física se mide en equivalentes metabólicos (Metabolic Equivalent of Task, MET) permitiendo cuantificar el coste de energía de las actividades (Jette et al., 1990). La actividad física semanal deviene de la suma ponderada de las puntuaciones de cada categoría y para calcular el MET total se implementa la siguiente fórmula: [vigorosa (total minutos × 8) + moderada (total minutos × 4) + caminata (total minutos × 3.3)].
El mismo se expresa como variable continua (METs semanal) y permite categorizar a los participantes en diferentes niveles de actividad física baja, moderada y alta (Lee et al. 2011). Además, se obtiene una medida de sedentarismo (tiempo sentado durante un día) y a partir de la suma de los minutos de actividad física moderada y vigorosa (moderate and vigorous physical activity, MVPA) se agrupan a los participantes en físicamente activos si cumplen con al menos 150 minutos de la misma o 75 minutos de actividad vigorosa (Piercy et al., 2018).
Como complemento a esta medida se solicitó el reporte de los días y tiempo estimado de ejercicio físico practicado regularmente.
Procedimiento
Profesionales del área de la psicología presentaron los objetivos e instrucciones de los instrumentos y les solicitaron a los participantes que firmaran el consentimiento informado previo a responder de manera voluntaria al protocolo en formato de lápiz y papel.
Análisis de datos
En primera instancia se analizaron los estadísticos descriptivos y supuestos de normalidad para las diferentes medidas. Dado la distribución no normal de las variables, se aplicaron análisis bivariados Rho de Spearman entre los cinco factores de BFI-S y los niveles de actividad física. De igual modo, los gráficos boxplot y el test de Kolmogorov-Smirnov con la corrección de Lilliefors aportaron evidencia de falta de normalidad (p < .05) para los diferentes rasgos de personalidad en las categorías del IPAQ y agrupación de activos e inactivos. Por lo tanto, para contrastar las puntuaciones de los tres grupos del IPAQ se aplicó la prueba de Kruskal Wallis con comparaciones post hoc del test de Dunn y corrección de Benjamini y Hochberg (1995).
Finalmente, se analizó las puntuaciones de las diferentes dimensiones de personalidad entre los participantes activos e inactivos mediante la prueba U de Mann Whitney. Para el análisis de la información se utilizó el programa RStudio (R Core Team, 2020) mediante el paquete Psych (Revelle, 2019).
RESULTADOS
El 69.4% de los participantes informó practicar regularmente ejercicio físico en promedio 2.64 (DE = 2.20) días a la semana con una actividad media de 256.64 (DE = 279.79) minutos semanales. A partir de las puntuaciones del IPAQ, el 26% fueron categorizados con niveles bajos, el 29.3% con niveles moderados y el 44.7% con niveles altos de actividad física semanal. Mientras que durante su última semana pasaron sentados en promedio 348.53 (DE = 208.644) minutos en un día. El 42.3% realizaba insuficiente actividad física para obtener beneficios en su salud.
En la Tabla 1 se muestran las correlaciones bivariadas entre los factores del BFI-S y las medidas de actividad física. Desde las puntuaciones aportadas por el IPAQ se presentaron asociaciones positivas entre la actividad física moderada y vigorosa con extraversión (rho = .11, p < .05) y apertura (rho = .10, p < .05) y una asociación negativa con neuroticismo (rho = -.12, p < .05). En su lugar los METs semanales solo se asociaron con extraversión (rho = .12, p < .05) y neuroticismo (rho = -.12, p < .05). El tiempo que reportaron pasar sentados en la última semana correlacionó negativamente con extraversión (rho = -.16, p < .01) y responsabilidad (rho = -.17, p < .01) y positivamente con neuroticismo (rho = .12, p < .05). En cambio, el auto reporte del tiempo destinado al ejercicio regular presentó asociaciones significativas sólo con apertura (rho = .12, p < .05).
Tabla 1 Correlaciones entre las puntuaciones del BFI-S y actividad física.
| Extraversión | Agradabilidad | Responsabilidad | Neuroticismo | Apertura | |
|---|---|---|---|---|---|
| MVPA | .11* | .01 | .06 | -.12* | .10* |
| METs semanal | .12* | .08 | .06 | -.12* | .01 |
| Sedentarismo | -.16** | -.07 | -.17** | .12* | -.11 |
| Ejercicio regular | .08 | .08 | .07 | -.09 | .12* |
Nota. * p < .05; ** p < .01 (bilateral). MVPA = Actividad física moderada y vigorosa.
Fuente: Elaboración Propia
La técnica inferencial Kruskal Wallis no ha encontrado significancia estadística entre las categorías del IPAQ y los rasgos de personalidad agradabilidad, responsabilidad y apertura a la experiencia (ver Tabla 2). Por el contrario, se identificaron efectos de las categorías del IPAQ sobre las puntuaciones de extraversión H(2) = 9.07, p < .05 y neuroticismo H(2) = 6.56, p < .05 con tamaños de efecto pequeños. Los análisis post hoc mostraron que las puntuaciones de extraversión fueron significativamente mayores (p < .05) entre los grupos con niveles altos de actividad física en comparación con los niveles moderado y bajo. En cambio, las puntuaciones de neuroticismo fueron significativamente mayores (p < .05) en el grupo con baja actividad física en comparación con la categoría alta.
Tabla 2 Comparación de las puntuaciones del BFI-S en función de las categorías del IPAQ.
| Baja (n = 98) | Moderada (n = 110) | Alta (n = 168) | H | p | 𝜂2 | |
| M (DE) | M (DE) | M (DE) | ||||
| Extraversión | 13.78 (4.45) a | 13.70 (3.94) a | 15.03 (3.7) b | 9.07 | .011 | 0.019 |
| Agradabilidad | 16.44 (2.64) | 16.28 (2.48) | 16.75 (2.56) | 2.65 | .266 | 0.002 |
| Responsabilidad | 16.83 (2.89) | 16.54 (2.58) | 17.11 (2.53) | 4.55 | .103 | 0.007 |
| Neuroticismo | 13.32 (3.46) a | 12.49 (3.35) | 12.35 (3.37) b | 6.56 | .038 | 0.012 |
| Apertura | 14.14 (3.37) | 14.48 (3.14) | 14.83 (3.13) | 1.81 | .404 | 0.001 |
Nota. M = media. DE = desvío estándar. H = prueba de Kruskal Wallis. 𝜂 2 = Eta cuadrado. Letras a y b indican diferencias significativas entre los grupos (p < .05).
Respecto a la agrupación entre participantes físicamente activos e inactivos, se hallaron diferencias estadísticamente significativas en las dimensiones de extraversión (Z = -0.75, p < .01), agradabilidad (Z = -1.98, p < .05), neuroticismo (Z = 3.30, p < .001) y apertura (Z = -2.28, p < .05). A excepción de neuroticismo, los participantes activos obtuvieron puntuaciones más altas que los inactivos (ver Tabla 3).
Tabla 3 Comparación de las puntuaciones del BFI-S en participantes activos e inactivos.
| Inactivo | Activo | Z | p | r | |
| M (DE) | M (DE) | ||||
| Extraversión | 13.63 (4.19) | 14.82 (3.82) | -0.75 | .006 | 0.14 |
| Agradabilidad | 16.20 (2.69) | 16.77 (2.44) | -1.98 | .048 | 0.10 |
| Responsabilidad | 16.58 (2.87) | 17.08 (2.45) | -1.43 | .154 | 0.07 |
| Neuroticismo | 13.31 (3.29) | 12.15 (3.41) | 3.30 | .001 | 0.17 |
| Apertura | 14.06 (3.25) | 14.91 (3.13) | -2.28 | .023 | 0.12 |
Nota. M = media. DE = desvío estándar. r = tamaño del efecto r de Rosenthal.
DISCUSIÓN
El objetivo del presente estudio es describir las asociaciones entre los rasgos de personalidad, los niveles de actividad física y conducta sedentaria en adultos. Para ello se utilizó una medida breve de personalidad en conjunto a diferentes indicadores de actividad física, inactividad y sedentarismo. En el contexto local, la actividad física moderada y vigorosa se asoció significativamente con extraversión, apertura a la experiencia y neuroticismo. Las personas con mayores puntuaciones en extraversión y apertura indicaron realizar mayor actividad. Los sujetos con elevados niveles de extraversión tienden a ser animosos y a experimentar con mayor intensidad las emociones positivas, por lo que es probable que sientan emociones placenteras posteriores al ejercicio físico que refuercen su práctica.
En contraposición, las personas con niveles bajos de extraversión difícilmente encuentren la actividad física como gratificante, lo que resultará en una baja predisposición para llevarla a cabo. En la misma línea, los sujetos con niveles elevados de apertura son atraídos por la variedad en las actividades y experiencias, entre las que podrían incluirse la práctica del ejercicio físico. En cambio, los bajos puntajes de apertura se asocian a personas con intereses más acotados y con respuestas emocionales más atenuadas.
En su contraparte los individuos con mayores puntuaciones en neuroticismo tendieron a realizar menor monto de actividad. Aunque estas asociaciones presentaron magnitudes pequeñas, son coherentes con las reportadas en otras poblaciones de estudio (Sutin et al., 2016;Wilson & Dishman, 2015). Las personas con niveles elevados de neuroticismo tienden a disfrutar menos de la actividad física dado que se concentran en los obstáculos que les impiden realizarla. Las razones para evitar la actividad física están ligadas a las preocupaciones y culpas que puedan surgir por las posibles consecuencias negativas en su salud.
En concordancia a estas medidas se identificaron los participantes que lograron niveles de práctica asociados a la salud (Piercy et al., 2018). Los físicamente activos puntuaron más alto en extraversión, agradabilidad y apertura, mientras que los inactivos puntuaron más alto en neuroticismo poniendo en riesgo su salud. A diferencia de otros estudios (Lozzia et al., 2023) la dimensión de responsabilidad no presentó relaciones con los distintos niveles de actividad física, ni la tendencia a la inactividad se asoció a una disminución significativa en los niveles de responsabilidad (Gao et al., 2019,Stephan et al., 2018). De esta manera, algunos rasgos a excepción del neuroticismo y responsabilidad, parecen promover la práctica de actividad física (Ding et al., 2016;Kapteyn et al., 2018;Sutin et al., 2016).
Al incluir los minutos de caminata en el consumo calórico semanal, se presentaron sólo asociaciones con extraversión y neuroticismo en magnitudes muy semejantes a la actividad moderada y vigorosa. En complemento, el reporte de ejercicio físico regular sólo se asoció positivamente con apertura. Estas medidas alternativas por auto reporte demuestran diferencias en sus relaciones con los rasgos de personalidad. El uso de evaluaciones objetivas también ha presentado divergencias (Wilson et al., 2015), enfatizando en los cuidados para seleccionar e interpretar las diferentes medidas. Por ejemplo, aun disminuyendo los sesgos en el auto reporte, Čukić et al. (2019) no hallaron evidencia de que los rasgos de personalidad estén asociados con medidas objetivas basadas en dispositivos electrónicos. En cambio, se han observado resultados similares al utilizar medidas breves o detalladas sobre los rasgos de la personalidad (Sutin et al., 2016).
Por su parte, de acuerdo con lo esperado, el comportamiento sedentario reportado en el tiempo que permanecieron sentados se asoció inversamente con extraversión y responsabilidad, mientras que con neuroticismo la asociación fue directa. Estos resultados con medidas subjetivas fueron consistentes con las reportadas por Allen et al. (2017). Finalmente, las agrupaciones promovidas por el IPAQ aportaron evidencia consistente a las tendencias observadas en las variables cuantitativas. Mientras que los niveles de extraversión fueron significativamente más altos en aquellos participantes que realizaban mayor actividad, los practicantes de baja actividad manifestaron puntuaciones mayores en neuroticismo al compararlos con el grupo de alta actividad. Al juzgar las diferentes operacionalizaciones, estos rasgos fueron los más reiterativos para manifestar relaciones con la actividad física (Pfeffer & Rhodes, 2023;Rhodes & Wilson, 2020).
El estudio presenta limitaciones en las características de la muestra. La selección por accesibilidad excluyó a participantes de otras zonas no urbanizadas de Buenos Aires, así como a los adultos mayores. No se debe esperar que los rasgos de personalidad contribuyan a la actividad física de manera uniforme pudiendo asociarse de manera diferencial según sus características (Wilson & Dishman, 2015) o en interacción con otras variables psicológicas (Kekäläinen et al., 2022). Futuros estudios deben incluir otras características de práctica de la actividad física, así como variables psicológicas que puedan relacionarse a los efectos de los rasgos. En esta línea, es posible que las diferencias individuales impulsen las preferencias de un individuo hacia una modalidad específica de actividad, como por ejemplo estructuradas, grupales o guiadas, dando lugar a una mayor tendencia a su realización (Box et al., 2019;Rhodes & Smith, 2006;Sutin et al., 2016). Por tal motivo, se debe continuar indagando sobre diversas modalidades, como también en otros comportamientos sedentarios (Barnes et al., 2013). Del mismo modo, la utilización de escalas más detalladas que incluyan evaluar las facetas de la personalidad, permitirá identificar qué aspectos de los rasgos están más fuertemente asociados. Estos nuevos estudios son fundamentales para aumentar la producción de evidencia local y en Latinoamérica dado que es notablemente inferior al escenario internacional (Artese et al, 2017;Kekäläinen et al., 2020;Sutin et al., 2016;Wilson & Dishman, 2015;Wilson & Rhodes, 2021).
Los resultados sugieren que los rasgos de personalidad se asocian con la práctica de actividad física y consecuentemente con el riesgo de un estilo de vida inactivo. Los individuos con puntuaciones altas en neuroticismo presentaron mayor riesgo de inactividad física, mientras que los participantes que obtuvieron puntuaciones altas en extraversión, agradabilidad y apertura a la experiencia, exhibieron menor probabilidad de estar físicamente inactivos. A pesar de ello, los resultados entre las diferentes medidas de actividad física no fueron uniformes evidenciando distinciones en función de su reporte. Finalmente, se reconoce que las asociaciones entre los rasgos de personalidad y actividad física fueron modestas, distinguiendo que hay varias razones por las cuales las personas pueden estar físicamente activos siendo probable que los factores individuales aislados presenten un efecto pequeño. No obstante, los estudios referidos a los rasgos de personalidad pueden ampliar el alcance de las intervenciones y su prescripción puede optimizarse en función de los mismos.














