1. Introducción
Uno de los mayores debates que existen en política económica es el referido a cuál debe ser la tasa de crecimiento que una economía debería alcanzar. En Argentina, esta discusión se volvió muy relevante en las décadas pasadas cuando en la época de alto crecimiento (2003-2011), periodo conocido como “tasas chinas”, ciertos analistas señalaban que había que desacelerar la economía porque se estaban generando desequilibrios, básicamente microeconómicos (Laspina, 2004). En ese momento y en los años siguientes, el gobierno respondió que no iba a desacelerar la tasa de crecimiento (“enfriar la economía”) porque esto significaba aumentar la tasa de desempleo y desmejorar la distribución del ingreso (Fernández de Kirchner, 2011;De Vido, 2013).
En teoría del crecimiento económico, la respuesta sobre cuál es la tasa de crecimiento óptima de un país puede aproximarse a través de la siguiente relación: la tasa de variación del ingreso per cápita es igual a la tasa de crecimiento de la población más la tasa de crecimiento de la productividad (Véase Branson, 1980;Blecker, y Setterfield, 2019).
El debate es relevante en economías de ingreso medio debido a los incentivos de políticos de tipo Leviatán, que con la excusa de generar beneficios sociales terminan provocando grandes desequilibrios macroeconómicos que favorecen a una minoría (véase Porto, 2002;Porto y Navajas, 2011). Esto sucede cuando utilizando el aparato del Estado, realizan políticas públicas tales como la emisión monetaria, la toma de deuda o excesivas regulaciones sobre precios, impuestos y aranceles, que, si bien pueden tener un efecto positivo al corto plazo, terminan provocando grandes daños sobre las variables que tienen gran importancia en el largo plazo, como son la inversión, la productividad y la calidad educativa (Véase Krueger, 1974;Romer, 2006;Di Telia, et al 2013;PISA, 2018).
El trabajo tiene como finalidad analizar el desempeño económico entre Corea del Sur y Argentina en el periodo 1957-2017 y discutir cuales son los límites a las políticas públicas para países de ingresos medio. La tasa óptima de crecimiento no debería ser una cuestión normativa (sujeta a interpretación y manipulación por parte del político con fines electorales) sino que sería una cuestión objetiva (validada por la teoría económica). Finalmente, se analiza cual deberían ser algunas de las políticas para lograr aumentar esa tasa óptima de crecimiento para lograr una reducción en las brechas con respecto a los países desarrollados (Banco Mundial, 1993;Gill y Kharas, 2007).
La elección de los países, Argentina y Corea del Sur no es arbitraria dado que son economías que han tenido evoluciones opuestas en el siglo XX. Argentina era a fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX, uno de los países más dinámicos de la época, con una economía orientada al sector externo, con un flujo de inmigrantes comparable al de Estados Unidos, con un competitivo sector educativo que produjo varios Premios Nobel y un ingreso per cápita elevado. Inexplicablemente, después de la gran depresión, el progreso de Argentina se detuvo e inició un proceso de decadencia económica, social, cultural y educativa que persiste hasta el presente. Corea del Sur era a mediados de la década del cincuenta una nación pobre con enormes problemas políticos luego de la guerra de Corea que dividió en dos al país. No obstante, a partir de la década del sesenta, logró iniciar un proceso de crecimiento sostenido durante las siguientes décadas, logrando una enorme mejora de todas las variables económicas y reduciendo las brechas con países con los países de alto ingreso per cápita. Con Argentina el quiebre sucedió en 1975.
Corea del Sur pertenece al selecto grupo de países que han superado la trampa del ingreso medio y conformaron el milagro de Asia oriental (Banco Mundial, 1993), proceso de expansión que inicio Japón en los años cincuenta y que hoy continua China (y hay una cuarta generación de países de alto crecimiento, como Vietnam).
El artículo se organiza de la siguiente manera. La segunda sección describe como se obtiene la tasa de crecimiento óptima utilizando la teoría del crecimiento económico. La tercera sección compara Argentina y Corea del Sur en términos de crecimiento, productividad y población a nivel total y por décadas. La cuarta sección ofrece una interpretación sobre las diferencias en el ingreso per cápita de ambos países. La quinta sección suministra algunas reflexiones sobre políticas públicas, con énfasis en la calidad del sistema educativo. Finalmente, la sexta sección ofrece las conclusiones.
2. Tasa de crecimiento óptima
La tasa de crecimiento de la población depende básicamente de cuestiones demográficas: natalidad, mortalidad e inmigración. Actualmente, la mayoría de los países del mundo han realizado la transición demográfica pasando de altas a bajas tasas de mortalidad y natalidad, por lo tanto, tienen un crecimiento lento de la población (Véase Torrado, 2003).
Esto es más exacerbado en Europa que en Latinoamérica y también sucede en Asia. Hace una década, en 2012, China levantó la penalidad de un solo hijo por familia que había impuesto con su reforma de Apertura y Desarrollo en 1978, permitiendo ahora dos hijos para aquellas parejas que eran únicos hijos. Esa medida instalada a fines de la década del setenta logró desacelerar un crecimiento poblacional explosivo en un país con más de 1.000 millones de personas y permitió un enorme ahorro que financió parte de la inversión, física y humana, que sostuvo el crecimiento chino de tasas de 10% anual por décadas.
Es un hecho estilizado en demografía que las familias son menos numerosas que lo que solían ser, básicamente por el mayor nivel educativo de la mujer y su inserción en el mercado laboral, que las personas viven más años (la esperanza de vida en los países desarrollados ronda los 82 años para las mujeres y 75 años para los varones) y que la caída de la tasa de mortalidad se logró al controlar las enfermedades infecciosas como la fiebre tifoidea, neumonía, tuberculosis, colera, tétanos y la fiebre amarilla. Actualmente la mayoría de las causas de muerte son el cáncer y las enfermedades cardiovasculares (Véase Gordis, 2014).
Con respecto a la tasa de crecimiento de la productividad, si bien depende de varios factores, como la acumulación de capital, la inversión en ciencia y tecnología entre otros, la educación ha sido el elemento más importante para explicar las mejores o los retrocesos en esa variable. En términos amplios, la productividad se refiere al crecimiento de output por insumo utilizado. Es decir, cuál es la producción obtenida al haber empleado determinada cantidad de insumos, en especial, mano de obra.
Una forma de analizar las causas de la mejora o retroceso en la productividad (entre varios que se pueden utilizar) es describir el rendimiento educativo, especialmente, del nivel secundario. En la mayoría de los países, el máximo nivel educativo alcanzado por la población es el secundario, a pesar del fuerte crecimiento que ha tenido la educación superior en las últimas décadas a nivel mundial (Véase British Council, 2014;House, 2020).
Según la Oficina del Censo en Estados Unidos, el 90% de la población mayor de 25 años ha completado la escuela secundaria. En Argentina esa cifra está en torno al 40% mientras que uno de cada dos jóvenes argentinos no logra graduarse de la educación media. Hace dos décadas el ex Rector de la Universidad de Buenos Aires y Ex Decano de la Facultad de Medicina, Guillermo Jaim Etcheverry, publicaba un libro titulado “La tragedia educativa” que analizaba el deterioro de la educación argentina de las últimas décadas (Véase Jaime Etcheverry, 2000).
Con respecto a la educación superior, para hacer una comparación, en Canadá más del 50% de la población ha realizado estudios superiores después de la escuela media mientras que en Argentina ese indicador se ubica en torno al 25%. Por eso, el análisis de la productividad laboral a través de la educación debe ser tomando indicadores de nivel secundario, porque es el nivel educativo más frecuente (sea porque lo termino o porque quedo incompleto). Además, los alumnos del nivel secundario son luego insumos, la materia prima, tanto para el mercado laboral como para el nivel superior de educación (terciario y universitario).
Según Branson (1980), la tasa de crecimiento optima per cápita de un país puede aproximarse mediante la tasa de crecimiento de la población y de la productividad. Es un enfoque básicamente microeconómico porque depende de las decisiones de los individuos sobre el tamaño de las familias y sobre la inversión en educación y esencialmente, sobre su calidad. Si bien el crecimiento económico en el largo plazo es un fenómeno macro tiene fundamentos micro. Formalmente.
La ecuación (1) es la base de la hipótesis del trabajo y una de las ecuaciones más simples y parsimoniosas, pero poderosas de la teoría del crecimiento económico. Las diferencias en las conductas individuales, demográficas y educativas tendrán efectos sobre el tamaño de la población y sobre la calidad educativa que luego impactara en la productividad laboral. El ingreso per cápita en el largo plazo responde básicamente a incentivos microeconómicos. Como señalan los economistas del desarrollo económico, los individuos responden a los incentivos (Easterly, 2000).
3. Corea del Sur y Argentina: tanto parecidas, tan diferentes
A continuación, se realizará una comparación entre Argentina y Corea del Sur para apreciar como el uso de la tasa de crecimiento óptima permite explicar las diferencias en los ingresos por habitante en el largo plazo, principalmente por la evolución de la productividad (véase Figura 1 y 2).

Fuente: Elaboración propia en base al FMI y PWT
Figura 1. PIB per cápita y productividad en Corea del Sur 1957-2017

Fuente: Elaboración propia en base al FMI y PWT
Figura 2. PIB per cápita y productividad en Argentina 1957-2017
La elección de los países no es al azar: Argentina ha sido un país que siempre prometió “mucho” y su desempeño a lo largo del siglo XX ha sido decepcionante. A fines del siglo XIX tenía uno de los ingresos per cápita más altos del mundo y muchos analistas consideraban que iba a ser uno de los grandes países industrializados del siglo XX, cosa que no ocurrió (Véase Romer, 2006,Di Telia et al, 2013). Corea del Sur era un país pobre y de producción primaria hasta la primera mitad del siglo XX, que en pocas décadas logró una transformación económica y social que la ubica actualmente en el selecto pelotón de países desarrollados. Como señala el Banco Mundial, es uno de los pocos países que ha logrado superar la Trampa del Ingreso Medio (Véase Banco Mundial, 1993;Gill y Kharas, 2007).
Utilizando la Penn World Table (PWT), se obtuvieron datos de ingreso per cápita, crecimiento de la productividad y de la población para Argentina y Corea el Sur entre 1957 y 2017, es decir, 60 años. En términos promedio, la tasa de crecimiento de la productividad en Corea del Sur fue de 1,8% mientras que en Argentina ha sido de apenas 0,1%.
Merece un comentario especial la evolución de la productividad de ambos países entre 1957 y 2017. Por un lado, Corea del Sur parte de un nivel que era la mitad de Argentina al comienzo del análisis, en 1957. La explicación se debe a los efectos de la Guerra de Corea (entre Corea del Norte y Corea del Sur) que aconteció entre 1950-1953. Se aprecia de tendencia que, desde mediados de los ochenta, Corea del Sur se ubica en niveles de productividad por encima de su promedio histórico y que los valores crecen constantemente. Solo las grandes crisis, como la del petróleo en 1979/80 y asiática 1997/8, han podido afectar el crecimiento de su productividad.
Por otro lado, en Argentina el comportamiento ha sido más errático: entre 1980 y 2005, se ubicó por debajo de su tendencia histórica. Se aprecian las grandes caídas en 1990, la hiperinflación y en 2002, la crisis social, política y económica. Los últimos 40 años han sido decepcionantes mientras que los mejores años sucedieron entre los cincuenta y sesenta.
Un aspecto para destacar es que la productividad de Corea del Sur se ha visto afectada por factores externos o exógenos, como las crisis del petróleo y asiáticas, ya mencionadas. En cambio, la productividad argentina se ha visto alterada por eventos principalmente domésticos o internos, como la hiperinflación de 1990 y la crisis política y social de 2001/2.
Con respecto al crecimiento poblacional de ambos países ha sido de 1,4%. Por lo tanto, la tasa de crecimiento óptima en el largo plazo para Corea del Sur fue de 3,2% mientras que en Argentina fue de 1,5%. Es decir, Corea tiene una tasa óptima de crecimiento que duplica a la registrada por Argentina. El cociente da aproximadamente dos (3,2%/1,5%).
Tomando datos del Fondo Monetario Internacional, en 2017 (véase la Tabla 1), el ingreso per cápita a PPP (Purchasing Power Parity) en Corea del Sur era de US$37.725 mientras que en Argentina era de US$16.771. La brecha entre ambos países es de 2,2 (37.725/16.771).
Tabla 1. Comparación 1957-2017: Argentina y Corea del Sur
| Variables | Argentina | Corea del Sur |
|---|---|---|
| (Población) | 1,4% | 1,4% |
| (Productividad) | 0,1% | 1,8% |
| (Tasa óptima) | 1,5% | 3,2% |
| PIB per cápita (2017)Dólares corrientes | US$16.771 | US$37.725 |
| Brecha I (Tasa óptima) | 3,2/1,5=2,1 | |
| Brecha II (PIB per cápita) | 37.725/16.771=2,2 |
Fuente: Elaboración propia en base a las PWT y FMI
Se aprecia como la brecha en los ingresos per cápita se puede explicar por las diferencias en las tasas de crecimiento de la población y de la productividad. La ruptura sucede a principios de los noventa, puntualmente en 1990 (véase la Figura 3). Entre 1990 y 1997, los ingresos per cápita fueron similares, aunque estaban basados, como se sostiene en este trabajo, en diferentes fundamentals: sólidos los de Corea del Sur y débiles los de Argentina. También se aprecia que la mayor brecha se produce con la crisis argentina de 2001/2 y que los eventos endógenos y exógenos, han afectado las relaciones económicas entre las naciones en análisis.
Si uno hace un estudio más profundo y analiza lo sucedido en Corea del Sur durante la etapa de despegue (las décadas del sesenta y setenta del siglo pasado) se obtiene que la población creció 2,2% mientras que la productividad lo hizo al 3,3%, con una tasa de crecimiento óptima de 5,7% (casi de 6%, el periodo de despegue). Esto explica porque Corea del Sur pudo mantener altas tasas de crecimiento por varias décadas
Eso no sucedió en Argentina. El crecimiento argentino de las últimas décadas estuvo basado en políticas expansivas fiscales y monetarias no respaldadas por aumentos de productividad, entendiendo a esta como la mejora del sistema educativo, especialmente el nivel secundario. Esto explica porque las “tasas chinas” de la década de dos mil no se pudieron mantener en el tiempo (menos de una década).

Fuente: Elaboración propia en base al FMI y PWT
Figura 3. La divergencia entre Corea del Sur y Argentina 1957-2017
Por último, se analiza la evolución de la productividad utilizando los datos provistos por la Penn World Table (PWT) donde se describe su comportamiento por décadas (Tabla 2). Se aprecian las enormes brechas entre Corea del Sur y Argentina. Durante los años 1960s, las diferencias fueron mínimas (0,8% contra 1,1%), básicamente porque el sistema educativo argentino era muy bueno, especialmente el nivel secundario y Corea del Sur se encontraba en los comienzos de su transformación. En la década siguiente, 1970s, se empiezan a notar las diferencias en ambos sistemas económicos, educativos y culturales: Argentina retrocede 0,7% mientras que Corea del Sur crece 2,7%. La grieta se profundiza en los ochenta, 1980s, donde la productividad crece en Corea del Sur al 2,1% mientras que en Argentina se desploma 2,3%.
En los noventa, 1990s, es el único periodo donde Argentina logra superar a Corea del Sur durante la presidencia de Carlos Menem básicamente por la estabilidad económica, la erradicación de la inflación y la capitalización de muchos sectores de la economía, especialmente los vinculados con las telecomunicaciones, la informática y los servicios financieros.
En la siguiente década, 2000s, la relación vuelve a su tendencia histórica, la productividad argentina crece apenas 0,3% y mientras que Corea del Sur sube un 1,7%. Es para destacar que en este periodo el crecimiento argentino fue muy alto, las denominadas tasas chinas, pero se observa que la productividad apenas creció. Es decir, hubo una desconexión entre el crecimiento de la producción con respecto a la productividad. Mas adelante se dará un argumento con respecto a este hallazgo (debido al fuerte deterioro de la calidad educativa del sistema primario y secundario).
Finalmente, en la última década, se cristaliza el desastre argentino: la productividad cae un 1%, el valor más alto en cuarenta años, lo cual está en consonancia con los resultados de las pruebas PISA y con la evolución de las tasas de crecimiento económico. En cambio, la disminución en Corea del Sur obedece a que su sistema educativo es tan bueno que las mejoras suelen ser marginales en altos niveles de excelencia. En una sociedad madura y prospera, las subas son mínimas porque la vara ya está muy alta.
Tabla 2. Crecimiento de la productividad por décadas
| Década | Argentina | Corea del Sur |
|---|---|---|
| 1950s | -1,0% | 2,7% |
| 1960s | 0,8% | 1,1% |
| 1970s | -0,7% | 2,7% |
| 1980s | -2,3% | 2,1% |
| 1990s | 1,8% | 1,5% |
| 2000s | 0,3% | 1,7% |
| 2010s | -1,0% | 0,9% |
Fuente: Elaboración propia en base a las PWT
En síntesis, Argentina estuvo el 55% de los años en análisis con caídas en las tasas de productividad mientras que Corea del Sur lo estuvo en apenas 18%. Es decir, la productividad creció en Argentina el 45% del tiempo mientras que en el país asiático lo hizo en el 82%. Aún más alarmante, es que los mejores años de productividad argentina se ubicaron entre los sesenta y setenta, donde se produce el quiebre. En cambio, en Corea del Sur los mejores años son los últimos 30.
Finalmente, analizando los ingresos per cápita, se observa que, si bien a comienzos de los años noventa se produce la divergencia, el quiebre de tendencia se produce aproximadamente a mediados de los setenta, 1975, donde Argentina ingresa en un nuevo patrón de crecimiento que rompió la tendencia anterior.
4. Explicando las diferencias en el ingreso per cápita en el largo plazo
El tema en cuestión es por qué Argentina no debería crecer a tasas anuales por encima del 2% por año. Desde un enfoque normativo, podría crecer y de hecho los gobiernos lo han realizado, por ejemplo, con fines electorales (no es casualidad que el producto interno bruto crece en años electorales, los años impares, y cae en los años pares donde no hay elecciones).
Además, el crecimiento argentino registra una elevada variabilidad (periodos de alto crecimiento seguidos de otros de prolongado estancamiento, como está sucediendo actualmente). La respuesta a este hecho estilizado de la economía argentina lo dio el análisis anterior: con este nivel de crecimiento de la población y de la productividad, Argentina no puede crecer a más de 2% por año. Cualquier tasa por encima del 2% va generando desequilibrios, tanto por el lado de la demanda como por el lado de la oferta que son la antesala de las futuras crisis cambiarias, económicas y sociales.
Ahora bien, esto no significa que Argentina este “presa” a crecer al 2% por siempre. Una mejora en el crecimiento de la población como en la productividad podría elevar el crecimiento óptimo de largo plazo y se podrían alcanzar tasas como las coreanas. En economía hay un dicho que dice que pequeñas diferencias en el corto plazo terminan siendo grandes diferencias en el largo plazo. Es la matemática del interés compuesto en la teoría del crecimiento económico (regla del 70).
Ahora bien, desde un enfoque demográfico, es poco factible que Argentina pueda aumentar la tasa del 1,4% del crecimiento poblacional, básicamente porque las decisiones de natalidad y fecundidad depende de decisiones familiares, culturales y económicas que son poco probables que puedan ser modificadas en el corto plazo (a menos que se tome una decisión como la china pero inversa: por ley, todas las familias argentinas están obligadas a tener 3 hijos como mínimo, lo cual es irracional e imposible desde lo social y político).
Entonces, la única medida que queda en este análisis es el aumento de la productividad laboral. Para lograr esto, es necesario mejorar los resultados en el sistema educativo, en especial, en el nivel secundario. Lo cual también parece muy difícil de cambiar en el corto y mediano plazo. A los graves problemas de deserción (como se mencionó anteriormente, 1 de 2 estudiantes abandonan la secundaria en Argentina), los que si llegan lo suficientemente lejos no tienen el nivel necesario para afrontar el mundo del trabajo y menos, la educación superior.
En Argentina se gradúa aproximadamente el 30% de los que ingresan a la Universidad y con un desfasaje con respecto al tiempo estipulado en la carrera. Además, el 51% de los estudiantes universitarios apenas aprueban 1 materia por año (véase Fernández, 2018;Guadagni, 2020).
Analizando los resultados para el periodo 2000-2022 para la prueba PISA (Programme for International Student Assessment), que es un programa internacional para la evaluación educativa que lleva a cabo la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico desde comienzos de los años dos mil, los resultados para Argentina son decepcionantes y son excelentes para Corea del Sur (Véase Tablas 3, 4 y 5).
Tomando los puntajes de las tres variables de rendimiento educativo (lectura, matemáticas y ciencias), en 2022 Corea del Sur obtuvo puntajes de 515, 527 y 528 ubicándose en el puesto 9 de 81 países (superando a Japón, Estados Unidos, Reino Unido y siendo superada por China (ciertas regiones), Hong Kong, Canadá, Finlandia e Irlanda). En cambio, Argentina obtuvo puntajes de 401, 378 y 406, siendo superada por países vecinos, como Chile, Brasil, Uruguay y México y ubicándose en el puesto 65 de 81 países.
De las Tablas 3, 4 y 5 se desprende que parte del éxito económico de Corea del Sur se apoya en su exitoso sistema educativo, que medido en las pruebas internacionales PISA, ubica al país asiático entre las naciones de mejor nivel de educación secundaria del mundo. Esto luego se derrama como externalidades positivas en el mercado laboral, en la universidad, en la innovación, en la estabilidad política y en las relaciones con resto del mundo. Es un círculo virtuoso porque la mejora de la educación se plasma en mejores productos, procesos y servicios.
Lamentablemente, lo opuesto sucede con Argentina. El deterioro de su sistema educativo ha tenido externalidades negativas sobre el crecimiento económico, la seguridad, la innovación y especialmente sobre el bienestar. A mediados de la década del ochenta la pobreza en Argentina era del 10% para llegar al 25% a fines de la década del noventa. Actualmente ronda el 50%. Es decir, la pobreza se multiplico por 4 en más de tres décadas a la par de la caída de la calidad educativa, especialmente la secundaria.
Tabla 3. Resultados de la Prueba PISA 2000-2022 por áreas I
| Año | Lectura | |||
|---|---|---|---|---|
| Argentina | Corea del Sur | Latinoamérica | OECD | |
| 2000 | 418 | 525 | 496 | |
| 2003 | s/d | 534 | 498 | |
| 2006 | 374 | 556 | 403 | 492 |
| 2009 | 398 | 539 | 408 | 493 |
| 2012 | 399 | 536 | 414 | 496 |
| 2015 | s/d | 517 | ||
| 2018 | 402 | 514 | 407 | 487 |
| 2022 | 401 | 515 | 399 | 476 |
Fuente: Elaboración propia en base a OECD-PISA y Presidencia de la Argentina
Nota: En 2003, Argentina no participó de las pruebas PISA debido a que era reciente la crisis de 2001/2 y las prioridades eran otras. En cambio, en 2015, Argentina fue expulsada por haber “hecho trampa” en la selección de la muestra. Este hecho, vergonzoso a nivel internacional, era lógico dentro del contexto domestico con el INDEC intervenido y con estadísticas, como el IPC, que no reflejaban la realidad.
Tabla 4. Resultados de la Prueba PISA 2000-2022 por áreas II
| Año | Matemáticas | |||
|---|---|---|---|---|
| Argentina | Corea del Sur | Latinoamérica | OECD | |
| 2000 | s/d | s/d | ||
| 2003 | s/d | 542 | ||
| 2006 | 381 | 547 | 394 | 498 |
| 2009 | 388 | 546 | 393 | 496 |
| 2012 | 388 | 554 | 397 | 490 |
| 2015 | s/d | 524 | ||
| 2018 | 379 | 526 | 388 | 489 |
| 2022 | 378 | 527 | 373 | 472 |
Fuente: Elaboración propia en base a OECD-PISA y Presidencia de la Argentina
Tabla 5. Resultados de la Prueba PISA 2000-2022 por áreas III
| Año | Ciencias | |||
|---|---|---|---|---|
| Argentina | Corea del Sur | Latinoamérica | OECD | |
| 2000 | s/d | s/d | ||
| 2003 | s/d | s/d | ||
| 2006 | 391 | 522 | 408 | 500 |
| 2009 | 401 | 538 | 406 | 501 |
| 2012 | 406 | 538 | 411 | 501 |
| 2015 | s/d | 516 | ||
| 2018 | 404 | 519 | 403 | 489 |
| 2022 | 406 | 528 | 399 | 485 |
Fuente: Elaboración propia en base a OECD-PISA y Presidencia de la Argentina
Estos hallazgos no son nuevos en economía y han sido demostrados por la teoría del crecimiento económico (Véase Solow, 1956;Romer, 2006) como tampoco son novedosos en Argentina. Conesa (1996) lo señaló hace tres décadas, con escasas repercusiones en la academia como en el ámbito de los hacedores de políticas. No obstante, los resultados de la calidad educativa a nivel secundario son muy relevantes, quizás más relevantes con respecto al nivel universitario (porque el nivel medio es el nivel modal) y han sido uno de los pilares del milagro de Asia oriental, donde Corea del Sur tuvo un rol preponderante (Véase Banco Mundial, 1993).
Un aspecto complementario, es analizar el desagregado de la prueba PISA (Véase Tablas 6, 7 y 8) Es decir, como se distribuyen los resultados por niveles (van de 1 a 6), donde el nivel 2 es el piso mínimo de conocimientos y el nivel 6, la elite.
En el caso de Argentina se aprecia que la mayoría de los estudiantes se ubican en el nivel 1 (no tienen el piso básico de conocimientos) mientras que el restante 25% en el nivel 2. Es decir, el 75% de los adolescentes argentinos tienen niveles de lectura por debajo o en el mínimo, siendo escasos en los niveles de elite (niveles 5 y 6). Lo mismo sucede en América Latina, pero con una ligera mejoría. Es decir, en un contexto de mejora en América Latina, Argentina va en retroceso. Un hecho estilizado es, como se señaló, la escasez de alumnos en los niveles 5 y 6, considerados de elite en Latinoamérica en general y en Argentina en particular.
Tabla 6. Argentina. Resultados por niveles (lectura)
| Nivel | 2000 | 2003 | 2006 | 2009 | 2012 | 2015 | 2018 | 2022 |
|---|---|---|---|---|---|---|---|---|
| 1 | 43,9% | s/d | 58,0% | 51,6% | 53,6% | s/d | 52,1% | 54,5% |
| 2 | 25,55 | s/d | 21,8% | 25,4% | 27,3% | s/d | 25,7% | 25,8% |
| 3 | 20,3% | s/d | 14,3% | 16,0% | 14,6% | s/d | 16,2% | 14,0% |
| 4 | 8,6% | s/d | 5,1% | 6,0% | 4,0% | s/d | 5,3% | 4,8% |
| 5 y 6 | 1,7% | s/d | 0,9% | 1,0% | 0,5% | s/d | 0,7% | 1,0% |
Fuente: Elaboración propia en base a OECD-PISA y Presidencia de la Argentina
Tabla 7. Argentina. Resultados por niveles (Matemática)
| Nivel | 2000 | 2003 | 2006 | 2009 | 2012 | 2015 | 2018 | 2022 |
|---|---|---|---|---|---|---|---|---|
| 1 | s/d | s/d | 64,1% | 63,6% | 66,5% | s/d | 69,0% | 72,9% |
| 2 | s/d | s/d | 20,4% | 20,8% | 22,2% | s/d | 19,6% | 18,1% |
| 3 | s/d | s/d | 10,6% | 10,9% | 9,2% | s/d | 8,8% | 6,9% |
| 4 | s/d | s/d | 3,8% | 3,9% | 1,8% | s/d | 2,3% | 1,7% |
| 5 y 6 | s/d | s/d | 1,0% | 0,9% | 0,3% | s/d | 0,3% | 0,3% |
Fuente: Elaboración propia en base a OECD-PISA y Presidencia de la Argentina
Tabla 8. Argentina. Resultados por niveles (Ciencias)
| Nivel | 2000 | 2003 | 2006 | 2009 | 2012 | 2015 | 2018 | 2022 |
|---|---|---|---|---|---|---|---|---|
| 1 | s/d | s/d | 56,3% | 52,4% | 50,9% | s/d | 53,5% | 53,9% |
| 2 | s/d | s/d | 25,6% | 26,7% | 31,1% | s/d | 27,0% | 27,5% |
| 3 | s/d | s/d | 13,6% | 15,4% | 14,8% | s/d | 15,0% | 13,8% |
| 4 | s/d | s/d | 6,4% | 4,8% | 3,0% | s/d | 4,1% | 4,1% |
| 5 y 6 | s/d | s/d | 0,4% | 0,7% | 0,2% | s/d | 0,5% | 0,6% |
Fuente: Elaboración propia en base a OECD-PISA y Presidencia de Argentina
Nota: Las competencias se clasifican en 6 niveles, donde el nivel 1 señala que se ubican por debajo del umbral mínimo, mientras que el nivel 2 es el piso de saberes básicos. Los niveles 5 y 6 representan los mejores desempeños, la elite.
La Figura 4 describe el índice de capital humano que mide años de escolaridad y retornos a la educación, que se complementan con las pruebas PISA que se enfocan en la calidad educativa. Se aprecia que Argentina tuvo un crecimiento de 58% mientras que en Corea del Sur lo hizo al 110% durante 1957-2017. Es decir, el doble como el PIB per cápita y la tasa óptima de crecimiento (1,10/0,58=1,88). Si bien en ambos países los años de escolaridad han crecido de forma similar, las diferencias se dan en los retornos a la educación, más alto en el país asiático y mucho más bajo en el sudamericano (Véase Nigro y Gómez Pietro, 2020 para el caso de Argentina).
5. Es la educación, siempre es la educación
La tasa de crecimiento óptima de un país no es estática ni está determinada por el destino o el azar (la maldición de los recursos naturales) sino que depende de políticas públicas endógenas y sujetas a intervención por los políticos y su brazo ejecutor, los hacedores de políticas. Lo que demuestra la experiencia asiática es que, con voluntad política y estabilidad, es posible salir de una zona de atraso y en pocas décadas lograr altos niveles de bienestar. Si bien lleva varios años conseguirlo, con políticas públicas correctas que generen incentivos en la población y en las empresas. Salir de la trampa del ingreso medio es posible. El motor de todo periodo de despegue ha sido la mejora del sistema educativo dentro de un contexto de buenas instituciones en el sentido de North y Acemoglu (North, 1993;Acemoglu y Robinson, 2012).
Argentina a fines del Siglo XX mejoró notablemente su sistema educativo (por ejemplo, Ley 1420 de 1884) y logró en pocas décadas tener una tasa de analfabetismo comparable a la de Inglaterra, Alemania y Estados Unidos. A su vez, la inversión en educación superior en la época del modelo agroexportador (1880-1930) permitió que aparezcan figuras descollantes de la ciencia argentina y latinoamericana, como Bernardo Houssay (primer Premio Nobel científico de América Latina), Luis Federico Leloir (discípulo de Houssay y hasta ahora, la única persona de habla hispana en ganar un premio Nobel científico sin compartir) y Cesar Milstein (premio Nobel de medicina, formado bajo otro discípulo de Houssay). La Lista seria eterna y podrían agregarse a Manuel Sadosky, Rolando García, Eduardo Braun Menéndez, José Antonio Balseiro, entre otros. (Véase Cereijido, 1990;Paladini, 2012).
En ese despegue económico de Argentina de fines del siglo XIX estuvo la mejora del sistema educativo, tanto secundario (con las escuelas normales y técnicas, como el Colegio Nacional de Buenos Aires, el Mariano Acosta y el Otto Krause, entre otras instituciones) como el universitario. En Argentina en ese tiempo, la inversión productiva se daba en el campo y en el uso de la tierra, por eso no es casualidad que personajes como Houssay hayan comenzado su carrera académica en la Facultad de Agronomía y Veterinaria. Lo mismo sucede hoy con Corea del Sur, donde la innovación proviene del área de la tecnología y sus universidades son reconocidas a nivel mundial. Lo que los ferrocarriles, el frigorífico y otros avances fueron a fines del siglo XIX hoy lo son la informática, la ciencia de materiales y la robótica, entre otras ramas de la ciencia. Esto explica la subida y caída de Argentina como el despegue de Corea del Sur luego de la segunda guerra mundial, en cierta medida.
Un estudio de la profesora Elida de Gueventter (1997) citado por Jaime Etcheverry (2020) describe la acelerada caída de la calidad educativa acontecida en Argentina entre 1970 y 1990, proceso que se profundizó, a partir de la década de dos mil como lo demuestran los resultados de la prueba PISA. Utilizando el mismo cuestionario para evaluar funciones lógico- matemáticas, lógico-espaciales y lógico-espaciales, en 1970, el 71% de los estudiantes tenían un nivel calificado como aceptable mientras que sólo el 3% era no deseable. En 1990, dos décadas después, los valores habían cambiado a 18% y 26% respectivamente.
Conclusiones
El debate sobre cuál debe ser la tasa de crecimiento óptima puede ser explicado con la metodología que desarrollo la teoría del crecimiento económico. Así, es posible dejar de lado cuestiones normativas, sujetas a interpretación y manipulación por parte de políticos de tipo Leviatán, para poder elaborar políticas públicas de forma más racional y objetiva, que se enfoquen en el largo plazo y minimicen los incentivos de favorecer el corto plazo y a grupos minoritarios.
La tasa de crecimiento óptima de un país depende de factores de largo plazo, como son los incentivos para educarse y a innovar y a las decisiones de fertilidad y natalidad y se ven influenciados por el ambiente institucional y los premios y castigos que el sistema ofrezca.
Como demuestra la experiencia coreana, los incentivos a educarse y a innovar, han logrado que el ingreso per cápita crezca hasta alcanzar un nivel de país desarrollado y esto se logró en apenas 5 décadas. Las pruebas PISA ubican a Corea del Sur entre los países con mejor sistema educativo secundario del mundo. Su población altamente calificada es uno de los combustibles para que la productividad y el crecimiento no decaiga.
Lamentablemente, la situación de Argentina es la opuesta. Un sistema educativo con muchas dificultades, con niveles de calidad educativa por debajo de la mayoría de los países de Latinoamérica (algo inimaginable en la época de Bernardo Houssay), ha tenido un fuerte impacto en la productividad de la economía y en su tasa de crecimiento de largo plazo. Las amplias brechas con Corea del Sur tienen una clara explicación y no son producto del azar, la mala suerte o las posturas ideológicas. La mayoría de los estudiantes argentinos tienen niveles de saberes que se ubican por debajo de los umbrales mínimos (nivel 1) mientras que son escasos los que se posicionan en los niveles de elite (nivel 5 y 6).
Como demuestran los datos, en Argentina hay una desconexión entre la tasa de crecimiento económico y la evolución de la productividad, cuyo principal determinante es la calidad del sistema educativo, básicamente secundario. En los años de alto crecimiento (2003-2011), la productividad casi no creció mientras que solamente en años noventa, hubo una coincidencia entre crecimiento con productividad, superando incluso a Corea del Sur. En cambio, durante la década del 2010s, la productividad cayó a niveles históricos, en consonancia con los resultados de las pruebas internacionales PISA, donde Argentina se ubica en las peores posiciones, incluso en Latinoamérica, algo impensado en los años de Bernardo Houssay y Luis Federico Leloir, premios Nobeles científicos argentinos.
La productividad de Corea del Sur obedece a factores externos y exógenos, como fueron las crisis del petróleo de 1979 y asiática de 1997 mientras que la productividad argentina responde a cuestiones domésticas, como fueron las crisis de la hiperinflación de 1990 y política y social de 2001. Por otro lado, Corea del Sur se ubica actualmente por encima de su promedio histórico mientras que Argentina se encuentra por debajo (y con muchas oscilaciones).
En síntesis, políticas públicas que mejoren la calidad educativa y fomenten la innovación y la productividad son unos de los hechos estilizados reconocidos para lograr un crecimiento económico sostenible en el tiempo. Los países de Asia oriental lo han demostrado durante las últimas décadas y Argentina lo aplico a fines del siglo XIX y durante gran parte del siglo XX. Es cuestión de volver a las bases.
















