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Tinkazos

versión impresa ISSN 1990-7451

Tinkazos v.9 n.21 La Paz  2006

 

RESEÑAS

Mario Yapu (Coord.), Denise Arnold, Alison Spedding y Rodney Pereira

2006

Pautas metodológicas para  investigaciones cualitativas y cuantitativas en ciencias sociales y humanas. La Paz: U-PIEB

 

Ivonne Farah[1]


La producción de conocimiento mediante la investigación en las ciencias sociales y humanas se ha convertido, hoy día, en un proceso controvertido desde varios puntos de vista que, en gran medida, tienen que ver con los enfoques teóricos utilizados para aproximarse a la realidad, y con la postura ética del investigador(a) ante la misma.

Ambas dimensiones controversiales, presentes en el proceso de investigación, se relacionan  al hecho indiscutible de que las teorías y los conocimientos que se producen con la investigación en ciencias sociales aluden normalmente a relaciones sociales asimétricas y de poder, emergentes de estructuras sociales y acciones, prácticas, conductas y discursos cotidianos que atraviesan diversos espacios de la realidad en específicos momentos históricos (Yapu: xv). Por tanto, la posición que asume el(a) investigador(a) frente a esas relaciones —que en nuestra sociedad moderna son generalmente injustas, desiguales y excluyentes— para producir un conocimiento sobre ellas no es ni puede ser neutral.

Por otro lado, como dice Boaventura de Sousa Santos (2006)[2], hasta el presente, las ciencias y teorías sociales que circulan y utilizamos comúnmente, fueron construidas principalmente por la modernidad occidental y capitalista sin contemplar otras modernidades en esa constitución. Es decir, esas ciencias y teorías sociales “conviven con diferentes culturas” sin haber dialogado entre sí. A ello se suma otra cuestión: el hecho que sólo se ha reconocido como conocimiento el llamado conocimiento “científico” originado desde estas ciencias y teorías sociales que es también el que se produce en ámbitos universitarios y educativos, dejando fuera de ese status los “saberes legos”, “tradicionales”, “indígenas” o “populares” provenientes de la práctica o experiencia de colectivos generalmente “no occidentales” y más bien propios del llamado SUR del mundo.

Estas aristas de la controversia, por lo demás, expresan una relación de poder entre conocimientos mismos, cuya articulación —independientemente de toda consideración acerca de sus alcances interpretativos de los fenómenos históricos y sociales— plantea ya toda una revolución epistemológica, que es precisamente donde se ubica el libro motivo de esta reseña.

En efecto, el libro Pautas metodológicas para investigaciones cualitativas y cuantitativas en ciencias sociales y humanas cuya concepción y coordinación estuvo a cargo de Mario Yapu, y en cuya elaboración participaron Denise Arnold, Alison Spedding y Rodney Pereira, se introduce al debate sobre el carácter controversial de la producción del conocimiento en ciencias sociales desde la perspectiva de las metodologías y técnicas de la investigación social; es decir, ubicándose en los procedimientos inherentes a la producción de conocimiento y, sobre todo, en la producción de la información y de los datos.

Un elemento a destacar es que los(as) autores, académicos y profesionales con amplia experiencia en investigación estratégica y empírica sobre Bolivia, escriben a partir de la sistematización de su práctica investigativa que es desarrollada en distintos niveles de análisis dando lugar a los tres capítulos que componen el libro. El I: Metodologías en las ciencias sociales en la Bolivia postcolonial: Reflexiones sobre el análisis de los datos en su contexto escrito por Denise Arnold; el capítulo II: Metodologías cualitativas: Ingreso al trabajo de campo y recolección de datos, de Alison Spedding, y el capítulo III: Metodologías cuantitativas, operacionalización de la investigación, recolección y análisis de datos, cuyo autor es Rodney Pereira.

Otro elemento relevante es que, sobre todo Arnold y Spedding, desde sus específicas perspectivas, dejan sentado que los alcances de las metodologías cualitativas y cuantitativas no son semejantes para enfrentar los desafíos de la articulación entre conocimientos y culturas. Para ambas investigadoras son las metodologías cualitativas las herramientas más adecuadas para enfrentar el reto de abrir el conocimiento y la interpretación también a instituciones y espacios de relaciones sociales entre individuos, sujetos y colectivos humanos constituidos por procesos económicos y culturales no capitalistas, que son significativos en nuestras sociedades no occidentales; los que, generalmente, son ocultados o construidos desde la pretensión homogeneizante del conocimiento monocultural y hegemónico, anidado fundamentalmente en el Estado y sus políticas, es decir desde su exterior. Ambas investigadoras también coinciden en que esa posibilidad descansa en la naturaleza de la investigación cualitativa por cuanto remite a la subjetividad aspectos conceptuales, simbólicos, normativos y también representaciones e interpretaciones de la realidad desde los sujetos silenciados.

A diferencia de las investigaciones cuantitativas —que permiten el análisis de atributos o características de las personas registrables mediante cifras o cantidades— las cualitativas cuentan con un arsenal de herramientas metodológicas construidas principalmente desde la antropología capaz de poner a la luz pública los otros “saberes”, conocimientos o interpretaciones alternativos y locales, y hacerlos dialogar con las teorías y conocimientos científicos.

En esa posibilidad, y luego de amplias discusiones en torno a las relaciones entre paradigmas, metodologías y culturas, Arnold detiene su reflexión en la “teoría fundamentada” como la que permite la articulación entre representaciones e interpretaciones de los investigadores y los actores/sujetos del conocimiento, mediante métodos participativos como la investigación-acción que utiliza, combina e inventa gradualmente una diversidad de fuentes para construir o registrar las informaciones y los datos que son constantemente analizados y enfrentados con las teorías, hipótesis, interpretaciones iniciales en el trabajo de campo propio del proceso de investigación. Spedding concentra su atención en el trabajo de campo, compartiendo con Arnold la idea de invención de procedimientos, herramientas metodológicas en el proceso de investigación sobre todo empírica. Aunque esta investigación también se oriente a tópicos cualitativos, Spedding reclama la necesidad de combinación de métodos cuantitativos y cualitativos como requisito para dar a la investigación un alcance analítico más abarcador de ciencias sociales y no sólo antropológico, dejando, sin embargo, la identificación de técnicas y fuentes de construcción o recolección de la información, incluida la selección de “informantes”, a la característica específica de la situación empírica que se quiere conocer. Si la situación es desconocida, plantea la posibilidad de prescindir de hipótesis y hablar más bien de cuestiones. Además de compartir con Arnold la investigación participativa (investigación–acción) agrega la auto-investigación para incorporar al investigador como componente del sujeto/actor de la misma. 

Esta sugerente propuesta, en la medida que pueda rematar en un cambio cultural del(a) investigador(a), podría —al parecer— significar una vía para dar validez a los conocimientos alternativos y dejar de considerarlos tan solo como mera “materia prima” del conocimiento científico proveniente del investigador(a). En otras palabras, podría ser una vía para remontar la mera condición de informantes de los grupos o sujetos participantes en el proceso de la investigación de campo.        

Finalmente, Rodney Pereira nos hace una descripción exhaustiva de los métodos cuantitativos y de las posibilidades del análisis estadístico relativo a los registros de números o magnitudes que adquieren las características de las personas, sean individuos o colectivos agregados bajo diferentes categorías de clasificación sociológica o económica. El autor da cuenta de los grandes avances en el desarrollo de métodos y técnicas sobre todo multivariables para el análisis de “datos”, la identificación de regularidades y tendencias, e incluso para expresar vínculos de causalidad entre “variables” en relación a las situaciones estudiadas. También describe los métodos para establecer los universos de sujetos y escalas de su medición y delimitación de las características a recoger. No obstante, queda pendiente la discusión en torno a los paradigmas teóricos y culturales que subyacen a la construcción del propio registro que, como dice Spedding, están normalmente apegados a teorías y contextos más modernizados de la sociedad. 

Si bien es cierto que la modernidad “ha invadido” los más amplios espacios de nuestra sociedad, ésta no tiene un solo contenido cultural; por lo que parece necesario concluir esta reseña destacando la importancia de la discusión en torno a las metodologías, métodos y técnicas de investigación, los recaudos a la hora de su combinación, y las necesarias reinvenciones de que deben ser objeto para aproximarse —mediante su utilización en la producción de conocimientos— a la “ecología de saberes”, resultante de la articulación de los diferentes modelos de conocimientos.


[1] Economista y master en Sociología. Directora del Posgrado en Ciencias del Desarrollo de la Universidad Mayor de San      Andrés (CIDES-UMSA). 

[2] De Sousa Santos, Boaventura. Renovar la teoría crítica y reinventar la emancipación social (Encuentros en Buenos Aires). Buenos Aires: Universidad de      Buenos Aires, Facultad de Ciencias Sociales, Instituto Gino Germani / CLACSO Libros. 2006.        [ Links ]