INTRODUCCIÓN
Los Quistes de Inclusión Epidérmico son nódulos móviles bien encapsulados ubicados debajo de la epidermis, están conformados por laminillas de queratina dispersas con paredes similares a la de un infundíbulo folicular1. Son de tipo primario o secundario, congénitos y adquiridos2-3. En relación a los primarios, estos surgen espontáneamente de la obstrucción del orificio folicular y los secundarios son resultado de alteraciones genéticas, formación de masas hiperqueratósicas o posteriores a traumatismos2. Con frecuencia se encuentran en cuero cabelludo, cara, cuello, mucosa bucal, extremidades y genitales, sin embargo, también pueden encontrarse en tórax y abdomen, siendo la localización umbilical la más inusual4-5. En el caso que se localicen en ombligo, se debería incluir como diagnósticos diferenciales: hernia umbilical, tumor metastásico, endometriosis, anomalías congénitas o quistes de uraco o conducto onfalomesentérico6. El tratamiento definitivo es la exéresis quirúrgica del quiste con sus paredes intactas de forma completa y casi nunca se resuelven sin intervención quirúrgica2.
Aunque los quistes epidermoides representen solo el 1% de las masas cutáneas benignas, su localización en el ombligo es excepcional, lo que destaca la necesidad de un diagnóstico preciso para un abordaje clínico preciso y oportuno.
El objetivo del presente trabajo es describir un caso clínico de quiste de inclusión localizado en el ombligo, más una revisión del tema.
PRESENTACIÓN DEL CASO
Adolescente de 15 años, sexo femenino, sin antecedentes patológicos relevantes, consulta por una masa umbilical de tres años de evolución, asintomática, de crecimiento lento y sin signos inflamatorios ni síntomas sistémicos.
Al examen físico se observa una masa ovoide de aproximadamente 3 x 4 cm, localizada dentro del anillo umbilical (Fig. 1), de bordes definidos, consistencia firme y no dolorosa. Se planteó como diagnóstico presuntivo una anomalía congénita remanente, considerando la localización y evolución clínica.
La ecografía de partes blandas mostró una lesión quística por encima de la fascia, sin comunicación con estructuras profundas. El informe sugería un quiste de uraco o un remanente del conducto onfalomesentérico. Se consideraron como diagnósticos diferenciales: granuloma umbilical, hernia incarcerada, lipoma, endometriosis umbilical, absceso subcutáneo crónico y nódulo de la hermana Mary Joseph.
Se realizó resección quirúrgica completa (Fig. 2), sin complicaciones. El estudio histopatológico confirmó el diagnóstico final de quiste epidérmico de inclusión, completamente resecado y sin atipias. En el control ambulatorio, la paciente se mantuvo asintomática y sin recidiva. Respecto a las opciones terapéuticas, en lesiones pequeñas y asintomáticas puede considerarse vigilancia. Sin embargo, la resección quirúrgica total es el tratamiento de elección, dado el bajo riesgo de recurrencia y posibles complicaciones como sobreinfección o ruptura. El drenaje o la resección parcial son opciones menos frecuentes y con mayor riesgo de recurrencia.
DISCUSIÓN
El Quiste de inclusión epidérmico adquirido (QEIA) es una lesión intraepitelial ovalada, encapsulada, de localización subepidérmica, benigna, de crecimiento lento y que se originan por implantación de células epidérmicas en la dermis debido a un trauma en el sitio7. Es una afección común que frecuentemente se localiza en cabeza, cuello, tronco y extremidades4-5. La ubicación umbilical fue reportada como casos clínicos raros e infrecuentes en series pequeñas8-9.
Nigam J et al. identifica la localización habitual de los QEIA en 103 pacientes, siendo así que con mayor frecuencia la región de cabeza y cuello fueron afectadas en un 32%, extremidades inferiores 26,2%, región dorsal de tronco 19,4%, extremidad superior 9,7% y el 12,7% otras localizaciones, la localización umbilical es reportada como hallazgo inusual10.
McClenathan describe 7 pacientes con quistes localizados en la región umbilical, de estos, solo el 28.5% (2 casos) presentan masa umbilical sin manifestaciones de dolor, enrojecimiento y ausencia de drenaje, similar a nuestro caso clínico6. Así mismo, Padasali et al (2015) y Akinci et al (2020) en sus publicaciones de casos clínicos, detallan que dos pacientes, uno en cada trabajo, de 40 y 21 años de edad respectivamente, presentan quistes de localización umbilical, sin ningún antecedente patológico ni quirúrgico en la zona con 1 a 15 años de evolución; y descritos también como masas sin ninguna otra manifestación clínica. El procedimiento quirúrgico indicado en ellos, fue la misma tomada en nuestro caso clínico (escisión quirúrgica con resección total), no presentando complicaciones en la línea de incisión posterior a los 3, 6 y 12 meses de su seguimiento. En el estudio histopatológico todos los casos fueron reportados como benignos 8-9.
La ecografía es el estudio de imagen que fue más utilizado y otros, como la Tomografía Axial Computarizada (TAC) o la resonancia magnética (RM) pueden proporcionar una información más detallada de la lesión8-9.
En nuestra paciente el estudio histopatológico fue el método crucial que nos permitió identificar el tipo de lesión a la que corresponde frente a una protuberancia umbilical como única manifestación clínica. Sin embargo, una evaluación integral clínica e imagenológica es esencial para un diagnóstico oportuno.
Actualmente, la endometriosis umbilical primaria, rara pero relevante, debe considerarse en el diagnóstico diferencial de masas umbilicales en mujeres jóvenes.
















