INTRODUCCIÓN
El estudio analiza el perfil de mortalidad por enfermedades cardiovasculares (ECV) en la ciudad de La Paz-Bolivia, (2017) debido a su alta incidencia como causa de muerte a nivel mundial y la influencia potencial de las condiciones geográficas y socioeconómicas locales, a través del análisis de datos de defunción, busca identificar patrones de mortalidad, causas principales y grupos poblacionales más afectados, con el propósito de mejorar la planificación y efectividad de estrategias de prevención y control de este grupo de causas de muerte, llenar un vacío de conocimiento sobre la mortalidad cardiovascular en La Paz, proporcionando información valiosa para la toma de decisiones en salud pública y futuras investigaciones, considerando la particularidad de la altitud y otros factores que podrían influir en el perfil de mortalidad por ECV en esta ciudad y otras similares.
La mortalidad por enfermedades cardiovasculares refiere a los fallecimientos causados por afecciones que afectan el corazón y los vasos sanguíneos, tales como la arteriosclerosis, insuficiencia cardíaca, accidentes cerebrovasculares y fibrilación auricular 1. Estas enfermedades constituyen una de las principales causas de muerte a nivel global, con un impacto significativo en la salud pública 2. Las enfermedades cardiovasculares (ECV) son un grupo de trastornos que afectan el sistema cardiovascular. Incluyen condiciones como la enfermedad coronaria, que se manifiesta en forma de angina o infarto de miocardio, y la enfermedad cerebrovascular, que puede resultar en un accidente cerebrovascular (ictus). 3.
Las ECV se puede dividir en dos categorías principales 4: Enfermedades isquémicas y Enfermedades hemorrágicas. Además, se pueden clasificar según su etiología, que incluye factores de riesgo como la hipertensión arterial, diabetes, dislipemia y hábitos de vida poco saludables 5.
La Clasificación Internacional de Enfermedades en su décima revisión (CIE-10) organiza las enfermedades cardiovasculares en categorías principales, cada una con subcategorías específicas, incluyendo: fiebre reumática aguda, que afecta a niños y jóvenes; enfermedades cardíacas reumáticas crónicas, complicaciones a largo plazo de la fiebre reumática; enfermedades hipertensivas, relacionadas con la presión arterial alta; enfermedades isquémicas del corazón, como el infarto agudo de miocardio; enfermedad cardiopulmonar y enfermedades de la circulación pulmonar, que afectan tanto al corazón como a los pulmones; y otras formas de enfermedad del corazón, como las miocardiopatías y las pericarditis.6.
Las enfermedades cardiovasculares representan un problema de salud global en aumento, especialmente entre personas con predisposición a estas afecciones. El envejecimiento endotelial y vascular, junto con factores de riesgo como la hipertensión, obesidad, estrés, diabetes, enfermedades cardíacas, VIH, dislipidemia y el consumo de sal, contribuyen significativamente a su desarrollo. Estudios muestran altas tasas de mortalidad en países como China y Australia, subrayando la gravedad de esta problemática.7.
Las enfermedades cardiovasculares (ECV) se han convertido en la principal causa de muerte en América Latina, con casi un millón de muertes al año 8. La epidemia de enfermedades cardiovasculares (ECV) en Latinoamérica se debe a factores demográficos, económicos y sociales. Las tasas de mortalidad por ECV son más altas en Latinoamérica que en Norteamérica, y un 38% de estas muertes son prematuras (entre los 30 y 69 años) 9. Las mujeres en América Latina se ven particularmente afectadas, ya que las ECV causan más muertes que todas las formas de cáncer combinadas 8. La alta prevalencia de factores de riesgo, como la obesidad y la diabetes tipo 2, sugiere un posible aumento de las tasas de ECV en las próximas décadas. Si bien las tasas de mortalidad han mostrado una tendencia descendente en las Américas, la reducción ha sido menos pronunciada en América Latina en comparación con América del Norte 10.
En Cochabamba, Bolivia, se observó una alta prevalencia de factores de riesgo de ECV, incluido el bajo consumo de frutas y verduras (76,73%), la baja actividad física (64,77%) y la obesidad (20,49%)11. La pandemia de COVID-19 ha resaltado aún más el impacto de las comorbilidades cardiovasculares en la mortalidad. En Bolivia, un estudio de los primeros 107 casos de COVID-19 determinó que la edad (≥60 años) y la hipertensión eran factores de riesgo independientes de mortalidad 12.
Las enfermedades cardiovasculares (ECV) representan una de las principales causas de muerte a nivel mundial, con un impacto socioeconómico significativo que incluye costos directos asociados a tratamientos médicos y costos indirectos derivados de la pérdida de productividad por incapacidad o fallecimiento prematuro 13. La carga económica es especialmente alta en países en desarrollo, donde los sistemas de salud son menos robustos y la prevención es menos efectiva 14.
MATERIALES Y MÉTODOS
El estudio es de tipo cuantitativo y con diseño de serie de casos, se centró en el análisis de 469 certificados médicos de defunción que documentaron muertes por enfermedades cardiovasculares. Estos registros, correspondientes al periodo de enero a junio de 2017, fueron meticulosamente recopilados de los archivos de tres cementerios representativos de la ciudad de La Paz: Cementerio General, Jardín y Prados de Ventilla. La recolección de datos se realizó mediante una ficha diseñada específicamente para el estudio, la cual identifica entre otras variables la edad de los fallecidos, registrada en años completos al momento del deceso, así como su sexo biológico. Se documentó el sitio específico donde ocurrió el fallecimiento y el subsector del sistema de salud correspondiente, para determinar el contexto en el que se produjeron las muertes. Además, se clasificó el tipo de enfermedad cardiovascular según la Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades y Problemas de Salud Relacionados, Décima Revisión (CIE-10), lo que permitió identificar las causas específicas de mortalidad dentro de este grupo de enfermedades. El proceso de recolección incluyó la obtención de permisos formales de las autoridades de los cementerios, la evaluación de la completitud y calidad de los registros, y la capacitación de un equipo de profesionales del postgrado de medicina para garantizar la precisión en la recopilación de datos.
Para el análisis de los datos, se empleó el software estadístico SPSS versión 26, complementado con Excel 2016 para cálculos específicos. Se generaron tablas de frecuencia simples y cruzadas para describir el perfil de mortalidad de la población estudiada, y se calcularon la edad promedio y los Años Potenciales de Vida Perdidos (APVP), tanto para el total de la muestra como desglosados por sexo. Se implementaron rigurosas medidas para proteger la privacidad de los fallecidos y sus familiares, incluyendo la codificación de datos personales y el acceso restringido a la información. Los datos fueron almacenados en servidores seguros, protegidos por contraseñas y sistemas de encriptación, para prevenir cualquier acceso no autorizado. El protocolo de investigación fue sometido a la evaluación y aprobación del comité de ética del IINSAD, asegurando la rigurosidad y transparencia del estudio.
RESULTADOS
De los 469 fallecimientos por enfermedad cardiovascular, se observó una mayor incidencia en el sexo femenino. Si bien los hombres presentaron tasas de mortalidad más altas en los extremos de la vida (menores de 30 y mayores de 70 años), el grupo de 70 a 74 años concentró el 18% de los decesos masculinos, superando en 2 puntos porcentuales al femenino. Sin embargo, a lo largo de la vida, la mortalidad femenina por esta causa superó en un 23% a la masculina tal como se detalla a continuación:
Tabla 1 Distribución de las personas fallecidas por ECV según grupos quinquenales de edad y sexo (n=469)
Se observó que la pérdida de años potenciales de vida (APV) en hombres mostró patrones significativos, con tres picos notables en grupos de edad específicos: 1 a 4 años, 20 a 24 años y 35 a 39 años. Estos picos importantes de analizar, ya que ocurrieron antes de alcanzar la esperanza de vida al nacer de 72,4 años aproximado para el año 2017 15.
El grupo de edad comprendida entre 1 a 4 años mostraron una alta tasa de mortalidad por enfermedades prevenibles. Los jóvenes de 20 a 24 años presentaron un riesgo creciente de enfermedades cardiovasculares, influenciadas por hábitos de vida establecidos en esa etapa. Finalmente, los hombres de 35 a 39 años experimentaron un aumento en el riesgo de enfermedades cardiovasculares.
Los años de vida perdidos por enfermedades cardiovasculares en mujeres presentaron picos de mortalidad prematura en edades atípicas: menores de un año, entre 30-34 y 50-59 años, edades previas a la esperanza de vida local de 75.9 años15. La mortalidad entre los 30-34 años se vinculó al estilo de vida moderno, con estrés y mala alimentación. Entre los 50-59 años, los cambios hormonales de la menopausia elevaron el riesgo cardiovascular.
El análisis reveló que una mayoría fallecieron en sus hogares, un 64,1% de los afiliados a la seguridad social y un 59,6% del sistema público. Solo un 30% de los decesos ocurrieron en hospitales, lo que sugiere que muchos pacientes no lograron acceder a atención médica oportuna antes de morir. Factores como la distancia a los centros de salud, la falta de recursos económicos y la demora en buscar atención médica podrían haber influido en esta situación.
Las "demás enfermedades" tienen la mayor participación con 48,6%, representando la principal causa de mortalidad. Sin embargo, las enfermedades del sistema circulatorio destacaron como la causa específica más frecuente, alcanzando el 20% de los fallecimientos. Este dato subrayó la relevancia de las enfermedades cardiovasculares constituyéndose en un problema de salud pública, superando incluso a las neoplasias (14,2%). Esta tendencia se mantuvo similar al analizar los datos por sexo. (Ver tabla 2)
Tabla 2 Distribución de las defunciones según los seis grandes grupos de causas de la lista corta OPS 6/67, por sexo, ciudad de La Paz, enero a junio 2017 (n=2481)
Se observó que las enfermedades hipertensivas fueron la principal causa de muerte por afecciones cardiovasculares, representando el 30% de los casos. Las enfermedades cerebrovasculares y cardiopulmonares también figuraron como causas significativas, con un 20,3% y un 17,2% respectivamente. Al analizar las diferencias por sexo, se observó que las enfermedades isquémicas del corazón tuvieron una mayor incidencia en mujeres (15,1%) que en hombres (9,4%). En contraste, las enfermedades cerebrovasculares afectaron más a los hombres (23,5%) en comparación con las mujeres (17,8%). (Ver tabla 3)
Tabla 3 Distribución de las defunciones por tipo de Enfermedades Cardiovasculares según sexo, ciudad de La Paz, enero a junio 2017(n=472)
Se pudo determinar que la principal causa de muerte por fiebre reumática cardíaca fue la "Enfermedad reumática del corazón, no especificada", representando el 42,5% de los casos. La edad promedio de fallecimiento fue de 65 años en hombres y 60 años en mujeres, con un rango de edad más amplio en mujeres. Además, las mujeres mostraron una pérdida de años de vida potenciales significativamente mayor, con un promedio de 76 años, en comparación con los 16 años en hombres.
La hipertensión esencial (I10) destacó como la principal causa de muerte por hipertensión arterial, afectando ligeramente más a mujeres (77,5%) que a hombres (73%). La edad promedio de fallecimiento fue similar en ambos sexos, alrededor de los 73 años, aunque las mujeres mostraron un rango de edad de fallecimiento más amplio. Sin embargo, las mujeres jóvenes sufrieron una pérdida significativa de años potenciales de vida, con un total de 430 años perdidos en comparación con los 294 años perdidos por los hombres. El análisis de las defunciones por insuficiencia cardíaca reveló que el 61.3% de los casos correspondían a la categoría "Insuficiencia cardíaca, no especificada" (código CIE-10: I50.9). Esta alta proporción sugiere una necesidad de profundizar en la caracterización de estos pacientes, ya que la falta de especificación puede dificultar la identificación de factores de riesgo específicos y la implementación de estrategias de prevención y tratamiento adecuadas.
La principal causa de muerte por insuficiencia cardíaca fue la insuficiencia cardíaca no especificada (61,3%), seguida de la insuficiencia cardíaca congestiva (37,1%). Se observaron diferencias de género, con las mujeres más afectadas por la insuficiencia cardíaca no especificada y los hombres por la congestiva. La edad promedio de fallecimiento fue mayor en mujeres (80 años) que en hombres (75 años), aunque los hombres mostraron un rango de edad más amplio al morir. Además, los hombres experimentaron una mayor pérdida de años potenciales de vida (139 años) en comparación con las mujeres (61 años), lo que sugiere un impacto más severo de la insuficiencia cardíaca en su calidad y esperanza de vida.
Respecto a las muertes por enfermedades cardiovasculares, las afecciones cardiopulmonares fueron la principal causa, representando el 69,1% de los fallecimientos, seguida por otras enfermedades del corazón. Se observó una ligera diferencia en la mortalidad por cardiopulmonares entre hombres y mujeres, con una mayor proporción de casos en hombres, mientras que las mujeres mostraron una mayor incidencia en otras enfermedades del corazón. Los hombres fallecieron a una edad promedio más temprana por enfermedades cardiopulmonares y presentaron un rango de edad de mortalidad más amplio, lo que sugiere diferencias en los factores de riesgo y la progresión de la enfermedad entre sexos. Los años potenciales de vida perdidos fueron ligeramente mayores en hombres, lo que refleja una posible menor esperanza de vida debido a otros factores de riesgo y comorbilidades.
Entre las muertes por enfermedades isquémicas del corazón reveló que el infarto agudo de miocardio fue la causa principal, seguido por la enfermedad aterosclerótica del corazón. Aunque no hubo diferencias significativas en la distribución de estas causas por sexo, se observó que la enfermedad aterosclerótica y sus complicaciones fueron más frecuentes en hombres. La edad promedio de muerte fue menor en hombres (76 años) que, en mujeres, quienes mostraron un rango de edad más amplio al fallecer. Los años potenciales de vida perdidos fueron mayores en mujeres (111 años) que en hombres (87 años).
Entre los tipos de diagnóstico, el accidente vascular cerebral isquémico se destacó como el más común, representando el 54,2% de los casos analizados. En segundo lugar, se registró el accidente vascular cerebral hemorrágico, que constituyó el 26% de las muertes por esta causa.
El accidente vascular cerebral isquémico fue el diagnóstico más común, representando el 54,2% de los casos. Le siguió el accidente vascular cerebral hemorrágico, con un 26% de las muertes. El Accidente Vascular Encefálico Agudo no especificado (I64 CIE-10) fue la causa más frecuente (53.1%), seguido de la Hemorragia intraencefálica no especificada (I61.9 CIE-10) y la Encefalopatía hipertensiva (I67.4 CIE-10), subrayando la hipertensión como factor de riesgo clave.
Al comparar por sexo, la Hemorragia intraencefálica no especificada fue más frecuente en hombres (16%), duplicando la incidencia en mujeres. La Encefalopatía hipertensiva fue más prevalente en mujeres (15.2%), superando en cinco puntos porcentuales a los hombres. La edad promedio de muerte fue de 68 años en mujeres y 67 en hombres, con una mayor amplitud de distribución en hombres (8 a 81 años). Las mujeres acumularon 419 años potenciales de vida perdidos más que los hombres.
DISCUSIÓN
Incidencia de defunciones atribuibles a enfermedades del corazón y vasos sanguíneos en una población definida durante un período específico. Es un indicador clave de la carga de enfermedad cardiovascular en una población16.
Esta establecido que las enfermedades cardiovasculares ocupan las primeras causas de mortalidad, no solo en países de desarrollo alto, también en los de bajo desarrollo.
Las enfermedades cardiovasculares (ECV) se consideran la principal causa de muerte a nivel mundial, especialmente en países de ingresos bajos y medios, como Bolivia.17
La tendencia de la mortalidad por enfermedades cardiovasculares que presento México: entre 1990-1997 produjo un incremento en ambos sexos; en 1997-2000 una tendencia decreciente y entre 2000-2015 una tendencia estacionaria en mujeres y creciente en hombres. La mortalidad por enfermedades isquémicas del corazón y enfermedades hipertensivas se incrementaron en hombres y mujeres con el consecuente aporte negativo a la esperanza de vida. Por el contrario, las enfermedades cerebrovasculares disminuyeron con ganancias a la esperanza de vida, aunque persisten las diferencias por sexo. Las otras enfermedades del corazón tendieron a disminuir aumentando la esperanza de vida en los dos sexos18.
Una revisión sistemática de 42 estudios con autopsias verbales en países en desarrollo reportó que el 22,9 % de las muertes en personas mayores de 15 años eran atribuibles a enfermedades cardiovasculares, con proporciones más altas en hombres (24,7 %) que en mujeres (20,9 %) y con un predominio en zonas urbanas19.
La distribución de muertes por grupos de edad coincide con datos del Global Burden of Disease (GBD) 2019, donde se reporta una carga considerable de muerte y discapacidad cardiovascular entre los 15 y 39 años, representando una parte sustancial del total de la mortalidad por enfermedades cardiovasculares (CV) en jóvenes adultos20. En prolongación temporal en América Latina señala que, aunque la mortalidad por enfermedad coronaria ha disminuido en países como Argentina y Colombia, en México los jóvenes adultos entre 35 y 44 años muestran un patrón preocupante, con un aumento persistente las tasas de mortalidad por esta enfermedad20.
CONCLUSIÓN
El presente estudio reveló una alta prevalencia de estas enfermedades, con patrones de mortalidad diferenciados por sexo y una preocupante tasa de mortalidad prematura, especialmente en hombres. Se identificaron grupos vulnerables como niños, adultos jóvenes y mujeres en edad fértil y postmenopáusica, y se destacaron factores de riesgo modificables como la hipertensión, el tabaquismo, la diabetes y la obesidad. Además, se observaron desigualdades en el acceso a la atención médica, aspecto alarmante, evidenciadas por la alta proporción de muertes en el hogar, y se subrayó la necesidad de fortalecer los sistemas de vigilancia epidemiológica para mejorar la comprensión y el abordaje de estas enfermedades en la ciudad.
Los patrones de años potenciales de vida perdidos varían por sexo y enfermedad, con cambios en la heterogeneidad de edad al fallecer y en la precisión diagnóstica de afecciones isquémicas y cerebrovasculares.











uBio 

