Introducción
Bolivia se encuentra entre los 10 países con mayor diversidad biológica del mundo (Ibisch & Mérida 2003), albergando una alta diversidad de especies, entre las cuales se han identificado 1.452 especies de aves (Montenegro et al. 2025), 324 reptiles (Uetz et al. 2024), 308 anfibios (Frost 2024), más de 900 especies de peces (Sarmiento et al. 2014) y 406 especies de mamíferos (Aguirre et al. 2019), ubicando a Bolivia en el cuarto lugar con mayor riqueza de mamíferos entre los países de Sudamérica (Aguirre et al. 2019). De las especies de mamíferos presentes en Bolivia, 25 son endémicas, en su mayoría roedores (Wallace et al. 2010,MMAyA 2014,Aguirre et al. 2019); y más de un tercio (116) corresponde a mamíferos medianos y grandes (Wallace et al. 2013). Entre los mamíferos grandes más destacados se encuentra el jaguar (Panthera onca), considerada como una de las especies más emblemáticas por su rol ecológico como depredador tope, y su importancia sociocultural en las creencias y prácticas de las culturas amazónicas y andinas (Wallace et al. 2010,MMAyA 2020). Comprender bien su ecología, las necesidades de hábitat, la dinámica poblacional y las amenazas que enfrenta el jaguar en Bolivia es esencial para diseñar estrategias efectivas de conservación de las poblaciones de jaguar a largo plazo en el país (MMAyA 2020,WWF et al. 2018) y en la región (Thompson et al. 2021a,Breitenmoser & Breitenmoser 2023,Caruso et al. 2023).
Este tipo de síntesis fue realizado anteriormente por Rumiz et al. (2015) y Maffei et al. (2016). Actualizar periódicamente el estado del conocimiento y la situación del jaguar en Bolivia es fundamental, ya que permite analizar y reflexionar sobre los avances y desafíos en la comprensión ecológica y conservación de esta especie, así como sobre las tendencias de sus poblaciones. Asimismo, este enfoque contribuye a contextualizar la investigación existente, identificar vacíos de información y prioridades de investigación, además de consolidar una lista de referencias relevantes para futuras investigaciones (Molina 2005,Guevara 2016). En esta contribución se recopila y analiza la literatura existente sobre el jaguar en Bolivia entre 2010 y 2024, además se identifican los vacíos de información y prioridades de investigación, mediante el examen de las publicaciones científicas, informes, tesis de pre- y postgrado, y otros estudios realizados durante este período.
Métodos
Los estudios incluidos en esta revisión se limitan a los realizados en Bolivia o que incluyen información sobre este país. La búsqueda de artículos se realizó utilizando las siguientes plataformas: 1) ISI Web of Knowledge, ISI Web of Science, Science Citation Index Expanded. (http://apps.isiknowledge.com), 2) Science Direct (http://www.sciencedirect.com), 3) Scientific Electronic Library Online (http://www.scielo.org), 4) JSTOR (http://www.jstor.org) y 5) Google Scholar (https://scholar.google.com/). Las palabras clave utilizadas fueron “Panthera onca”, “Jaguar” y “Bolivia” con el objetivo de compilar toda la información publicada sobre el jaguar en revistas científicas indexadas, capítulos de libros y libros entre los años 2010-2024. Se incluyeron otras fuentes que no resultaron de las búsquedas, pero eran conocidas por los autores o fueron sugeridas por los revisores. Se consideraron los siguientes tipos de publicaciones: artículos científicos, planes de manejo, notas científicas y libros especializados. No se incluyeron tesis, ni reportes técnicos por la baja disponibilidad de este tipo de documentos de libre acceso, tampoco se incluyeron artículos de prensa, ni información sobre manejo ex situ del jaguar.
Las referencias encontradas se sistematizaron en una colección en el programa Zotero v 6.0.30. Para evaluar la representatividad territorial de los estudios, se realizó un análisis cruzado del número de publicaciones encontradas con las ecorregiones propuestas por Olson et al. (2001) y los departamentos en los que se llevaron a cabo los trabajos, considerando el área de distribución actual del jaguar (Quigley et al. 2017). Los resultados se sintetizaron en siete áreas temáticas de investigación: Dieta y patrones de actividad, abundancia y densidad, distribución y hábitat, amenazas actuales, interacciones con comunidades humanas, genética y esfuerzos de conservación.
Resultados
En total, se identificaron 61 trabajos de investigación realizados total o parcialmente en Bolivia. De estos, 28 estudios no estuvieron específicamente enfocados en el país, pero al abordar el análisis del jaguar a escala regional o continental, incluyen información relevante sobre Bolivia. Estos trabajos abarcan diversas áreas temáticas como distribución/ocurrencia, estado poblacional, genética y filogeografía, amenazas actuales, interacción con comunidades humanas y estrategias de conservación (Anexo 1). Se debe destacar que un estudio (Meifiner et al. en prep., disponible en un repositorio de preprints y aún no ha sido sometido a un proceso de revisión por pares); sin embargo, aborda la genética de las poblaciones de jaguar y sus resultados son importantes para los esfuerzos de conservación, por lo que fue incluido en el presente análisis.
Entre las 12 ecorregiones de Bolivia que se superponen con el área de distribución actual del jaguar (Fig. 1), el bosque seco chiquitano, el Chaco y el bosque amazónico suroccidental son las que concentran la mayor cantidad de publicaciones, cada una con el 18% del total recopilado.

Figura 1. Distribución actual del jaguar en Bolivia (UICN 2017), a. en las ecorregiones de Bolivia (Olson et al. 2001), b. número de artículos publicados entre 2010 y 2024 por ecorregión y c. por departamento. No se incluyen los artículos que abarcaban toda el área de distribución del jaguar (n=9).
En el caso del bosque seco chiquitano y el Chaco los estudios fueron realizados mayormente en el departamento de Santa Cruz, mientras que, en el bosque amazónico suroccidental, la mayoría de los estudios se realizaron en el departamento de La Paz, especialmente en el Gran Paisaje Madidi-Tambopata (Tabla 1), seguido por Pando y Beni. Por otro lado, no se encontraron publicaciones en las ecorregiones del Cerrado (100% de solape con el área de distribución del jaguar), el bosque seco montano boliviano (35%). El departamento de Santa Cruz tuvo la mayor cantidad de artículos publicados en el rango temporal de análisis, específicamente en la región Chiquitana, el Chaco y el Pantanal (Tabla 1); seguido de La Paz con estudios concentrados dentro y en cercanía del Parque Nacional y Área Natural de Manejo Integrado Madidi.
Tabla 1. Número de publicaciones sobre jaguar (Panthera onca) entre 2010 y 2024, según ecorregión (Olsen 2001) y departamento. BO = artículos que consideraban toda el área de distribución actual del jaguar (UICN 2017).
| Ecorregión (% de solapamiento con área de distribución actual) | BO | Departamentos | publicaciones | % publicaciones | |||||
|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|
| BE | CBBA | LP | PD | SCZ | TJA | ||||
| Bosque amazónico suroccidental (94%) | x | x | x | A2, A3, A4, A5, A9, A23, A26, A41, A48, A61 | 18 | ||||
| Sabana o pampas del Beni (100%) | x | A2, A3, A9, A23, A13, A17, A37, A38, A64 | 10 | ||||||
| Chaco (97%) | x | A12, A16, A28, A32, A39, A45, A46, A49, A55, A56 | 18% | ||||||
| Pantanal (99%) | A13, A28, A55, A56 | 7% | |||||||
| Bosque seco chiquitano (85%) | x | A9, A26, A48, A18, A29, A31, A37, A42, A55, A56, A58, A64 | 18 | ||||||
| Bosque de Yungas (88%) | x | A48, A15 | 3 | ||||||
| Boque húmedo Madeira- Tapajós (98%) | x | A28 | 5 | ||||||
| Bosque de Yungas tucumano- boliviano (88%) | x | A7, A8, A10 | 5 | ||||||
| Bolivia | x | A23, A26, A31, A36, A37, A47, A48, A55, A56 A7, A8, A9, A10, A13, A15, | 15 | ||||||
| Regional | x | A18, A19, A20, A21, A24, A25, A29, A32, A33, A38, A39, A41, A44, A45, A46, A49, A51, A52, A53, A54, A58, A59 | 46 | ||||||
| Total | 61 | 100 | |||||||
Discusión
Dieta y patrones de actividad
Flores-Turdera et al. (2021) realizaron uno de los pocos estudios disponibles sobre la dieta del jaguar en Bolivia, siendo además el único publicado dentro del período considerado en esta revisión. La investigación se llevó a cabo en zonas próximas a los ríos Tuichi, Hondo y Quiquibey, donde se analizaron 66 muestras de excretas para determinar los hábitos alimenticios tanto del jaguar como del puma (Puma concolor). En total, identificaron 25 especies presa, donde las más frecuentes en las muestras fueron el tropero, el taitetú (Pécari tajacu), el jochi colorado, el huaso, el jochi pintado (Cuniculus paca) y el tejón (Nasua nasua). En términos de biomasa aportada a la dieta del jaguar, las presas más relevantes fueron el tropero (37%), el taitetú (22%) y el tapir (8%).
Aunque la información sobre la dieta del jaguar en Bolivia es limitada, existen estudios comparativos realizados en otros países de América Latina -como Brasil, Guatemala y México- que permiten esbozar patrones regionales. En conjunto con el análisis de Flores-Turdera et al. (2021), estos estudios sugieren que la dieta del jaguar está fuertemente determinada por la disponibilidad local de presas medianas y grandes, así como por el grado de intervención humana en los ecosistemas. A partir del conocimiento de la dieta del jaguar se pueden diseñar esquemas de monitoreo enfocados en las poblaciones de jaguar y sus principales presas.
Existen pocos estudios que analicen la interacción entre grandes felinos que comparten recursos tróficos. Romero-Muñoz et al. (2010), evaluaron los patrones temporales de actividad del jaguar, el puma y seis de sus presas en época seca y época húmeda en cuatro sitios dentro del Parque Nacional Kaa-Iya. Los resultados, basados en 254 observaciones independiente de jaguar y 340 de puma, mostraron que no hubo diferencias en el patrón de actividad entre sexos, ni época para el jaguar, pero hubo segregación temporal entre puma y jaguar en tres de los cuatro sitios estudiados (incluyendo sólo la época seca de uno de ellos). La actividad de ambos predadores no siguió los patrones de ninguna de las presas indicando que, aunque ambas especies consumen presas similares, no dependen exclusivamente de las mismas. Los autores sugieren que las diferencias en los patrones de actividad se deben a un comportamiento de segregación temporal que favorece la coexistencia de estos predadores.
De forma similar a estos resultados, en el paisaje Madidi- Tambopata Ayala et al. (2021) con un muestreo más grande (5.688 observaciones independientes de jaguar y 1.154 del puma), no encontraron segregación temporal entre jaguares y pumas, y mostraron patrones de actividad similares con un alto coeficiente de solapamiento, indicando que existe otros mecanismos para evitar la competencia. Tampoco encontraron diferencias significativas entre los patrones de actividad de machos y hembras para ambas especies, pero si un solapamiento significativo con los patrones de actividad de algunas de sus presas principales, específicamente el huaso (Mazama americana) y el tropero (Tayassu pecari) en el caso del jaguar (P. onca) y el jochi colorado (Dasyprocta variegata) en el caso del puma (P. concolor). Por otro lado, en un estudio en la Chiquitania Meißner et al. (2024), con base a 437 eventos independientes, se registró un patrón de actividad de jaguares mayoritariamente nocturno (48% de los registros) y crepuscular (40% de los registros).
Aún se requiere fortalecer estudios de patrones de actividad para dilucidar las diferencias en los resultados responden a factores como el tipo de hábitat (Foster et al. 2013), disponibilidad de recursos (p.e. presas) o densidad de individuos de ambas especies; o si es resultado de las diferencias en el número de muestras en el que se basan los análisis ya que una mayor cantidad de datos permite tener resultados con mayor precisión (Jędrzejewski et al. 2021). Por otro lado, se necesita profundizar este campo en otras ecorregiones donde se encuentra el jaguar, además de evaluar variaciones estacionales o en gradientes de perturbación, donde los recursos pueden ser más limitados. El conocimiento de la dieta de los jaguares en estas áreas es necesario para comprender las dinámicas ecológicas entre el jaguar y sus presas.
Abundancia y densidad
Jędrzejewski et al. (2018) modelaron la densidad y presencia del jaguar en toda su área de distribución utilizando variables predictivas derivadas de imágenes satelitales y un total de 1694 registros obtenidos de 117 estudios realizados entre 2002 y 2014 con estimaciones de densidad y datos de presencia ausencia. Las densidades estimadas mediante el método no espacial (Distancia Máxima Media Recorrida o MMDM, por sus siglas en inglés) oscilaron entre 0 y 18.3 individuos por 100 km2, mientras que los modelos espacialmente explícitos (SCR, por sus siglas en inglés “spatial capture-recapture”) arrojaron valores entre 0 y 9.0. La combinación de las estimaciones de densidad y ocurrencia permitió calcular una población mundial promedio de 173.000 jaguares (IC 95%: 138.000- 208.000), de los cuales el 80% habita en la cuenca del Amazonas. Más recientemente, Jędrzejewski et al. (2023a) estimaron que el noroeste de Sudamérica alberga 105.200 individuos, concentrándose la mayor parte en la Amazonia (96.900), seguida por los Andes (5.300) y los llanos (3.000).
En el contexto boliviano, Jędrzejewski et al. (2023a) estimaron una población de 8.700 jaguares en la parte amazónica del país con una densidad media de 2.1 individuos/100 km2; mientras que Thompson et al. (2023) calcularon una población de 3.875 jaguares en el sureste del país (Pantanal, Chaco y bosque chiquitano), con una densidad media de 1.5 individuos/100 km2. Maffei et al. (2011), en una revisión de 83 estudios con trampas cámara en cuatro ecorregiones bolivianas (Chaco, Andes tropicales, Chiquitanía y Pantanal), reportaron densidades que variaban entre 1.13 (± 0.13) y 5.66 (± 2.33) jaguares por 100 km2. Sin embargo, estas cifras provienen de métodos no espaciales (MMDM), que tienden a sobreestimar las densidades (Foster & Harmsen 2012,Tobler & Powell 2013). Estudios más recientes utilizando métodos espacialmente explícitos (SCR) ofrecen estimaciones más precisas: entre 1.23 y 3.57 individuos/100 km2 en la Chiquitanía (Meißner et al. 2024), entre 0.31 y 1.82 en el Parque Nacional Kaa-Iya (Noss et al. 2012) y entre 0.1 y 2.39 en el Gran Paisaje Madidi-Tambopata (Ayala et al. 2022), este último considerado el monitoreo más prolongado en el país (2001-2023).
Los resultados de diferentes estudios sugieren que existe un gradiente de abundancia decreciente desde la Amazonia hacia el sur y las tierras más secas (Wallace et al. 2010). Aún se requiere profundizar el conocimiento sobre la densidad de jaguares en otras áreas del país, como el bosque amazónico de Pando, las sabanas del Beni y los bosques amazónicos preandinos de Cochabamba para mejorar las estimaciones de densidad y de tamaño poblacional de la especie.
Distribución y hábitat
Bolivia destaca como uno de los países con menor reducción de su rango de distribución en Sudamérica. Según Jędrzejewski et al. (2023a), quienes mediante datos de presencia/ausencia obtenidos entre el 2000 y 2020, estimaron la distribución actual del jaguar en 11 países de Suramérica, Bolivia tuvo una pérdida de 13.8% del área de distribución histórica de la especie. Específicamente hasta 2020, el área histórica redujo un 8% (32.000 km2) en la parte “amazónica” del país, que incluía a los departamentos de Pando, Beni y La Paz, y la parte norte de Cochabamba (Jędrzejewski et al. 2023b). Por otro lado, la parte sur del país que incluye la totalidad del departamento de Santa Cruz, el sur de Cochabamba, y la parte este de Chuquisaca y Tarija, tuvo una mayor pérdida (81.000 km2) con un remanente del 86.2% del área histórica para 2020 (Thompson et al. 2023). En un estudio regional en el Gran Chaco (Bolivia, Paraguay y Argentina), Romero-Muñoz et al. (2019) modelaron los cambios de hábitat en función de la disponibilidad de recursos y la amenaza de caza hacia el jaguar. Los resultados sugieren que, entre 1985 y 2013, las “áreas núcleo” del jaguar (áreas con alta disponibilidad de recursos y baja amenaza de caza) se redujeron en un 18% (12.500 km2) en el Chaco boliviano, pese a esto, el territorio boliviano es importante para la conservación de jaguares en el Gran Chaco.
Las mayores amenazas identificadas para la reducción del hábitat del jaguar en Bolivia fueron la expansión agropecuaria, urbana y la caza ilegal, factores que también se reflejan en otros estudios como los de Zemanova et al. (2017) y Maillard et al. (2020), quienes reportaron una pérdida significativa de vegetación natural, fragmentación del hábitat y disminución de la conectividad ecológica. Zemanova et al. (2017) a través del análisis de imágenes satelitales del periodo 1976-2005 y de registros de ocurrencia de jaguar en un área de tierras bajas de Bolivia (entre Santa Cruz y Cochabamba), observaron que la cantidad de vegetación natural disminuyó en más de un 40%. Los mayores cambios ocurrieron entre 1991-2000, observando procesos de fragmentación severos en todos los lugares, con la consecuente disminución de conectividad del hábitat en un 20% hasta 2005. La ocurrencia de jaguares se dio en sitios con buena cobertura de vegetación y poco fragmentados. En Santa Cruz, los estudios de Maillard et al. (2018,2020) evaluaron la distribución potencial del jaguar y la integridad del paisaje. Los resultados sugieren que en un periodo de 30 años la superficie de distribución potencial de jaguar en las serranías chiquitanas y nacientes de Otuquis redujo un 20% (Maillard et al. 2018). Para 2020 el hábitat del jaguar en Santa Cruz cubría una superficie de 2.630 km2, con una proyección de reducción de casi el 50% (1.370 km2) para 2046. Observaron también que, en 19 años el fuego afectó el 42% del hábitat, principalmente los años 2004, 2007, 2010 y 2019. Wallace et al. (2020) realizaron un estudio sobre la presencia, distribución y ocupación de mamíferos medianos y grandes (incluyendo el jaguar) a lo largo de la carretera San Buenaventura-Ixiamas, registrando señales de fauna silvestre (huellas, excrementos y otros) y complementado el análisis con entrevistas locales. En total identificaron cinco posibles corredores de paso de fauna entre el Parque Nacional y Área Natural de Manejo Integrado Madidi y la Tierra Comunitaria de Origen Tacana, destacando la importancia de mitigar impactos de infraestructura como carreteras.
Estudios regionales encontraron que la ocurrencia del jaguar está fuertemente influenciada por factores ecológicos y humanos. Montalvo et al. (2023) subrayan que la cobertura forestal, la productividad primaria, la precipitación y la protección legal del territorio (p.e. áreas protegidas) favorecen su presencia, mientras que factores como la densidad de caminos, cultivos y asentamientos humanos actúan como limitantes. Esta conclusión es respaldada por estudios como el de Thompson et al. (2021a), quienes destacan que el tamaño del ámbito de hogar y la velocidad de desplazamiento de jaguares en diferentes ecosistemas a lo largo su rango de distribución es menor en áreas con mayor cobertura forestal.
Los estudios desarrollados hasta la fecha son un paso significativo para comprender mejor el efecto que tendrán las presiones sobre el hábitat en la conservación del jaguar; sin embargo, aún hay zonas carentes de esta información. Esto evidencia la importancia de desarrollar proyectos que permitan conocer más sobre las poblaciones y la ecología de esta especie en otras áreas/ecosistemas como los bosques amazónicos del norte de Bolivia (Pando y Beni) y las pampas (Beni y Heath). Adicionalmente, es imprescindible mejorar la colaboración interinstitucional para contar con una base de datos unificada, un aporte significativo para esto fue la publicación de la base de datos de registros de mamíferos medianos y grandes (Wallace et al. 2013), que permitió identificar la existencia de una alta densidad de registros en el departamento de La Paz en la ecorregión de Yungas y bosque húmedo del sudoeste de la Amazonía, seguido del Beni con registros en la sabana beniana, y finalmente Santa Cruz con registros en el Chaco y el bosque seco chiquitano.
Amenazas actuales
La pérdida y degradación del hábitat representan las principales amenazas para la conservación del jaguar, cuya área de distribución histórica se ha reducido aproximadamente en un 55% (de la Torre et al. 2018). Según modelamientos realizados por Osipova & Sangermano (2016) sobre el efecto del cambio climático ocasionado por actividades antropogénicas, incluso en el mejor de los escenarios el jaguar perdería más del 50% de su hábitat actual; en el peor de los escenarios, la pérdida podría alcanzar hasta un 70% hacia el año 2050 si no se toman medidas urgentes. Thompson et al. (2017) evidenciaron que la deforestación y el cambio de uso del suelo están afectando la conectividad de las unidades de conservación del jaguar, identificando al Parque Nacional Noel Kempff Mercado, el Pantanal y el Gran Chaco como áreas prioritarias para su protección. Romero-Muñoz et al. (2020) estimaron que, desde 2001, la expansión agrícola fue responsable de la pérdida del 20 % de los hábitats boscosos dentro del rango actual de la especie. Aunque Bolivia presentó una reducción relativamente baja (13.8%) en el área de distribución histórica del jaguar hasta 2020 (Jędrzejewski et al. 2023a) y se constituía como un bastión para la conservación de jaguares, las presiones sobre el hábitat son cada vez más fuertes, con incrementos anuales en la pérdida y degradación de bosques por quemas y deforestación (Beuchle et al. 2025,Finer et al. 2025). El año 2024 se registró la pérdida del 9% del remanente de bosque primario en la Amazonia boliviana, afectando principalmente el norte de Santa Cruz y Beni (Finer et al. 2024,Bourgoin et al. 2025).
Es urgente realizar evaluaciones del impacto de la deforestación y los incendios sobre el área de distribución del jaguar en Bolivia, lo que permitirá identificar medidas para asegurar la viabilidad de sus poblaciones. La transformación del paisaje no solo afecta la presencia de la especie, sino que intensifica los conflictos con humanos y la caza ilegal para el comercio de partes (CITES 2021). En la última década el tráfico de partes de jaguar fue otra amenaza alarmante para las poblaciones de jaguar. En Bolivia, el tráfico de colmillos, cráneos, pieles y otras partes de jaguar han incrementado desde 2014 (Núñez & Aliaga 2017,Rumiz et al. 2024), año en que se detectaron propagandas solicitando partes de jaguar. Los registros de incautaciones desde ese año hasta 2020 llegaron a un total de 723 colmillos, que equivalen a la matanza de al menos 200 ejemplares, una cifra considerable si se toma en cuenta la probable existencia de casos de tráfico no identificados.
Arias et al. (2021a,2021b) llevaron a cabo una investigación basada en 1.107 entrevistas en comunidades rurales del norte y noroeste de Bolivia. El 75% de los entrevistados manifestó percepciones negativas hacia el jaguar, y más de la mitad (52.4%) expresó su preferencia por una disminución en sus poblaciones. Arias et al. (2021b) aplicaron métodos directos e indirectos (como el método de la urna) para conocer la implicación de los participantes en el comercio ilegal. El 46% declaró algún tipo de participación en los últimos cinco años, siendo la posesión de partes (pieles, grasa, dientes) la práctica más común, seguida de solicitudes o encargos para matar jaguares. Los métodos de caza reportados incluyeron el uso de armas de fuego (97%), cebos (36%), perros (28%), lazos (21%), señuelos sonoros (8%), flechas (6%) y envenenamiento (3%). La mayoría (78%) tenía conocimiento del comercio de partes dentro de sus comunidades, destacando la piel, grasa, dientes, carne, garras, cráneos, colas, huesos y animales vivos como los productos más usados o vendidos. También se documentó variaciones en los precios y una importante participación de comerciantes bolivianos (43%) y de ascendencia asiática (chinos, japoneses, coreanos y tailandeses), tal como señalan Nuñez & Aliaga (2017)yPolisar et al. (2023a) quienes evidencian que el tráfico de colmillos involucra a ciudadanos chinos que residen en Bolivia. Casos puntuales, como el reportado por Elwin et al. (en prep.) en Trinidad, describen cómo partes de jaguar se comercializan dentro de cárceles, donde son transformadas en artesanías y vendidas en mercados locales para cubrir gastos de prisión.
A escala regional, Morcatty et al. (2020) documentaron 489 reportes de comercio ilegal entre 2012 y 2018 que involucraban al menos 1.038 felinos (857 jaguares, 70 pumas y 111 ocelotes) en América Central y del Sur. La mayor parte del tráfico de jaguar involucró caninos, pieles y cabezas. Bolivia fue el segundo país con más registros (n = 25), después de Brasil (n = 60). Incluso se detectaron decomisos en China que involucraron al menos 31 jaguares. El estudio encontró que el número de jaguares incautados se correlacionó positivamente con su rango de distribución en cada país y que el volumen del comercio parecía vinculado a niveles de corrupción, inversión privada china y PIB per cápita más que a la cantidad de exportaciones o residentes chinos.
Polisar et al. (2023b) identificaron 230 publicaciones en línea entre 2009 y 2019 relacionadas con la comercialización de partes de jaguar. De estas, 71 fueron verificadas mediante fotografías, siendo los colmillos el ítem más frecuente (76%), con un total de 95 dientes puestos a la venta. Bolivia ocupó el cuarto lugar en número de publicaciones (12.4%), después de México, Brasil y Vietnam. Los principales países de origen fueron México (26.8%), China (25.4%), Bolivia (16.9%) y Brasil (12.7%). Estas publicaciones se realizaron principalmente en redes sociales, sitios de venta en línea y plataformas de video, y los idiomas predominantes fueron español, portugués y chino.
En un análisis sobre cobertura mediática, Li et al. (2022) revisaron 298 artículos en medios de comunicación en chino, inglés y español publicados entre 2010 y 2019. Encontraron que el tema no obtuvo atención global hasta 2018. En la mayoría de los casos, el jaguar fue retratado como víctima de la caza ilegal o como especie emblemática, aunque pocos artículos abordaron en profundidad las causas humanas detrás del conflicto. Las relaciones negativas entre humanos y jaguares fueron identificadas como amenazas para la conservación del jaguar por muchos artículos (n = 72), incluyendo el miedo de ataques hacia humanos y las pérdidas económicas causadas por depredación de ganado, sin embargo, solo 19 artículos sugirieron un vínculo entre la muerte por retaliación y el comercio de partes. En general, las percepciones locales fueron subrepresentadas, aunque algunos artículos reflejaban el miedo o la visión negativa que se tiene del jaguar en zonas rurales.
Li et al. (2022) también identificaron que la pobreza puede ser un factor que impulsa la caza de jaguares, dada la posibilidad de obtener altos precios por sus partes. Sin embargo, detectaron diferencias en el enfoque de los medios: los artículos en inglés y español mencionaban con frecuencia la medicina tradicional china como destino de las partes y vinculaban el tráfico con ciudadanos chinos, mientras que los medios en chino rara vez mencionaban este aspecto. Además, las acusaciones de participación china solo se presentaban cuando existía evidencia directa de decomisos o arrestos, sin implicaciones explícitas a empresas.
El tráfico de partes representa una amenaza significativa para la conservación de la especie, por ello, en 2019 en la Primera Conferencia de Alto Nivel de las Américas sobre Comercio Ilegal de Vida Silvestre se acordó declarar al jaguar como especie Emblemática en las Américas, reconociendo la necesidad de reforzar las acciones de conservación (WWF et al. 2018). La legislación boliviana prohíbe el comercio de fauna silvestre, sin embargo, es evidente el desconocimiento de la normativa por parte de las instituciones de control. Por lo que se requiere buscar estrategias para reforzar el conocimiento de la normativa, así como la capacidad de los funcionarios para reconocer las partes de animales silvestres. Rumiz et al. (2020) publicaron una guía de identificación de partes de félidos traficados, herramienta útil para su aplicación en puntos estratégicos como aeropuertos y aduanas, con el fin de fortaleces los mecanismos de control, Aún queda pendiente establecer un protocolo para que las partes decomisadas puedan ser utilizadas para la identificación del origen mediante métodos moleculares.
Interacciones con comunidades humanas
Diversos estudios han documentado las complejas relaciones entre las comunidades humanas y el jaguar, particularmente en zonas donde la depredación de ganado genera conflictos directos. Zimmermann et al. (2021) analizaron 17 estudios de caso en siete países de América Central y del Sur, incluyendo dos regiones de Bolivia (Beni y la Chiquitania). Aunque no encontraron variables cuantificables universales que predigan la percepción o respuesta de los ganaderos ante la depredación, sí identificaron patrones locales relevantes. En el caso de Bolivia, Beni registró el menor porcentaje de pérdida de ganado atribuida a jaguares (<5%), pero al mismo tiempo, junto a la Chiquitania, mostró los niveles más bajos de tolerancia y las actitudes más negativas hacia la especie. Además, la dependencia económica de la ganadería y la preocupación por la depredación eran marcadamente altas en el Beni.
Negrões et al. (2016) evaluaron la relación entre la ocurrencia de conflictos y las percepciones hacia el jaguar en sitios específicos de Santa Cruz, Beni y La Paz, mostrando que las debilidades en el manejo de ganado (p.e. falta de registros de nacimientos, muertes, entre otros) dificulta estimar con precisión el impacto de la depredación de ganado por jaguar, pero estimaron una pérdida aproximada del 1.3% del ganado en una estancia. En Beni y La Paz por otro lado, la frecuencia de conflictos es muy baja, pero la percepción hacia la especie es muy negativa principalmente por las pérdidas económicas que puede generar la depredación de ganado o por miedo. Esta percepción negativa hacia los jaguares sin existir antecedentes de eventos de depredación también fue reportada en comunidades de dos áreas protegidas del departamento de Pando (Knox et al. 2019).
Caruso et al. (2021) exploraron percepciones locales en el sur de Bolivia, entrevistando a 139 personas en las áreas protegidas de la Reserva Nacional de Tariquía y el Parque Nacional y Área Natural de Manejo Integrado Aguaragüe. Los resultados mostraron que las actitudes hacia el jaguar variaban significativamente según factores sociodemográficos: los jóvenes estudiantes mostraban actitudes más positivas, asociadas en gran parte a una valoración estética de la especie, aunque sin un conocimiento profundo de su rol ecológico. Por el contrario, ganaderos, personas mayores y con menor nivel educativo manifestaron actitudes negativas, motivadas principalmente por el temor a la depredación y las pérdidas económicas.
La educación debe ser una estrategia clave para reducir conflictos, enfocándose en mejorar prácticas de manejo ganadero y en la adopción de medidas preventivas en zonas donde la ganadería coincide con la distribución del jaguar como en los Llanos de Colombia y Venezuela, y la Amazonia (Castaño-Uribe et al. 2016). Esto es especialmente relevante en regiones como los Llanos de Moxos en Bolivia, donde se superponen altos niveles de producción pecuaria y presencia de jaguares.
Al mismo tiempo, aunque existen orientaciones generales para la reducción de conflictos entre actividades humanas y vida silvestre (Zapata, et al. 2011), queda pendiente la evaluación y difusión de los resultados y aún más importante, las lecciones aprendidas de la aplicación de medidas de mitigación de conflictos con jaguar. Otro factor importante es el desarrollo de capacidades para la correcta identificación de daños ocasionados por fauna silvestre (MMAyA 2016), lo que requiere procesos de capacitación y difusión, para mejorar la precisión en la identificación, así como el desarrollo de protocolos para la sistematización de datos.
Genética
Estudios como los de Ruiz-García et al. (2013)yLorenzana et al. (2020) destacan una alta variabilidad genética en la Amazonia, especialmente en su sector occidental (Perú, Colombia y Bolivia), en contraste con la menor diversidad observada en poblaciones periféricas afectadas por deriva genética. Ambos subrayan que esta variación está más asociada a las características ecológicas de los hábitats que a barreras geográficas, y destacan la importancia de conservar la conectividad entre subpoblaciones, especialmente en áreas fragmentadas como el bosque atlántico.
A escala continental, Meissner et al. (en prep.) emplearon análisis genómicos basados en SNPs (polimorfismos de nucleótido único) e identificaron dos poblaciones principales de jaguar: una en la Amazonia, Chaco y Pantanal, y otra en el Cerrado, Caatinga y el bosque atlántico, además de una posible tercera en Centroamérica. Estos autores resaltan la importancia de considerar unidades evolutivamente significativas para evaluar con mayor precisión el estado de conservación de la especie. En este sentido, advierten que la clasificación actual del jaguar como “Casi Amenazado” podría subestimar los riesgos reales si no se incorporan criterios genéticos en la evaluación. En la misma línea, de la Torre et al. (2018) estimaron que muchas subpoblaciones estarían clasificadas como En Peligro o En Peligro Crítico, según los criterios de la IUCN.
Esfuerzos de conservación
Considerando las presiones sobre el hábitat del jaguar es importante que las medidas de conservación de la especie se centren en mantener los remanentes actuales y asegurar la conectividad para garantizar el flujo genético. En 2018, se desarrolló un Foro de Alto Nivel en la Sede de las Naciones Unidas orientado a la conservación del jaguar, donde se dio un paso importante al trazar “hoja de ruta” hasta el 2030 para estabilizar y recuperar las poblaciones de esta especie (WWF et al. 2018). Con este enfoque se concretizó la definición de Unidades de Conservación del Jaguar (UCJ) y una red de corredores de conservación a escala continental (Rabinowitz & Zeller 2010;Zeller et al. 2013;WWF et al. 2018). La consolidación de estos corredores bajo un acuerdo internacional es de suma importancia para detener la fragmentación del hábitat y asegurar la conservación de las poblaciones de jaguar en Sudamérica Jędrzejewski et al. (2023c).
En Bolivia fueron propuestas 5 UCJ (WWF et al. 2018,MMAyA 2020): i) al noreste del departamento de Pando, ii) en el Gran Paisaje Madidi-Tambopata, incluyendo la Reserva Nacional de Vida Silvestre Manuripi y parte del departamento de Cochabamba, iii) entre el sur Beni y el norte de Santa Cruz, iv) al sur de Santa Cruz (Chaco y Chiquitanía) y, v) al sur de Tarija. Tomando en cuenta las tendencias de degradación de hábitat y la fragmentación acentuada especialmente en el Chaco Noroccidental, Maillard et al. (2018,2020) propusieron la actualización UCJ en el departamento de Santa Cruz a siete, identificando también 39 conectores de 580 km2. entre las áreas protegidas que son, en gran parte (68.9%), hábitat potencial del jaguar, e involucran 5.696 propiedades ganaderas. Cuyckens et al. (2014) modelaron la ocupación del jaguar y otras seis especies entre la Reserva Nacional de Flora y Fauna Tariquía (Bolivia) y el Parque Nacional Baritú (Argentina), a través de entrevistas con ganaderos en 117 unidades de muestreo. Sus resultados evidenciaron que la conectividad entre ambas áreas aún persiste, y definieron un corredor funcional de aproximadamente 3.168 km2. Aunque amenazas como la construcción de carreteras y el cambio de uso de suelo podrían comprometer su integridad, registros recientes han confirmado la funcionalidad del corredor (Caruso et al. 2023).
En 2020 Bolivia presentó su Plan de Acción para la Conservación del Jaguar 2020-2025 (MMAyA 2020), definiendo líneas estratégicas para fortalecer: i) la investigación, conservación y manejo, abordando las cuatro principales amenazas para la especie (tráfico de partes, pérdida de hábitat, conflictos con ganadería y disminución de presas), ii) normativa, iii) comunicación, educación y concienciación, para difundir el conocimiento a público específico y general, y iv) gestión de fondos, para los temas relacionados con tráfico y depredación de ganado.
Respecto a la protección del rango actual de distribución del jaguar, Jędrzejewski et al. (2023b) reportaron diferencias entre países: Ecuador presenta el mayor porcentaje de cobertura en áreas protegidas o territorios indígenas (80%), seguido de Perú (59%), Colombia (57%), la Amazonia boliviana (56%) y la brasileña (51%), mientras que el noroeste de Venezuela tiene solo un 15%. En cuanto a ecorregiones, el 13% de los Llanos, el 46% de los Andes y el 55% de la Amazonia están protegidos. Específicamente en Bolivia, el 39% de la distribución actual del jaguar se encuentra dentro de áreas protegidas. No obstante, este análisis consideró solo áreas creadas antes de 2018, excluyendo unidades de conservación más recientes. En el estudio realizado por Romero-Muñoz et al. (2019) en paisaje Gran Chaco las áreas protegidas presentaron el 5% de la pérdida de zonas núcleo (zonas con las mejores características para el jaguar) entre 1985 y 2013. Este impacto fue más importante en las áreas protegidas pequeñas. Asimismo, se han realizado monitoreos con cámaras trampa en zonas específicas, como áreas protegidas, que proporcionan importante información sobre su comportamiento y éxito reproductivo del jaguar (Cuéllar et al. 2012,Jansen et al. 2020). Estos datos específicos son importantes para el diseño e implementación de acciones orientadas a la conservación.
Los territorios indígenas también desempeñan un papel fundamental en la conservación, al presentar tasas de deforestación más bajas que otros tipos de tenencia de tierra (Sze et al. 2021). Figel et al. (2022) reportaron que el 27% del rango de distribución del jaguar a nivel continental se solapa con territorios indígenas (TIs). Sin embargo, en Bolivia y en muchos otros países de la región persiste un vacío de información sobre la presencia de jaguares dentro de estos territorios. Los autores proponen la creación de alianzas entre pueblos indígenas, instituciones académicas y organizaciones no gubernamentales para fomentar la investigación participativa y fortalecer el monitoreo biológico en estas áreas clave. Por otra parte, el manejo adecuado de los recursos naturales es fundamental para conservar especies clave para los ecosistemas. Polisar et al. (2016), señalan que el manejo forestal sostenible ha demostrado contribuir a la conservación del jaguar, siendo su presencia un indicador en 12 áreas con certificado forestal de cuatro países de América del Sur entre estos la región chiquitana de Bolivia.
Finalmente, la cooperación internacional se posiciona como un eje estratégico para la conservación del jaguar a escala regional. La definición de rutas críticas de acción en la Hoja de ruta jaguar 2030 (WWF et al. 2018), permite enfocar los esfuerzos en: la coordinación a gran escala para la protección y conectividad del hábitat del jaguar, aterrizar las estrategias nacionales, identificar y aplicar modelos sostenibles compatibles con la conservación y fortalecer la sostenibilidad financiera de las acciones enfocadas en la conservación del jaguar. Siguiendo estos esfuerzos en 2020 se incluyó al jaguar en los Apéndices I y II en la Convención para la Conservación de Especies Migratorias (CEM 2020), reconociendo la necesidad de esfuerzos transfronterizos para la conservación de esta especie. En la COP14 de la CEM se estableció la Iniciativa Jaguar que promueve la colaboración entre países para trabajar sobre las principales amenazas para la especie: deforestación, cacería, conflictos, uso cultural y tráfico de partes; y al mismo tiempo generar conocimiento sobre los patrones de movimiento y corredores de conservación (CEM 2024).
En Bolivia, el taller internacional sobre la conservación del jaguar en el Gran Chaco, en el que participaron actores clave de Bolivia, Argentina y Paraguay, lograron sintetizar el conocimiento existente sobre el jaguar e identificar las amenazas que enfrentaba la especie en esta región (Rumiz et al. 2011). Por otro lado, en 2021, en un taller que reunió a especialistas de Argentina, Bolivia, Brasil y Paraguay, se logró intercambiar conocimientos y experiencias, evaluar el estado ecológico y genético de las poblaciones de jaguar en zonas fronterizas, e identificar prioridades de investigación con el fin de integrar la información científica en la toma de decisiones políticas y de conservación (Thompson et al. 2021b). Queda pendiente realizar este tipo de alianzas y cooperaciones en las otras áreas importantes para la conservación del jaguar (p.e. corredor Manu-Madidi o en el departamento de Pando), y reforzar las estrategias e intercambio de información entre departamentos que comparten paisajes y unidades de conservación importantes para el jaguar.
Conclusiones
Este trabajo recopila el conocimiento actual del jaguar en Bolivia entre 2010 y 2024, alcanzando 61 trabajos de investigación realizados en Bolivia desde estimaciones de abundancia, distribución, análisis genéticos, densidad y conflictos, entre otros. A partir del análisis de las publicaciones revisadas en este trabajo, podemos concluir que existiría un gradiente en la abundancia de esta especie fuertemente relacionado con la humedad y la productividad de los diferentes tipos de vegetación, siguiendo una tendencia decreciente de oeste a este, partiendo del pie de monte de las cordilleras, y de norte a sur desde la parte más húmeda en la Amazonia (Pando, Beni, La Paz), hacia la Chiquitania (Santa Cruz), los valles (Cochabamba, Chuquisaca, Santa Cruz) y el Chaco (Tarija, Chuquisaca, Santa Cruz). Además, la prevalencia de estudios en la parte austral del área de distribución del jaguar parece responder a las fuertes presiones sobre el hábitat que se ha dado en el Chaco y el bosque Chiquitano, mientras que en áreas con menor presión (p.e. Pando) no se han realizado estudios sobre el hábitat o la abundancia de la especie.
Aunque Bolivia alberga una importante población de jaguares, nuestros resultados sugieren que existen aún importantes vacíos de conocimiento sobre dicha especie en nuestro país, entre ellos: 1) Aspectos sobre la ecología de la especie (p.e. densidad, dieta y comportamiento territorial) y sus variaciones a lo largo de su área de distribución; 2) El estado de las poblaciones de jaguar en muchas áreas, en especial fuera de las áreas protegidas y dentro de territorios indígenas, así como en regiones menos estudiadas como en las sábanas del Beni y en los límites altitudinales de su área de distribución; 3) Cuáles son las diferentes poblaciones en el país, su variabilidad y estructura genética, a su vez la conectividad entre las mismas; 4) Impacto de la pérdida de hábitat y presas en la ecología y dinámicas poblacionales; 5) El impacto del tráfico en las poblaciones de jaguar, sus efectos y dinámicas poblacionales y cuáles son las medidas más eficaces para reducir esta amenaza; 6) El impacto del conflicto con actividades humanas y cuáles son las medidas más eficaces para mitigar o reducir los ataques al ganado y los conflictos con la gente.










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