1. Introducción
El imperio incaico se estableció hace unos 550 años y llegó en su extensión máxima entre los 26°S y 6°N, poco antes de la conquista española. Con anterioridad, en la misma región, ya se habían desarrollado otras culturas andinas, por lo que es posible admitir la ocurrencia de cambios notables en el uso de la tierra y en las circunstancias de vida en general. El objeto del presente estudio es lograr una aproximación a las raíces paleoecológicas de los fenómenos culturales. A través del análisis de pólenes y esporas se busca una visión retrospectiva de los últimos 5.000 años1), con la intención de conocer la repartición de las plantas características y por lo consiguiente el clima correspondiente. A este respecto, surgen las siguientes interrogantes:
1.- ¿Qué conclusiones relacionadas con la geografía vegetal permite la palinología?
2.- ¿Estaba regionalmente diferenciado el clima hace aprox. 5.000 AP?
3.- ¿Cambió notoriamente el paleoclima hace unos 3.500 - 3.000 AP?
La arqueología acepta que el establecimiento inicial de la población andina se hizo en núcleos aislados: se aprovecharon los oasis fluviales, los valles altos, las cuencas interandinas o el pie de monte oriental (región subandina, en valles de la zona pedemontana). A pesar de ello, y de forma excepcional, pudo darse una expansión amplia, como aquellas de Chavín, Tiahuanacu, Huari y de los Incas. La ocurrencia de estos casos puede atribuirse a cambios climáticos, o por lo menos, se puede aceptar una fuerte influencia de este factor. Sin embargo, la aceptación de esta hipótesis plantea otras interrogantes, de tipo paleoetnológico:
4.- ¿De qué forma influyó el clima en la alimentación de ciertas culturas andinas?
5.- ¿Se puede aceptar que ciertas poblaciones establecidas en las riberas de ríos y lagos, y en la costa pacífica, migraron como consecuencia de cambios climáticos?
6.- ¿Qué disciplinas se pueden conjugar en tales estudios paleoambientales?
Resumiendo, se trata de una reconstrucción del paleoclima ya publicada en Graf (1992); pero ahora, con base en la bibliografía arqueológica, se pretende buscar relaciones con la presencia y actividad humana según las preguntas específicas mencionadas. No se trata de un determinismo climático, pues el paleoclima es solamente una de las razones, que seguramente juega en conjunto con aspectos culturales y antropológicos.
2. Regiones estudiadas
Los sitios de los estudios palinológicos que se presentan se extienden a una distancia de aproximadamente 2.500 km y suman cinco perfiles:
* Cayambe, Ecuador, a 0º, una turbera en la pendiente, glaciada en el Pleistoceno
* Ríos Casma/Sanjón en Perú, a 9º resp. 6ºS, sedimentos fluviales, muestreo realizado por Lisa Wells
* Milloc, Perú, a 11ºS, turbera de valle glacial, perforada por Bernard Francou
* Sajama, Bolivia, a 17°S, turbera del área periglacial pleistocénico
* Laguna Aguas Calientes, Chile, a 24°S, turbera ubicada en una pendiente nunca glaciada.
Los perfiles estudiados provienen de regiones con latitud, altitud, clima y vegetación diferentes, por lo que su comparación directa no es factible. Sin embargo, se dispone de resultados palinológicos que por lo menos caracterizan cada localidad en su propio cambio ecológico relativo. Además tratamos de estandardizar estos cambios polínicos en los perfiles, lo cual permitiría discutir estos datos secundarios al final de este estudio.
El intervalo de tiempo considerado es de 5.000 años. Las dataciones fueron realizadas en el Laboratorio de Radiocarbono del Instituto Geográfico de la Universidad de Zurich y, en algunos casos, con el acelerador de masas AMS de la Escuela Politécnica de Zurich-Hönggerberg. Las dataciones del perfil Milloc fueron hechas por el ORSTOM en Bondy /París, y las del perfil Río Sanjón por el Laboratorio SMU de Dallas/Texas. Para comparación, también se usan fechas C14 provenientes de contextos arqueológicos.
3. Condiciones ecológicas actuales
3.1. Topografía
Los Andes forman una alta montaña, prácticamente continua en todo el área investigada y se dividen en diversas ramas principales. Su disposición norte-sur hace que, durante épocas glaciales, se comportó como una barrera enorme que obstaculizó las migraciones y los intercambios oriente-occidente. Por el contrario ella facilitó múltiples posibilidades migratorias y contactos en dirección norte-sur, lo que posee importancia no sólo para la vegetación andina natural, sino también posiblemente para la expansión espacial humana. Mientras tanto, las condiciones postglaciales permitieron al hombre moverse siempre.
En los sectores andinos considerados son frecuentes los picos de 6.000 m de altitud, por lo que, en muchas áreas, se encuentran murallas morrénicas correspondientes a la última época glacial. No obstante la glaciación actual es muy esporádica, y se encuentra ausente desde los Volcanes Sajama e Inacaliri (18º25’S) hasta el Llullaillaco (24º45’S/68º45’W, 6720 m). Los fenómenos periglaciales ocurren regularmente por encima de los 4.500 m, por ejemplo se forman rayas, polígonos y lenguas de piedras. En consecuencia, es posible encontrar una escala de pisos altitudinales que va desde el nivel del mar hasta el piso nival, o por lo menos subnival, y esto dentro de una distancia horizontal de sólo 50-100 km. Como cazador, o como agricultor, frecuentemente el hombre usaba franjas de tierra ubicadas dentro de diferencias altitudinales muy grandes; este hecho dió lugar a que se formara un sistema económico de archipiélago andino que sigue funcionando hasta tiempos actuales (Schoop, 1982).
En muchas regiones se pueden encontrar desiertos con arenales y dunas; sus extensiones disminuyen de sur a norte. Los desiertos más ámplios se encuentran cerca a la línea del trópico de Capricornio, en el borde litoral. En el Ecuador se reducen a sitios aislados, ellos pueden estar ubicados a lo largo de ríos interandinos, o en laderas muy expuestas al viento (ej. Chimborazo, a 1º25’ S/78º45’ W, a 4.200msnm). Si bien estos sitios constituyen fuertes barreras que obstaculizan la expansión de los vegetales, no ocurre lo mismo con la migración del hombre, que no está supeditada a tales constelaciones ambientales; este hecho explica la aplicación múltiple de riegos en oasis.
3.2. Pisos altitudinales de la vegetación y del clima
La exposición anterior deja ver que en los Andes tropicales se hace necesario tener en cuenta las grandes diferencias altitudinales. Adicionalmente, es necesario considerar las fuertes variaciones diurnas de temperatura, ya que hacen que el bosque de la montaña se restrinja a alturas inferiores a los 3.000 msnm en el Perú septentrional, a veces a unos 3300 m en latitudes altiplánicas. Por el contrario, las temperaturas anuales varían poco, lo que permite una delimitación bien definida de los pisos altitudinales. En realidad, el régimen de las temperaturas fija la secuencia típica de la vegetación, la que se presenta de forma resumida en la fig.2 para regiones húmedas, regiones secas y para áreas de cultivo. Se refieren sólo aquellas plantas que tienen cierta importancia palinológica.

Fig. 2: Los pisos altitudinales en los Andes de Bolivia y del Perú, con informaciones sobre el clima y unas plantas típicas de interés palinológico y arqueológico
Regionalmente, las precipitaciones varían mucho en los Andes. A este respecto, se presenta un contraste muy marcado entre las áreas desérticas de la costa de Chile septentrional y del Perú, y las de la pendiente oriental de los Andes. En la faja subandina las lluvias presentan valores anuales hasta 2400 mm. En las partes cordilleranas altas, la pluviosidad registra valores que alcanzan los 700-1000 mm (ver Hoffmann, 1975). Se considera que este hecho se debe a la influencia de tres factores principales: vientos occidentales, convección tropical y vientos alisios, los que a su vez dan lugar a una sucesión de épocas secas con épocas de lluvia. En la mayoría de las cordilleras estudiadas, las épocas lluviosas se extienden desde noviembre hasta abril, cuando el clima es semiárido a semihúmedo. No cabe duda que este hecho complica la interpretación palinológica, pues la producción y la conservación de polen difieren muchísimo por efecto de la humedad local. La circulación atmosférica influye también en los resultados palinológicos. Es común que el polen sea transportado a grandes distancias por el viento, como consecuencia de lo cual no es extraña la presencia de palinomorfos alóctonos. No es posible solucionar el problema del transporte a distancia, aunque se hace necesario detectar el medio de transporte predominante, para así tener una idea del polen potencial. En cuanto a los rasgos principales de la circulación atmosférica en los Andes, se puede resumir que los vientos occidentales influyen en la parte septentrional de Chile, ya que ellos arrastran frentes fríos y ocasionan precipitaciones. No obstante, su importancia palinológica es casi nula, ya que provienen del desierto litoral. En razón de lo anterior, el presente estudio se restringe a la consideración de los vientos orientales o alisios, que vienen de la montaña y de la llanura amazónica, zonas con mucha lluvia y una vegetación exuberante. Los anticiclones que influyen sobre el Pacífico sur y el Atlántico sur, estables durante todo el año, favorecen el transporte continuo de aire y de polen. Por los objetivos perseguidos, las consideraciones e interpretaciones se basarán sobre todo en el estudio del polen de árboles y de ciertas plantas escogidas o típicas.
4. Advertencias sobre métodos, datos y su presentación gráfica
Uno de los objetos de este estudio es la reconstrucción de la distribución vegetal y del clima correspondiente. El trabajo se basa en el procesamiento de datos palinológicos que se obtuvieron usando el método tradicional (acetólisis, mallas de 160 micrones, tratamiento con ácido fluorhídrico, ácido clorhídrico y separación gravimétrica, conservación en glicerina). Las microfotografías (diapositivas) se comparan con muestras de polen actual. La vegetación local se refleja sólo parcialmente en las muestras palinológicamente analizadas; la deficiencia se debe, por un lado, a la diferencia en la meteorización y conservación según el tipo de polen, y por otro, a la capacidad de producción polínica de las diversas plantas. Por esta razón, es necesario no olvidar que una preselección influye cada muestra palinológica. En definitiva, el problema no es sólo cuantitativo, ya que, por ejemplo, gramíneas y compuestas suman cantidades de polen, pero su valor interpretativo es muy reducido. Por ello, en un determinado perfil, se hace necesario seleccionar los palinomorfos que se consideran característicos, es decir aquellos que permiten determinar ciertas formaciones o asociaciones de plantas. Por ejemplo, se pueden mencionar Azorella y Ephedra para la puna, ya que caracterizan a la zona altiplánica fría y seca. Ciperáceas e Isoëtes reflejan fases o sitios localmente húmedos. Un grupo bien específico es el de las plantas cultivadas, que están acompañadas por malezas. Entre las plantas con polen identificable se pueden citar el maíz (Zea mays), los frijoles (Phaseolus), el algodón (Gossypium; G. barbadense en el caso de América del Sur), y con cierta restricción, las calabazas (Lagenaria) resp. el zapallo (Cucurbita), la quinua (Chenopodium quinoa), el Plantago (llantén) y la Urtica (itapallo). A falta de indicios palinológicos en un determinado horizonte o en un lapso de tiempo definido, se puede recurrir a testimonios arqueológicos, lo que consiste en tratar de identificar los ornamentos vegetales de las cerámicas, tales como la papa (por ejemplo en Moche, a 200 AC-700DC; Pachacamac a los 1.000 DC), el maní y el ají (Nasca a los 100-600 AC; Moche a los 500 DC). En estos casos se trata de plantas utilizadas en la alimentación, pero puede recurrirse también a plantas que proporcionan fibras (cactáceas, juncos y algodón).
En el caso de plantas de cultivo puede, adicionalmente, utilizarse bibliografía arqueológica, botánica y antropológica. Visitas a diversos museos e institutos han sido muy ilustrativas a este respecto: Museum für Völkerkunde (Berlín), Museo arqueológico (Arica), Museo de Arte precolombino (Santiago de Chile), Tiahuanacu, Lima (Museo de Arqueología), y otras instituciones de Cuzco, Quito y Bogotá. El intercambio de ideas informativas con algunos especialistas fue directo, por ejemplo con Gloria Rojas (de Santiago), Francisco Mena (de Santiago), Lautaro Núñez (de San Pedro de Atacama); a ellos deseamos expresar nuestro reconocimiento. La comunicación epistolar (en 1988) fue la forma de contactar especialistas en arqueología a quienes se solicitó el envío de muestras de suelos de sitios de excavación, de los que se poseían dataciones; es así como se entabló cooperación con Jorge Kaltwasser (Santiago de Chile), Roberto Bárcena (Mendoza), Miguel Angel González y Alicia Fernández Distel (Buenos Aires), y Lisa Wells (Boulder, Colorado/EEUU). Este medio permitió la obtención de información sobre plantas cultivadas prehistóricas.
Con el objeto de facilitar las comparaciones, se preparó un catálogo, aún incompleto, del polen de las plantas cultivadas; se trata de un listado con fotos de los tipos de polen cuya presencia se supone posible en perfiles polínicos (tablas II-V, Graf, 1992).
5. Resultados: los datos de los diagramas de polen
Con el análisis de polen se trata de conseguir unas informaciones sobre la densidad y la edad de la vegetación. Con tales aspectos cuantitativos se podrían obtener conclusiones sobre el uso de la tierra, directamente, o sobre el paleoclima y con esto sobre las posibilidades y condiciones de la agricultura, indirectamente. Para facilitar comparaciones, los resultados palinológicos se presentan de forma comprimida en la fig. 3 (ver también Graf, 1992). Uno se da cuenta que las gramíneas dominan completamente en regiones áridas (Aguas Calientes, Sajama), que las compuestas se presentan en porcentajes elevados en todos los perfiles, mientras que las cantidades de polen del aliso (Alnus) varían mucho; por ejemplo, están prácticamente ausentes en Aguas Calientes, y de ahí aumentan poco a poco hacia el Norte, porque este arbolito prefiere un clima húmedo. En el caso de Sajama, los parámetros palinológicos indican que el clima hace 2.500 años era algo menos húmedo que hoy, pero hace 4.100 años algo más húmedo. El diagrama de Milloc deja ver que el clima fue un poco más seco que el actual en todas las zonas del diagrama, es decir en el Holoceno temprano y media, aunque las condiciones no alcanzaron las de una completa aridez. El diagrama de Cayambe, que actualmente corresponde al páramo húmedo, contiene más polen del aliso, y el clima fue especialmente húmedo hace 5.000 años, mientras que hace 2.000-2.500 años reinaba un clima un poco menos húmedo que el actual.
Los diagramas contienen además informaciones sobre plantas cultivadas en chacras. Por ejemplo en el perfil Río Casma/Río Sanjón, se han encontrado granos de polen de maíz y de algodón, faltando en los cuatro perfiles anteriormente mencionados; es decir hay polen de Malvaceae allí, pero pertenece a otros géneros, sobre todo a Nototriche. El caso inverso ocurre con las Chenopodiaceae. Mientras este polen pertenece muy probablemente a la quinua cultivada en el Altiplano, Chenopodium quinoa, el polen de la misma familia corresponde en el Río Casma/Río Sanjón a arbustos típicos del desierto litoral, del género Atriplex. En este caso, no se llega a diferenciar efectivamente el polen dentro de la familia, pero en base a conocimientos adicionales sobre el cultivo de ciertas plantas, se logran conclusiones palinológicas. Es igual con las gramíneas (Poaceae) y compuestas (Asteraceae); sirven en ciertas regiones como plantas de uso, sea para pastoreo o sea para cocinar con leña. De tal manera puede disminuir su porcentaje en caso de uso intenso.
Acabamos de discutir unos pocos tipos de polen encontrados, y ésto con una demostración de solamente cinco diagramas. En forma más completa, la información correspondiente está descrita en Graf (1992), incluyendo unos 25 perfiles propios y además muchos perfiles de otros autores. Indican cada vez cambios de la paleo vegetación y del paleoclima. Estos resultados serán discutidos en el capítulo siguiente, como una síntesis.
6. Conclusiones
6.1. Aspectos antropogeográfícos relacionados con la paleovegetación
Las tendencias de la paleovegetación no se manifiestan claramente en los diagramas de polen discutidos, ello se debe seguramente a su poca variación durante el Holoceno, y al poco tiempo que tuvieron para adaptarse. No obstante, es posible anotar ciertas observaciones, relaciones y posibilidades.
Las Cactáceas (Cereus, Opuntia) son endémicas del neotrópico, también lo son diversas solanáceas (ají, papa, pepino, tomate) y unas ciperáceas (ciertas especies de Carex y Luzula), en razón de ello es posible encontrarlas en culturas tempranas. Lo mismo puede decirse de ciertas especies y variedades de algodón y de batata o camote (Ipomoea batata). El molle, llamado también falsa pimienta (Schinus molle), es otra planta originaria de los Andes tropicales.
Hay con toda seguridad plantas inmigradas desde América del Norte, tal como el roble (Quercus) y el nogal (Juglans). Las opiniones difieren en lo que se refiere a la introducción del maíz y del amaranto por el hombre; su migración desde el norte es la opinión más aceptada, sin embargo, nos parece que un origen neotropical no debe descartarse completamente.
Existen otras plantas de cultivo que no son de origen sudamericano, por lo que no se las encuentra en muestras palinológicas cuyas edades son anteriores a 450 años AP, que fue cuando fueron introducidas; entre ellas pueden citarse, por ejemplo, el arroz (Oryza sativa) y otros cereales (avena, caña de azúcar, cebada, trigo), café (Coffea), uva (Vitis vinifera), haba (Vicia fabo) y muchas malezas (por ejemplo Erodium, Capparis, Rumex). Faltan entonces en muestras palinológicos de mayor edad. A este grupo pertenecen también diversos árboles, es decir el eucalipto, el pino, el ciprés, Juniperus, Thuja, Populus, frutales de rosáceas (Prunus), todos los agrúmenes (Citrus) y el plátano (Musa).
Por la acción de los animales domesticados introducidos (caballo, vaca, cabra, cerdo y oveja), la vegetación cercana a los pueblos se hizo pobre y fue reemplazada por pajonales, efectos del uso monótono del suelo y del sobrepastoreo. La deforestación afectó también a la vegetación; Van der Hammen y Correal (1978, p. 186-189) observaron rasgos de una gran deforestación entre 500 AC -1600 DC en la sabana de Bogotá; paralelamente, lluvias fuertes ocasionaron una erosión intensa del suelo.
6.2. El clima en el hipsitermal postglacial, hace 5.000 años, y el enfriamiento hace 3.500 años
El análisis de polen proporciona, en primer lugar, información relacionada con la humedad. En la fig. 4 se presenta una diferenciación regional de las precipitaciones, según la síntesis de Graf (1992). Se estima que hace 5.000 años se produjó un aumento de las lluvias en Chile central y septentrional, Bolivia meridional y Ecuador; por su parte, Perú, incluyendo el área del Lago Titicaca, poseía una humedad algo menor que la actual, pero un poco mayor que la de épocas anteriores. La corriente marina de Humboldt ha perdido influencia en latitudes de 35-37°S; en consecuencia, el drift de vientos occidentales dió lugar a una precipitación ciclonal mayor en toda la región estudiada, con excepción de Ecuador, que se mantuvo al margen. Mourgiart (1987, p. 170-173), en base al estudio de los ostrácodos, establecen que el nivel del Lago Titicaca correspondiente llegó a aprox. +20m entre 5.000 y 2.500 AC, después se produjo una regresión entre 2.500 y 1.600 AC, para luego establecerse un nuevo período de alto nivel. Sin embargo Mourguiart (com. pers.) admite que no debe relacionarse necesariamente con la precipitación directamente, sino depende al mismo tiempo de la temperatura y evaporación elevadas.
En los períodos siguientes la situación general cambió; a partir de aprox. 1.500 AC hasta 1.000DC, en la franja de la costa peruana se estableció un clima más húmedo que el actual, este régimen pudo haberse extendido hasta la puna de Atacama. Es posible que la influencia del fenómeno de El Niño se hubiera dejado sentir de manera intensa. Creemos que la cultura Tiahuanacu pudo haber aprovechado tales oscilaciones mencionadas del nivel del lago.
S. Servant (1982, p. 182) menciona la presencia de diatomeas lacustres de 3.500-3.000 AP en el Altiplano boliviano; esta ocurrencia indicaría un clima probablemente más húmedo, y seguramente más frío que el actual . No está claro si esta fase relativamente húmeda fue causada por la intensificación del invierno o sólo era el resultado de un enfriamiento (com. personal de M. Servant). No obstante la duda, es importante saber que en este período se produjo un cambio abrupto en el clima. En comparación con la situación reinante en 5.000 AP, el clima en el Altiplano y en el litoral chileno-peruano se hizo más húmedo, y la tendencia al incremento se mantuvo hasta el presente. Recientemente, a partir de unos 500-1000 AP, la influencia de El Niño se debilita, este hecho acompaña la desertificación de la puna de Atacama y del litoral peruano. De acuerdo con la escasa información disponible, las regiones montañosas y subandinas del Perú y de Bolivia han experimentado sólo pequeños cambios climáticos, con excepción, quizá, de la ocurrencia de un período lluvioso que se ha acentuado durante el Holoceno tardío.
6.3. Nutrición y desplazamientos de culturas andinas
Es muy posible que las condiciones climáticas hayan influido, o aún determinado, la colonización indígena, ya que el régimen climático puede ser propicio o adverso a cazadores y recolectores, y luego a agricultores y alfareros. Discutimos ahora las condiciones en tres zonas, que son la costa, la sierra y el oriente.
Se estima que la pesca fue fundamental para la vida prehistórica en la costa peruana; Lanning (1963) y luego T.C. Patterson (1971, cit. En Chevalier, 1993, p. 51/52) explican así la emigración desde las lomas peruanas hacia la región litoral. Sin embargo esta hipótesis es muy criticada y contestada por Lynch (1974),Raymond (1981),Bonavia (1984),Chauchat (1987)yChevalier (1993), porque no hay una concordancia estricta de fechas entre una posible desertificación de las lomas a 3.500 AC y la sedentarización que empezaría en 4.500-5.000 AC. De todos modos había plantas cultivadas de importancia extraordinaria: el maíz (Zea mays) y el algodón (Gossypium barbadense) ya estaban presentes en los países andinos tropicales durante el Holoceno temprano (Bonavia, 1984, p. 26/27). Felizmente, su polen es de fácil identificación. Por nuestra parte, podemos mencionar que en estratos del Holoceno temprano del perfil Wasa Mayu (17°32’S/65°49’W, 2720m, Graf 1992, p. 19) se ha encontrado polen de maíz. Además, la presencia de calabazas (Lagenaria) ha sido reportada en épocas tempranas. Referencias de tales plantes de cultivo temprano pueden encontrarse en Herzog (1923),Horkheimer (1960, pp. 80/81),Rojas (1991),Weberbauer (1945) yWeir y Bonavia (1985, p. 130-134).
La pesca fue favorecida por la corriente de Humboldt, que fue muy intensa durante el Holoceno temprano y medio. Al acentuarse el fenómeno de El Niño, se desfavorecían las condiciones de la pesca en el Holoceno tardío; es probable que en esta última época, a causa de la corriente marina, el hombre iniciara la irrigación de la tierra (probablemente hacia 2.000 AC) y el cultivo de los frijoles y pallares (Phaseolus), zapallo (Cucúrbita), pepino (Solanum muricatum), caigua (Cyclanthera pedata), lúcuma (Lucuma obovata o Pouteria lucuma) y varias frutas tropicales como la guayaba (Psidium guajaba), el aguacate (Persea americana), el pacay (Inga feuillei) y la guanábana (Annona muricata). Por el contrario, en ciertas ocasiones, las poblaciones pudieron verse obligadas a dejar sus sitios de asentamiento por causas climáticas, por ejemplo, en razón de los peligros que conlleven las inundaciones. Las migraciones condujeron los grupos indígenas hacia los Andes, los valles interandinos y el interior del continente. Según Guffroy et al. (1989, p.148), entre 7.500 y 1.000 AC, las conchas de Anadara sp. que se obtenían de los manglares del Río Piura (5°10’S/80°10’W), servieron de alimento a la población, pero es posible que alrededor de 3.000 AC, el grupo humano hubiera migrado como consecuencia de la desecación de los pantanos, lo que ocurrió por mayor evaporación y humedad reducida. Todo esto es algo especulativo, pues Moche, Nazca, Chimú y otras culturas de la costa peruana eran muy importantes y se establecieron en oasis más tarde, oponiéndose al régimen puramente climático.
Se estima que la colonización indígena tuvo características diferentes en la sierra, incluyendo el Altiplano; en esta región los asentamientos se hicieron en núcleos aislados, ubicados en las cercanías de las fuentes de agua dulce. En razón de la sequía climática general del Holoceno temprano y medio, el hombre, como agricultor, se instaló en esta región relativamente tarde. Puede decirse que las culturas de Chavín (800-200 AC), de Tiahuanacu y Huari (300 AC-1200 DC) y el imperio incaico (sobre todo desde 1438 hasta 1532 DC), fueron el resultado de un incremento paulatino de la humedad. Esta reconstrucción del clima se efectuó mediante datos palinológicos (ver punto 6.4). La base de tales culturas constituyeron el maíz, la quinua (Chenopodium quinoa) y varios tubérculos, incluso la papa (Solanum tuberosum), cuyo cultivo se dispersó sobre el área entero de los Andes tropicales. Las calabazas (Lagenaria) también ocurren en épocas tempranas. Se mencionan también en el mismo contexto el amaranto (Amaranthus montegazzianus), el tarhui (Lupinus mutabilis) y, creciendo en niveles bajos, el tabaco (Nicotiana). En otras palabras, el dominio de la población se trasladó a la sierra desde las zonas bajas durante el Holoceno superior. No obstante, la migración no fue total, ya que en el Altiplano meridional argentino, cerca a Antofagasta de la Sierra (26°4’S/67º23’W, 3.400-3.800 m), se encuentran terrazas de cultivos abandonadas, que se originan en el Holoceno medio (Oliveira, según com. personal de A.R. Prieto).
En la faja subandina del oriente, se encuentran muy excepcionalmente núcleos humanos correspondientes al Holoceno temprano. En Colombia, Van der Hammen y Correal (1978, p. 186/187) comprueban una declinación de la población en la Sabana de Bogotá entre 3.000 y 500 AC; esta situación pudo ser consecuencia del establecimiento de un clima seco que, ocasionando la contracción de las áreas húmedas abiertas, pudo causar la disminución de las posibilidades de caza; esta cadena de acontecimientos pudo, finalmente, desembocar en una migración hacia el oriente. Además se conocen resultados antropológicos del departamento boliviano del Beni. En el año 1985, el antropólogo Peter Schmid (Zurich) realizó estudios de campo en las cercanías de San Borja; entre los resultados se incluyen dataciones con edades de 980±170 AP (UZ-2161) y 2830±260 AP (UZ-2155). Para la región puede admitirse que en el Holoceno tardío el clima fue más favorable y un poco menos lluvioso. Es muy probable que en el Holoceno temprano el clima fuera menos húmedo, en razón de lo cual las inundaciones pudieron haber disminuido, produciéndose un desecamiento de muchos pantanos. Es posible que esta situación haya favorecido las condiciones de salud y bienestar. Se pueden citar dos casos específicos que se relacionan con este aspecto; uno se relaciona con la costa central del Brasil, donde Perota (1993, p.60) ha observado tres niveles de descenso del mar, que corresponden a 5.100-3.900 AP, 3.600-2.700 AP y un período posterior a 2.500 AP; este autor deduce que lagos y turberas se han desecado afectando a pescadores y recolectores. El otro caso se relaciona con la descripción que hace Miller (1993, p.9) de las influencias paleoambientales de las erupciones volcánicas en la pampa j unto al Río Uruguay; este autor estima que las temperaturas elevadas, a partir de 7.500 AP, pudieron favorecer a los recolectores de moluscos del pantanal.
Resumamos esta discusión paleoambiental:
Muchos animales silvestres están directamente relacionados con las condiciones de alimentación de las poblaciones. Lo mismo puede decirse de muchas plantas de cultivo como el maíz, la calabaza, el ají (Capsicum), la chirimoya (Annona cherimolia), la mandioca o yuca (Manihot utilissima), el camote o la batata (Ipomoea batata), la lechosa o papaya (Carica papaya), el maní (Arachis hypogaea), y árboles como la yubía (castaña) que produce la nuez del Brasil (Bertholletia excelsa), el algarrobo (Prosopis), el chañar (Geoffrea decorticans), la ciruela del fraile (Bunchosia armeniaca) y la palta (Persea americana). Muchas veces permiten incluir resultados arqueológicos, paleoclimáticos, geográficos y ecológicos; nos dedicamos al conjunto de tales aspectos en el próximo punto.
6.4. Síntesis y comparación con los resultados de otras ciencias
Del análisis precedente puede concluirse que la palinología puede constituir un buen instrumento para la reconstrucción paleoambiental, ésto sobre todo cuando se refiere al paleoclima y a la paleovegetación; sin embargo, es necesario reconocer que los resultados son sólo provisionales. Si bien proporcionan indicios que permiten establecer vínculos climáticos para ciertos núcleos culturales, la precisión de la datación de los eventos resulta muy relativa, ya que oscila dentro de un intervalo de aproximadamente 500 años.
En cuanto a las primeras tres interrogantes formuladas en la introducción, podemos concluir lo siguiente:
Teniendo en mente las consideraciones anteriores, es posible establecer la siguiente secuencia sumaria del paleoclima. Hace 6.000 - 5.000 AP reinaba un clima favorable, con una temperatura aproximada de 1 °C más alta que la actual; en la Cordillera Occidental y en la costa, la temperatura se complementaba con condiciones de mayor humedad. En este período se produjo el establecimiento de muchas poblaciones, cuyos sitios arqueológicos se sitúan hoy en la costa. Además se conocen sistemas de transhumancia e intercambio social en el área de Atacama. En el siguiente período, los efectos favorables de la temperatura disminuyeron, de modo que sólo en sitios aislados, como en los Andes y los valles intermedios, se formaron núcleos persistentes. Baied (1991, p. 114-117) establece que en los Andes chilenos, hace 5.000 AP, a 17°S, se reactivó la ocupación por parte de pastores; no obstante, en este caso las condiciones climáticas no están claramente establecidas, pues se trata de una zona limítrofe de alisios y vientos occidentales; a pesar de ello, es probable que los cambios ambientales hubieran sido débiles. De la misma forma, no existe consenso de opiniones en torno al clima de la costa peruana a partir de los 5.000 AP, aunque parece que allí las condiciones fueron más favorables debido a una mayor humedad Chevalier, 1993, p. 375). A partir de los 3.500-3.000 AP se establecieron condiciones algo más húmedas en el Altiplano; es probable que como consecuencia de este fenómeno la inmigración desde la costa se hubiera intensificado, sea para el establecimiento de poblaciones en la región, o como una zona de paso hacia el oriente; el descubrimiento de muchos sitios de interés arqueológico en la región puede reflejar esta situación. Fue ciertamente un factor demográfico - ahí por ejemplo se multiplican los centros ceremoniales en la costa y se intensificó la migración desde la costa hacia la sierra, y también hacia el oriente. Finalmente, hay que indicar que el clima que se instaló desde los 1.500 DC fue un poco menos favorable, y es seguro desde entonces que el fenómeno de la desertificación esté ligado con esta circunstancia.
Lógicamente, los cambios mencionados influyeron sobre la vegetación. En épocas de climas extremos pudieron surgir o intensificarse las barreras que afectaban la migración de las plantas; por ejemplo, la formación del desierto de Atacama pudo influir sobre la migración norte-sur, o la presencia de la zona altoandina, ampliamente glaciada anteriormente, pudo frenar el intercambio vegetal oeste-este. Es probable que como consecuencia de factores como los anteriores, durante el Holoceno, se hubieran formado muchas regiones u hoyadas aisladas en las que el hombre debió intensificar el cultivo de plantas. Por eso, no había inmigraciones intensas de la vegetación natural. Al contrario el hombre introdujo intensamente muchas plantas de cultivo, cambiando el aspecto general del paisaje.
Si se intenta una interpretación histórico-cultural, correspondiente a las interrogantes 4 y 5 de la introducción, se puede establecer una clasificación de las comunidades indígenas. A este respecto, se puede aceptar que las poblaciones litorales constituyen un primer grupo. Se sabe, por ejemplo, que ellas han sufrido una declinación desde 1.000 AP por la influencia de la corriente de Humboldt, y por la sequía. Las poblaciones circumlacustres constituyen otro tipo de comunidades, tal es el caso de aquellas que se desarrollaron al borde de los lagos antiguos en el Altiplano y en los valles interandinos. Como ejemplo de este grupo se pueden citar los habitantes del área de San Pedro de Atacama que se establecieron a orillas del Lago Tuyajto, donde se ha encontrado obsidiana trabajada en talleres; existen otros casos en Bolivia (Chipaya a 19°5’S/68°5’W; Cochabambaa 17º23’S/66º9’30"W; Tiahuanacu a 16°33’S/68°33’W), y en la Sabana de Bogotá. Otro tipo de pueblos son los que se desarrollaron en la ribera de los ríos, es decir, en oasis fluviales o en vegas; Messerli et al.(1992, p. 268) mencionan el caso del valle del Río Purifica (22°18’S/ 67°47’W), pero también existen otros, por ejemplo en Talabre Viejo (23°18’S/67°47’W) y en la Quebrada de San Lorenzo (la datación indica 11.600 AP); el establecimiento de estas poblaciones se produjo en el Tardiglacial y el Holoceno temprano; posteriormente, en el Holoceno medio, se presentó una crisis (“silencio arqueológico” 8.500-5.000 AP, com. personal de Nuñez), al igual que en tiempos recientes. Una secuencia similar se encuentra al oeste del Sajama. La cueva de Hakenasa (17°52’S/69°18’30"W, 4150m), situada casi al borde del río Cosapilla, entre 8.400 y 3.000 AP funcionó como refugio (Santoro y Nuñez 1987, citado por Baied 1991, p.7). Aunque posteriormente fue abandonado, se considera que el cambio de las condiciones climáticas pudo haber sido la causa para el inicio de la migración en el Holoceno medio. Otro ejemplo es el de la cueva de Telarmachay, que se encuentra a 4.420 m de altura y está cerca a Junín (Lavallée, et al. 1985); su primera ocupación parece haber tenido lugar ya entre 10.000 y 7150-6750 AP, cuando el clima era más seco que el actual, y las condiciones de caza eran más favorables; durante el Holoceno medio y tardío el clima se tomó cada vez más húmedo, gracias a lo cual los asentamientos pudieron ocurrir en condiciones más adecuadas. De esta forma, los Andes se constituyeron durante mucho tiempo en una región de clima favorable para el hombre, a lo que quizá deba también atribuirse el hecho que funcionara como puente para las migraciones transandinas.
Para concluir con la interrogante 6, debemos mencionar que algunos autores son de la opinión de que no existe necesariamente una interrelación directa entre eventos paleoclimáticos y el establecimiento de poblaciones indígenas (Nuñez y Santoro, 1990, p. 101;Stothert, 1985, p. 629). Sin embargo, es innegable que se hace necesaria la conjunción de varias disciplinas para resolver de forma adecuada los problemas planteados; en el caso específico que nos ocupa, debe recurrirse a disciplinas como la antropología, la arqueobotánica, la arqueología, la etnología, la geografía vegetal y la paleoclimatología. Es en este orden de cosas que en el presente trabajo se ha intentado compilar e interpretar de forma coordinada la información proporcionada por las diferentes disciplinas.
Finalmente, debemos dejar establecido que somos conscientes de que las conclusiones alcanzadas son aún provisionales, pues ellas sólo se basan en un mosaico de indicios prehistóricos, además de estar afectadas por la imprecisión de los análisis polínicos, que no resuelven los problemas fundamentales de la reconstrucción paleoambiental. La información que proporcionan es incompleta, por ser esporádica y estar restringida geográficamente, y además, en muchos casos sólo conducen a conclusiones indirectas.
Fe de errata
En el artículo "El paleoclima de la América Preincaica. Interpretación palinológica" del Dr. Kurt Graf, que apareció en el N° 27 de la Revista"Ecología en Bolivia", existe un error grave en los límites geográficosentre Perú y Ecuador, indicados por el autor en la Fig. 1. Este error no fuedetectado por el Comité Editorial, por lo que pedimos disculpas anuestros amigos peruanos.
El Comité Editorial.











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