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Temas Sociales

versión impresa ISSN 0040-2915versión On-line ISSN 2413-5720

Temas Sociales  no.57 La Paz nov. 2025  Epub 30-Nov-2025

https://doi.org/10.53287/dzoz1090fo26e 

APORTES

Lactancias y lactivismos: producción económica y reproducción social en el capitalismo neoliberal*

Breastfeeding and lactivism: economic production and social reproduction in neoliberal capitalism

J. Alejandro Barrientos Salinas1 
http://orcid.org/0000-0001-9975-8281

Mariela Silva Arratia2 
http://orcid.org/0000-0001-8797-7356

1Carrera de Antropología, Universidad Mayor de San Andrés, La Paz, Bolivia E-mail: ale.barrientos.salinas@gmail.com

2Laboratorio de Estudios Ontológicos y Multiespecie, Universidad Mayor de San Andrés, La Paz, Bolivia E-mail: mariela.silva.arratia@gmail.com


Resumen

El fenómeno social de la lactancia humana ha sido abordado desde tres enfoques principales: prolactancia, lactivista y feminista. Si bien reflejan diversas tendencias y posiciones, a veces encontradas entre sí, una revisión crítica de los tres abre el debate en torno a la relación contradictoria entre producción económica y reproducción social, en particular, a través del trabajo de cuidados y el suministro de leche materna en la época del neoliberalismo progresista.

Palabras claves: Lactancia humana; alimentación infantil; producción económica; reproducción social; economía del cuidado; (re)producción; neoliberalismo; área rural-área urbana; Bolivia

Abstract

The social phenomenon of human lactation has been approached from three main perspectives: prolactation, lactivist and feminist. Although they reflect different trends and positions, sometimes at odds with each other, a critical review of all three opens the debate on the contradictory relationship between economic production and social reproduction, particularly through care work and the provision of breast milk in the era of progressive neoliberalism.

Keywords: Human lactation; infant feeding; economic production; social reproduction; care economy; (re)production; neoliberalism; rural area-urban area; Bolivia

INTRODUCCIÓN

El fenómeno social de la lactancia humana ha sido abordado por lo menos desde tres enfoques: el enfoque prolactancia, el lactivista y el feminista. El primero, promovido desde los estudios biomédicos, destaca las cualidades nutricionales de la leche materna y los beneficios psico-afectivos de la lactancia exclusiva. El segundo, usualmente amparado en los resultados generados por los estudios biomédicos prolactancia y desde un abordaje enraizado en los estudios de género, reivindica la lactancia humana como acto político. En este sentido, el hecho lactante es valorado como fenómeno biocultural asociado con la economía del cuidado y la interdependencia. El tercero, desde la crítica en torno al biopoder, la naturalización de roles, la enajenación del deseo sexual y la violencia sobre los cuerpos, cuestiona el romanticismo en torno a la lactancia humana, discute la lactancia exclusiva a demanda en términos de privilegios de clase, reflexiona sobre las representaciones de las mujeres lactantes e interpela los dispositivos de control sobre el cuerpo de las mujeres.

Los tres enfoques reflejan diversas tendencias y posiciones, a veces encontradas entre sí, pero, de cierta manera, articulan discusiones en torno a la relación contradictoria entre producción económica y reproducción social. En este sentido, retomando los aportes de la filósofa y teórica crítica estadounidense Nancy Fraser (2022), a propósito de la denominada “contradicción social” de las sociedades capitalistas, en las que la producción económica se sobrepone a la reproducción social, desvalorizando el trabajo de cuidados (realizado en su mayoría por mujeres) y considerándolo menos significativo que el trabajo productivo remunerado, en el presente artículo nos concentramos en el caso particular de la lactancia humana y los principales debates desde los tres enfoques antes referidos, con especial atención a la relación entre producción y reproducción en la era del capitalismo neoliberal o, en términos de Fraser, del “capitalismo financiarizado” y el “neoliberalismo progresista”.

Con tal motivo, en los tres primeros apartados desarrollamos un balance sobre los estudios prolactancia, lactivistas y feministas en torno a la lactancia humana, poniendo atención a los aportes, análisis y reflexiones en el marco de la dimensión productiva y reproductiva de la leche materna. Y, posteriormente, sobre aquellos aspectos clave identificados en los tres enfoques, presentamos una discusión inspirada en los aportes de Nancy Fraser (2022) sobre la contradicción social, el trabajo de cuidados y el capitalismo caníbal, para problematizar desde las lactancias y los lactivismos aquellas contradicciones particulares del “neoliberalismo progresista” entre producción económica y reproducción social.

ESTUDIOS PROLACTANCIA

El enfoque prolactancia es característico de los estudios generados desde las ciencias naturales, médicas y, en pocos casos, desde la antropología biológica y física. En el balance presentado por Rodríguez y Tapia (2019), las investigadoras costarricenses sobre lactancia humana distinguen un eje central en torno a lactancia y salud humana, en el cual destacan cinco líneas de investigación frecuentes en este tipo de estudios: la leche materna como fenómeno biológico; lactancia, demografía y política; lactancia y salud infantil; lactancia y salud materna, y lactancia y reproducción humana (p. 3).

Si bien estas líneas están emparentadas entre sí bajo el amparo de las políticas de salud pública y los estudios biomédicos, es posible que el principal sustento del enfoque prolactancia se encuentre en las investigaciones sobre la leche materna como fenómeno biológico, particularmente porque estas investigaciones ponen especial atención en determinar la composición de la leche materna según el periodo temporal de su producción (calostro, leche transición, leche madura), el aporte nutricional en los primeros meses y años de vida y sus beneficios al neurodesarrollo intelectual, afectivo y social.

Los referentes fundamentales para este tipo de estudios son los generados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), por ejemplo, “La alimentación del lactante y del niño pequeño” (OMS, 2010), las “Metas mundiales de nutrición 2025. Documento normativo sobre lactancia materna” (OMS, 2017), o la guía “Protección, promoción y apoyo de la lactancia natural en los centros que prestan servicios de maternidad y neonatología: revisión de la iniciativa hospital amigo del niño(Organización Mundial de la Salud [OMS] y Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia [UNICEF], 2018). Los principales argumentos y directrices que establecen estos documentos oficiales de alcance mundial pueden resumirse en los siguientes puntos:

  • - La lactancia materna es la norma biológica de alimentación de todos los mamíferos, incluidos los seres humanos. La lactancia materna es fundamental para alcanzar los objetivos mundiales establecidos en materia de nutrición, salud y supervivencia, crecimiento económico y sostenibilidad ambiental (OMS & UNICEF, 2018).

  • - Lactancia materna exclusiva (LME) significa que el lactante recibe solamente leche del pecho de su madre o de una nodriza, o recibe leche materna extraída del pecho y no recibe ningún tipo de líquidos o sólidos, ni siquiera agua, con la excepción de solución de rehidratación oral, gotas o jarabes de suplementos de vitaminas o minerales o medicamentos (OMS, 2010).

  • - La LME durante seis meses aporta al lactante la energía y los nutrientes necesarios para su crecimiento y desarrollo físico y neurológico. Después del sexto mes, la lactancia materna sigue proporcionando energía y nutrientes de gran calidad que, junto con una alimentación complementaria sana y adecuada, contribuyen a prevenir el hambre, la desnutrición y la obesidad (OMS & UNICEF, 2018).

  • - La alimentación complementaria es definida como el proceso que se inicia cuando la leche materna no es suficiente para cubrir los requerimientos nutricionales del lactante, por tanto, son necesarios otros alimentos y líquidos, además de la leche materna. El rango etario para la alimentación complementaria, generalmente, es considerado desde los 6 a los 231 meses de edad, aun cuando la lactancia materna debería continuar más allá de los dos años (OMS, 2010).

La mayoría de los estudios prolactancia revisados hasta el momento han priorizado los diagnósticos locales y regionales sobre la relación entre tasas de lactancia materna y, si fuera el caso, los factores asociados con su diminución paulatina, en algunos casos prestando mayor atención al ámbito de la aplicación de políticas públicas, en otros casos a su relación con factores económicos y, también, a factores asociados con las prácticas alimentarias y la malnutrición en el campo de la epidemiología.

En el caso de Bolivia, estos estudios, sustentados en datos estadísticos, priorizan el enfoque cuantitativo de investigación y la mayoría de ellos son promovidos desde los estudios médicos, nutricionales, obstétricos y pediátricos. Bajo esta tendencia, algunos de los estudios inaugurales identificados en la revisión bibliográfica datan de la década de los ochenta y principios de los noventa del siglo XX. Así, por ejemplo, De la Galvez Murillo (1984) advertía para mediados de los ochenta una evidente declinación de la lactancia materna en Bolivia, especialmente en las áreas urbanas y con mayor impacto en las familias obreras y mineras. Poco tiempo después, Bartos (1992), sobre la base de 703 encuestas aplicadas a madres con nivel elevado de escolaridad y condiciones favorables de acceso a servicios de salud en ocho zonas urbanas en Bolivia, determinó que la lactancia es más prolongada en las ciudades del Altiplano, intermedia en los valles y breve en el llano. Entre los principales resultados de aquel estudio destaca que las madres de clase baja amamantan más tiempo que las de clase media. A mayor edad materna mayor edad de destete. A mayor escolaridad, menor la edad de destete. Por otro lado, el promedio de edad de lactancia exclusiva fue de 3,7 meses. En el 64% de los casos la introducción de otros lácteos se registró a partir de los 3 meses. Los motivos principales para ablactación e introducción de lácteos fueron la impresión de “tener poca leche” y el consejo médico, mientras que el trabajo fuera de la unidad doméstica de las madres fue la tercera causa. Con relación al destete, la “falta de leche” es la primera causa; el trabajo fuera del hogar de la madre fue señalado en porcentajes similares a la indicación médica.

En los estudios más recientes a nivel Bolivia es posible advertir ciertos cambios en aquella tendencia preponderante de las últimas décadas del siglo pasado. Así, por ejemplo, Castillo y Grados (2018) establecen que el 61% de los recién nacidos comienzan a mamar dentro de la primera hora de vida; los lactantes entre 0 a 3 meses de edad reciben LME en el 61,8%; y lactantes entre 4 a 5 meses en un 37,5%. Sin embargo, estos mismos autores, con datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) y la Liga de Leche Materna de 2017, advierten que el 70% de las madres bolivianas practican la lactancia materna (Castillo & Grados, 2018, p. 93). De acuerdo con este artículo, las razones principales para este incremento en la tasa de lactancia materna radicarían en la aplicación de la Ley No 3460 de Fomento a la lactancia materna y comercialización de sus sucedáneos y la ampliación de la cobertura del parto institucional; ambas políticas fueron impulsadas desde la primera década del siglo XXI en concordancia con las directrices definidas por la OMS y UNICEF.

En el estudio titulado “Lactancia Materna en los Países Andinos”, promovido por el Organismo Andino de Salud (2020), específicamente en el apartado dedicado a Bolivia, sobre la base de los datos de la Encuesta de Demografía y Salud (EDSA) 2016 (INE, 2019), se puntualiza la siguiente información sobre la situación de lactancia materna y estado nutricional de menores de 5 años:

  • - 95% niños y niñas que lactaron alguna vez.

  • - 58,3% lactancia materna exclusiva en menores hasta los 6 meses.

  • - 70,9% lactancia materna exclusiva en menores hasta los 6 meses en contexto rural.

  • - 52,4% lactancia materna exclusiva en menores hasta los 6 meses en contexto urbano.

  • - 55% inicio temprano de lactancia materna, antes de la primera hora.

  • - 72,7% inicio temprano de lactancia materna, en las primeras 24 horas.

  • - 97,1% niños y niñas que reciben lactancia materna u otros productos lácteos entre los 6 y 23 meses.

  • - 20,3% retraso de talla en menores de 5 años.

  • - 10,1% exceso de peso en menores de 5 años (Organismo Andino de Salud, 2020, p. 21).

En contraparte, a pesar de que los indicadores de la lactancia materna en Bolivia son más altos que el promedio de los registrados a nivel Sudamérica (Castillo & Grados, 2018), el estudio departamental de Mamani et al. (2017) en Cochabamba (Bolivia), analizando comparativamente los datos de la EDSA, resalta una reducción a nivel nacional de la lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses de 60,4% (2008) a 58,3% (2016); siendo mayor la diferencia entre el área rural (70,9%) en comparación al área urbana, donde solo se llega al 52,4% de lactancia materna exclusiva al sexto mes (p. 14). Este estudio resalta como factores asociados a los conocimientos y prácticas adecuadas de LME la edad, la ocupación y el grado de escolaridad de las madres lactantes.

Con relación a la marcada diferencia entre el índice de lactancia materna en el área rural respecto del área urbana, la tesis de maestría de Acosta (2022) busca demostrar que esta diferencia podría deberse a la influencia de una tribu de apoyo. Según este estudio, el apoyo y la presencia de la comunidad, más presente en el sector rural que en el urbano, favorece a la generación y transmisión de un conocimiento compartido entre mujeres lactantes, cubriendo en gran medida la necesidad de asesoramiento y respaldo familiar y comunitario (2022, p. 48). Para la autora, este fenómeno vendría a ser un factor cultural comunitario y una de las principales razones para el incremento de la lactancia materna, más que la aplicación de políticas públicas. De esta manera, resalta la importancia y promoción a la organización y consolidación de las tribus y grupos de apoyo en contextos urbanos.

A pesar de la marcada diferencia en los datos cuantitativos sobre lactancia materna entre el mundo rural y urbano de Bolivia, otros estudios, como el de Cruz et al. (2010), realizado en la región del Norte de Potosí, una de las zonas con los más altos índices de pobreza a nivel nacional, se han enfocado en relacionar el fenómeno de la lactancia materna y la alimentación complementaria con la malnutrición y su incidencia en la baja talla de niños y niñas de aquella región andina. En síntesis, este estudio advierte que el corto periodo de LME, sumado a la pronta incorporación de alimentación complementarias (especialmente a base de tubérculos como la papa), incide en la baja talla de los niños: casi 20% de los niños/as son de bajo peso. Tienen altos niveles en retrasos en la talla; por ejemplo, 40% de los niños/as menores de 6 meses tienen retrasos en el crecimiento; y la situación empeora con la edad, casi triplicándose en los niños mayores de 36 meses (Cruz et al., 2010). En este caso, la cultura alimenticia de la región, marcada por las limitaciones productivas, así como otras prácticas tradicionales, estarían operando como factores de riesgo para la LME y su respectiva repercusión en los estándares del desarrollo físico en la infancia.

Ahora bien, organismos internacionales como la OMS y UNICEF promueven la lactancia materna para mejorar la calidad de la alimentación de los infantes. Esta responsabilidad de cuidado recae directamente en las madres cuando se habla de lactancia humana. ¿Qué sucede cuando los contextos y las condiciones laborales no promocionan una lactancia materna exclusiva? ¿Qué sucede cuando los entornos laborales no permiten la presencia de lactantes? ¿Cómo se desarrollan las lactancias cuando las madres se alimentan en un entorno contaminado y precario?

Las iniciativas que promueven la lactancia materna omiten las deficiencias y cuestionamientos sociales de los entornos maternos. De acuerdo con estos datos, la lactancia materna está promovida por el objetivo implícito de optimizar la alimentación infantil. Si bien la lactancia involucra inevitablemente a las madres y sus hijos/hijas, la alimentación del neonato se convierte en una responsabilidad casi exclusiva de la madre, independientemente del entorno y apoyo con el que cuente. Las políticas prolactancia se concentran en informar y capacitar a las madres, pero no cuestionan las condiciones laborales de aquellas mujeres, relegando la responsabilidad alimenticia infantil como un indicador de desarrollo totalmente a cargo de las madres.

ESTUDIOS LACTIVISTAS

Más allá de los estudios sobre los factores asociados con el abandono de la lactancia materna, la dimensión cultural de la lactancia y la dimensión psicológica de la lactancia humana, como parte central de las principales líneas de investigación articuladas bajo el eje de la lactancia como fenómeno biopsicocultural (Rodríguez & Tapia, 2019), con una fuerte influencia de los estudios de género, de las teorías del biopoder, de ciertas tendencias feministas y de otras corrientes en la investigación cualitativa vinculadas con el activismo sociopolítico, resaltan los estudios lactivistas.

Así como hablar de lactivismo no responde a una designación oficial documentada en la marea de movimientos políticos contemporáneos, hacer referencia a “estudios lactivistas” tampoco parte de una corriente académica claramente identificable o de un grupo de disciplinas emparentadas entre sí bajo ciertos principios epistemológicos. En todo caso, como bien menciona Esther Massó (2013a, p. 178), “lactivismo” da cuenta de una emergencia creciente de intervenciones y agrupaciones más o menos espontáneas que se condensan y solidifican cada vez más en virtud de objetivos compartidos, pero manteniendo siempre tal condición líquida y polifónica: madres lactantes (o no) con gran cantidad de ocupaciones y compromisos diversos, que no gozan de demasiado tiempo libre para dedicarse a otras causas, de modo que participan en esta, a veces, con intermitencias e interrupciones. De igual manera, se hace referencia a los “estudios lactivistas” para tratar de aglutinar diversos aportes, desde diferentes lugares de enunciación, a veces explícitos en el uso del término “lactivismo”, y otras no, que transitan por territorios comunes, con disidencias y debates en curso, pero que, en mayor o menor medida, tratan de superar lo estrictamente biológico de la lactancia humana, para posicionar una discusión en términos bioculturales, entre el género y el feminismo, con una clara dirección política y reivindicativa del hecho lactante, la teta y el amamantamiento en la crisis global contemporánea.

A partir de la revisión bibliográfica, los movimientos lactivistas en Hispanoamérica parecen tener mayor presencia en España y Argentina, pero los estudios en sintonía con este movimiento activista exceden estos territorios. Es más, debido a la proliferación de tribus de apoyo virtuales y redes internacionales como la Liga de la Leche Materna, pareciera que la tendencia en estos estudios es a trabajar desde perspectivas multi-situadas y etnografías digitales.

Uno de los pilares fundamentales de este tipo de estudios radica en el cuestionamiento a pensar la lactancia humana estrictamente como fenómeno biológico y como una cuestión exclusiva del sector sanitario. Así, por ejemplo, Azzola (s. f.), en su estudio cualitativo sobre representaciones internas de amamantamiento en Buenos Aires (Argentina), parte por aclarar que, si bien la lactancia materna desde una mirada exclusivamente biológica permite comprender que la leche materna es el mejor alimento para las crías humanas gracias a que se produce a la medida de las necesidades del bebé, reducir el amamantamiento a un fenómeno exclusivamente natural no lograría explicar por qué este fenómeno resulta siempre dificultoso, abandonado y diferente en cada mujer o inclusive con cada hijo. Además, si bien la condición de mamífero del ser humano determina que la mujer posea la capacidad de alimentar a sus crías por medio de las mamas, esto no representa condición suficiente al comienzo y sostén del amamantamiento materno. Para la autora, la lactancia vive de representaciones culturales, algunas de ellas favorecen a la continuación de tal práctica y otras definen su terminación.

En la misma sintonía, Gutiérrez (2020) presenta una investigación cualitativa sobre lactancia, género y narrativas identitarias en Morelos y la Ciudad de México, dentro y fuera de las redes sociales en Internet, reflexionando sobre algunas narrativas de las mujeres entrevistadas y sus experiencias en torno a la lactancia materna. El artículo parte de la idea de que la lactancia materna es un proceso social que involucra las experiencias corporales de las mujeres, sus emociones y sus expectativas en torno a un momento particular de la crianza. Asimismo, la lactancia se relaciona con las representaciones de sus cuerpos, de la maternidad y de ser mujer. Esto lleva a la autora a pensar en la posible relación entre identidad de género y lactancia materna.

Ambos estudios aportan evidencia empírica relevante para matizar los cuestionamientos que proponen. Por ejemplo, ante la idea generalizada de la lactancia materna como fenómeno universal, en el artículo de Gutiérrez (2020) se plantea que la idea de que todas las mujeres producen leche materna suficiente para alimentar a la cría, de acuerdo con las experiencias narradas, no parece ser cierta. Según la autora, este es un punto ciego en los debates sobre lactancia materna, pues las posturas se dividen entre quienes piensan que sí es posible, pero es cuestión de paciencia y determinación, y quienes piensan que no es posible y perciben como un ataque el hecho de que se sostenga que siempre se puede. Para estas últimas, la propuesta de tener paciencia hasta que la cría entienda que la leche saldrá mientras más succione no es funcional. Este grupo es más nutrido de lo que parece porque, según las interlocutoras de la investigación, muchas combinan la leche materna con la fórmula láctea (usualmente elaborada sobre la base de leche de vaca y, en menor medida, de “leches” vegetales).

A propósito de esta disyuntiva entre la lactancia natural y la lactancia artificial, Rodríguez (2015), a partir de una revisión histórico-cultural, propone que se trata de un debate entre la necesidad y la opción. Según la autora, esta disyuntiva no es un fenómeno moderno y contemporáneo; por el contrario, advierte sobre excavaciones arqueológicas en las que se ha evidenciado una serie de utensilios para administrar alimentos líquidos a los infantes, así como tratados médicos y filosóficos en Grecia y Roma de la antigüedad en los que se encontraban indicaciones y referencias sobre las leches de animales que se consideraban más aptas para criar a un recién nacido cuando no podía hacerlo la madre o una nodriza (p. 423). En este recorrido histórico por la sociedad Occidental, apunta el siglo XIX como hito fundamental para el procesamiento de leches animales para el consumo humano a temprana edad, incluyendo la aparición de las primeras harinas lacteadas (Nestlé) destinadas al consumo infantil. Debido al alto costo y el poco conocimiento, las harinas lacteadas recién comenzaron a comercializarse con mayor intensidad y alcance a partir de mediados del siglo XX en los centros urbanos de Europa occidental, como afirma la autora:

A partir de los años sesenta y setenta, la alimentación artificial con leches de fórmula adaptada se incorporó de forma exagerada a las pautas de alimentación infantil en algunos sectores de la sociedad. Los buenos resultados obtenidos con la leche artificial en la alimentación de los recién nacidos se introdujeron en las representaciones sociales sobre la lactancia artificial, desplazando a la lactancia materna en algunas ocasiones sin que existieran razones o circunstancias para ello (p. 424).

Rodríguez concluye mencionado que, en la actualidad, los principales motivos para utilizar la lactancia artificial suelen ser similares a las de épocas anteriores: las anomalías del pezón, la falta de subida de leche, flujo insuficiente, grietas, mastitis, experiencias previas desafortunadas o problemas relacionados con la salud de la cría. A estas causas se añade la opción y la decisión materna de no lactar; una decisión que es un derecho pero que, generalmente, no es bien vista por el círculo familiar o por el personal sanitario. El tiempo y entrega que supone la lactancia materna requiere posponer ciertas actividades de la vida laboral o personal de las que la mujer, a veces, no puede o quiere prescindir.

En contraste, desde una perspectiva ecológica y el sustento de la Teoría General de Sistemas, Echazú (2004) advierte que, desde que las leches artificiales aparecieron en el mercado, hubo todo un apoyo estructural para la utilización de esos productos, resultante de la lógica de la ganancia capitalista: fomentar el consumo, ampliar la producción, multiplicar la ganancia. Desde esta perspectiva, el problema de la elección entre lactancia materna y lactancia artificial puede incluirse dentro de un problema más general: el consumo diario de alimentos en las sociedades modernas, incluyendo la diversificación de alimentos, preparación industrial de los mismos, envasado de todo tipo de productos y oferta cada vez mayor de productos sintéticos (p. 12). En consecuencia, la lactancia artificial quedaría signada como práctica social de consumo capitalista, asociada con el deterioro ambiental generado por la ganadería extensiva y el sobrepastoreo, la industrialización de la leche de vaca con alto consumo de combustible y contaminación, el uso de grandes cantidades de estaño, aluminio, cartón y otros materiales para la fabricación de envases, así como de productos plásticos asociados con los biberones y las tetinas. Por otra parte, la lactancia materna aparece como una vía ecológicamente aceptable, especialmente, como alternativa de adaptación a la crisis global.

Además de la dimensión histórica, social, cultural, económica y de género de este tipo de estudios cualitativos y críticos sobre la lactancia humana, la dimensión política pareciera ser el eje articulador, en especial si se piensa el lactivismo como un movimiento que aúna el activismo social con lo académico. En palabras de Esther Massó (2015), una de las principales autoras de los estudios lactivistas:

tradicionalmente, de hecho, la lactancia ha sido considerada dentro del ámbito del parentesco, de lo privado y de lo doméstico, en última instancia; carente pues de significaciones políticas. Sin embargo, el lactivismo muestra una combinación singularísima de los ámbitos duales clásicos privado-público o naturaleza-cultura, ejerciendo como política transformadora de cuerpos, costumbres, sociedades (p. 233).

En este sentido, los estudios lactivistas comparten un área común con los estudios feministas; es más, han sido estos últimos precisamente los que han favorecido a una mayor profundidad teórica y conceptual en los primeros. Con tal motivo, considerando esta continuidad, serán expuestos otros aportes adicionales desde el enfoque lactivista en la revisión de los estudios feministas sobre la lactancia humana.

ESTUDIOS FEMINISTAS

Una revisión sobre la diversidad y dispersión de estudios feministas que han abordado la maternidad excede los alcances del presente trabajo; sin embargo, a riesgo de reducir demasiado el debate, es posible advertir de manera provisional dos grandes tendencias. Por un lado, aquellos estudios que han cuestionado la naturalización de la maternidad como principio universal del ser mujer, por ejemplo, desde el cuestionamiento de Badinter (1980/1981) sobre la historia moderna de universalización del amor maternal (siglos XVII al XX), hasta la interpelación de Blázquez y Montes (2010) sobre los modelos impuestos de formas de maternidad emocionalmente positivas, es decir, impregnadas de felicidad y amor naturalizado. Y, por otro lado, estudios feministas relativamente recientes que pluralizan la maternidad en términos de maternidades insumisas (Ausona, 2017), atribuyéndoles experiencias de libertad o, por lo menos, concentrándose en el estudio crítico de la libre elección. En esta oportunidad, debido al mayor grado de interés que se le ha otorgado a la lactancia materna, nos concentraremos en la segunda tendencia.

El abordaje feminista en torno a la lactancia en las maternidades insumisas se caracteriza por centrarse en lo corporal, íntimo, político y social. Principalmente, en el aspecto corporal, el estudio de la lactancia se ha convertido, tal como indica Massó (2013a), en un “volver al cuerpo”. Autoras como Calafell (2017),Massó (2013a)yEchazú y Greco (2020) retoman este enfoque y lo enarbolan como pilar fundamental de su militancia política. Siendo el abordaje con y desde el cuerpo el principal aporte de la corriente feminista, los cuerpos-lactantes se entienden a través de relaciones de poder. Es decir, un entorno social en el que la lactancia o la leche materna no funciona únicamente como alimento o nutriente, sino como sustancia atravesada por juicios, utilidades y calificaciones patriarcales. Así, por ejemplo, se diferencia una leche buena de una mala desde el punto de vista atribuido al lactante, al igual que se habla de las cualidades de los senos femeninos desde su funcionalidad alimenticia y/o sexual destinada al goce masculino.

Otros enfoques han recaído en el estudio del biopoder y el funcionamiento de sus dispositivos biopolíticos. Echazú y Greco (2020) refieren a las normas institucionales como dispositivos biopolíticos que califican los estándares de una “buena” o “mala” maternidad. Así, por ejemplo, la lactancia natural puede verse como la mejor forma de ser madre.

Ser capaz de dar de mamar es parte de asumir el mejor rol femenino posible: el de la “buena maternidad” que las prácticas hospitalarias buscan reproducir como una biopolítica. El personal especializado exige un cuerpo íntegro y conectado con sensaciones y afectos en un contexto social de alienación de la corporalidad, donde los afectos primarios de la mujer madre son deslegitimados en cuanto transmisores del saber maternar. Se pide a las mujeres, en un momento extremo de precariedad de la vida, que sean agentes de su cuerpo haciéndolas sujetas de normas exteriores irrefutables. […] se exige todo tipo de esfuerzos para alcanzar el “instinto” (p. 23).

Massó (2013b)yAusona (2017) refieren de forma similar a la falsa libertad que se supone en las mujeres adineradas que eligen no dar de lactar. Massó (2013b) indica que, detrás de esta falsa libertad, existiría un dispositivo biopolítico que preserva la rápida disposición sexual y laboral de estas mujeres. Sucede lo mismo con la sustitución de la leche materna por la leche de fórmula y los dispositivos biopolíticos en los espacios de salud y promovido por las farmacéuticas, al negar las sabidurías de los cuerpos lactantes (Ausona, 2017).

Según Calafell (2017)yMassó (2013b), esto se debe a que los estudios que abordan la lactancia materna desde una perspectiva feminista “adolecen de una mirada marcada por su condición de feministas blancas, occidentales” (Calafell, 2017, p. 150), conservando viejas dicotomías heredadas del sistema patriarcal. Y, más allá, Echazú y Greco (2020) afirman que los avances en el feminismo respecto a la decisión sobre el cuerpo no se han extendido a la maternidad en su conjunto. Sobre todo, porque solo se reconoce a madre y bebé en el acto lactante, razón por la cual, según las autoras, es preciso cuestionar esta única forma de cuidado y evidenciar formas no nucleares y no reproductivas de cuidado.

Posiblemente, entre los aportes analíticos más relevantes de estos enfoques pueda enfatizarse la visibilización de la lactancia materna como un aspecto de la sexualidad omitido por el patriarcado. Así, por ejemplo, es necesario discutir por qué la lactancia como una eyección o fluido corporal que proporciona placer entre dos personas lactantes (madre y criatura) es un tema solapado y, prácticamente, censurado en el enfoque prolactancia. No está demás mencionar que este tipo de relaciones de sexualidad queda omitido e invisibilizado a través de imaginarios de género y alimentación, dejando de lado, nuevamente, los cuerpos lactantes.

Como se mencionó en la introducción, entre las tendencias referidas existen debates vigentes, interpelaciones que denotan sesgos, lecturas parciales y aproximaciones heterogéneas encontradas y disímiles. Así, por ejemplo, el referido estudio de Echazú (2004), impulsado desde la ecología o, más propiamente, en sintonía con el ecofeminismo, si bien partía por interpelar la ruptura entre sociedad y naturaleza y reubicar al humano como parte de un entramado ecológico, también podría ser interpelado desde los estudios críticos animales, pues las conclusiones de aquel estudio lactivista recaían sobre la preponderancia de la lactancia materna humana y sus beneficios en términos ecológicos (o ecologistas), pero poco profundizaban sobre la explotación animal asociada con la industria de la leche de vaca y los derivados lácteos más allá de la etapa lactante; incluso llegando a generalizar la lactancia materna como fenómeno natural de la especie humana, pero aportando poco sobre la comprensión de otro tipo de lactancias no-humanas, o sobre relaciones de comensalismo entre diversas especies y sus implicancias ecológicas.

Este tipo de interpelaciones, aunque no necesariamente han profundizado sobre la lactancia y los lácteos en particular, emergen de reflexiones teóricas, como la esbozada por Carrera et al. (2016), en la que se apuesta por una interseccionalidad entre feminismo y antiespecismo desde la cual es posible analizar la explotación en la industria cárnica, láctea y aviar, y también la industria del mascotismo, donde el trato que reciben las hembras entre los animales “de granja” y “de compañía” (por ejemplo, reproducción forzada, entre otras) visibiliza una violencia que puede entenderse en la lógica de la violencia hacia las mujeres, a partir de todo aquello que, si bien no tiene cuerpo de mujer, es “feminizado” en la cultura occidental.

Incluso, sobre la base de la revisión documental de una serie de tratados médicos de principios del siglo XX y las experiencias de madres lactantes en Colombia, Shirley (2021) busca indagar en la leche humana más allá de la lactancia materna. En tanto sustancia corporal fluida, la leche humana también puede ser pensada en un espectro más amplio de leches animales no-humanas, usualmente referidas como lácteos desde el punto de vista del consumo humano. A pesar de las diversas composiciones químicas y nutricionales de las lechas animales, este estudio abre cuestionamientos en diversas direcciones. Por ejemplo, la leche animal que consume el ser humano también es leche “materna”, solamente que no se enfatiza este aspecto cuando hablamos de leche de vaca o de cabra, incluso el término inglés breast milk (cuestionado por Esterik, 2015), acuñado para referirse a la lactancia materna humana, dista de los términos que se usan para referirse a la leche de otros animales, pues estos no se definen en relación con una parte específica de la anatomía; claramente no se utiliza el término “leche de ubre” (udder milk) para hacer referencia a la leche de vaca. En otro sentido, también interpela el consumo de leche humana por fuera de las prácticas habituales de lactancia materna, aludiendo a una serie de cargas morales, preceptos sanitarios y otras sensaciones corporales asociadas con el asco, que han censurado y satanizado la leche humana, paradójicamente en sentido contrario a los argumentos frecuentemente esbozados por los enfoques prolactancia y lactivistas.

En particular, esta interpelación esbozada por Shirley (2021), entre otras cosas, evidencia la tensión entre lactancia y lácteo, la primera como una práctica de cuidado y principio básico de la reproducción social en la unidad doméstica y, la segunda, como una sustancia plausible de mercantilización y resultado de una cadena operativa de producción económica. Este tipo de tensiones son características de la “contradicción social” y es necesario problematizarlas en el contexto del denominado neoliberalismo progresista.

DISCUSIÓN: PRODUCCIÓN Y REPRODUCCIÓN EN EL NEOLIBERALISMO PROGRESISTA

Fraser (2022), en su análisis crítico sobre el “capitalismo caníbal” y, particularmente, sobre el trabajo de cuidados como base de la reproducción social y, por tanto, como sostén de la fuerza laboral de las economías capitalistas, distingue tres momentos históricos del capitalismo y su relación con el ámbito de la reproducción social. El primero, el capitalismo liberal colonial, en el que, bajo un “modelo victoriano” de familia, la esfera doméstica y privada queda separada de la esfera productiva y pública, restringiendo el trabajo de cuidado al territorio de las mujeres en la “domesticidad burguesa” del siglo XIX. El segundo, el capitalismo administrado por el Estado, en el que la provisión estatal y corporativa sienta las bases del llamado Estado de Bienestar Social; es decir, el cuidado como una política de subvención para la familia del trabajador asalariado del siglo XX. Y, el tercero, el capitalismo financiarizado, caracterizado por la desinversión estatal en políticas sociales, el incremento en la inserción de las mujeres en el mercado laboral y, en consecuencia, la transformación del cuidado en mercancía del siglo XXI.

Precisamente, en esta tercera etapa del capitalismo, Nancy Fraser (2022) advierte la emergencia del “neoliberalismo progresista”, una versión actualizada de la “contradicción social” en la que la meritocracia y la emancipación, al mismo tiempo que son redefinidas en términos de mercado, desmantelan las protecciones sociales y externalizan los costos del cuidado.

La promoción de la lactancia materna que se promueve en un contexto neoliberal progresista implica varias incongruencias que ponen en evidencia la continuación de dicha “contradicción social”. Así, por ejemplo, los argumentos prolactancia que se emiten desde espacios lactivistas omiten la intensificación de la explotación del cuerpo de las mujeres. Al promocionar la lactancia materna como un fenómeno universal sin cuestionar las barreras laborales, biológicas y situacionales que posee la heterogénea población de mujeres, omiten las desigualdades y las exigencias laborales que las preceden.

Las maternidades que promociona el enfoque prolactancia perpetúan los roles tradicionales que se han impuesto a las mujeres, pero lo hacen desde la actualización del neoliberalismo progresista. La aceptación de las condiciones laborales solo adormece la explotación incrementada por dicha actualización. En términos de reproducción social, las mujeres solo suman una faena más a la carga laboral que ya poseen, ya sea un momento destinado a la extracción de leche para su reserva en bancos de leche o un monto económico reservado a la compra de suplementos o fórmulas lácteas.

El incremento en la explotación laboral en el neoliberalismo progresista es invisible porque la lactancia es una práctica que continúa invisible a pesar de su promoción. Tomemos en cuenta, a manera de ejemplo, la rutina de una madre lactante que tiene una carga laboral de 8 horas dentro de una oficina. Desde el inicio de su día, vistiendo y alistando a un hijo o hija para dejarlo en la guardería hasta la salida de su trabajo, para mantener una lactancia materna, una mujer debe extraerse leche de 4 a 5 veces en toda su jornada laboral. Además de estimular su producción nocturna, despertando mínimamente dos veces por la noche para que su producción de leche no cese. La mayoría de los estudios omiten este esfuerzo y su relación con el ámbito laboral de las madres cuando este es el escenario principal para que las madres terminen escogiendo una alimentación con fórmula.

Estas condiciones se generan como contradicciones sociales. Se separa la lactancia como parte de la reproducción social de las responsabilidades laborales que tienen las madres como ciudadanos, así como las necesidades económicas y de consumo que deben satisfacer. Lamentablemente, todas estas variables que acompañan los contextos de las lactancias son desechadas a través del argumento prolactancia por excelencia: la lactancia es un proceso natural porque es propia de los mamíferos. Sin embargo, se omiten los estudios que indican que un 5% e incluso 10% de las mujeres no pueden conseguir una lactancia materna exclusiva debido a condiciones fisiológicas. De la aceptación de la lactancia como un proceso “natural” surge una “anormalización” estigmatizante para las mujeres que no consiguen consolidar una lactancia materna.

Los estudios sobre lactancia, principalmente los biomédicos, se utilizan para respaldar formas de crianza y políticas de alimentación infantil. Queda pendiente investigar la relación de la lactancia materna con otras variables que acompañan a las maternidades, tales como la depresión postparto, el espacio doméstico como ámbito político y, por supuesto, la sobreexplotación y las condiciones laborales de las madres.

Específicamente, Fraser (2022, p. 120) menciona la proliferación de los “sacaleches” mecánicos de alta tecnología y precio elevado como una solución elegida por la mayoría de las mujeres estadounidenses insertas en el mercado de fuerza laboral. Esta solución tecnológica, acompañada por un procedimiento conocido con el nombre de “extracción poderosa”, está resignificando el amamantamiento, ya no como una práctica de contacto corporal y emotivo entre madre y cría, sino como un proceso de extracción de leche de forma mecánica para almacenarla en los bancos de leche y, posteriormente, suministrarla al lactante a cargo de una niñera contratada.

Además de este ejemplo, las contradicciones entre producción y reproducción desde las lactancias pueden advertirse en múltiples niveles. No resulta extraño encontrar estudios locales interesado en realzar el valor de la lactancia en términos monetarios. Así, los factores económicos asociados con la Lactancia Materna Exclusiva (LME), y los alimentos sucedáneos, constituyen un tema de interés para enfatizar la dimensión productiva del acto lactante. Por ejemplo, tanto Aguayo et al. (2001) como Lanza et al. (2016) buscan establecer una relación entre el valor monetario de la leche materna a partir de la estimación del costo de alimentos sucedáneos con el impacto del consumo de ambas opciones en la economía familiar. A pesar de la distancia de 15 años entre un estudio y el otro, ambos artículos apuntan al beneficio económico para las familias con miembros lactantes que posibilita la práctica constante y sostenida de LME. Según Aguayo et al. (2001), el costo promedio para sustituir con sucedáneos comerciales la leche materna consumida por un lactante amamantado adecuadamente el primer año de vida asciende a 407 dólares norteamericanos, es decir, USD 1,11 por día (2011, p. 255). Por su parte, Lanza et al. (2016), estimando que en los primeros 6 meses se utiliza un promedio de 30 latas, establecen que el gasto implicado oscilaría entre Bs 5.530 (USD 801) si se compra en farmacia y Bs. 5.202 (USD 754) si se compra en mercado libre. En cuanto al uso de latas en los siguientes meses, se utilizan un promedio de 36, implicando un costo de Bs. 6.936 (USD 1.005) si se compran en farmacias y Bs. 6.660 (USD 965) si se adquieren en el mercado libre (p. 28). Esta tendencia economicista, enmarcada en el enfoque prolactancia, al mismo tiempo que busca la puesta en valor de la lactancia materna en la dimensión productiva, implica la externalización de los costos del cuidado. Dicho de otra manera, en desmedro del trabajo de cuidado como tal, es decir, la lactancia, monetiza el producto, o sea, la leche materna (el lácteo).

En contraste con los estudios prolactancia, en los que se pone en evidencia el valor monetario de la LME y sus beneficios a la economía familiar, el artículo de Azzola (s. f.) destaca aquellas representaciones sociales en las que se relaciona el amamantamiento con una condición de pobreza, en especial, cuando se relaciona el amamantamiento más allá de los 6 meses como una práctica tradicional de las áreas rurales y de otros países cuyos indicadores socioeconómicos son más bajos que los de la capital bonaerense, despertando así representaciones en torno a la lactancia prolongada en contrasentido a la movilidad social, la capacidad de consumo y el éxito financiero.

En otra dirección, instituciones lactivistas como la Liga de la Leche Materna establecen parámetros ideales para una lactancia materna exitosa, por ejemplo, la práctica de lactancia a demanda, la lactancia exclusiva, el rechazo del uso de biberones y de la lactancia mixta como alternativas, así como otras prácticas que parten de principios universalistas, pasando por alto condiciones de clase, étnicas, generacionales y otros factores estructurales intervinientes. Estos parámetros ideales parecen recaer en una mayor exigencia a las madres lactantes, más aún, al presentarse como una serie de opciones de libre elección y decisión materna, se ponen en juego las “armas de doble filo del mito de la libre elección”1. Dicho de otra manera, el cumplimiento de las exigencias de una lactancia exitosa parece funcionar como una nueva forma de meritocracia para las mujeres madres, cuyos resultados son susceptibles de ser evaluados desde la producción de nuevas generaciones: mejor alimentadas, más nutridas, más afectivas, menos enfermizas, en resumen, mejor cuidadas.

Son estos apenas algunos casos que permiten problematizar desde las lactancias aquellas contradicciones entre producción y reproducción en la era del capitalismo neoliberal y, más concretamente, en el registro del neoliberalismo liberal. Más que apuntar un enfoque o una tendencia en particular como la correcta para el análisis de este fenómeno contemporáneo, es notable que el debate entre las corrientes prolactancia, lactivistas y feministas es al mismo tiempo el resultado de las propias contradicciones entre activismos y academicismos en los albores del siglo XXI.

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NOTAS

1“[E]l recurso más eficaz para difundir, reiterar y objetualizar, la ideología neoliberal, es pues la imagen de su liberación, no es más que el reflejo del subjetivismo, del autoconstructivismo y de los diferentes dispositivos que, como el de eficacia o el de rendimiento/goce, fundamentan las bases para la construcción neoliberal de subjetividades” (Calafell, 2017, p. 149).

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Declaramos no tener ningún tipo de conflicto de interés que haya influido en nuestro artículo.

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